A cuidar la planta baja / Sexo con Esther

A cuidar la planta baja / Sexo con Esther

Este virus lo cambió todo, hasta la sexualidad. Hay que explorar otras opciones de placer sexual.

Orgasmo

Es clave que no nos olvidemos de las múltiples posibilidades que nos ofrece la autosatisfacción.

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iStock

Por: Esther Balac
11 de julio 2020 , 09:00 p. m.

Nada que proteja más todas las funciones del cuerpo, incluidas las de la planta baja, como aplicar las medidas de bioprotección que en momentos como este exige la pandemia de covid-19 que golpea a todo el planeta.

Aquí no hay excusa, porque es una situación sanitaria que exige la máxima responsabilidad colectiva, bajo la evidente premisa de que el bienestar individual depende del colectivo y viceversa.

Nadie puede negar que los confinamientos, el distanciamiento físico, el permanente lavado de manos y el desdibuje facial por el uso del tapabocas actúan como proyectiles teledirigidos contra la actividad sexual. Ya vendrán tiempos mejores, pero ahora lo que corresponde es aceptar y acatar la idea de que esta contingencia inédita convierte en subalternos, lamentablemente, a estas funciones también vitales.

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Siempre he defendido la inventiva, la búsqueda de alternativas y, por encima de todo, poner los polvos y sus aledaños en un lugar preponderante en la cotidianidad de nuestras vidas. Pero por hoy permítanme la licencia de replicar el llamado que hacen las autoridades de salud a no bajar la guardia frente a este intruso virus que nos maltrata la existencia sin distingo, al tiempo que amenaza con arrebatárnosla –o a un ser querido– al menor descuido.

Ahora, si usted está en confinamiento y con las ganas a tope, existen recursos a la mano que si bien no son los ideales, pueden apaciguar las cosas y frenar el deseo de tener contacto directo con alguien o incluso salir a calmarlo a la calle, lo que sin duda sería la peor de las ocurrencias.

Si usted está en confinamiento y con las ganas a tope, existen recursos a la mano que si bien no son los ideales

Hablo de la autosatisfacción, las reuniones virtuales, el ‘sexting’, las llamadas eróticas a la vieja usanza y el uso de juguetes. En fin. Opciones hay.

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Los tiempos que corren no están, y lo digo sin caer en dramatismos, para ponerse a jugar con la salud propia y la de quienes nos rodean, así que considero que lo más responsable con la planta baja es no echar en saco roto la realidad en la que hoy estamos inmersos, y que nos enfrenta a una pandemia de la cual todos queremos salir bien librados.

Señoras y señores, este virus lo cambió todo, y la sexualidad no es la excepción. Clave que lo entendamos y clave que no nos olvidemos de las múltiples posibilidades que nos ofrece la autosatisfacción.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO

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