‘Mi mamá murió cuando hacíamos el viaje de nuestros sueños’

‘Mi mamá murió cuando hacíamos el viaje de nuestros sueños’

Olga Sánchez y su madre Yamile Treffy de Sánchez fueron de paseo a Israel, pero ocurrió una tragedia

Olga Sánchez y su madre Yamile Treffy de Sánchez

Olga Sánchez y su madre Yamile Treffy de Sánchez fueron de paseo a Israel, pero ocurrió una tragedia

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Cortesía

Por: Luisa Mercado
03 de noviembre 2020 , 03:32 a. m.

Con solo trece años, cuando corría el año 1979 y Olga Lucía Sánchez aún estaba en el bachillerato viviendo con sus padres en La Dorada, Caldas, le hizo una promesa a su madre: que cuando trabajara iban a viajar mucho para hacerla muy feliz.

Conocer el mundo era uno de los mayores anhelos de Yamile Treffy de Sánchez, una mujer llena de amor, servicial, amiguera y que disfrutaba hasta lo más pequeño, pero debido a que a su esposo no le gustaban los viajes, no era un sueño sencillo de cumplir.

A sus 16 años, Olga se fue a estudiar administración de empresas a Bogotá. Cuando se graduó y empezó a trabajar, lo primero que hizo fue cumplir el deseo de su madre, y descubrió que a ella también le apasionaba viajar. Alistaron maletas y durante años recorrieron el país: estuvieron en Cali, Cartagena, San Andrés y otros lugares.

En los últimos años, incluso hicieron viajes internacionales. Fueron a España, isla Margarita y, en febrero de 2019, a Cancún, donde empezó el plan para cumplir el sueño más grande de Yamile: ir a Tierra Santa.

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“Estábamos en el aeropuerto El Dorado y haciendo la fila conocimos a una joven israelita y nos hicimos muy amigas de ella. Sin conocernos, ella nos brindó su amistad y terminó invitándonos a Israel. Yo veía que era muy costoso, y hacía cuentas y no me alcanzaba. Pero cuando ella nos invitó, yo sentí en mi corazón que era el momento”, cuenta Olga. Sin embargo, no avanzó en los planes.

Cinco meses después, a pesar de que no tenía los recursos, Olga sentía que debía preparar el viaje. Un amigo la puso en contacto con el dueño de una agencia de viajes en Barcelona, España, que estaba cuadrando un ‘tour’ por Tierra Santa con un grupo pequeño, tal como ella quería.

Tomó todos sus ahorros, pidió dos periodos de vacaciones en su empleo y concretó el viaje

En cuestión de un mes, Olga, una mujer de 54 años, de tez morena, contextura delgada, estatura baja, que suele sonreír y se caracteriza por ser tranquila, amable y sociable, tomó todos sus ahorros, pidió dos periodos de vacaciones en su empleo, en el Ministerio del Trabajo, y concretó el viaje. Era el momento de darle la noticia a su madre.

“Cuando ya le iba a contar a mi mamá del viaje, yo quería ver su cara porque sabía que ese había sido su sueño de toda la vida. Entonces nos conectamos por videollamada con mi hermana, y le dije: ‘Dios nos regaló un viaje para Tierra Santa’. Se quedó mirándonos y dijo: ‘Yo pensé que me iba a morir y no iba a conocer Tierra Santa’. Ella estaba feliz, feliz, feliz”, cuenta.

Yamile Treffy se encontraba en buen estado de salud. Sin embargo, le contaron al médico, y él dio su aprobación y dijo que a ella los viajes la renovaban.

El 7 de octubre de 2019 partieron a su primer destino: Barcelona. Allí se encontraron con ocho españoles que también iban a Tierra Santa, y una amiga que vive en París que se unió al ‘tour’.

Durante tres días caminaron entre la imponente arquitectura de la capital cosmopolita de Cataluña y disfrutaron de los platos típicos españoles que degustaron bajo el atardecer europeo.

En la madrugada del 11 de octubre tomaron un avión rumbo a Tierra Santa. Aterrizaron en Tel Aviv, y ahí los recogió un carro para llevarlos a Nazaret.

Olga Sánchez y su madre Yamile Treffy de Sánchez

Olga Sánchez y su madre Yamile Treffy de Sánchez en un viaje anterior.

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“En el carro, mientras íbamos llegando, con mi mamá cantábamos. Nosotras no lo creíamos, era algo increíble”, cuenta entre risas.

Al llegar se dividió el grupo, y se quedaron en diferentes hoteles. “A nosotras nos correspondió un hermoso hotel antiguo, que estaba en una lomita”. Al registrarse, el hijo de los dueños les dijo que sus antepasados eran carpinteros, incluso ellas llegaron a pensar que Jesús pudo haber vivido ahí. A Olga y Yamile les correspondió la habitación 111. “Cuando el señor nos dio las llaves para la habitación, me di cuenta de que todas las habitaciones tenían nombres hebreos, pero la nuestra tenía el nombre de Olga”.

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Al entrar, Yamile desocupó la maleta, lo que le pareció extraño a Olga, pues nunca lo hacía. Ese día salieron a conocer, recorrieron las calles rodeadas de vegetación, las casas blancas y cenaron.

Al día siguiente fueron a las casas donde vivieron María y José, padres de Jesús. Sin entender muy bien el porqué, ellas lloraban, se abrazaban y cantaban: “Porque han llegado las bodas del Cordero de Dios”. Entre suspiros y la voz entrecortada, cuenta que fue un recorrido especial, así las demás personas las miraran como si estuvieran locas.

“Veíamos los olivos, ella los cogía, también tocaba la tierra y las flores, y todo eso ella me lo mostraba y lo guardaba en su bolsito. Estábamos felices”, relata.

En ese lugar Yamile quería dejar las peticiones que sus amigas le habían recomendado. “Pero yo le dije: ‘¡No, pero aquí no es el muro de los lamentos!, aquí no se escribe’. Y mamá se sentó a escribir las peticiones. Ahí pedí que nos tomaran una foto, pero el señor nos empezó fue a grabar y yo empecé a contar lo que estaba sucediendo, se lo mandé a mi familia y escribí: ‘Ver a mi mamá feliz me hace feliz’ ”. Esa fue la última foto de su mamá.

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En la tarde fueron a un mercado típico y compraron regalos para las tantas amigas de Yamile. Consiguieron unas semillas de mostaza, y ella dijo que las iba a meter en un frasco transparente, con una tapa de corcho y un hilo dorado para que todos tuvieran regalo. Sin saberlo, Olga le dio su último regalo: un chal que decía ‘Nazaret’ que estrenó desde ese momento.

Al caer la noche fueron a cenar, y ella dijo: “Este es el mejor regalo que Dios me ha dado, ahora ya me puedo morir”, relata su hija.

Luego regresaron al hotel, hablaron y prepararon ropa blanca, pues al día siguiente iban a Galilea y al Jordán, donde Jesús se bautizó. Estaban ansiosas.

Recorriendo Europa con las cenizas

El 13 de octubre, Yamile se levantó a las 3 de la mañana, entró al baño y cuando salió ya estaba vestida. “Mamá, es muy temprano, todavía no es el momento”, le dijo Olga entre risas, le pidió que se volviera a dormir y le avisó que a las 6 de la mañana ella la despertaría. “Ella estaba feliz y me dijo: ‘No, es para que no nos coja la tarde’ ”.

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Esa noche Olga no pudo dormir. Horas después se despertó, le dio un beso en la frente y le dijo: ‘Ya es hora’. “Ella se levantó, me dijo: ‘¿Qué hora es?’. Le respondí: ‘Ya van a ser las seis’. La abracé, fui a la cocina y al regresar ella se estaba desplomando en la cama. Yo pensé que estaba recochando, porque nosotras jugábamos a que ella se tumbaba en la cama y yo la abrazaba y levantaba, y pensé que era lo mismo. Pero yo la vi diferente y dije: ‘¡Dios, mi mamá!, yo quiero tenerla más tiempo’. Ella tenía los ojos cerrados”.

En ese momento Olga les escribió a sus amigos que oraran porque su mamá se había desmayado en la cama. Estaba angustiada.

“Yo empecé a gritar, fui donde la recepcionista y ella llamó la ambulancia, que llegó muy rápido. Trataron de reanimarla, pero ella ya había partido”, dice Olga, y hace una pausa en su relato.

Yo empecé a gritar, fui donde la recepcionista y ella llamó la ambulancia, que llegó muy rápido. Trataron de reanimarla, pero ella ya había partido

Mientras la reanimaban, Olga pedía un milagro: “Cuando me dijeron que había muerto, me salí, me arrodillé, miré al cielo y dije: ‘Dios, yo acepto tu voluntad, dame fuerzas y ayúdame’ ”.

Yamile, oriunda de Líbano, Tolima, murió de un infarto fulminante a los 77 años, diez años después que su esposo.

Olga entró a una habitación distinta de donde estaba su madre, y le agradeció por todo lo que había hecho por ella y le dijo que no entendía. “Yo no entendía si era un sueño o era real”.

De inmediato llamó a sus tres hermanos para contarles. Cada uno reaccionó de una forma diferente: ninguno esperaba esa llamada.

Con nostalgia, en su relato Olga recuerda que su mamá era una “mujer que abrazaba, que así demostraba su amor, era muy amiguera y amaba sin condición, siempre estaba pendiente de todos: sus hijos, amigas, vecinos”. La relación entre ambas siempre fue muy estrecha, pero en los últimos años fueron aún más cercanas, pues Olga sentía que tenía que honrarla y consentirla cada vez más; de hecho, trataba de viajar de Bogotá a La Dorada todos los fines de semana para verla. “Las dos hemos sido muy amigas”, dice Olga.

A Yamile se la llevaron a un hospital en Nazaret que queda en una montaña. Olga no supo en qué momento pasó eso. Ella seguía en el hotel y, a pesar de esa tragedia, dice que “sentía la presencia de Dios” y cantaba. Su amiga estaba en ‘shock’, pues su madre también había muerto hace unos meses.

Expresando su solidaridad, el resto del grupo llegó al hotel para acompañarla, ninguno fue al Jordán.

Una hora después, la cónsul de Colombia llegó al hotel y se puso a su disposición. “Ella estuvo muy pendiente y me preguntó si quería cremarla o trasladar el cuerpo. Yo eso nunca lo había hablado con mamá, pero mi hermana sí había hablado de eso, y mi mamá le había dicho que quería cremación. Le pregunté a mi familia, y estuvo de acuerdo”, narra.

Pero había un problema: las creencias de los israelitas no permiten hacer cremación. Sin embargo, la cónsul averiguó y le dijo a Olga que había un solo lugar donde lo hacían.

Ese primer día Olga estuvo en el hotel, se cambió de habitación y no comió nada, solo tomó agua caliente para calentarse; tampoco durmió bien.

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“Al otro día fui al hospital donde tenían a mi madre, yo no quería verla, pero abrieron una puerta y la alcancé a ver de lejos. Cuando la vi, yo no aguanté y empecé a llorar y me arrodillé, cuando abrí los ojos vi una cantidad de árboles que se movían al son del viento”, recuerda.

Su familia le pidió que hicieran la unción de los muertos, así que la cónsul le ayudó a conseguir un sacerdote y unas monjas que hablaban español, y a las pocas horas llegaron. Una monja le preguntó a Olga si quería quedarse con los anillos y los otros accesorios que tenía; sin saber qué hacer y en medio del sufrimiento, le pidió a la amiga que decidiera. Olga le transmitió la ceremonia a su familia en una videollamada.

El ‘tour’ iba a continuar y ella no sabía si seguir. “Me sentí sola y sin mi familia, solo con Dios”, señala. “No sabía si seguir el recorrido o devolverme, y mi familia me dijo que siguiera, entonces eso hice. Además, desde el principio el plan era ir donde un familiar en París, entonces pensé en que podríamos vivir el duelo juntos”, recuerda. Así que decidió continuar y en el cuarto día del viaje se fueron a Tel Aviv, que está a dos horas de Nazaret.

Al día siguiente, por petición de su familia, la cónsul gestionó una misa en la iglesia de San Pedro en Jaffa, al occidente de Israel. El padre que hablaba español la dirigió, y también se la transmitieron a la familia.

En medio del caos, Olga tuvo un parte de tranquilidad cuando la agencia de viajes le dijo que la aseguradora se encargaría económicamente de todo.

No obstante, Olga no tuvo tiempo para un duelo, su mente se ocupó organizando la cremación, la unción y la misa.

Olga le contó a la amiga que había conocido en el aeropuerto El Dorado lo que ocurrió y llegó a visitarla. “Cuando llegó nos abrazamos, y nadie me había abrazado así, porque los europeos son muy fríos, y me puse a llorar con ella”. Olga se fue al mar y allá pudo llorar durante horas.

Al día siguiente fueron al Muro de los Lamentos, en Jerusalén. “Puse las peticiones de las amigas de mi mamá, fuimos a la tumba vacía y al monte de los Olivos, allá me senté y me quedé dormida debajo de un árbol”.

Me sentí sola y sin mi familia, solo con Dios

Regresar sin su madre

El 18 de octubre era el día que debían regresar a España, pero Olga no sabía si las cenizas iban a estar listas, pues estaban en la Fiesta de las Cabañas y todo estaba paralizado.

La noche antes de volar le llegó una caja al hotel. “Me entregaron las cenizas en una caja, todo estaba en hebreo y tenía la certificación traducida. Ese fue un momento muy duro”, cuenta.

Como su madre había sacado toda la ropa, Olga solo guardó algunas cosas y el resto lo dejó para que lo donaran.

“El 19 viajamos a Barcelona. Iba con mi maleta, la de ella, la caja con las cenizas y el permiso. La caja la llevé como maleta de mano”, cuenta.

Al llegar a España, Olga no podía evitar recordar lo que había vivido con su madre días atrás. Decidió cancelar el hotel y buscar algún conocido que la pudiera hospedar para vivir el duelo en compañía. Finalmente se quedó con su amiga en la casa de unos colombianos.

Al día siguiente continuó el viaje hacia París; nuevamente con la caja en mano y ambas maletas, tomó el vuelo a Francia. “En el avión iba una señora con su hija a mi lado y estaban planeando los viajes. A mí se escurrían las lágrimas porque eso era lo que yo hacía con mi mamá”, recuerda.

Al aterrizar, un familiar la estaba esperando. Al verse se abrazaron, lloraron y recordaron a Yamile.

Los días en París no fueron como lo imaginaba. Con su familiar salían a conocer la ciudad del amor, pero ella lo que sentía era dolor. La ausencia la sintió aún más el 29 de octubre, día de su cumpleaños.

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Ese día, Olga se dio cuenta de que no quería estar allí hasta el 9 de noviembre, para cuando tenían programado el regreso, ni ir a otros países como lo habían planeado, así que fue a la aerolínea a contar lo ocurrido.

Olga Sánchez y su madre Yamile Treffy de Sánchez

Olga Sánchez durante el viaje a Israel.

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“Empecé a averiguar cuánto costaba adelantar el vuelo, y en Air France me dijeron que costaba 370 euros, pero cuando le conté a la asesora que era porque mi mamá había muerto me dijo que no tenía ningún costo. En ese momento a ella se le escurrieron las lágrimas y me abrazó”, señala Olga.

El 3 de noviembre tomó el vuelo hacia Bogotá, al ver la silla vacía a su lado le recordó la soledad y el dolor. “Fue como desplomarme por el hecho de regresar a Colombia sin mamá. Lloré, lloré y lloré”.

Al aterrizar, un grupo de amigos y su sobrina la estaban esperando. Descansó dos horas y se fue a La Dorada, Caldas, donde estaban sus hermanos. Dos días después hicieron un funeral y hubo una misa en honor a Yamile.

La tristeza y el dolor de Olga al regresar sin su madre fueron más intensos que antes, pero sabe que su mamá murió feliz al haber cumplido su mayor deseo. En medio de lágrimas, dice que su madre murió tranquila por haber estado en Tierra Santa y les dice a todos los hijos que honren a sus padres, les concedan sus deseos y los aprovechen todos los días. Y si están viviendo un duelo y sintiendo un vacío por su partida, su consejo es “depender de Dios y anhelar su voluntad, porque solo él llena ese vacío".

LUISA MERCADO
REDACCIÓN POLÍTICA
Instagram: @luisamercado1
Twitter: @LuisaMercadoD

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