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Reduciendo la brecha entre progreso y promesa
Firma del Acuerdo de Paz en 2016

Aspecto de la firma del Acuerdo de Paz en el Teatro Colón, hace cuatro años, entre el Estado Colombiano y la guerrilla de las Farc.

Foto:

Carlos Ortega. Archivo EL TIEMPO

Reduciendo la brecha entre progreso y promesa

Mucho del Acuerdo de Paz tardará años en realizarse. Presencia del Estado en áreas debe acelerarse.

La firma del acuerdo final de paz, hoy hace cuatro años, fue uno de los momentos más memorables en mis cinco años como Enviado Especial de la Unión Europea para el proceso de paz en Colombia. Ha sido aclamado, y con razón, como un logro histórico. Poner fin a más de cincuenta años de un conflicto con nueve millones de víctimas es un gran logro, pero no es algo que suceda de la noche a la mañana. La firma fue sólo el comienzo.

Fue el comienzo de la realización de un sueño sobre cosas nunca vistas en la vida de la mayoría de las y los colombianos; el comienzo de un largo camino hacia la paz, la igualdad, la justicia y la liberación frente al miedo y la necesidad. En esencia, el acuerdo de paz trata sobre el respeto, la protección y el cumplimiento de los derechos humanos. Todo acuerdo de paz necesita ser empoderado por la gente, apropiándose de él e involucrándose con él.

Por eso, el apoyo y la solidaridad de la comunidad internacional ha sido consistente durante todo el proceso de paz. Puede que estemos muy lejos en Europa, pero también hemos sufrido las dificultades y el horror del conflicto, incluidas dos guerras mundiales.
Sabemos que la construcción de la paz es un trabajo arduo que puede llevar generaciones. Por lo tanto, la Unión Europea seguirá apoyando la construcción de la paz en Colombia, durante el tiempo que sea necesario.

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El acuerdo de paz colombiano se cita a menudo como modelo alrededor del mundo, por su determinación para abordar las causas del conflicto y por su enfoque centrado en los derechos y la dignidad de las víctimas. En un acuerdo tan complejo e innovador, todos sus componentes deben ser implementados, ya que todos están vinculados para lidiar con las causas del conflicto.

Innumerables vidas se han salvado desde que se firmó el acuerdo de paz; las FARC se desarmaron y han hecho el tránsito a la política y, a pesar de desafíos y reveses, el proceso de paz en Colombia es visto internacionalmente como una historia de éxito, se ve un país más estable para la inversión, el empleo y el turismo.

El presidente Duque y su administración me han reiterado consistentemente su compromiso con la implementación del acuerdo de paz. También lo ha hecho el liderazgo de FARC. Hemos visto un buen progreso en el proceso de reincorporación y en los PDETs, y sabemos que se está haciendo un trabajo significativo en las regiones. La Unión Europea apoya estos esfuerzos y lo seguirá haciéndo.

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Pero hay muchos desafíos y sé que este año ha sido particularmente difícil para muchas personas. Me gustaría expresar mi más sentido pésame a quienes han perdido a sus seres queridos durante la pandemia de covid-19, así como en los desastres naturales de los últimos días. La incertidumbre y el sufrimiento por la pandemia, así como por los efectos tangibles del cambio climático, se han visto agravados por trágicos recordatorios de que la desigualdad y la inseguridad siguen siendo realidades cotidianas en algunas partes del país.

Muchas de las disposiciones del acuerdo de paz tardarán en realizarse; años, no meses. Y reconozco que esto es difícil para muchas colombianas y colombianos que llevan tanto tiempo hambrientos de paz.

El fortalecimiento de la presencia del Estado en las áreas afectadas por el conflicto es un trabajo en curso, que necesita ser acelerado. En los últimos meses se ha visto más violencia, ha habido masacres de civiles y un deterioro de la situación humanitaria de las comunidades locales de algunas regiones. Esto ilustra la fragilidad de la paz. Nuevos ciclos de violencia pueden estallar con demasiada facilidad. Me preocupan profundamente los asesinatos de líderes y lideresas sociales, defensores de derechos humanos y excombatientes desde que se firmó el acuerdo. El diálogo y el trabajo en estrecha colaboración con la sociedad civil es la mejor manera de encontrar soluciones prácticas a esta grave y compleja situación.

Muchas de las disposiciones del acuerdo de paz tardarán en realizarse; años, no meses. Y reconozco que esto es difícil para muchas colombianas y colombianos que llevan tanto tiempo hambrientos de paz

Las víctimas son fundamentales para el acuerdo y su implementación. La restauración, reparación, reconciliación y reconstrucción deben ser el foco de atención, no la retribución o la recriminación. El sistema de justicia transicional colombiano busca asegurar que el dolor del pasado no domine el futuro. Busca garantizar los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia, la reparación y la no repetición a través de una combinación innovadora de mecanismos judiciales y extrajudiciales. En sólo tres años, la JEP ha abierto siete macro-casos que serían un desafío para cualquier sistema de justicia internacional o nacional, debido a la gran cantidad de hechos, perpetradores y víctimas. Para llegar a la verdad, el sistema de justicia transicional debe hacer preguntas difíciles, y es importante que la totalidad de quienes se han sometido al sistema den un relato completo de lo sucedido durante el conflicto.

Está claro que todas y todos los colombianos desean la paz. Pero frente a problemas, a veces es fácil resguardarse en hablar únicamente con quienes comparten la misma visión del mundo, la misma perspectiva política y nunca desafiar nuestras propias suposiciones. La política es un certamen de ideas, y en todo sano debate las diferentes partes priorizan diferentes objetivos y diferentes medios para alcanzarlos. Pero sin algo de voluntad para escuchar, seguiremos entablando un diálogo de sordos, sin alcanzar nunca un terreno común.

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La paz no nos obliga a hacernos amigos de nuestros enemigos, pero sí requiere que actuemos. Eso significa apoyar el diálogo con quienes no están de acuerdo con nosotros. Para lograr realmente la paz, la protección de los derechos humanos, el respeto y la empatía deben ser nuestra guía, incluso en las circunstancias más difíciles. La paz es siempre una acción, no sólo una promesa. Como dijo una vez Martin Luther King: “el progreso humano no es ni automático ni inevitable. Cada paso hacia la meta requiere sacrificio, sufrimiento y esfuerzo; el empeño incansable y la preocupación apasionada de individuos dedicados“.

EAMON GILMORE
Especial para EL TIEMPO

* Enviado Especial de la Unión Europea para el proceso de paz en Colombia.

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