El drama de una madre que lleva 25 años buscando a su hija

El drama de una madre que lleva 25 años buscando a su hija

Tránsito Villamil busca a su hija secuestrada, al parecer, por delincuencia común.

Farc

Los secuestradores de Leidy Johana, la Tránsito, dijeron ser guerrilleros de las Farc, pero todo indica que fue la delincuencia común.

Foto:

Eliana Aponte / Archivo EL TIEMPO

Por: Política
20 de agosto 2019 , 02:33 p.m.

El 19 de agosto de 1994, cuando Leidy Johana apenas tenía 10 años, un grupo de hombres armados la secuestraron en la finca en la que vivía con su mamá, Tránsito Villamil, en Simijaca, en Cundinamarca.

Los hombres que se la llevaron, que vestían de camuflado y portaban armas de largo alcance, se identificaron como miembros del frente 22 de las Farc.

Este lunes precisamente se cumplen 25 años de este secuestro y desde entonces su mamá no ha vuelto a saber nada de ella. Lleva 25 años tratando de encontrarla, pero también con la carga de no saber qué pasó con ella.

Claro que en los últimos años la esperanza de volverla a ver estuvo más fuerte que nunca. Con el inicio del proceso de paz con las Farc a Tránsito el corazón se le llenó de emoción de que volvería a tener a su hija, de la que guarda algunos recuerdos como sus cuadernos y el uniforme del colegio.

Ella estaba convencida que a Leidy Johana la guerrilla, tras llevársela, por tratarse de una niña la había involucrado en sus filas, que sería una guerrillera a la que no le permitían comunicación, pero que tan pronto se firmara la paz, ella regresaría a la casa.

En las noches, en medio de oraciones y del llanto, trataba de imaginarla como sería, qué tanto le habría cambiado el rostro, si tendría un esposo, si de pronto tendría hijos.

En medio de esa desesperanza que por momentos la ha agobiado incluso se ha cuestionado si le faltó el valor para defender más a su hija de los cinco hombres armados que se la llevaron de la finca.

En diálogo con EL TIEMPO recordó que tras el secuestro le llegaron algunos casetes y dos cartas en la que los secuestradores no solo se identificaban como miembros de las Farc sino que le exigían 20 millones de pesos para iniciar la negociación. Fue algo que jamás se pudo concretar.

Después no se volvió a saber nada. Ni siquiera rumores. Solo fe, esperanza y oración. Por eso ella siempre tuvo la idea de que Leidy Johana estaba en poder de la guerrilla.

Y cuando en los noticieros comenzaron a mostrar imágenes de la gente de las Farc que empezó a concentrarse para la firma del acuerdo de paz con el Gobierno, ella siempre se centraba en las imágenes de las mujeres, para ver si veía a su hija.
Cuando el proceso de paz se consolidó, ella fue a la JEP a averiguar si había algo de su niña. Le respondieron que no.

Mientras tanto, la Fiscalía le reportó que un exguerrillero que había estado al frente del grupo de la Farc que delinquió en la zona de Simijaca les dijo que ellos llegaron a la zona un año después del secuestro.

Estos dos hechos le confirmaron que su hija nunca estuvo en manos de la guerrilla, sino que fue víctima de delincuencia común.

Hoy, 25 años después del secuestro de Leidy Johana, su mamá se siente cansada. Atrás quedaron los días en los que viajó a varios municipios a buscar a su hija, en los que en más de una ocasión el ver a una joven en la calle creyó que era Leidy Johana. Esos sueños de que ella volvería han comenzado a desaparecer.

Lo único que no ha desaparecido es su llanto cuando la recuerda, cuando menciona el secuestro. Cuando piensa que esa búsqueda de 25 años ha podido ser en vano.

Ahora se está centrando en una buena batalla, en hacerle un simple homenaje a esa niña desaparecida.

Está buscando al alcalde de Simijaca para que le permita poner un ángel con una placa en el parque principal del pueblo, como un homenaje a su niña. Y como un recordatorio de lo infame que puede ser una desaparición forzada, esa que no permite hacer el duelo.

Ella hoy dice que no puede morirse tranquila, a pesar las molestias de salud que todos los días le recuerdan que los años no pasan en vano, así no haya borrado un solo instante de lo que ha vivido desde que la niña de 10 años se la llevaron unos desconocidos.

Es más, el pequeño predio de Simijaca no la ha vendido, porque cree que si algún día Leidy Johana aparece, el único contacto que tendrá será la finca donde la secuestraron. Y allí ha dejado su número celular, por si se da esa feliz eventualidad. Es la fe, que a ratos se niega a abandonarla.

POLÍTICA

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