El Albarico, la vereda de N. de Santander a donde llegó el agua

El Albarico, la vereda de N. de Santander a donde llegó el agua

Vereda fue cobijada con restitución de tierras, en un fallo que también ordenó llevarles el líquido.

Habitantes de la vereda El Albarico

El director de la Unidad de Restitución de Tierras, Andrés Castro (izq.), y el gobernador de Norte de Santander, William Villamizar, en la vereda El Albarico.

Foto:

Javier Forero. EL TIEMPO

Por: Javier Forero
19 de agosto 2019 , 08:45 a.m.

La historia de El Albarico, en Norte de Santander, se encuentra resumida en una pared. Allí en un colorido mural, pintado por toda la comunidad, se dibujó el rostro de doña Ernestina, la ‘abuela’ de todos por ser la habitante más antigua de la vereda; el camión de la leche, el único vehículo que sube hasta allí; y un turpial, el ave de la región. La pintura se encuentra en una de las paredes de la escuela, construcción que fue renovada luego de haber llevado por años las huellas del conflicto.

Estos tres elementos son los más representativos para esta comunidad que tuvo que padecer el desplazamiento causado por el conflicto armado. Pero les faltó un elemento del que ahora podrán gozar: el agua.

En un principio hubo desconfianza. ¿Para qué tantos tubos si por ahí no llega nada? Se preguntaba hace algunos meses doña Amalia Roa, habitante de El Albarico. Les habían prometido un acueducto, pero los tubos seguían secos, hasta que a mediados de este año los levantó un ruido en el patio de la casa. ¡El agua había llegado!

Aunque parezca un elemento básico para la supervivencia, las familias de El Albarico se habían acostumbrado a transportar baldes de agua de un lado para otro. Su emoción es tanta que ahora que llega alguien de visita lo primero que hacen es ofrecerle un vaso de agua.

El agua para ellos no solo es supervivencia, sino que es parte de su trabajo. Con ella, las 11 familias que conforman esta vereda, de El Zulia, Norte de Santander, cerca de Cúcuta, han logrado hacer más productivas sus tierras, que habían sido arrebatadas años atrás por grupos al margen de la ley, producto de la cruda guerra vivida en esta zona, al inicio del año 2000.

Por su ubicación estratégica, esta vereda fue un fortín de las disidencias del Epl, el Eln, las Farc y las autodefensas.

“Llegaron los paracos y me dijeron que tenía 24 horas para irme que si no me mataban, yo les dije que miraran entonces a ver qué hacían conmigo”, narra doña Ernestina, quien finalmente tuvo que salir.

El amor por el campo los hizo regresar gradualmente en el año 2001, pero las continuas extorsiones no les permitieron avanzar en la reconstrucción de sus hogares que se encontraban en completo abandono.

Llegaron los paracos y me dijeron que tenía 24 horas para irme que si no me mataban, yo les dije que miraran entonces a ver qué hacían conmigo

“Es muy duro volver y ver nuestras fincas llenas de maleza. Nosotros trabajamos duro para comprar nuestros terrenos”, expresó Ángel Custodio Castro Díaz, presidente de la Junta de Acción Comunal.

Sólo hasta 2016 la comunidad encontró una esperanza. El caso de El Albarico se convirtió en uno de los casos emblemáticos en materia de restitución de tierras en Norte de Santander, en donde los jueces ordenaron devolver 850 hectáreas a las 11 familias que hoy habitan este territorio. El fallo, además, vino acompañado de una obligación a las entidades del Estado de llevar a este territorio soluciones de vivienda, servicios básicos y desarrollo.

“Lo clave de este proceso no es solo la entrega material de un predio sino todo el componente de apoyo en desarrollo de proyectos productivos y abastecimiento de servicios básicos”, explicó el director de la Unidad de Restitución de Tierras, Andrés Castro.

Como parte de este proceso llegó la remodelación de la escuela, la adecuación de vías y la construcción de un acueducto.

Habitantes de vereda El Albarico

Habitantes de vereda El Albarico, a quienes un fallo ordenó restituirles la tierra y llevarles agua.

Foto:

Javier Forero. EL TIEMPO

“Nos complace ver cómo se ha reconstruido el tejido social con las acciones que se han logrado ejecutar por todas las entidades”, afirmó el gobernador William Villamizar, quien ha acompañó el proceso de construcción del acueducto.

Eso sí, la comunidad asegura que aún son muchas las carencias. Si bien la vereda está a sólo 7,8 kilómetros de la vía saliendo de El Zulia, la trocha que hay que atravesar no tiene nombre: es un tortuoso camino que toma hora y media, en una buena camioneta, entre saltos dignos de una competencia extrema, mucha vegetación, tierra, barro y quebradas.

Además, aunque resulte paradójico, a pesar de que las casas que les entregaron cuentan con contador de energía, la comunidad no cuenta con servicio de energía.

“Afortunadamente no nos llega el recibo –asegura doña Amalia- no sabemos si por el mal estado de la vía o porque no se ha instalado el servicio de energía”

JAVIER FORERO
Redacción Política

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