¿Ya se está recuperando de la paliza?

¿Ya se está recuperando de la paliza?

Exviceministro Rafael Nieto hace balance de las fuerzas del Centro Democrático tras las elecciones.

RAFAEL NIETO LOAIZA

El bogotano Rafael Nieto Loaiza, exviceministro de Justicia.

Foto:

Carlos Ortega / EL TIEMPO

Por: María Isabel Rueda
04 de noviembre 2019 , 10:34 p.m.

Doctor Nieto, ¿qué pasó con el partido de gobierno? No solo venían de tomarse el Congreso, sino que pusieron presidente de Colombia…

En comparación con lo que pasó hace más de cuatro años, el partido crece en el número de gobernaciones, de concejales, de diputados y de alcaldías. Es cierto. En el 2015 teníamos solamente una, Casanare, y hoy tenemos cuatro, Amazonas, Casanare, Vichada y Vaupés. Creo, sin embargo, que la comparación es inadecuada, y que este partido tiene que mirarse no en relación con el 2015, sino como lo formula la pregunta, con lo que pasó hace apenas un año y medio. El Centro Democrático fue el partido político con mayor representación en el Congreso y eligió Presidente de la República con la mayor votación que haya tenido Presidente alguno.

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Ese hecho ya de por sí los obligaba a que esta vez les fuera mejor…

Efectivamente, y no ocurrió. Y hay además dos elementos que son especialmente preocupantes; por un lado, se pierde en todas las ciudades capitales, menos en Barranquilla, donde vamos en coalición.

Y donde es difícil sostener que el triunfo se debe al Centro Democrático...

Y, por el otro, que también es sumamente preocupante, no se gana en el grueso de las ciudades intermedias, excepto Soledad y Bello. El partido tiene que tener un especial cuidado en no quedar confinado a ser uno mayoritario en los pequeños municipios y en las áreas rurales. Tiene que prepararse para disputar de manera competitiva las grandes ciudades.

El único que puede sacar cara y decir que ha sido ganador en este proceso es Alianza Verde

Y en los departamentos más uribistas, el Eje Cafetero, Antioquia, Tolima y Huila, Norte de Santander, Cundinamarca, el Centro Democrático no ganó. ¿Eso es a lo que se refiere cuando dice: ¡‘Nos dieron una paliza’!?

Sí. Fue una paliza, y no es porque en general les haya ido mucho mejor a los otros partidos o movimientos. No le fue bien a Cambio Radical, que tenía algo más del 40 % del poder regional en el 2015 y hoy disminuyó sustantivamente su presencia. O a los liberales, o al Partido Conservador, mucho menos al Partido de ‘la U’. El único que puede sacar cara y decir que ha sido ganador en este proceso es Alianza Verde. A todos los demás nos fue entre regular y mal.

¿Cree que influyó para mal la indagatoria ante la Corte del expresidente Uribe, que coincidió con la campaña?

El presidente Uribe es un batallador incansable, recorrió todo el país y en ocasiones además tocó varios departamentos en un solo día, sin parar. Pero no hay duda de que al partido lo afecta, claro, ese sistemático ataque reputacional que se dirige contra él desde los medios, con frecuencia, y desde el sistema judicial. Al final, lo que han ido consiguiendo poco a poco es una erosión de su imagen pública y de su reputación, y eso afecta también al partido.

Eso también sucede porque toda la imagen del partido y su capacidad de arrastre electoral descansa sobre los hombros de Uribe…

El primero que lo sabe y lo reconoce es el mismo presidente. Resulta fundamental para el Centro Democrático la proyección de nuevos liderazgos nacionales, la identificación de nuevos liderazgos regionales y municipales, y, además, la planeación para la transición para cuando el presidente Uribe no esté, porque llegará ese momento, y el mismo presidente Uribe lo ha planteado, que dará un paso al costado.
No es un hombre eterno.

¿Estas elecciones demostraron que no hay uribismo sin Uribe?

En términos de liderazgo, en este momento, nadie reemplaza al presidente Uribe. Pero uribismo sin Uribe hay en el sentido de que sus ideas y su visión política están ahí presentes y seguirán, pero los liderazgos que asuman esas banderas tienen que proyectarse en el plano nacional, o el partido sufrirá enormemente en el momento en el cual el presidente Uribe decida dar un paso al costado.

También se dice que el discurso de campaña fue disperso...

Hay una dificultad en la articulación de una narrativa nacional. Una cosa es ser partido de oposición y otra muy distinta ser partido de gobierno. Y la agenda del gobierno no siempre se identifica con la agenda del partido. Y no es menos verdad, en las elecciones regionales se juegan unos discursos regionales y locales específicos que trascienden la discusión nacional. Yo en esto quiero insistir: hay que tener cuidado en la afirmación que se hace en relación con que los resultados del 2019 fueron una proyección de las elecciones presidenciales para el 2022.

O sea, usted no cree que fueron unas primarias...

No, no lo son. Y la prueba se saca mirando al pasado. ¿Quiénes detentaban el poder político regional en el 2015? Fundamentalmente, el partido Cambio Radical, y su candidato no alcanzó sino 1’400.000 votos en las elecciones; el Partido Liberal, y su candidato no consiguió sino 400.000, y el Partido Conservador, que no presentó candidato. El más débil de los partidos en el poder regional era, claramente, para las elecciones del 2018, el Centro Democrático, y ganó la presidencia. Lo que sí es verdad es que, por un lado, el poder regional sí tiene una enorme influencia en las elecciones de Congreso, y eso se nota, por ejemplo, para hacer el mismo análisis, con lo que ocurrió en las elecciones del 2018. Así como le va de mal a Germán Vargas en las elecciones presidenciales, le va de bien a Cambio Radical en las elecciones de Congreso, donde terminó siendo la segunda fuerza, o, y hay que reconocerlo, le va bien al Partido Liberal, que es la fuerza con mayor representación en la Cámara de Representantes, a pesar de que su candidato, Humberto de la Calle, no consigue sino 400.000 votos.

También algunos acusan al presidente Duque de haberle pegado su impopularidad al Centro Democrático…

Evidentemente, en la medida en que el Centro Democrático es el partido de gobierno, y así lo identifican los ciudadanos, la baja popularidad del presidente Duque impacta los resultados electorales del Centro Democrático.

¿Y no será al revés? ¿No será el partido el que le transfiere la mala imagen al Presidente?

Yo no creo que la calificación ciudadana sobre la gestión del Gobierno se haga con base en lo que hace o deja de hacer el Centro Democrático. En el Congreso ha sido una fuerza leal y siempre ha trabajado para conseguir el éxito de la agenda legislativa del Presidente de la República.

Resulta fundamental para el Centro Democrático la proyección de nuevos liderazgos nacionales, la identificación de nuevos liderazgos regionales y municipales

Pero con criticaderita, ¿no?

Es indispensable que la gestión del Gobierno refleje la agenda doctrinal del partido, que se expresó en la plataforma electoral del Presidente.

¿Y ustedes consideran que la neutralidad electoral del Presidente también los perjudicó?

Este ha sido siempre un partido de opinión. Ha hecho política sin puestos, sin contratos, sin presupuesto, y no fue distinto ahora. Sin embargo, primero, hay decisiones del Gobierno que impactan al partido, y eso el partido no lo puede controlar. Por ejemplo, las afirmaciones corregidas del ministro de Hacienda en relación con la expansión del IVA a todos los productos de la canasta familiar, eso tiene un impacto inmediato sobre el Centro Democrático. Lo mismo que las decisiones sobre política cafetera, o que el proyecto de resolución del Ministerio de Salud sobre el aborto. Todo eso tiene un impacto inmediato sobre el Centro Democrático.

También han sacado a bailar en este reparto de culpas a fieles huestes del expresidente Uribe, como Paola Holguín, Paloma Valencia o María del Rosario Guerra, a quienes culpan de que se concentraron en sus regiones, pero no hicieron política nacional. ¿Eso no es un poco injusto?

En algunos de los casos es ciertamente injusto. Paloma Valencia estuvo en varios departamentos del país, lo mismo puede decirse de María del Rosario Guerra o de María Fernanda Cabal, por ejemplo. Paola sí ha concentrado su acción, porque ahí está su electorado, en Antioquia, y en todo caso, los resultados de Medellín, si tienen que atribuirse a alguien, es a la decisión que toma el alcalde Federico Gutiérrez de mantener en la contienda electoral a Santiago Gómez, su candidato, a pesar de que muy rápidamente fue evidente que no era viable. Si eso no hubiese dividido los votos de centro y derecha entre Santiago Gómez y Alfredo Ramos, evidentemente Daniel Quintero no hubiera sido elegido alcalde.

Anecdóticamente se dice que el presidente Uribe cometió una equivocación, porque se equivocó de hermano Ramos. Que el que habría podido ganar la alcaldía de Medellín era el otro…

Es una leyenda. Ambos son muy buenos, tanto Esteban como Alfredo. El resultado en Medellín no se debe a Alfredo, sino a la división que le expliqué atrás. Esa reflexión es posible hacerla también con Bogotá, porque en las grandes ciudades capitales, si el centro o la derecha se dividen las candidaturas y los votantes, por el camino de en medio entran candidaturas alternativas.

¿Y qué les pasó con los jóvenes?

El partido tiene que afinar su discurso y sus propuestas en relación con los jóvenes. En estas elecciones, como ocurrió en las presidenciales, el porcentaje de jóvenes menores de 25 años dispuestos a votar por el Centro Democrático es dramáticamente bajo.

¿Cree, como dicen algunos, que en estas elecciones ganó la izquierda?

No. A Petro, me parece, le fue bastante mal, su hijo fue derrotado, su hermano fue derrotado, no veo, excepto en el Magdalena y una participación marginal en Cali, ningún triunfo que pueda atribuirse al petrismo. En general, a la izquierda radical tampoco le fue bien. Los resultados del Polo no son buenos, perdieron la gobernación de Nariño, lo que tienen para mostrar es una alianza con Claudia López en Bogotá. Y tampoco me parece que haya que hacer de los resultados del 2019 una lectura de grandes rupturas, como me parece que se ha hecho. El país ha demostrado una y otra vez que está abierta la puerta para elegir candidaturas alternativas. La izquierda radical gobernó durante 12 años en Bogotá, con Lucho Garzón, Samuel Moreno y Gustavo Petro, y triunfó en su momento en Barranquilla con Bernardo Hoyos, y había ganado ya Jorge Iván Ospina en Cali. Lo que sí es cierto es que la Alianza Verde, ella en particular, ha dado un paso adelante y ha demostrado que hoy es una fuerza política importante en el plano nacional.

¿Cuáles gobernaciones y alcaldías le duele más haber perdido?

Lo que un partido como este espera es que en aquellos departamentos donde tiene mayor fuerza se hubieran conseguido gobernaciones y alcaldías importantes. Y eso no ocurrió. Ni en Antioquia, ni en Tolima ni Huila, ni en el Eje Cafetero, ni en Norte de Santander, ni en el Meta ni en Cundinamarca. Y eso obliga a reflexiones de fondo, incluyendo el reconocimiento de algo que además me parece que es la nueva regla de la política en Colombia: el juego de las coaliciones. Es prácticamente imposible encontrar departamentos o ciudades importantes en el país donde un solo partido político haya conseguido el triunfo. En el grueso de ellos hay coalición. La política nacional se fragmentó. Y me atrevo a decir que también para el poder nacional, las alianzas serán fundamentales. Pero el partido tiene que examinar su sistema de elección de candidatos, porque el de las encuestas tiene unas dificultades enormes.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO​@MIsabelRueda

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