¿Cómo es la política colombiana, en clave de humor?

¿Cómo es la política colombiana, en clave de humor?

Daniel Samper Ospina está presentando una taquillera obra de teatro de sátira política. 

Daniel Samper Ospina, periodista, columnista y 'youtuber'

El periodista, columnista, ‘youtuber’ y ahora actor Daniel Samper Ospina.

Foto:

Mauricio Moreno / Archivo EL TIEMPO

30 de octubre 2017 , 12:35 a.m.

Lo hemos visto a usted reinventarse muchas veces. Pasó de ser profesor de literatura del Gimnasio Moderno a director de una revista picante. Y de ahí, a ser columnista de humor, de sátira política. Luego se lanzó como el primer ‘youtuber’ mayor de 40 años, y ahora nos lo encontramos batiendo récord de taquilla en una ‘stand-up comedy’... ¿se llama así?

Yo no sé bien cómo se llama, pero digamos que sí. Haciendo teatro.

¿Qué es lo que el público debe esperar ver?

Las memorias de un escritor de sátira. Mejor dicho, va a ver una conferencia sobre política colombiana contada en clave de humor, apretada en hora y media y apoyada con una pantalla gigante en la cual sucede prácticamente toda la obra. En esa pantalla voy mostrando un archivo que cuidadosamente he ido coleccionando a lo largo de los años.

En los que uno se muere de la risa viendo a Uribe bailar el ‘Aserejé’...

Y hasta a Santos posando en calzoncillos en una casa de interés social, y a Vargas Lleras dándole un coscorrón a uno de sus escoltas. Es decir, todo lo que efectivamente ha sucedido con los políticos colombianos está desplegado en escena y en la pantalla con los comentarios. No hay ningún montaje, todo es un archivo periodístico, porque, en últimas, esto es una columna de opinión y esto sigue siendo un formato periodístico.

¿Cómo se reinventa con tanta facilidad y siempre con tanto éxito?

Muy generosa, pero no sé. La primera vez que perdí el miedo y me lancé fue cuando vi que el ‘youtuber’ Germán Garmendia vino a la Feria del Libro de Bogotá y la colapsó. Creo que ahí todos los de mi generación aprendimos qué diablos era un ‘youtuber’, a raíz de ese escándalo, de que un ‘youtuber’ fuera el mayor vendedor en la Feria del Libro. Todos mirábamos aterrados cómo diez mil personas querían comprarle el libro, y no les interesaba ningún otro. Ahí me decidí: si para vender libros había que volverse ‘youtuber’, pues lo hacía. Y así me volví ‘youtuber’.

Pero ¿de dónde sale la sátira política en el teatro?

A raíz de eso fui entendiendo que yo no solo era un columnista de humor, sino alguien que podía hacer sátira política, y que, dada la revolución de nuestros tiempos, tenía que ser capaz de hacer esa sátira en distintos formatos: el digital, que es, pues, el del canal de YouTube, pero también a través de un formato en vivo. Yo tenía una conferencia, alguna vez la vio Nicolás Montero, del Teatro Nacional... y me animó a que la llevara a teatro con algunas adecuaciones.

Dada la revolución de nuestros tiempos, tenía que ser capaz de hacer esa sátira en distintos formatos

¿Qué es la sátira política?

Pues, yo creo que es la observación crítica del ejercicio del poder a través del humor.

¿Puede uno ser simpatizante de algún candidato, o para ser sátiro político se requiere ser virgen en esas materias?


Yo creo que al ser un formato también de opinión, pues está bien que uno pueda emitirla, pero, en general, en el periodismo lo fundamental es tener independencia. La capacidad o de criticar a cualquier político o, en el caso de la sátira, de burlarse de cualquier político. Obviamente, hay unos que son más propensos que otros para la burla (risas).

Me consta, porque fui a ver ‘Mi puta obra’, y no deja títere con cabeza...

Sí, yo trato de que sea a todos por igual. Es decir, creo que parte de lo que legitima el ejercicio de la sátira es eso, que no haya muchas contemplaciones.

Pero lo más divertido de todo es que son escenas que hemos visto mil veces los colombianos, que usted tuvo la habilidad de ponerlas en su conjunto y darles una ilación. Realmente, uno se muere de la risa de cosas que ya había visto y de las cuales ya se había reído, pero nuevamente recuperan una dimensión...

Sí, la obra recoge los últimos ocho años de la historia política de Colombia, que son los que he tenido que cubrir como escritor de sátiras en ‘Semana’. Y al hacerlo, claro, produce un efecto de condensación que, ya puesta toda esa locura junta y apretada en una hora y media, pues es devastadora. Uno se da cuenta de a lo que hemos sobrevivido, por encima desde las arengas de Mockus, hasta a la loca de las naranjas y a la de ‘Juampa’.

El ciclo se acaba en noviembre. ¿Piensa continuar en teatro?

Pues, yo creo que el hallazgo es un formato para hacer periodismo, así sea de sátira, y en esa medida allí estaré. Por ejemplo, para cubrir las elecciones. Sería interesante activarlo para el próximo semestre. Vamos a ver. Quizás con menos presentaciones, solamente una vez a la semana o algo así. Pero se prestaría.

Jaime Bayly lo hizo hace cuatro años, de manera muy exitosa, con muy buen humor...

Pero él lo hacía en televisión. Sería chévere hacerlo en vivo, en el teatro.

¿Y por qué no en vivo por la televisión también? ¡Es que estamos alcanzando el récord de más de 40 candidatos presidenciales inscritos por firmas!

Es que ya el que no tenga plan para fin de año, pues se lanza por firmas. Se lanzó hasta Frank Pearl, y el señor de Servientrega; esto ya es un delirio. En televisión, yo creo que ya va a haber mucho cubrimiento, y hay gente que lo hace muy bien. Pero este formato de periodismo y de opinión satírico en el escenario de un teatro resultaría original. Vamos a ver.

Material sí va a tener...

Me he dado cuenta de que aún sin haber empezado las elecciones, ya he tenido que sacrificar mucho del texto del pasado para poder cubrir la actualidad, que es una metáfora de lo que pasa en Colombia. Uno para poder estar en el presente sacrifica mucha memoria. Mucha gente me dice que va a la obra y uno de los efectos que produce es acordarse de cosas que había olvidado.

Me he dado cuenta de que aún sin haber empezado las elecciones, ya he tenido que sacrificar mucho del texto del pasado para poder cubrir la actualidad

Ese es el problema. Si se hace una entrevista en Colombia para que salga tres días después, se corren unos riesgos altísimos.

Entonces, en medio de esa convulsión, tratar de tener algo de memoria es muy difícil, porque la atención se centra en el presente. Y la obra trata de recordar también lo que ha sido la historia política del país hacia el pasado reciente. Por ejemplo, quién era Dania Londoño. ¿Usted se acuerda? ¿O se acuerda de que hace apenas 8 años Noemí estaba señalando a personas imaginarias para lanzarse a la presidencia? Y a uno ya casi que se le olvida que ella existió.

Esta exitosa racha de presentaciones en el teatro ha ocurrido después de un episodio que para usted fue muy doloroso, siendo padre de dos chiquitas. La acusación del expresidente Uribe de que usted era un violador de niños. ¿Ya lo superó?

Logré sobrevivir a un momento emocional que fue muy doloroso. No puede haber nada peor que a uno le digan que es violador de niños. Es decir, es mejor que le digan que es asesino. Y más cuando uno tiene hijas. Pero bueno, yo creo que lo tomé como parte de los gajes del oficio. Me parece lamentable que esta convulsión política nos lleve a ese tipo de reacciones tan absurdas. Esa mezcla de temperamento y de redes sociales tan a la mano produce unos efectos que pueden ser devastadores. Me sentí víctima de una campaña de difamación terrible, pero también tenía la obligación de seguir adelante, y creo que lo logré. Seguir haciendo mi trabajo. Seguir haciendo mi sátira. No obsesionarme, obviamente, contra Uribe, pero tampoco dejarlo de lado en mis críticas.

¿Cómo operó la instancia judicial?

Hubo una tutela que gané en las dos instancias, porque él impugnó y la Corte Suprema le ordenó de manera perentoria cesar su difamación contra mí y retirar los trinos en los que me calificaba de unas cosas asquerosas.

Se notó que, más que rabia, a usted le dio dolor...

Claro. ¿Después de que le digan a uno violador de niños, qué más puede seguir? Me sentí como medio víctima de un asesinato moral. Pero bueno, mi alternativa era o quedarme para siempre en la lona o pararme y seguir, y opté por lo segundo. Y animado para seguir en el trasegar del periodismo colombiano, que no está exento –y usted lo sabe– de ese tipo de circunstancias.

¿Y el Daniel serio cómo está viendo estas elecciones que se nos vienen encima?

Van a ser, primero, muy polarizantes. Van a aflorar, como lo vimos en la campaña del plebiscito, todo tipo de artilugios basados en las noticias falsas. Van a ser muy –ushh, yo no sé cómo decirlo– muy vehementes, con unos decibeles muy altos; va a haber una guerra sucia tenebrosa. Y en medio de todo eso, pues aflorará naturalmente el humor. Entonces creo que al mismo tiempo hay que estar muy atentos para ver el lado involuntariamente gracioso que va a tener todo ese horror que se nos viene.

Van a aflorar, como lo vimos en la campaña del plebiscito, todo tipo de artilugios basados en las noticias falsas

Hay ya unos capítulos muy graciosos que han protagonizado las Farc. No sé si a usted le produzca un temor reverencial, porque hay muchos que le temen a una crítica o a una burla de las Farc, porque entonces se las clasifica inmediatamente como anti-paz. Pero las Farc son un bocado de cardenal para un espacio de sátira política...

Claro. Y de ninguna manera hay que dejarlos de lado. Todo lo contrario, yo creo que una manera de integrarlos a la sociedad es volverlos objeto de la sátira política, la cual inspiran con muchísima facilidad. El simple hecho de ver a estos señores, gordos, desabrochados, que ya tienen pinta de congresistas colombianos, cargando al ‘dummy’ de ‘Simón Trinidad’ para todas partes, pues hace creer que son una pandilla, pues, de musas para cualquier humorista. Habrá que atacarlos con las armas democráticas que uno tiene, que son, por ejemplo, escribir o hacer videos.

¿Qué tal la escena de ‘Santrich’ con su poncho ‘intifado’ en el Congreso, y el otro gritándole “asesino”? ¿Y después, la respuesta de ‘Santrich’: “Yo a usted lo demando, porque soy amnistiado...”? Pero luego sale el Gobierno y niega la amnistía a ‘Santrich’. ¿O sea, eso en sí mismo no le da para otra temporada de teatro?

Todo es absolutamente un sainete. La pinta de ‘Santrich’, con sus gafas y su bufanda, que debe de tener la mayor concentración de ácaros del mundo en una pieza textil, hasta todo ese cuadrilátero tan absurdo es un sainete. Todo lo que estamos viendo en el Congreso lo es. Todo lo de la JEP es un sainete. Es decir, realmente uno no da abasto para cubrirlo todo.

Hice ya el test de su propuesta de piropo, y no gustó entre las niñas. “Venga, mamita y le muestro la JEP”.

Siendo una cosa muy bonita: “Mamacita, venga le muestro toda la JEP”: una sugerencia de piropo para Vargas Lleras.

Y el vestido azul eléctrico que se puso ‘Iván Márquez’ el otro día para ir a la Vicepresidencia también forma parte del sainete. ¿Lo vio?

Bienvenidas las Farc. Todos los humoristas estamos felices de que lleguen porque sabemos que nos van a inspirar muchísimas piezas de humor.

Finalmente, ¿qué sigue para Daniel? Veo, además, que acaba de lanzar un libro que se llama ‘Hola, soy Danny’.

Que son las memorias como un ‘youtuber’ de la tercera edad, que fue en lo que increíblemente me convertí. Pues, no sé, yo siempre he tenido un espíritu muy poco conservador, es decir, siempre he tratado de salir en búsqueda de las oportunidades ante los cambios, más que quedarme quejándome de esos mismos cambios.

Por lo pronto estoy tratando de ver, ante esta revolución digital, qué oportunidades de reinversión hay, y creo que con tener el canal, más el libro, más la columna, más el formato del teatro, es más que suficiente y sobre todo es más que complementario. Ahí están todos los formatos posibles que puedo abarcar.

¿No hay espacio en Daniel para la amargura, de ninguna especie?

El humor es un antídoto contra la amargura. Y otro antídoto es entender que el humor es una oportunidad para burlarse de uno mismo, y haciendo eso es muy difícil amargarse. Lo que más me preocupa de los caudillos, desde Uribe hasta Petro, por ejemplo, tanto de derecha como de izquierda, es la falta de humor. Si ellos se burlaran de sí mismos, creo que rebajaríamos muchísimo nuestros problemas.

Lo que más me preocupa de los caudillos (...) es la falta de humor. Si ellos se burlaran de sí mismos, creo que rebajaríamos muchísimo nuestros problemas

¿Va a votar en las elecciones? ¿Tiene algún candidato?

Pues, yo siempre he tratado de votar. La última vez que lo hice con entusiasmo fue por Mockus en la Ola Verde, pero nunca había bruxado (apretado los dientes) tanto por alguien. Sufrí muchísimo ese lunes de derrota después de que Mockus salió lanzando arengas, lo soporté porque soy santafereño y ya me había despertado antes con esa sensación de vacío y de derrota muchos años.

Después voté por Santos para votar contra Uribe. Y ahorita vamos a ver cómo pinta la cosa. Me gusta, obviamente, algún bloque que sea de centro, que pueda corregir, pero que defienda el proceso de paz y que nos permita hablar de otros temas, como de la corrupción, que creo que es lo que sigue.

Al final de su sátira política en el teatro, usted les lee un mensaje serio a sus hijas. ¿Me lo puede resumir?

Consiste en decirles cuál es el país que aspiro a que ellas tengan, distinto al que yo tuve. Es decir, un país en el que los líderes no sean tan involuntariamente cómicos, en el que no prevalezca nuestra cultura traqueta y en el que haya unos valores evidentemente distintos a los que tenemos hoy en la sociedad colombiana.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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