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¿Por qué es tan difícil negociar con el Eln?
Eln

En septiembre del año pasado, el Departamento de Estado ofreció una recompensa de hasta cinco millones de dólares contra jefes del Eln vinculados con el narcotráfico.

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EFE - Archivo EL TIEMPO

¿Por qué es tan difícil negociar con el Eln?

Entrevista con los editores del libro que presenta una mirada estructural sobre esta guerrilla.

Esta guerrilla se convirtió en uno de los mayores dolores de cabeza para el Estado tras el desarme de las Farc. Cada día que pasa es más lejana una salida pacífica. Los investigadores Andrés Aponte y Fernán González explican en esta entrevista por qué.

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Luego del desarme de las Farc, Colombia respiró aliviada porque se creía que tras medio siglo de confrontación cesaría el ruido de los fusiles. En buena parte del país fue así. Sin embargo, el Eln empezó a ejercer un papel protagónico de violencia. Los nexos con el narcotráfico y el atentado a la Escuela de Cadetes de Policía General Santander en Bogotá con un carro bomba, en enero de 2019, que se llevó la vida de 23 personas y dejó a un centenar más heridas, alejó las posibilidades de un diálogo.

Se debe negociar porque esta guerrilla está obstruyendo el aterrizaje del acuerdo de paz

No era la primera frustración. De hecho, durante los gobiernos de López Michelsen, Gaviria, Samper, Pastrana, Uribe y Santos se intentó negociar, pero no se pudo. ¿Por qué?

Andrés Aponte y Fernán González, integrantes de un equipo de investigadores que escribió el libro ¿Por qué es tan difícil negociar con el Eln? Las consecuencias de un federalismo insurgente, 1964-2020, del Cinep, con recursos de la embajada sueca, responden en EL TIEMPO a este interrogante.

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La situación con el Eln ha llegado al extremo que hace unos días Cuba advirtió a Colombia de un posible atentado de esa guerrilla en el país. ¿Cómo interpretar esto?

Fernán González: La embajada cubana puede estar apuntando hacia dos direcciones. La primera hacia el ámbito internacional, es una manera de decirle a Estados Unidos que ellos no son un lugar donde alojan terroristas, sino que están comprometidos con un proceso de paz. La segunda es un mensaje al interior del Eln, es decirles: “coordínense y tengan control de las estructuras que están en el territorio colombiano porque de acuerdo a esas acciones va a haber implicaciones no solamente para ustedes sino también para nosotros como garantes”. Eso lo que podría estar evidenciando es que, en cierta manera, el Eln se volvió incómodo para Cuba.

¿Qué tanta voluntad política creen que existe en el Eln para sentarse a negociar?

Andrés Aponte: Creemos que no es hablar de voluntad sino de voluntades. ¿Cuáles son las voluntades que existen al interior del Eln para sentarse a negociar? Y las distintas tendencias están expuestas: hay un sector mucho más guerrerista que está representado dentro de la línea dura de alias “Pablito”. Otra línea también dura que es la de alias “Antonio García”. Otra línea de “Pablo Beltrán” y todas las personas más abocadas a negociar. Estas distintas voluntades interactúan entre ellas.

Pero, ¿cómo sintonizar tantas diferencias?

F. G.: Más que diferencias ideológicas hay bastantes similitudes en cómo perciben el Estado, en cómo perciben la sociedad, en cómo se perciben a ellos mismos en la estrategia. Las diferencias están en el terreno concreto y es cómo se vinculan con las economías territoriales, bajo qué propósitos despliegan violencia y también cómo perciben que podría ser una posible negociación. Ahí es cuando se plasman esas diferencias.

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¿Entonces?

Si nosotros equiparamos al Eln con lo que fue Pablo Escobar o el Cartel de Cali, estamos teniendo un problema de interpretación y conocimiento sobre lo que es el Eln

A. A.: Para los sectores de Arauca una negociación representaría perder muchos de los acumulados que han desarrollado. Para otros sectores, los que están más abocados a la paz, es una manera de reintegrarse y no perder lo que han logrado en otros territorios. Entonces las diferencias ideológicas confluyen en esas instancias de coordinación nacional como el Comando Central (Coce) y la Dirección Nacional (Dn), y se tramitan a partir de los procedimientos democráticos que ellos establecen.

Por estos días gravita en el ambiente otro aspecto nuevo y es la acusación de que el Eln se volvió un cartel de droga. ¿Qué piensan?

F. G.: No se puede calificar al Eln como un cartel de droga, pues no todos los frentes están vinculados a esta actividad. El Eln no solamente se dedica a traficar cocaína. Esta guerrilla a la vez que trafica con cocaína, instaura modelos de gobierno, regula los problemas de la comunidad, les da claridad a las transacciones económicas, define linderos, arregla problemas de pareja, incluso es un referente de orden en los territorios. Eso no lo hace un cartel, a no ser que sea un cartel muy especializado y enraizado dentro de una sociedad. Pero si nosotros equiparamos al Eln con lo que fue Pablo Escobar o el Cartel de Cali, estamos teniendo un problema de interpretación y conocimiento sobre lo que es el Eln.

A propósito, ¿cómo fue esa vinculación del Eln con la coca?

A. A.: Esa vinculación con la economía cocalera no se dio de manera uniforme en toda la estructura, ha ido variando de acuerdo al tiempo y a los lugares. Ellos se dieron cuenta de que regular la coca no solo permite ganar dinero y tener mejores armas, sino ganar poder político. Porque si tu impones reglas sobre un negocio y arreglas todos lo problemas que hay en torno a eso, hay reconocimiento, hay legitimidad y eso lo aprendió el Eln.

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Después de lo ocurrido en la Escuela de Cadetes General Santander, ¿cómo propiciar un nuevo espacio de diálogo?

F. G.: Hay dos cosas. Primero, ¿cómo hacerle entender a estas insurgencias que tienen menos credibilidad y aceptación en la sociedad colombiana de la que creen tener? Son grupos armados que están tremendamente desprestigiados y con una imagen muy desfavorable. Sin duda alguna el Eln tiene que garantizar que no sucedan este tipo de actos. Otra cuestión importante es que se deben tener unos esquemas de negociación claros. Hay que decirle al Eln que uno no negocia en 30 años, como ellos quieren hacerlo. Una negociación se hace en un tiempo acotado. Es decir, no se pueden hacer transformaciones estructurales y luego desmovilizarse, eso es imposible porque las transformaciones estructurales se demoran décadas.

¿Ustedes creen que el propósito del Eln con ese carro bomba era acabar con las negociaciones?

A. A.: En primer lugar, es un mensaje nefasto y sienta muy mal precedente para que la sociedad colombiana esté dispuesta a desarrollar una mesa de diálogo para acabar el conflicto. Eso es una primera consecuencia clarísima que el Eln no ha alcanzado a dimensionar. También muestra la radicalización y el no sometimiento a las condiciones de juego que estaba planteando el Gobierno, porque cuando Duque llegó, dijo: “ustedes se someten, se concentran y hacen lo que nosotros digamos” y el Eln está diciendo: “no, esto es una negociación”.

Entonces, ¿cómo sentarse a negociar con una guerrilla que comete actos como ese y ahora está en el narcotráfico?

F. G.: Más que cómo negociar, primero es por qué se debe negociar. Se debe negociar porque esta guerrilla está obstruyendo el aterrizaje del acuerdo de paz, porque afecta de manera significativa la vida de unos habitantes en zonas periféricas del país y porque produce impactos humanitarios importantes. Además, porque constituye darle un punto final a una larga confrontación armada entre el Estado y una insurgencia que ha cuestionado su dominio y poder.

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Sin duda alguna, sin que nos volvamos los mejores amigos de Venezuela, una parte de la paz pasa por ese país.

A. A.: Parte de la paz con esa insurgencia pasa por Arauca. Allí la persona más visible es Pablito y por primera vez en la historia del Eln un comandante del frente Domingo Laín y del frente de Guerra Oriental hace parte del Coce. Anteriormente lo habían evadido. Esto muestra que Eln de Arauca está determinado a tener más influencia en la organización nacional y eso puede ser importante a la hora de sentarse a hablar.

¿Cómo interpretar lo que está sucediendo en Arauca?

F. G.: En ningún lugar del país el Eln ha sido capaz de ganarle la guerra a los paramilitares, al Estado colombiano y a las antiguas Farc, solamente en Arauca. Al igual que el Eln hizo en Arauca, en el estado vecino de Apure (Venezuela) esta guerrilla dirigió un proceso de colonización de colombianos que se insertaron en el país vecino buscando un mejor futuro. Eso permite las relaciones que tiene con el gobierno venezolano, que anteriormente eran de confrontación, actualmente parece que son de mayor cooperación.

¿Y qué hacer con Venezuela?

A. A.: La presencia del Eln en Venezuela no es desde hace 10 o 20 años, es desde el mismo momento de constitución del frente Domingo Laín. Es una presencia de casi 50 años. Sin duda alguna, sin que nos volvamos los mejores amigos de Venezuela, una parte de la paz pasa por ese país y de tener unas relaciones, por lo menos, cordiales y diplomáticas, pero no en los actuales términos.

Finalmente, ¿en qué se ha equivocado el Estado frente al Eln?

F. G.: El Estado se ha equivocado al no estudiar al Eln. No lo conoce. Los representantes de los distintos gobiernos creen que es una guerilla como las Farc. Y son muy distintas. Por ejemplo, y a pesar de que cuenta con instancias centralizadoras (Comando Conjunto Central —Coce— y la Dirección Nacional —Dn—), no responde con la hegemonía del Secretariado de las Farc. Por eso, se habla de un estilo confederado. Si el Estado no conoce a su adversario es difícil que lo derrote.

¿Por qué es tan difícil negociar con el Eln? Nueva publicación del Cinep.

Foto:

Cinep

La publicación es de distribución gratuita y la puede descargar en el siguiente link.

Andrés Aponte: Politólogo, historiador investigador del equipo de Conflicto y Paz del Cinep. Su trabajo se ha enfocado en temas como elconflicto armado, el reclutamiento, la justicia transicional, la cuestión agraria, la construcción del Estado y de la política
colombiana.

Fernán González: Sacerdote jesuita con un largo recorrido en la academia. Su investigación se ha centrado en la historia, la política y el conflicto armado. Referente de la Ciencia Política colombiana. Trabaja en el Cinep desde 1971 y tiene una trayectoria de más de 40 años en investigación.

María Isabel Moreno Muñoz @unaatalaya
ESCUELA DE PERIODISMO MULTIMEDIA EL TIEMPO

POLÍTICA
Twitter: @PoliticaET

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