El Esmad: ¿revisarlo, fortalecerlo o eliminarlo?

El Esmad: ¿revisarlo, fortalecerlo o eliminarlo?

 Juan Carlos Pinzón pide no dejar que los más radicales se apoderen de los temas de los marchantes.

Juan Carlos Pinzón habla de su posible candidatura

Juan Carlos Pinzón, exministro de Defensa, excandidato presidencial y actual presidente ejecutivo de ProBogotá.

Foto:

Carlos Ortega / Archivo EL TIEMPO

Por: María Isabel Rueda
01 de diciembre 2019 , 08:58 p.m.

Usted fue primero ministro de Defensa y después embajador en Washington. ¿Cómo vio la filtración de esa grabación ilegal sobre una conversación reservada entre el embajador Santos con su canciller y jefa, Claudia Bloom?

Le voy a hablar a rajatabla: tengo preocupación con lo que le pasó al embajador Santos, a quien respeto y aprecio. Lamento el episodio en el que terminó involucrado, que sí me parece complicado, por lo que se conversó y demás. Fue un episodio muy jarto, que no es usual. Toca estar atentos porque hoy en día desafortunadamente hay intenciones de todo tipo, pendientes de las conversaciones que tienen los altos funcionarios. Eso obliga a extremar cuidados.

¿Acaso un embajador no tiene el deber de informarle a su canciller, de la manera más franca y en términos privados, cómo ve la realidad del país en el que sirve? ¿Usted no le hizo ese ‘briefing’ a su sucesor o a su canciller? ¿No le contó cosas que filtradas al público habrían resultado muy aburridas?

Como usted dice, las conversaciones privadas son privadas. Y lo que se habla en ellas no se da en los mismos términos que en las públicas. Por lo mismo, hay que tener prudencia siempre, en una modalidad o en otra. Tal vez, mi mensaje final frente a esto sería que sí es importante que los temas de la seguridad nacional se tramiten a través de instrumentos muy profesionales, con documentos altamente confidenciales. Entonces, hay que aplicar la teoría de las lecciones aprendidas.

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¿Y cuál sería aquí esa lección?

Que los temas de seguridad nacional hay que manejarlos con el máximo nivel de confidencialidad y de profesionalismo.

Dice usted máxima confidencialidad. ¿Pero en qué lugar del planeta está uno en este momento a salvo de que no lo estén grabando? Ya ni empelotos en una piscina, fórmula favorita de los narcos, está uno seguro...

Pues, por lo mismo subrayo y pongo en mayúscula: Prudencia. La mejor palabra es esa, que usaban las abuelas.

¿Prudencia en lo público, pero también en lo privado, es mejor no decir más de lo que aguantaría que lo puedan grabar a uno?

Quizá sí. Y más bien acudir a los mecanismos tradicionales de ‘información oficial con carácter confidencial’, ‘secreto’, ‘ultrasecreto’, según corresponda.

Y las opiniones, para la almohadita...

Y las opiniones, para la almohadita o para cuando uno tenga certezas absolutas.

Pero tampoco seamos ingenuos, y digámonos la verdad: en el marco de las protestas, hay gente que las utiliza, las infiltra y, por supuesto, comienzan los actos vandálicos

Vamos ahora a la realidad del país. ¿Usted, como ex- ministro de Defensa, qué piensa de la discusión que se ha abierto alrededor del Esmad? ¿El tema de liquidarlo es válido y, sobre todo, oportuno?

¿Por qué existe el Esmad? Porque, por supuesto, en el marco de la democracia está contemplado el legítimo derecho a protestar, y hasta ahí todo es normal. El papel del Esmad en ese caso es asegurar que esas protestas se hagan de manera pacífica, para que la gente pueda ejercer su derecho. Pero tampoco seamos ingenuos, y digámonos la verdad: en el marco de las protestas, hay gente que las utiliza, las infiltra y, por supuesto, comienzan los actos vandálicos.

Y eso ha pasado en el mundo entero, y por lo mismo, en todas las democracias hay unidades especializadas. ¿Por qué el Esmad es tan importante? Porque no tiene armas de fuego. Porque tiene un entrenamiento precisamente para resistir, incluso ante agresiones físicas...

Desde ‘nombradas de madre’ hasta, como usted dice, resistir las agresiones físicas en su contra, como las que hemos visto en estas jornadas...

Exactamente. Provocaciones personales todo el tiempo, y por lo mismo hay que tener un cuerpo muy profesional.

Usted dice que no debe tener armas de fuego. Pero nada que se parezca más a lo que utilizaron para dispararle al joven Dilan Cruz. Un cartucho plástico con carga múltiple, con base de metal, en cuyo interior hay un saco de tela con entre 200 y 500 perdigones...

La experiencia y los años me han enseñado a no pronunciarme sobre lo que uno no tiene evidencia. Claro que fue un hecho desafortunadísimo. Hay que respetarle a la gente que protesta de buena fe, y los que queremos de manera apasionada la democracia tenemos que valorar ese derecho. Lo que no podemos aceptar es la violencia. Cuando la hay, alguien tiene que defender a los ciudadanos que están siendo afectados, lo mismo que los bienes públicos y privados; hay que tener un cuerpo profesional que haga eso.

Los críticos del Esmad dicen que violenta los procesos pacíficos. Que es una fuerza represiva. Los congresistas de la Farc dicen que aplica la doctrina de la criminalización. Varios sugieren que debe ser desmantelado, como sucedió con el DAS y con la Brigada XX, cuando el Estado ya no pudo parar sus desmanes. Otros lo defienden a capa y espada porque es preventivo, y ofensivo cuando los hechos violentos se lo exigen. ¿Usted qué opina?

Que el Esmad es un organismo altamente preventivo. No agrede a los protestantes, está típicamente ubicado en sitios estratégicos para que, si comienza una agresión, si hay unos vándalos, si hay unos infiltrados, pueda entrar a proteger a los manifestantes que no quieren participar en esa situación, o a las personas que, por supuesto, están siendo víctimas de esa vandalización. Ahora, como uno tiene que tener una actitud moderna, pues también hay que entender que hay cosas que se pueden mejorar. Por ejemplo, con un pie de fuerza más grande, que le garantice que hay recambio...

Hay que asegurar que el Esmad tiene el volumen suficiente para controlar esas conflagraciones de violencia, y mientras más fuerte sea, pues menos riesgo hay de que se desborden las cosas


¿Más grande? Mejor dicho, ¿qué dirán los enemigos del Esmad?

Pues, yo se lo pongo de esta manera: hay que asegurar que el Esmad tiene el volumen suficiente para controlar esas conflagraciones de violencia, y mientras más fuerte sea, pues menos riesgo hay de que se desborden las cosas. Segundo, nuevas tecnologías como mecanismo para impedir la acción de un violento utilizando el menor uso de la fuerza posible. Tenemos que evolucionar en eso. Y, tercero, protocolos.

¿En qué aspecto?

Resulta que la contraparte aprende. Los individuos que llegan a vandalizar, muchas veces incluso células criminales, aprenden de las técnicas del Esmad. Por ello hay que ir actualizando los protocolos, para minimizar precisamente el hecho de que ocurran accidentes o situaciones no esperadas. Incluso en una sociedad en la que se supone va a haber más protesta, lo que se necesita son más garantías, tanto para los que protestan como para los que puedan ser víctimas del vándalo infiltrado.

Usted está ahora al frente de un gremio muy interesante, que es ProBogotá, que agrupa empresas, bancos, constructores, innovadores de tecnología. Una cantidad de gente interesada en Bogotá...

Tuve todos los honores, siendo una persona relativamente joven. Ministro y viceministro de Defensa, secretario general de la Presidencia, embajador en Washington, 104 días fui ministro con funciones delegatarias presidenciales. En este punto de mi vida quiero facilitar conversar. Y a ProBogotá, que tengo el honor de presidir, básicamente el sector privado la diseñó para que hagamos conversaciones de este estilo, invitando a todos los sectores de la sociedad, sin distingo, para que hablemos de estas cosas, de una manera que tenga sentido, y de la que salgamos con soluciones.

Hoy, por consiguiente, usted es sector privado. ¿Pero, qué haría hoy, si como usted aspiró, hubiera sido el actual vicepresidente de Colombia?

Mi pensamiento es este: Frente al tema de proteger a la población, de impedir que los violentos triunfen, hay que tener una mano muy firme y muy clara. Pero, por el otro lado, lo que uno no puede es desatender, no escuchar, o dejarse desconectar de lo que está pasando en la ciudadanía.

Tenemos una juventud con intereses que está expresándose, como en la lucha contra el cambio climático. Obvio, hay unos políticos extremistas y radicales que quieren manipular esos sentimientos, que no les pertenecen. Sí creo que las personas que tenemos responsabilidades de liderazgo, en la sociedad civil, en el Gobierno, en el sector privado, en la sociedad en general, debemos conectarnos y entender qué es lo que pasa ahí.

El Twitter es una expresión,
es una opinión, pero las grandes soluciones de los países requieren discusiones serias que toman tiempo para implementar

Y hay otros temas. Por ejemplo, el crecimiento económico, que debería poner a bailar al país, pero que sin analizarlo bajo la lente de la equidad, no pega...

Así es. Y en lugar de dejar que se los apropien sectores radicales que lo que quieren es armar revoluciones trasnochadas, lo que tenemos que hacer más bien como sociedad es sentarnos a desarrollar estos temas y encontrar soluciones. Por esas causas siento una enorme convicción. Porque también le digo: eso de querer tramitar los grandes problemas por Twitter no funciona. El Twitter es una expresión, es una opinión, pero las grandes soluciones de los países requieren discusiones serias, que toman tiempo para implementar. Confío mucho en la juventud. No podemos subestimar el momento.

¿Pero qué recomendación concreta le haría al Presidente en este momento tan confuso?

La que yo me atrevo hoy a dar es que Colombia debe recuperar la que ha sido una tradición histórica, por lo menos durante los últimos 30 años: gobernabilidad. Mire: hasta los gobiernos más débiles tuvieron gobernabilidad. Y ella fue la que les permitió sacar reformas que han ayudado a que Colombia sea un país moderno, más que otros de la región, y sobre todo con resultados sociales y económicos reales.

Aquí hay gente que ha salido de la pobreza. Hemos superado los peores momentos de la violencia. Si uno se pone a mirar qué éramos al final de siglo XX y qué somos hoy, era una Colombia arrodillada y hoy es una Colombia erguida, pensando en cosas muy importantes. No se le puede a uno olvidar con emoción, por ejemplo, lo que nos están dando los deportistas. Este año ganamos dos grandes torneos de tenis en el mundo; el Tour de Francia; hay 200 jugadores colombianos en las grandes ligas del futbol mundial. Los artistas colombianos van y ganan premios por todo el mundo.

Esa es la nueva Colombia, y ahí es donde nosotros tenemos que aplicarnos y hacer lo que ya sabemos hacer bien, que es tener gobernabilidad para ir haciendo reformas que le respondan a la gente, en este diálogo permanente y conectado con la juventud, con las demandas sociales, con la realidad de la opinión.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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