Secciones
Síguenos en:
¿No ser ya de izquierda le ha complicado su trabajo en el CNMH?
Darío Acevedo, director del Centro de Memoria Histórica

Darío Acevedo dice que no ha pensado en dejar su puesto como director nacional del Centro de Memoria Histórica.

Foto:

Néstor Gómez. EL TIEMPO

¿No ser ya de izquierda le ha complicado su trabajo en el CNMH?

El director de la entidad habla, entre otras cosas, sobre cómo se acercó a Álvaro Uribe.

Darío Acevedo, el polémico director nacional del Centro de Memoria Histórica, recoge los sablazos que le envían sectores de izquierda pidiéndole, concretamente, que renuncie. Dice que no lo hará, y explica por qué su presencia en el Centro resulta incómoda para tantos.

Situémonos en el debate que le ha amargado un tanto el ejercicio de su cargo. ¿Usted de dónde viene, cuál es su escuela intelectual, académica?

Soy historiador de la Universidad Nacional de Colombia, me doctoré en la Universidad de Huelva, en España, ya viejo, a los 50 años. Hice casi toda mi vida profesional en la Universidad Nacional de Medellín. Soy de la primera promoción de historiadores formados profesionalmente en Colombia.

Y usted tenía en ese momento una línea de pensamiento de izquierda… ¿Cuándo se produce su tránsito ideológico hacia la derecha, si se puede llamar así donde usted está ahora posicionado?

(Risas) Cuando yo tenía 20 años ingreso a la Universidad Nacional de Colombia y ahí no era de izquierda, sino un muchachito al que le gustaba mucho leer a Jean-Paul Sartre, como existencialista, no como maoísta, y a Albert Camus. Allí me encuentro en el año 71 con un movimiento estudiantil, bullicioso, masivo, asambleas, muchachos que se paraban en una tribuna a echar discursos. Eso me entusiasmó.

Y se matricula ahí. ¿Cuándo se desencantó de eso?

Ay… Es que no hay una fecha precisa. Estuve en esa emocionalidad revolucionaria más o menos seis o siete años, del 71 al 78, y empecé a desilusionarme poco a poco por el dogmatismo, el sectarismo…

¿Pero usted termina matriculándose en alguna otra escuela de pensamiento?

Entré a la universidad en el 70 a hacer una ingeniería, me retiré, estuve trabajando en una fábrica, fui fundador de sindicatos, fui huelguista, y después volví a la universidad en el 78 a estudiar Historia. Pero ya ahí era menos activista. Ahí me acerqué a Gerardo Molina, le hice una biografía… Era un hombre socialista, muy respetable, muy decente; me hice amigo de él, y me orientó mucho en la vida. Me decía: ‘Darío, no se meta en política, que eso es horrible, eso es muy duro, dedíquese a la academia, que a usted le va mejor’.

¿Y le hizo caso?

Le hice caso. ¿Cuándo me desencanté? Hacia finales de los ochenta, con la caída del Muro de Berlín; luego, la implosión de la Unión Soviética, el recambio en China hacia el capitalismo. Ahí empecé como a decir: ‘Esto no’. Me leí un texto muy iluminante, todavía lo recuerdo, de Eric Hobsbawm, un ensayo corto que se llamaba ‘Adiós a todo aquello’. La diferencia es que Hobsbawm más adelante volvió a lo de antes, y yo seguí profundizando mi distanciamiento.

¿Sintió que se le alejaban algunos amigos de tertulia?

Sí, varios. Estaban en otro cuento. Me tocó vivir, pues, también en los años ochenta el asesinato de varios líderes políticos y sindicales, tres presidentes de la asociación de profesores de la Universidad de Antioquia, uno de ellos muy amigo mío, que era Leonardo Betancur Taborda; otro que fue el doctor Héctor Abad Gómez. Yo en el año 87 ya era profesor de la Nacional de Medellín.

¿Cuándo se acerca al grupo de Álvaro Uribe?

En el año 2002, en campaña presidencial, tuve un debate en la Escuela Nacional Sindical con José Obdulio Gaviria, que era amigo mío desde los años setenta.

Él también había militado en la izquierda…

Claro, conmigo, y más o menos en el maoísmo; y entonces el debate fue muy particular porque yo defendía en ese momento a Horacio Serpa, que era más socialdemócrata, y él defendía a Álvaro Uribe. Anecdóticamente, un amigo llega y dice: ‘¡Ja! Aquí va a hablar la derecha del serpismo y la izquierda del uribismo…’ (risas).

¿Pero cuándo pasa usted de la ‘izquierda del serpismo’ a la ‘derecha del uribismo’?

En el 2002 tuve un gran desencanto con las negociaciones del Caguán. Entendí que las Farc no querían negociar, sino tomarse el poder. En el gobierno Santos fui director programático de la campaña en Antioquia, pero él empieza a salirse de las políticas uribistas, y quedo asombrado por los términos en que empieza a negociar.

¿Por qué lo cambian a usted por el director que venía, Gonzalo Sánchez, con muy buena reputación en el Centro de Memoria Histórica?

El cargo de director general del Centro de Memoria Histórica depende del Presidente de la República. Entonces, Gonzalo Sánchez presenta su renuncia una semana antes de que se posesione Iván Duque. Él dijo que ya estaba cansado, que era hora del relevo. Pero en esencia fue porque era un gobierno con otra política.

Pero no ha pasado prácticamente un día sin que a usted lo hayan maltratado, criticado, desautorizado, despreciado. ¿Por qué cree que le ha pasado eso? Si siguiera militando en la izquierda, ¿cree que se hubiera podido salvar de este ‘bullying’?

Todo tiene que ver aparentemente con una entrevista que yo le concedí a una periodista de ‘El Colombiano’, un mes antes de posesionarme, donde dije que el conflicto armado era un concepto controversial, desde el punto de vista académico. Todo es controversial, en las ciencias humanas y sociales, todo.

Ha reiterado que no niega el conflicto armado. ¿Lo que quiere es presentar aproximaciones más abiertas al concepto, o qué?

Más abiertas. No hay que condenar a nadie porque lo niegue o porque se arrodille.

Pero eso hay sectores que no se lo perdonan…

No. Pero además la periodista tergiversó, porque yo no dije ‘eso no existe’.

Un crítico acérrimo suyo, el doctor Rodrigo Uprimny, de Dejusticia, dijo en una reciente columna: ‘El señor se tiene que ir. Primero porque muchas organizaciones de víctimas han solicitado la devolución de sus archivos que habían dejado en custodia en el Centro de Memoria Histórica’, porque ya no confían en él. ¿Eso es cierto?

Falso. Solamente una lo está solicitando, que se llama la Minga Indígena del Cauca, y esa organización está surtiendo un procedimiento porque todos esos documentos los ha recibido el Centro desde el principio, para procesarlos, y eso lo estamos haciendo nosotros.

Segundo, dice Uprimny que ‘la reciente expulsión del Centro de Memoria Histórica de la importante coalición internacional de sitios de conciencia es muy grave’. Explíqueme en qué nos perjudica no pertenecer a esa coalición…

Es un tema prácticamente de relaciones públicas, porque el Centro Nacional no ha derivado ningún apoyo económico o material de parte de esa organización. La persona que incidió en eso fue María José Pizarro. Viajaba por todo el mundo haciendo trabajos para el Centro Nacional de Memoria Histórica que, pues, no se conocen. Ella dejó montadas unas relaciones que nos llevaron a eso.

Dice Uprimny que se ha echado encima a más de 60 intelectuales que han escrito duras cartas contra usted…

Eso es cierto. No puedo negar que se trata de intelectuales prestantes, pero todos ellos dan por sentado que yo soy un negacionista. Y el negacionismo es un concepto que se traslada atrabiliariamente del contexto de la Segunda Guerra Mundial a Colombia. El negacionismo es un término acordado con un consenso muy grande por la intelectualidad europea, para referirse a quienes niegan el Holocausto judío. No más.

El Centro Nacional de Memoria Histórica es un patrimonio nacional, pero con manejo gubernamental. ¿Cómo se combinan esos dos conceptos?

Cuando me fueron a nombrar a mí, el doctor Uprimny también escribió que lo lógico era que hubiera una comisión de sabios, que eligiera al director, y no el Presidente, para que no sea gubernamental, sino otro tipo de organización. ¿Por qué no se le ocurrió eso cuando dirigía Gonzalo Sánchez? ¿Por qué solo ahora, que la manejo yo?

¿Será que aquí la única verdad que nos sirve es una que sea manejada por las dos partes?

Eso es imposible. He aprendido de mi observación como historiador que llegar a una versión de consenso como la que logró Europa frente a los regímenes nazis, y ahora sobre el comunismo, que acaba de producir una directiva europea contra los crímenes de Stalin, aquí es muy difícil. La izquierda es muy fuerte, tiene una capacidad de propaganda bien demostrada, y creo que gran parte del prejuicio que hay contra mí tiene que ver con el hecho de que ellos piensan que yo soy un renegado.

¿Un renegado?

Sí. Me han tratado prácticamente como un hereje. Esa organización internacional dice que la única manera de reconsiderar la expulsión del Centro es que yo me someta a un acto público, con medios, con todas las víctimas, algo así. pues. como en la plaza de Bolívar, y me coloque en la hoguera, y si no digo que perdonen mis pecados, le echan fuego. Quienes así me tratan profesan un dogma, porque la figura de renegado semánticamente depende directamente de renunciar a un dogma.

La izquierda es muy fuerte, tiene una capacidad de propaganda bien demostrada, y creo que gran parte del prejuicio que hay contra mí tiene que ver con que ellos piensan que yo soy un renegado

¿Y usted no piensa renunciar a su cargo?

¿A mi cargo? No se me ha pasado por la cabeza. Yo trabajo ahí con una convicción muy profunda, derivada de mi formación de los últimos años, pues a los 20 años tenía solamente corazón y muy poco cerebro.

Entonces, se queda en su cargo. ¿Con qué pronóstico?

Mire: he publicado 8 libros que ellos dejaron, he reeditado otros 8, he distribuido el ‘Basta ya’, que es la insignia de ellos, hasta el agotamiento. Le doy la cifra exacta de lo que he repartido: 50.000 ejemplares, más o menos. Ellos dejaron 75.000 regados en el piso, en cajas, humedeciéndose. Solamente falta que yo me les arrodille y les diga: creo en el Espíritu Santo y en el conflicto armado.

¿Quiénes son ‘ellos’?

‘Ellos’ pertenecen a un equipo del que formaron parte Gonzalo Sánchez, Rodrigo Uprimny, María Emma Wills, Martha Nubia Bello, estuvo también ahí León Valencia, y estuvo otro ex guerrillero del Epl, que es Álvaro Villarraga. ¿Usted se imagina que yo, cuando me nombraron, trajera un equipo del que hicieran parte paramilitares, o familiares de Uribe o familiares de Carlos Castaño?

Entonces, ¿cuál es la garantía de imparcialidad?

Desde que fui nombrado pensé que lo mejor que podemos hacer es un convenio con Colciencias, para que convoque a los académicos nacionales. Estamos en eso. Vamos a hacer el museo, donde cabremos todos. Ellos dicen que yo voy a imponer mi punto de vista. No, no lo voy a imponer, sino que, al contrario, voy a hacer que el Estado sea garantista en la información que haya en el museo. Estadísticas, mapas, hechos, sucesos, victimarios, víctimas. Porque el libreto que ellos tenían borraba la diferencia entre víctimas y victimarios. Entonces están bravos porque les voy a cambiar el guion, y dicen que no lo puedo cambiar.

¿Pero sí lo va a cambiar?

¿Cómo así que no lo puedo cambiar? El guion es elástico, siempre, en cualquier museo.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

Sigue bajando para encontrar más contenido

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.