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La exigencia de Ingrid Betancourt a Timochenko y Mancuso
Ingrid Betancourt

Ingrid Betancourt: “He perdonado todo, salvo el sufrimiento causado a mis hijos. Debo confesar que tengo esa dura tarea por delante”.

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EFE / Lucas Dolega.

La exigencia de Ingrid Betancourt a Timochenko y Mancuso

En entrevista con EL TIEMPO, dice lo que espera de los excombatientes.

Tan inédito como descomunal es el desafío que atraviesa Colombia tras la firma del acuerdo de paz. Víctimas y victimarios han venido relatando, casi a diario, el sufrimiento de unos o el daño que causaron los otros durante el conflicto armado. En dos de esas instancias, la Comisión de la Verdad y la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP, estuvo recientemente Ingrid Betancourt, convertida en ícono global del infame delito del secuestro.

Betancourt (Bogotá, 1961) fue plagiada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) el 23 de febrero de 2002, cuando iba a defender a la población de San Vicente del Caguán ante la inminente ruptura de las conversaciones de paz entre esa guerrilla y la administración de Andrés Pastrana. Seis años y medio después, el 2 de julio de 2008, fue rescatada en una audaz acción de las Fuerzas Armadas bautizada Operación Jaque, en el gobierno de Álvaro Uribe.

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Con la calma que impone la distancia, tanto geográfica como de tiempo, ella reflexiona sobre lo que le pasó y lo que espera para sus captores.

“Cuando leí las declaraciones de los comandantes que me secuestraron, hablando de ese periodo, me llamó la atención la manera como maquillan la verdad para presentarla bajo una perspectiva menos cruel. Creo que para ellos debe ser muy violento verse en el espejo del posconflicto, darse cuenta de que sus actos no tenían justificación ni respondían a una ideología. Hubo quienes me pedían perdón por lo que estaba ocurriendo, a otros la conciencia los mortificaba tanto que preferían no estar en contacto con quienes estábamos cautivos. También hubo otros que para mostrar su poderío eran capaces de conductas que no me atrevo a nombrar. El sadismo y la capacidad para torturar a un ser humano en esos escenarios va in crescendo”.

Me llamó la atención la manera como maquillan la verdad para presentarla bajo una perspectiva menos cruel

Se firmó y se celebró la paz, pero en Colombia hoy hay dos hechos estremecedores: los ‘falsos positivos’, que la JEP elevó a 6.402, y el asesinato de líderes sociales. ¿Cómo ha visto la respuesta del país frente a esto?
Creo que es temprano aún para medir la respuesta de nuestra sociedad. Todos estamos procesando esta información, hay muchas cortinas de humo… y está la pandemia. El asesinato de niños, como si fueran productos desechables de la guerra, es un ejemplo de lo que nos está sacudiendo a todos en lo más íntimo, nos sentimos hastiados de tanta locura, ¿pero como manifestarlo? Las próximas elecciones pueden ser una oportunidad para hacerlo.

A propósito de política, a un año de las elecciones parlamentarias y un poco más de las presidenciales, ¿considera que va a haber un cambio político, un giro en la dirigencia colombiana en 2022?

No podría adivinar que va a pasar, pero sí tengo fe en el futuro. Quisiera que se abran nuevos horizontes, que podamos salir de esta polarización y que podamos por fin preocuparnos seriamente por lo social, por la gente que está sufriendo, que tiene hambre. Eso es lo importante, ponernos a construir una gran nación.

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Aquí hay una discusión sobre el desarrollo del acuerdo de paz con las Farc. Desde el Gobierno se afirma incluso que el presidente Duque ha hecho más por la implementación que lo que hizo Santos. ¿Cuál es su opinión?

A Duque lo eligieron prometiendo que acabaría con el proceso de paz. ¿Al fin qué quieren? Lo que sí celebro es que la experiencia de gobernar los haya llevado a querer hacer más que Santos por la paz.

Hablando de las Farc, en su testimonio ante la JEP, usted destacó la crueldad que, como mujer, soportó en cautiverio. En retrospectiva, ¿por qué cree que los guerrilleros fueron tan despectivos y crueles con usted?
No me corresponde sicoanalizar a los guerrilleros en lo individual. Lo que sí sé es que las Farc eran o son una organización misógina, con estructuras machistas, con un sistema de reclutamiento de guerrilleras diseñado para explotar a la mujer amparándose en un discurso de igualdad de género. Ese marco sociológico dio pie para un maltrato aun mayor por ser mujer.

íngrid Betancourt

Ingrid Betancourt cuando estaba secuestrada.

Foto:

AFP

¿De ese maltrato también hicieron parte mujeres guerrilleras o hubo algún asomo de empatía en ellas?
Sí, sí se dieron momentos de solidaridad. Pero esos momentos siempre fueron clandestinos, pues la sanción era automática. A las guerrilleras las mantenían alejadas de los secuestrados. Tanto ellas como yo éramos víctimas de una sistemática desconfianza de género, siempre bajo sospecha y vigilancia.

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¿De qué manera le hizo el quite a lo que usted calificó ante la JEP como ‘crueldad’ y ‘perversión’? ¿Es posible eso en medio de tanta adversidad?

Yo tenía a Dios en la selva, que sufría conmigo. Y oía a mi mamá por la radio todas las madrugadas. No estaba sola.

Allí, en la profundidad de la selva, ¿se llegó a hablar de paz?, ¿de la necesidad de una salida negociada para acabar esa situación?
Con Uribe presidente sabíamos que las Farc nunca aceptarían una salida negociada. En mi prueba de vida al inicio del cautiverio dije que yo apoyaba una operación de rescate militar.

¿Por qué cree que los guerrilleros se deshumanizaron tanto? ¿Los miembros del secretariado que aún están vivos y que comparecen ante la JEP también eran así?
Sí, creo que cada uno de ellos es responsable, colectiva e individualmente. Hace poco vi una entrevista por YouTube que salió en Francia durante mi cautiverio en que ponen a Fabián Ramírez a escuchar a mis hijos suplicándole a las Farc que me liberen, en el momento de la muerte de mi papá. Fabián Ramírez contesta que mis familiares son unos egoístas, que los guerrilleros de las Farc en cambio luchan por el pueblo. Esa ideologización, esa soberbia, ese mesianismo es el origen de la deshumanización de las Farc.

En esos tiempos era sorprendente escuchar a cada uno de los miembros de esa guerrilla, sin importar su rango, repitiendo el mismo discurso...
Es muy impresionante. Todos ellos construyeron y alimentaron ese discurso; cada uno de ellos sacó provecho personal y ascendió en la jerarquía de las Farc radicalizando ese discurso. Cuando se les olvidó tener compasión, se deshumanizaron. El pueblo por el cual decían luchar se convirtió en un concepto abstracto y se transformaron en su verdugo.

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Hay víctimas que creen que los miembros de las Farc que son responsables de crímenes de lesa humanidad no deben estar en el Congreso. ¿Usted qué piensa?
Tengo una opinión diferente. El acuerdo de paz cambió fusiles por curules, no por impunidad. Tampoco por venganza. Es justo que la condena sea la máxima para los miembros del secretariado de las Farc, incluyendo los que son parlamentarios.

¿Todos?
Todos los que están actuando en el Congreso, como líderes de las Farc — ya sean miembros del secretariado o no—, son responsables de estos crímenes atroces. Lo son todos moralmente, y algunos lo son adicionalmente en el plano jurídico. Por eso pedir sacar a los unos y no a los otros del Congreso me parece una postura hipócrita. Es justo, por otro lado, cumplir con la palabra empeñada en el pacto de paz, la de darle voz política a las Farc en el Congreso, a través de sus líderes, ya sean estos miembros del secretariado o no.

Su mayor dolor en cautiverio fue lo que vivían sus hijos. Cuando hoy los mira a los ojos, ¿qué piensa?
Fueron más de seis años de tortura para mis hijos, creciendo con la angustia de saber cómo me estaban maltratando, porque las Farc hicieron público el maltrato: las cadenas, el hambre, los castigos. Mis hijos levantándose todas las mañanas con el temor de que su mamá hubiese sido hallada muerta en una fosa común. Ese es un dolor muy presente. Nada puede reparar ese daño. He perdonado todo, salvo el sufrimiento causado a mis hijos. Debo confesar que tengo esa dura tarea por delante.

Por cierto, ¿cuál es la mejor manera de reparar a una víctima de secuestro?
Verdad, condena y reparación son los tres pilares de una política respetuosa del derecho de las víctimas del terrorismo: la verdad reconocida por los terroristas, la condena proferida por la justicia, la reparación económica a cada víctima.

Ingrid Betancourt

Llegada de Ingrid Betancourt y los soldados liberados a la base militar de CATAM.

Foto:

Milton Díaz / EL TIEMPO

Ahora se habla mucho de verdad. ¿Usted cree que algún día se sabrá toda la verdad de lo que nos ocurrió como sociedad?
Creo que la verdad la conocemos todos. Los detalles históricos van a ir llegando y completando el cuadro. Pero lo importante es qué hacemos con esa verdad.

¿Por qué?
Los pueblos se definen por su relación con la verdad: unos se vuelven esclavos de sus mentiras y ahí se quedan; otros enfrentan lo que pasó, se crecen por encima de sus errores, y avanzan.

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A todo esto, hay mucha expectativa de lo que digan Rodrigo Londoño (Farc) y Salvatore Mancuso (AUC) en la Comisión de la Verdad. ¿Usted qué espera?
La narrativa de la guerra en Colombia ha polarizado al país para servir a intereses políticos. Esa narrativa está plagada de mentiras y distorsiones. Por eso lo primero que espero es que el testimonio de Timochenko y de Mancuso no sea otro intento de manipulación al servicio de sus intereses personales. Por eso quisiera que nos aclaren por qué escondieron esa verdad que ahora sí quieren revelar.

Quisiera que nos aclaren por qué escondieron esa verdad que ahora sí quieren revelar

¿Se trata de un hecho que puede marcar un punto de inflexión en este proceso?
Sabemos que otros en Colombia, muchos desde las cárceles, también quieren hablar. Estarán observando lo que pase con ellos, y midiendo la reacción del país. De allí la relevancia de este ejercicio ante la Comisión de la Verdad. Ahora, fundamentalmente, lo que yo esperaría es que lo que digan Mancuso, desde la orilla del paramilitarismo, y Timochenko, desde la de la subversión, nos aliente como colombianos a ver la realidad precisamente sin los tapaojos de la polarización política.

¿Y la política? Usted ha sido una de sus protagonistas en Colombia. ¿Cree que algún día volvería al país a esta actividad?
No tengo ese dilema en mi radar. Pero sí tengo claro que quiero contribuir a que Colombia se libere de su pasado.

Finalmente, desde la distancia, ¿cómo ve la situación de Colombia?
Complicada.

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ARMANDO NEIRA
EDITOR DE POLÍTICA DE EL TIEMPO
Twitter: @armandoneira

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