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Entrevista con Juan Carlos Echeverry: ¿Cómo calmar el país? ​
Juan Carlos Echeverry, presidente de Ecopetrol

Juan Carlos Echeverry, exministro de Hacienda y expresidente de Ecopetrol.

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Claudia Rubio. Archivo EL TIEMPO

Entrevista con Juan Carlos Echeverry: ¿Cómo calmar el país? ​

Juan Carlos Echeverry, exministro de Hacienda y expresidente de Ecopetrol.

El exministro Juan Carlos Echeverry se lanzó al ruedo de la candidatura por la presidencia.

Usted fue un muy lúcido ministro de Hacienda. Es, además, una persona divertida, alegre y muy asequible a los medios de comunicación. De golpe salta a una aspiración presidencial. ¿Cómo fue ese proceso?

Hace año y medio me puse a pensar, viviendo en Washington, que al país no le estamos dando un ejercicio de pensamiento de todo lo que tiene que pasar en los próximos diez, quince años, a cabalidad. Estamos pensando solo en reformas, y creo que el país requiere mucho más.

¿Qué es mucho más?

Al país hay que transformarlo. Hay que ponerlo a producir en todas las regiones. En los últimos treinta años, el país estuvo dependiendo del petróleo y el carbón, y en los próximos diez, veinte y treinta años, Colombia va a hacer una transición de fondo, hacia agroindustria y servicios.

Eso es lo que va a cambiar el país a fondo.

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¿Y cómo nos preparamos para eso?

Este es un país pensado desde Bogotá. Necesariamente tendrá que ser un país descentralizado, que hay que repensar desde las regiones. Eso fue lo que me llevó a pensar en un liderazgo diferente.

Nos tienen un poco desconcertados varias cosas de su lanzamiento político. La primera ya la expresó Alfonso Gómez Méndez en una columna, y es que usted viene supuestamente del Partido Conservador, pero va a buscar su nominación por firmas.

¿Por qué ese camino?

Porque no soy una persona muy conocida, tengo que darme a conocer. Y la mejor forma de usar estos cuatro meses es en un proceso de firmas, recorriendo el país para contarle a la gente quién soy, mi historia personal, de dónde vengo, por qué estoy haciendo esto. Y fíjese, yo ya he recorrido varias ciudades en el último mes y medio. Si no estuviera recogiendo firmas, probablemente estaría en Bogotá... Las firmas son la mejor forma de hablar con los colombianos, la gente está un poco exasperada con los partidos políticos, y cuando uno dice que va por firmas, la gente reacciona mucho mejor.

¿Por qué no hacerlo en una campaña representando al partido al que usted pertenece? A no ser que esté pensando salirse de él, como algunos liberales de su partido...

Las firmas son una forma también de crear una organización regional; hoy la tenemos en veinte departamentos. La política no se puede hacer sin eso. Sí espero obtener el aval del partido en noviembre, pero es que, hoy por hoy, uno no es presidente solamente con el conservatismo, hay que atraer 12 millones de votos, o más, y eso hay que hacerlo de una manera muy incluyente.

Las firmas permiten que mucha gente de diferentes tendencias venga y diga: ‘¿Sabe qué? Yo me siento cómodo con lo que usted está diciendo’. Hoy por hoy, la gente no quiere una presentación de ‘yo soy del Partido Conservador’, etcétera.

La gente lo que quiere oír es qué estoy pensando del país. Con una intención de ser incluyente y atraer mucha gente. Solo ser conservador a la gente le suena muy excluyente y, créame, es lo que he sentido cuando uno camina por el país.

El doctor Gómez Méndez se equivoca en su apreciación. Lo respeto, lo admiro y lo aprecio, pero el ejercicio de firmas es, hoy por hoy, una forma muy potente, muy poderosa, de conectarse con la gente.

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¿Eso quiere decir que los partidos colombianos se volvieron poco incluyentes y que ya no sirven para convocar a la gente alrededor de un candidato, o de unas ideas?

En parte, sí. A los partidos hay que hacerles unas reingenierías, una renovación, porque la gente está muy exasperada, la gente quiere volver a creer. Como me dijo una señora en Popayán: “Ojalá sirva para algo...”. Me dio mucha risa y me pareció muy buen mensaje. La gente está en una incredulidad... Los jóvenes no quieren oír hablar de partidos; incluso, la gente profesional siente un alivio cuando uno dice: yo estoy en un ejercicio por firmas.

¿O sea que los partidos se nos volvieron vergonzantes?

No. Los partidos son el vehículo político clave, pero, hoy por hoy, se han gastado frente a la gente.

¿Quiere decir que hay que renovarlos?

Que hay que tener un mensaje nuevo, que hable de los jóvenes, de las mujeres, de la gente, del medio ambiente, que hable del futuro. Que sea creíble es lo fundamental.
Bueno, usted fue ministro de Hacienda del gobierno Santos. ¿Qué comparación haría entre la forma como se manejó la economía en ese entonces y en el gobierno actual?
Son momentos diferentes. Las crisis son muy duras, son momentos que ponen a prueba a todo el país. Esta crisis se compara con la que manejamos en el gobierno Pastrana, en el que yo fui jefe de Planeación.

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¿En qué se parecen las dos crisis?

En la profundidad de la caída, pero se diferencian en que en la de Pastrana llegamos por errores cometidos en el gobierno Samper, mientras en esta llegamos por un virus que vino de China.

¿Qué errores cometimos en el gobierno Samper?

Dígame todos los que se le ocurran y chuleamos todas las cajitas. (Risas). La clave en esta crisis es ser generoso con la gente porque se le estaba diciendo que se tenía que quedar en la casa, encerrada, y entonces había que mandarle para comer...

¿Y usted cree que estamos siendo lo suficientemente generosos?

No. El Gobierno fue tímido y tacaño. La gente está aguantando hambre. Comiendo dos o una vez al día. El otro tema es que se nos vino encima una deuda pública muy fuerte, lo cual implica que uno está entre la espada y la pared. El Gobierno planteó una reforma tributaria sobre la clase media, y eso fue política y económicamente un detonante, como lo vimos, equivocado.

¿Y qué opina de la reforma tributaria que presentó el Gobierno?

Si bien es necesaria, yo no entiendo por qué empieza a tributar en el 2023. Los tributos deberían empezar en el 2022, que es el próximo año. Entendiendo que es muy difícil manejar crisis, yo creo que ha habido problemas de juicio en el momento de hacer las reformas.

O sea, usted cree que en este gobierno no han atinado, en materia de juicio, para manejar el tema fiscal y el social...

Pues, hicieron buenos programas, a mí me gusta Ingreso Solidario, me gusta el Faep, pero fueron tímidos. Y en el momento de hacer la restricción fiscal se disparó el gasto este año, de manera incomprensible, completamente excesiva, y no aumentaron impuestos desde el 2022, que es cuando tienen que aumentarse. Entonces, sí, han tenido alguna falta de tino.

¿Usted, como ministro de Hacienda del gobierno anterior, no tiene nada que ver con la crisis que se ha venido acumulando?

El covid, y la profundidad de la crisis que ha causado en el mundo entero, no ha sucedido en cien años. Esto es algo completamente inédito. Cuando salí de Hacienda entregué la deuda en 32 por ciento del BIP; y entregué superávit en el 2012. Obviamente, yo respondo hasta el 2012...

O sea, usted quedó feliz con su cierre y que los demás respondan por las cosas que les han venido sucediendo...

No es tan así. El país tuvo, y esto ha sido la parte más difícil, una crisis petrolera entre el 2015 y el 2017, que yo ayudé a aliviar desde Ecopetrol, y el Gobierno la tuvo que enfrentar. Y cuando iba saliendo de esa crisis entre el 2018 y el 2019, le llega en el 2020 la crisis del covid. Lo terrible es que hubo dos crisis muy seguidas. Normalmente pasan diez años, ocho, esto fue tres años después. Eso sí dificultó mucho las cosas.

El presidente Duque le pidió al Gobierno de los Estados Unidos que meta a Venezuela en la lista de países promotores del terrorismo. ¿Usted está de acuerdo con eso?

Creo que deberíamos tener una política internacional en la que podamos hablar, incluso, con países con los que tenemos muchas diferencias y animosidades. Lo hace Estados Unidos con China y con Rusia, que no son precisamente amigos. Lo hacía Alemania del Este con Alemania del Oeste. Lo hace Corea del Norte con Corea del Sur...

Nosotros deberíamos asumir una actitud de diálogo diplomático, porque tenemos más de 2.000 kilómetros de frontera con Venezuela y eso hay que manejarlo de manera más constructiva. Nuestro principal problema con los venezolanos es que hay entre dos y tres millones de venezolanos en Colombia...

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Ese es uno. Pero otro es que Venezuela es protectora y promotora en su territorio de nuestros guerrilleros...

Como lo ha sido Cuba en el pasado, y hemos tenido relaciones internacionales con Cuba... Y hay un tercer problema: hay mucha inestabilidad que se genera en Colombia que presumiblemente tiene origen en Venezuela. Pero esos temas es mejor manejarlos teniendo una conversación abierta. Lo hizo Biden con Putin recientemente, ¿no? Por un lado, le dijo criminal y, por otro lado, fue y se reunió con él.

¿Entre la izquierda, la derecha y el centro, ahora como recolector de firmas, dónde se ubicaría?

Yo tengo una orientación de centro y centroderecha, pero lo importante ahora no es eso. Sino cuál es el centro de mis preocupaciones. No son ni las que tuvo Santos, ni las que tuvo Uribe ni las que tuvo Pastrana.

Los problemas que tenemos ahora son demasiado serios para ponerse uno a ver qué pensó Santos y qué pensó Uribe y qué pensó Pastrana. A ellos hay que respetarlos, cada uno resolvió sus problemas. Cada cual se hará su opinión sobre su eficiencia. Pero los problemas de ahora son tan demandantes, y tan graves, que uno no puede quitarle el ojo al balón por ponerse a discutir entre políticos. Si algo tiene exasperado a este país, es esa peleadera.

Saliéndose de esa peleadera, entonces, ¿cuál diría usted que es el principal problema del país?

Hay que poner a producir a Colombia. Ese es el principal problema de este país. Para ponerle plata en el bolsillo a la gente; para generar por fin empleo para los jóvenes; para generar empleo en el campo. Porque de ese cuero salen todas las correas, sale la paz social, sale la solución del problema fiscal, de ese cuero sale el desarrollo de las regiones donde tenemos el conflicto. De manera que lo más importante es volver a poner a producir a Colombia.

¿Y cómo piensa usted hacer eso?

Pues, justamente desde las regiones y no desde Bogotá. Colombia tiene lo que el mundo necesita ahora: agua, gente, tierra, genética, sol en todo el país, desde La Guajira hasta Nariño. Colombia no ha tenido en los últimos 40 años un desarrollo agroindustrial como los demás países de América Latina, ¿por qué? Porque el petróleo, en parte, nos impedía hacer eso. Pero el petróleo va a estar declinando, y ahora el mundo lo que quiere es comer sano, y Colombia tiene esa posibilidad. Hoy por hoy, solo para darle un dato, las exportaciones agrícolas ya están creciendo... Están en 800 millones de dólares por mes. Eso es muy bueno. Es lo que tiene que seguir pasando en los próximos 10, 15 años, para reorientar la economía colombiana hacia las regiones.

Y la última pregunta. ¿Cómo calmar al país?

Primero, oyéndolo. La política es acceso, la política es sentarse con todo el mundo y hablar. Hay que hablar a fondo con los indígenas, a fondo con los jóvenes.

Pero, a ver, doctor Echeverry, ¿usted cree que en este gobierno no han hablado con ninguno de esos sectores?

Sí y no. Lo que pasa es que el Gobierno tuvo un covid que fue una crisis mayúscula. Ahora tenemos que pensar en el país poscovid, pospérdida del grado de inversión, posrecesión, y ese es el país nuevo que va a tocar gobernar desde el 2022 en adelante.

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El problema actual es vacunar a la gente, y parar la caída de la economía. Y, claro, muchos actores aprovecharon las debilidades que se generaban, y se le vinieron encima al Gobierno. La del 2022 es la elección más importante de nuestra vida, no nos podemos equivocar. Si nosotros elegimos mal, este podría ser el primer escalón para un descalabro social y económico de proporciones bíblicas. Al revés, si escogemos bien, eso podría ser el trampolín para una década espectacular, la mejor que hayamos tenido. El 2022 es definitivo, no nos podemos equivocar.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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