Lío cocalero, agravado por tensión entre campesinos, afros e indígenas

Lío cocalero, agravado por tensión entre campesinos, afros e indígenas

Miles de cultivadores están en resguardos y tierras que fueron tituladas a población negra.

Lío cocalero, agravado por tensión entre campesinos, afros e indígenas

Los cocaleros se resisten a salir de las tierras que ocuparon años atrás.

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Miguel Menédez / EL TIEMPO

Por: Redacción Paz
24 de octubre 2017 , 11:51 p.m.

Mientras una movilización de campesinos cocaleros que comenzó en el Cauca se extiende ya a varios lugares del país, cerca de 100.000 indígenas se alistan para tomarse vías y cabeceras municipales a partir del próximo lunes. A ellos se unirán comunidades afrocolombianas del Valle, Chocó y Nariño.

La protesta común será indefinida, según líderes campesinos e indígenas consultados por EL TIEMPO.

Los tres grupos le exigirán al Gobierno que en su política antidrogas priorice la sustitución voluntaria de cultivos ilícitos por encima de la erradicación forzada, concertar con las comunidades la manera de hacer el tránsito a los plantíos legales, que actúe para evitar la violencia contra los líderes sociales (dicen que van 125 asesinados desde que se firmó la paz con las Farc) y que cumpla los acuerdos que involucran el campo.

Hasta ahí, campesinos, indígenas y afrocolombianos coinciden.

No todo los une

Pero hay un asunto que los enfrenta y que le ha creado al Gobierno uno de los problemas más difíciles de resolver en medio de la implementación de los acuerdos de paz con las Farc: la reubicación de miles de campesinos cocaleros que tienen sus cultivos en territorios indígenas y afrocolombianos.

Los conflictos se presentan particularmente en Alto Mira y Frontera, en Tumaco (Nariño); en zonas de El Retorno, Calamar y San José del Guaviare (Guaviare), y en Puerto Libertador (Córdoba).

Solo en el caso de Tumaco hay cerca de 5.000 familias campesinas con las que el Gobierno no hace acuerdos de sustitución voluntaria porque sus cultivos están en territorio cuya propiedad es reconocida a la comunidad afrodescendiente, mediante un título colectivo. La historia se repite con al menos 500 familias cocaleras que hoy ocupan tierras reconocidas a los indígenas nukak, en Guaviare, y con campesinos que están cultivando en territorio reconocido legalmente a los embera katío, en Córdoba.

Rafael Almonacid, encargado de asuntos indígenas del Ministerio del Interior, admite que no tienen cifras consolidadas del total de familias campesinas en tensiones con indígenas en estas zonas.

Es muy difícil que la gente decida retirarse del territorio porque el proceso organizativo es muy sólido

‘Era un conflicto escondido’

Pero Eduardo Díaz, quien por la Consejería Presidencial para el Posconflicto encabeza el programa de sustitución voluntaria de cultivos ilícitos, afirma que solo el territorio de los nukak es inmenso.

En las zonas con cultivos ilícitos donde hay líos entre campesinos, indígenas y afros se está haciendo erradicación forzada.

“Las tensiones entre los distintos grupos era un problema escondido detrás del conflicto armado. El acuerdo de paz lo puso en evidencia y es de una complejidad inmensa”, reconoce Díaz.

Precisamente, uno de los puntos del Acuerdo Final de Paz de La Habana establece que el Gobierno y las Farc se comprometen a hacer planes para reubicar a los campesinos que están ocupando resguardos indígenas y territorios que pertenecen a afrocolombianos. Esto, sobre la base de que muchos de los campesinos cocaleros llegaron a esas zonas patrocinados por la exguerrilla.

Para Díaz, una de las alternativas posibles para solucionar el problema es usar el dinero de la sustitución voluntaria para comprar tierras y reubicar a los campesinos.
Pero, por lo menos los del lío en Tumaco no están pensando en una reubicación. Diana Montilla, abogada de la Asociación de Juntas de Acción Comunal de los ríos Nulpe y Mataje (Asominuma), que reúne a campesinos cocaleros de Alto Mira y Frontera, dice que “es muy difícil que la gente decida retirarse del territorio porque el proceso organizativo es muy sólido”. Agrega que hay 140 familias con títulos de propiedad obtenidos antes de que les reconocieran propiedad a los afrodescendientes.

También César Jerez, vocero de la Asociación Nacional de Zonas de Reserva Campesina (Anzorc) y uno de los promotores de la movilización que está en marcha, afirma que “la pretensión de afros e indígenas de expulsar a los campesinos difícilmente puede ponerse en práctica porque no hay fondos ni política del Estado para reubicarlos”. Para él, la solución es la convivencia “intercultural” en esos territorios.

Pero como si fuera poco, Óscar Montero, indígena kankuamo asesor de Derechos Humanos de la Organización Indígena de Colombia (Onic), hace caer en cuenta de que en el territorio de los nukak la situación no es simple porque allí está la disidencia del frente primero de las Farc, que tiene el control de los cultivos ilícitos.

Así va la protesta cocalera

En Cauca cerca de 3.000 labriegos se están concentrando en Las Margaritas (Cajibío), El Descanso (Caldono), El Estanquillo y la Fonda (Patía). Hasta ahora los cierres de la Panamericana han sido esporádicos.

En Nariño se podría suspender el paro y tan solo harían un plantón frente a la sede de la Gobernación el jueves a las 5 de la tarde. Esto por los hechos de Tumaco donde murieron 7 cocaleros.

En Norte de Santander se esperan unos 4.000 campesinos en lugares como La Y de Astilleros y en algunos corredores viales del municipio de Tibú.

El comienzo de las disputas

1. Tumaco, Nariño
Alrededor de 5.000 familias campesinas cocaleras, muchas provenientes de Caquetá y Putumayo, agrupadas en la Asociación de Juntas de Acción Comunal de los ríos Nulpe y Mataje (Asominuma), habitan el territorio de Alto Mira y Frontera, cuya propiedad colectiva está adjudicada al Consejo Comunitario de afrodescendientes. No obstante, Diana Montilla, abogada de Asominuma, dice que existen 140 títulos de campesinos que representan 12.000 hectáreas de toda esa zona (42.000 hectáreas). Afirma que campesinos necesitarían al menos 20.000 hectáreas y que no están dispuestos a volver a los territorios de origen.

2. Puerto Libertador, Córdoba
Al pueblo embera katío del Alto San Jorge le adjudicaron el resguardo indígena Quebrada Cañaveral, en el sur de Córdoba. Sin embargo, a partir de los años 90, cuando comenzó la siembra de coca en esa zona por parte de paramilitares y las Farc, empezaron las disputas por el control territorial entre ambos grupos y desplazaron a los indígenas. Según la Organización Indígena de Colombia, hoy ese pueblo llega a las 700 personas, que están dispersas en tres municipios del sur de Córdoba: Puerto Libertador, Montelíbano y Uré. Algunos subsisten como jornaleros recolectando coca.

3. Guaviare
Hace 15 años, 500 familias, unas 3.000 personas, impulsadas por el frente primero de las Farc, colonizaron las selvas del Guaviare para la siembra de coca. Eran tierras ancestrales de la comunidad indígena nukak maku –seminómada–, de allí el nombre del parque natural Nukak. Estos indígenas, en vías de extinción, vieron cómo los colonos se asentaron en sus territorios y sobre la orilla del río Inírida y cómo 600 metros adentro del parque empezaron con el cultivo ilícito.

Apoyadas por la guerrilla, las familias se ubicaron en lo que se conoce como las veredas La Paz y La Lindosa (El Retorno), Salto Gloria y Santo Inés (Calamar) y Tomachipán, en San José del Guaviare. En el parque Nukak, el Sistema de Monitoreo de Naciones Unidas detectó, en el 2016, 1.765 hectáreas de narcocultivos, por lo que el presidente Santos priorizó la reserva natural.

A la fecha, la Policía Antinarcóticos ha erradicado de manera forzada 2.228 hectáreas. El Guaviare en este momento es fortín de la disidencia de las Farc al mando de ‘Gentil Duarte’, que se financia del narcotráfico. No en vano las autoridades lograron una comunicación en la que se escucha a ‘Iván Mordisco’, otro de los jefes de la disidencia, ordenando instalar minas antipersonas para afectar las labores de la Fuerza Pública.

Redacción paz
EL TIEMPO
margir@eltiempo.com

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