El día cuando las Farc mataron al papá de la ministra

El día cuando las Farc mataron al papá de la ministra

El dramático testimonio de Claudia Blum, la nueva canciller, cuando la violencia tocó a sus puertas.

Claudia Blum

Claudia Blum, junto a Manuel Marulanda Vélez, alias Tirofijo, en el Caguán, durante las negociaciones de paz de Pastrana.

Foto:

Archivo particular

Por: Política
15 de noviembre 2019 , 11:25 a.m.

En los escenarios políticos dicen que a Claudia Blum la unen muchas cosas con Álvaro Uribe. La más dolorosa, sin duda, es que a ambos la guerrilla de las Farc les asesinó a sus padres en dramáticas situaciones más o menos similares: en sus propias fincas y fusilados a sangre fría en condición de indefensión.

“Yo nunca me voy a dejar coger de esos bandidos. A mí no me van a llevar pa’l monte”, solía decir Alberto Uribe Sierra, padre de Uribe Vélez. Fue muerto el martes 14 de junio de 1983 por un grupo de tres hombres armados que ingresó hasta su hacienda Guacharacas, en el municipio de San Roque (Antioquia).

Harold Blum, por su parte, había sido asesinado el año anterior, en un lluvioso 27 de octubre de 1982, cuando un grupo de las Farc llegó hasta su finca Flores Amarillas, ubicada en una suave ladera del piedemonte de la Cordillera Central en la vereda Aguaclara, en la carretera que va de Palmira a Pradera, Valle, también con el propósito de secuestrarlo. Se opuso y murió en su propiedad.

“Esa mañana aciaga, mi papá se disponía a continuar su rutina para visitar su otra finca, Los Lagos, ubicada a unos diez minutos en una tierra más plana, tupida del verde intenso de la caña de azúcar típica del Valle”, relata la ahora Canciller en su libro Mi vida en lápiz.

“Al salir de Flores Amarillas encontró el portón cerrado y pitó para despedirse de Ruth, la campesina que vivía en una casa blanca de tejas de barro, paredes de adobe y rodeada de corredores.

“Ruth no apareció. Se bajó de su campero para abrir la puerta de hierro rustico, y en ese momento siete tipos armados vinieron hacia él. Entonces, se devolvió y se apresuró a tratar de coger una pistola que tenía al lado de la palanca de cambios y alcanzó a hacer un tiro, según indicaría algún casquete de bala que encontró la policía en la puerta izquierda del carro.

“En esa época, en zonas desprotegidas del país, los secuestros y ataques en el campo se multiplicaban y quienes allí trabajaban muchas veces pedían al gobierno permiso para portar alguna arma. Aunque pensarán en no tener que usarlas. Al menos creían sentir con ellas algo de seguridad.

“Lo que pudo pasar por la cabeza de mi papá para tomar la decisión de defenderse, antes que entregarse, tal vez fue producto de su convicción de nunca rendirse ante los violentos; o tal vez una reacción instintiva de conservación, sin explicación, en un momento de angustia.

Claudia Blum y su padre Harold Blum

Harold Blum, padre de la ahora canciller Claudia Blum

Foto:

Archivo particular

“Los guerrilleros le dispararon en la espalda y en un brazo y luego lo tiraron en la parte de atrás del carro llevándose por delante la puerta que él nunca alcanzó a abrir. Habían llegado antes que él y habían amarrado y amordazado a Ruth.

“Avanzaron hasta un paraje a unos diez kilómetros de la finca, en el corregimiento de La Buitrera, en la vía que va de Palmira hacia las altas montañas que la circulan. Allí dejaron que se desangrara”, recuerda ella en su dramático testimonio.

Los guerrilleros le dispararon en la espalda y en un brazo y luego lo tiraron en la parte de atrás del carro llevándose por delante la puerta que él nunca alcanzó a abrir

Blum estaba casado con Liliam Capurro, y habían tenido a Claudia en 1948. En distintos relatos ella ha dicho que tuvo una vida feliz hasta ese instante en que la violencia tocó a su propia puerta.

“Cerca de las diez de la mañana el industrial y ganadero caleño Harold Blum fue ultimado a tiros a la salida de su hacienda en Palmira, en un intento de secuestro por parte de una cuadrilla de las Farc…Harold Blum deja a su esposa, Lily Capurro y a sus tres hijos, Harold, Liliana y Claudia”, escuchó ella en la radio.

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Casi dos décadas después del crimen, Claudia Blum viajó hasta San Vicente del Caguán, corazón de la zona de distensión de los fallidos diálogos de paz durante la administración de Andrés Pastrana.

Por aquel entonces, Víctor G. Ricardo era el Comisionado de paz y él mismo concertó un encuentro entre la cúpula de la guerrilla. Estaban Manuel Marulanda Vélez, Jorge Briceño, el Mono Jojoy e Iván Ríos, de entre los insurrectos Además de la entonces liberal Blum y en representación del congreso viajaron los conservadores Juan Manuel Ospina y Roberto Camacho. Los tres eran integrantes de la Comisión de paz del Congreso. En ese momento ella sintió el dolor de estar ante sus verdugos.
Entonces recordó el dolor, pero no se amilanó y con la vehemencia que la caracteriza les dijo sus verdades.

Claudia Blum 2

El comisionado Víctor G. Ricardo junto al equipo negociador de las Farc. De fondo la entonces congresistas Claudia Blum.

Foto:

Archivo particular

La historia siguió su curso. Las Farc firmaron un acuerdo de paz con el entonces presidente Juan Manuel Santos y varios de los hombres que estuvieron alzados en armas están ahora en el Congreso donde seguramente en algún momento se encontrarán porque ella vuelve en su condición de Ministra de Relaciones Exteriores por decisión del presidente Iván Duque.

En una entrevista con el diario El País de Cali, se le preguntó: Al publicar su libro, ¿Qué fue lo más difícil de contar en ese libro?

Ella respondió: “Hice catarsis al rememorar el asesinato de mi papá por las Farc en el año 82 cuando empezaba a tener algunos logros profesionales. A él le debo la formación de mi carácter, pues me enseñó a tomar riesgos, a ser perseverante y a resistir la adversidad. Al escribir sobre el accidente automovilístico que me quitó a mi mamá 5 años después, también reviví el enorme desconsuelo de su ausencia. Mi mamá, con su sentido de armonía, me enseñó a encontrar siempre el lado positivo de las cosas”.

“Creo - sentenció - que escribir sobre esas pérdidas inesperadas fue lo más difícil, pero lo hice como una experiencia liberadora, que me ayudaría a transformar la pena en optimismo”.

POLÍTICA

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