Habla la diputada que Diosdado Cabello quiere meter a la cárcel

Habla la diputada que Diosdado Cabello quiere meter a la cárcel

Delsa Solórzano fue acusada de conspirar para asesinar a un funcionario público.

Delsa Solórzano

Delsa Solórzano, diputada venezolana.

Foto:

Abel Cárdenas / EL TIEMPO

Por: Política
05 de julio 2019 , 09:20 p.m.

La diputada venezolana Delsa Solórzano es una de las mujeres que más incomoda al régimen de Nicolás Maduro, especialmente al vicepresidente, Diosdado Cabello.

Solórzano es una de las diputadas que lidera el proceso de transición democrática en ese país y, de hecho, es una de las cartas presidenciales para el futuro.

En un viaje a Colombia, hace unas semanas, la diputada habló con EL TIEMPO y contó su historia. Aseguró que en cualquier momento sería enjuiciada y Diosdado Cabello la metería presa.

Precisamente, este miércoles Cabello la acusó de participar en un plan para asesinar al protector del Táchira, Freddy Bernal, y al líder del colectivo La Piedrita, Valentín Santana.

“Usted lo que pretende es silenciarme por las denuncias de violaciones a los Derechos Humanos que he venido haciendo y por el video que presenté ayer en la Asamblea y por el acompañamiento a los familiares de las víctimas”, respondió Solórzano.

Cuando habló con EL TIEMPO aseguró que a pesar de las amenazas seguiría luchando contra el régimen de Maduro y no saldría de Venezuela, sin importar las consecuencias.

¿Cuál es el papel de Colombia en su trabajo como opositora al régimen de Maduro?

Colombia se ha convertido en un centro de paso obligatorio para todos los venezolanos. Comprendemos que la crisis política, económica, social e institucional está afectando gravemente a Colombia, así que no se puede pensar en la construcción de un proceso de transición para Venezuela sin pensar en Colombia.

¿Con qué aliento, con qué fuerzas usted dice que se está preparando todo un proceso de transición cuando uno ve que la dictadura, por lo menos se percibe hoy, cada día trata de aferrarse más, profundizarse más?

Con la fuerza que da cada ciudadano de Venezuela. El pueblo venezolano no está solo, y no está solo no porque tenga a la comunidad internacional, que está de su parte. No está solo porque nos tiene a nosotros.

Para nosotros rendirse no es una opción, nosotros tenemos la obligación histórica, y por eso es tan importante para nosotros Colombia en esto, como la historia de Bolívar y Santander. Siempre juntos tienen que caminar nuestros pueblos. Como están caminando hoy en la crisis, tienen que caminar en la solución, pero, herederos de lo que somos, tenemos que liberar otra vez a Venezuela, es lo que toca, y es lo que sabemos que vamos a hacer, porque además tenemos toda una nación que nos respalda. Hoy el 90 por ciento de los venezolanos anhela, desea, exige la salida del régimen.

Ese venezolano que hoy sufre, que no tiene comida, que no tiene medicinas. Las personas han decidido suicidarse si les detectan un cáncer. Aquí (en Colombia) es impensable que a una persona que le detecten algún tipo de padecimiento como este se suicide, porque evidentemente con tratamiento médico se cura. En Venezuela no, en Venezuela la opción es el suicidio. El índice de suicidios está subiendo de manera alarmante.

Hace unos días veíamos una noticia espantosa que como madre no puede evitar conmoverme. Una mamá asesinó a su bebé de dos meses de nacido porque tiene un problema biológico, no produce leche materna, y como no tenía con qué comprar la leche para su hijo, lo mató.

Esa es la Venezuela en la que yo vivo, pero la que tengo también la obligación de rescatar.

Si tuviera miedo no haría lo que hago. Diosdado Cabello me menciona religiosamente en todos sus programas

Acaba de narrar un caso aterrador. Como dirigente, ¿puede describir algún otro caso en los que la pobreza y miseria de Venezuela son evidentes como responsabilidad de la dictadura?

En Venezuela no hay medicinas, puedo narrar muchos casos, y no hay comida, y todo ello es consecuencia de la gran corrupción.

En Venezuela hemos tenido que aprender a reciclar. Y no me refiero a cartón, plástico y vidrio, me refiero a que usted cuando va a votar la basura, su comida, pone en bolsa blanca la basura que se puede comer y en bolsa negra la basura que no se puede comer, para que cuando vayan las personas en la mañana en la puerta de su edificio a comer basura, coman una basura en mejores condiciones. Eso no es vida, que cuando yo llevo a mi hijo en la mañana al colegio, él tenga que ver a una familia con ropa de trabajo y a dos niñitos con uniforme de colegio que comen basura.

En Venezuela en cada esquina hay alguien comiendo basura. Comen basura porque no hay nada más qué comer.

¿Todo lo que está haciendo la comunidad internacional es suficiente para apurar la salida de Maduro?

Hace 20 años, cuando llegó Chávez al poder, éramos un grupo de dirigentes estudiantiles y juveniles que decíamos que si no se resolvía pronto el problema de Venezuela, íbamos a vivir la dictadura más sangrienta de la región. Y la comunidad internacional nos miraba como si estuviéramos locos. Nos decían que éramos la derecha golpista o niños sin moción política.

Pasaron 20 años y la chequera que caminaba por América Latina dejó de caminar. Tristemente tarde despertó la comunidad internacional.

No me refiero a todos los países, por supuesto, porque debo decir que por ejemplo con Colombia siempre hemos contado. Ahora contamos más que antes, esa es la verdad, pero con Colombia siempre hemos contado.

Lamentablemente la comunidad internacional no volteaba a mirar el problema de Venezuela y la consecuencia la estamos viviendo hoy. Y no me refiero a la crisis interna en el país, que ya es bastante conocida. Me refiero es a la crisis migratoria, que se convirtió en una crisis de refugiados.

Tres millones y medio de venezolanos están fuera del país, y lo están porque simplemente están buscando vida. Yo no digo calidad de vida, digo vida. En Venezuela usted se muere, porque lo mata la delincuencia, hoy la cifra de homicidios en Venezuela, la oficial, es de 84,1 por cada 100.000 habitantes, superamos por crees a El Salvador o a Honduras, que tiene además un problema interno complejo.

Los comunicados diplomáticos, muy bien escritos todos, no son suficiente

Pero si usted incluye la cifra negra, que acaba de hacer el Observatorio Venezolano de Violencia, alcanza 155 homicidios por 100.000 habitantes. En Venezuela después de las 5 de la tarde, apenas se pone el sol, no queda un alma en la calle.

No hay manera, la gente huye de Venezuela, se vienen caminando como sea buscando vida, buscando no morir. Esa es la realidad que vive el país hoy, ese país que anhela ser rescatado y que claramente por esas y otras muchas razones, porque estas no son las únicas.

Esa comunidad internacional por un tiempo guardó silencio frente a esta crisis, que hoy está generada por ese silencio.

Indiscutiblemente que todos los comunicados diplomáticos, muy bien escritos todos, no son suficiente. Porque con comunicados diplomáticos, ni se va Maduro, ni se va al mercado, tampoco.

Claramente los comunicados tienen su efectividad, tiene varios aspectos positivos, uno saber que la comunidad internacional está ahí, está atenta a nosotros y respalda la lucha democrática que estamos dando en, que encabeza el presidente Guaidó.

Indiscutiblemente esa sensación repercute en la ciudadanía, sobre todo en la dirigencia de base que tiene que saber que no estamos solo pero, eso no es suficiente.

¿Qué más hace falta?

Hace falta determinación.

¿De qué?

De la comunidad internacional, porque nosotros la tenemos toda. A nosotros nos piden unidad, hay unidad, absoluta, en Venezuela. Tanto que todos nosotros pertenecemos a partidos políticos distintos y trabajamos juntos. Tenemos ideologías distintas, pero trabajamos juntos.

Estamos trabajando juntos, porque este no es el momento de estancarnos en ideologías. Este es el momento de rescatar al país.

Sabemos que la comunidad internacional nos respalda, pero reiteramos que sí hace falta más que un comunicado diplomático.

Desde afuera hay algo de escepticismo y pesimismo sobre las expectativas de la salida de Maduro. Se ven las acciones de la comunidad internacional, pero también ve acciones de fuerza de Maduro cada día. ¿Existe el riesgo de que se reafirme la dictadura?

Yo no sé si se puede reafirmar más una dictadura, yo lo que no sé es cuánto tiempo más va a durar la dictadura, y aspiro a que sea muy poco.

La comunidad internacional tiene distintos actores, y hay unos más importantes que otros. Claramente en ese sentido el canciller Carlos Holmes Trujillo es una figura fundamental en la lucha que estamos dando. Eso quiere decir que los esfuerzos que estamos haciendo todos en conjunto son precisamente para que no se perpetúe la dictadura.

La satrapía de Maduro ha tomado una decisión y es que se quedan a la mala. En ese camino de que se quedan a la mala, la consecuencia es el aumento brutal de la represión de una manera dolorosa de escribir.

Nosotros somos 112 diputados principales y 112 diputados suplentes y hay 114 sometidos a grave acoso. Todos nosotros estamos perseguidos por los colectivos paramilitares, con la policía política persiguiéndonos todo el tiempo o marcando nuestras residencias, que es la nueva moda, nos marcan como objetivo militar.

¿Ustedes creen que van a tener la fuerza suficiente para aguantar, resistir y vencer a Maduro?

Es que si no la tenemos Maduro se queda, y Maduro no se puede quedar. Así que la fuerza suficiente la tenemos y esa fuerza nos la da el pueblo de Venezuela que nos respalda.

¿Usted ha esperado más de Washington?

Sí.

¿Qué esperaba?

Que se pongan de acuerdo.

¿Quiénes?

Todos los actores que hacen vida política en Washington.

No creo que esa salida rápida y adecuada para Venezuela sea entablar de nuevo un diálogo de sordos con una parte de la satrapía.

¿Cree que China y Rusia le ganaron ese paso a Washington en Venezuela?

En Venezuela nos gusta el béisbol, a los colombianos les gusta el fútbol. En béisbol hay un dicho que dice: el juego no se acaba hasta que se acaba. No se ha jugado el noveno inning todavía.

¿Se puede negociar con el régimen de Maduro?

Creo que el presidente Guaidó está haciendo todos los esfuerzos que tiene que hacer para obtener una salida rápida y adecuada para Venezuela.

Ahora, yo no creo que esa salida rápida y adecuada para Venezuela sea entablar de nuevo un diálogo de sordos con una parte de la satrapía.

Los procesos de diálogo son imprescindibles, pero en un caso como el de Venezuela, que ya lo hemos intentado en varias oportunidades, es difícil. A mí me tocó sentarme con el gobierno en el 2014 y cuando nos tuvimos que parar, nos paramos, porque eso no iba para ningún lado.

Luego hubo otro intento de diálogo en el 2017, que lo encabezó Julio Borges, y Julio está hoy con graves amenazas de muerte. Él, con una orden de captura, vive con su esposa y sus bebés en Bogotá.

Lastimosamente la realidad es que, con sapatrías como estas, intentar un diálogo previo no es efectivo. Hay que dialogar solamente para negociar la salida de la dictadura de Venezuela.

¿Usted le tiene miedo a alguien en Venezuela?

No.

¿Le tiene miedo a Diosdado Cabello?

No.

¿Le tiene miedo a Maduro?

No. Yo le tengo miedo a que se queden. Si tuviera miedo no haría lo que hago. Diosdado Cabello me menciona religiosamente en todos sus programas. Lo sé porque la gente me lo dice, no porque me interese. No lo veo, no veo pasquines.

No, el único miedo que tengo es a que la dictadura se perpetúe aún más y a que yo no le pueda dar a mi hijo el país libre al que me comprometí cuando lo parí.

¿Cómo es la vida suya en Caracas? ¿Cómo es vivir en un mundo tan hostil como la política de Caracas?

Me levanto todos los días a las 4:30 de la mañana porque tengo un niñito que atender. Hoy en día, aunque quisiera, no podría tener otro hijo, sería un enorme peligro. Ojalá algún día, o cuando esto caiga, de pronto lo repensaré, pero, puedo ir presa mañana, no es una buena combinación.

Después de que atiendo las cosas diarias de mi hijo empieza un duro trajinar. Los dirigentes políticos no escapamos de la realidad cotidiana en Venezuela. Conseguir la comida es difícil, si el niño se enferma no hay medicinas. Mi hermanita menor murió por falta de medicinas hace tres años.

Nosotros no estamos exentos de lo que sufre el pueblo. Al final somos parte de una ciudadanía y sufrimos igual.

Usted dijo que podía ir presa cualquier día…

Sí, claro, es así.

¿Le parece que eso es normal?

Es que no es normal vivir en Venezuela y ser parlamentario es menos normal aún. Que un parlamentario no tenga salario, que sea perseguido, que le marquen la casa, que tenga prohibición migratoria y no tenga pasaporte. Eso no es normal. Vivir en Venezuela es una aventura, tal vez, constante, y no buena, por cierto.

Pero es que si nosotros nos rendimos, gana Maduro, y Maduro no nos va a ganar esta batalla.

¿Cómo llega usted a Colombia?

Preferiría no decirlo.

¿Es fácil?

No, es muy difícil. Salir y entrar del país para nosotros es bastante complicado.

¿Para una mujer hacer política en Venezuela es todavía más difícil?

Han hecho tres allanamientos en mi casa, pero no me han llevado. Me han hecho otras cosas. Mire, dentro del Palacio Federal Legislativo una persona que en ese momento era coronel, luego lo ascendieron a general, me golpeó tanto la espalda que me sacó tres discos de la cervical. Tengo que operarme, hacerme un trasplante de disco y no lo puedo hacer porque en Venezuela no hay condiciones médicas para hacerlo.

Y le narro mi historia, pero le puedo narrar cualquier otra. Los parlamentarios en Venezuela no tenemos una circunstancia de vida normal. Pero al final, cuando usted decide postularse para ser parlamentario, en el marco de una dictadura, porque yo no fui candidata en democracia, uno sabe que lo que le viene no es fácil y para esto nos eligieron.

A nosotros nos eligieron hacer lo que dice la Constitución, que es legislar y controlar, pero también nos eligieron para liberar a Venezuela.

¿Y va a seguir en eso?

Sin ninguna duda.

POLÍTICA

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