‘Los dos papas’, un espejo de la polarización mundial

‘Los dos papas’, un espejo de la polarización mundial

La película revive el debate sobre el sello ideológico que debe tener la Iglesia.

Los dos papas

La película muestra el ascenso de Bergoglio y su relación con Ratzinger.

Foto:

Cortesía Netflix.

Por: Armando Neira
08 de enero 2020 , 08:33 p.m.

El papa Benedicto XVI (Alemania, 1927) proclamaba en público su deseo: “Es fundamental insistir en la distinción entre el ámbito político y el religioso”. En otras palabras, “a Dios lo que es de Dios y al César, lo que es del César”.

Ha pasado el tiempo, y ahora la película Los dos papas, del realizador brasileño Fernando Meirelles (Ciudad de Dios, El jardinero fiel) sobre la renuncia del primer pontífice desde Gregorio XII en 1415, y Francisco, recuerda a los espectadores que esa relación es indisoluble y que se nutren mutuamente. Y que ambas, como se ve a diario aquí y allá, están en un dilema y entran en frecuente confrontación: ¿conservador o progresista?

De hecho, ni Francisco (Jorge Mario Bergoglio, Buenos Aires, 1936) con su carisma y vitalidad ha logrado desde el trono de san Pedro obtener el efecto deseado: con frecuencia, el ahora papa se queja en sus homilías por la lentitud para remover las viejas estructuras del Vaticano. Es natural. Suele decirse que un papa reina pero no gobierna.

La película, disponible en Net-flix, muestra a un vigoroso y muy liberal Bergoglio que llega a liderar una de las organizaciones más influyentes del planeta –se estima que hay 1.300 millones de católicos– por invitación del ultraconservador Joseph Ratzinger. Una paradoja que Meirelles tomó como argumento para su cinta. “Para mí, el tema central de Los dos papas es la polarización actual y la necesidad de tolerancia”.

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Las lecturas tan extremas sobre el manejo que ambos líderes buscaban darle a esta institución de dos mil años de historia son retratadas con exquisitez en la conversación que ambos tienen en la fresca y silenciosa villa de Castel Gandolfo, a 30 kilómetros de Roma y que en 1626 mandó construir el papa Urbano VIII para huir de la canícula abrasadora de la capital.

Una casa se construye con muros. Muros fuertes”, le dice el papa Benedicto XVI.
“¿Jesús construía muros? Su rostro es la misericordia. La misericordia es la dinamita que derriba muros”, replica el entonces obispo argentino.

Los rostros de los actores Anthony Hopkins (Benedicto XVI) y Jonathan Pryce (Francisco) llenan la pantalla y convierten los parlamentos en un diálogo deliciosamente convincente.

Una conversación ficticia, pero bastante creíble. ¿La razón? El guionista Anthony McCarten ha explicado a los medios que basó su texto en una investigación de muchas fuentes, archivos y entrevistas. “El potencial que percibí en esta historia era un debate, una disputa casi talmúdica, entre un progresista y un conservador”, relató.

“Apelaba a la conversación más amplia que se hace sentir en la sociedad en el presente”.

El potencial que percibí en esta historia era un debate, una disputa casi talmúdica, entre un progresista y un conservador

El autor del libreto estima que aproximadamente una cuarta parte de los diálogos tienen palabras y cita textuales dichas o escritas por los dos hombres.

En la charla, Ratzinger le insiste en la defensa de la institución ante los peligros externos que la amenazan. Bergoglio le responde muy crítico: “Estos últimos años nos hemos encargado de castigar a cualquiera que pensara distinto en cuanto a divorcio, anticoncepción, homosexualidad, mientras otros destruían el planeta, mientras la desigualdad crecía como un cáncer”.

Tras una breve pausa, argumenta: “Pero el verdadero peligro siempre estuvo adentro, con nosotros”. Se refiere al conocimiento que tenía la jerarquía de la Iglesia de la existencia de clérigos que abusaban sexualmente de niños. Y, para peor vergüenza, no se protegió después a esas inocentes víctimas.

Bergoglio habla con convicción al condenar la pederastia. Sin embargo, él mismo duda luego en aceptar el papado por su controvertido pasado y en el que la cinta invierte buena parte de sus dos horas y cinco minutos. En cambio, los años de juventud de Ratzinger escasamente se tocan. Algunas referencias que lo dejan mal parado: “Es un nazi”, afirma un personaje.

Las series y películas que se estrenan en Netflix en diciembre

Los dos papas ("The Two Popes") es una película de Fernando Meirelles que se estrenó en Netflix y algunas salas de cine.

Foto:

IMDb

Los vuelos de la muerte

En cambio, la película, que espera estar en la lista de las nominadas a los premios Óscar que se conocerán la próxima semana, muestra varias imágenes impactantes de la dolorosa historia de Bergoglio y su natal América Latina, otra vez atravesada por la religión y la política.

Así, por ejemplo, el estremecedor secuestro, en mayo de 1976, de los curas jesuitas Franz Jalics y Orlando Yorio, por los militares argentinos. ¿Su crimen? Trabajar al lado de los pobres. Ambos fueron sometidos durante cinco meses a infames torturas en la Escuela Mecánica de la Armada (Esma).

No solo fue el inhumano trato dado a los dos clérigos, sino que hubo versiones en el sentido de que el ahora papa Francisco los había entregado a la junta militar. “Eso no es cierto”, corrigió Jalics, años después. El actual papa era entonces provincial de la orden jesuita en Buenos Aires.

La cinta muestra también el horror de los vuelos de la muerte, un sistema de exterminio de los detenidos desaparecidos impuesto por la dictadura y que acabó con la vida de unas 4.000 personas, lanzadas al mar desde aviones militares después de drogarlas, mientras, en cambio, Bergoglio compartía civilizadamente con los militares.

¿Le diste la comunión a Videla en su casa?”, le preguntan Jalics y Yorio a un joven Bergoglio que no atina a dar respuesta, en referencia a Jorge Rafael Videla, quien encabezó el sangriento golpe de Estado contra María Martínez de Perón, el 24 de marzo de 1976. “¿Hasta cuándo te vas a quedar callado?”, le insisten.

(Además: Los dos papas: 6 cosas que quizá no sabía de Francisco y Benedicto XVI)

Bergoglio explica luego que era preferible tratar de salvar el máximo de vidas que enfrentar a semejante monstruo. Por eso protege y visita a seres queridos y les ayuda a botar los libros que eran vistos por los militares como la ratificación de “peligrosos comunistas”.

En una escena, el joven sacerdote toma una obra del obispo brasileño Hélder Câmara. Un homenaje visual a uno de los artífices de la teología de la liberación. Aquel que solía decir: “Si les doy de comer a los pobres, me dicen que soy un santo. Pero si pregunto por qué los pobres pasan hambre y están tan mal, me dicen que soy comunista”.

Al margen de las opiniones que se tengan sobre la Iglesia, es una obra que vale la pena ver. “La película expone la importancia del pontificado de un papa latinoamericano, con posturas teológicas renovadas, cercano y que representa las esperanzas de creyentes católicos, que habitan en contextos de injusticia y opresión”, dice Jenny Andrea Santamaría, teóloga y doctoranda en Teología de la Universidad Javeriana.

Pero ¿qué pasó con el Francisco renovador y que llegó a tumbar viejos y anquilosados cimientos? “La Iglesia católica tiene dos mil años de historia, y cualquier cambio dura siglos en ser asumido”, afirma el escritor Camilo Chaparro, autor de los libros El Papa contra el diablo y La última misión de Francisco.

Siempre han existido dos vertientes. Una ultraconservadora muy poderosa, atada a la Edad Media, que no quiere perder privilegios y donde se impone a rajatabla la visión de un papa rey. Y un Dios castigador e implacable contra el pecador. Y la otra, progresista que considera que se debe evolucionar, que el Papa es un pastor y que Dios perdona. El sector progresista hasta ahora tiene un poder real, pero con un contrapeso poderoso, con tentáculos grandes”, dice este autor.

Francisco Javier Vitoria, escritor, profesor y teólogo español, afirmó en un reportaje a La Vanguardia de Barcelona que en términos generales ve positivo el papado de Francisco como “una bombona de oxígeno”, aunque cree que ha podido hacer más. “Es un papa de signos, señales, gestos y sensibilidades, más que de cambios. No ha tomado ninguna decisión de las decisivas para el futuro de la Iglesia. Está atrapado en un sistema terrible, el sistema curial. No veo un paso adelante. Creo que hay gestos, pero hacen falta hechos”.

La historia lo juzgará. Posiblemente hará un papado que ayudará a cambiar al mundo. Es difícil. La religión, como la política, se mueve a pasos lentos.

ARMANDO NEIRA
Editor de Política de EL TIEMPO
Twitter: @armandoneira

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