¿Se avecina el amanecer de una nueva política?

¿Se avecina el amanecer de una nueva política?

Cuando la pandemia pase, nada volverá a ser igual. Habrá una nueva agenda y nuevos liderazgos.

Cuarentena Bogotá

La incertidumbre sobre el futuro, sobre qué pasará después de que se supere o por lo menos se ‘normalice’ el manejo de la enfermedad, ya empieza a emerger.

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César Melgarejo. EL TIEMPO

Por: Gabriel Silva Luján
13 de abril 2020 , 01:26 a.m.

La pandemia del coronavirus obligó a la humanidad, en un parpadeo, a cambiar radical y profundamente todos los aspectos de la vida. Con la llegada de la enfermedad se están descomponiendo las verdades más arraigadas, las convicciones más acendradas, las creencias hasta hace poco consideradas inamovibles. Ese entorno genera una perplejidad y una confusión que nunca antes han vivido el mundo y el país.

La incertidumbre sobre el futuro, sobre qué pasará después de que se supere o por lo menos se ‘normalice’ el manejo de la enfermedad, ya empieza a emerger como la pregunta decisiva. Porque para bien o para mal nada volverá a ser igual. Y aunque cualquier intento de empezar a ofrecer respuestas a las inquietudes sobre lo que ocurrirá mañana es bastante endeble, es un ejercicio que hay que iniciar. Así haya más preguntas que respuestas.

El despertar ineludible

Las ciudades paran. Se silencian las máquinas. La mudez de las calles estremece. Aun así, la humanidad sigue ahí, palpitando debajo del manto de su aparente inmovilidad. Los desafíos, los conflictos, los intereses, las ambiciones y las luchas que han sido el motor de la historia no han desaparecido. Quizás estén atembados por la magnitud del cimbronazo, pero ya empiezan a despertar, a sacudirse del totazo.

El tema de las medidas oficiales, el número de muertos, las curas milagrosas y los consejos culinarios poco a poco le están dando paso a la discusión de asuntos cada vez más centrados en la política. Hay dos dimensiones en las que se está dando esa conversación. La perspectiva filosófica o conceptual, de un lado, y la dimensión más práctica del tema que tiene que ver con los impactos que tendrán sobre el futuro de la política concreta, tanto de las pandemias como de las políticas públicas adoptadas para enfrentarlas. Vamos a centrar el análisis en esta última dimensión, la que tiene que ver con el impacto de la situación sobre las realidades del poder.

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Política, coronada

La política tiene la fascinante característica de contar con infinidad de ángulos y de aristas que corresponden a la complejidad inherente de las aspiraciones de una comunidad. Sin embargo, en ciertas circunstancias excepcionales, las realidades hacen que se subordinen todas las aspiraciones y asuntos colectivos a uno solo, a ese que representa la amenaza que tiene un carácter vital para la sociedad. Son esas coyunturas en las que los ciudadanos identifican una prioridad que se vuelve el eje absoluto de sus preocupaciones.

En el caso de Colombia hay antecedentes que ilustran bien el punto. En los años cincuenta claramente la violencia partidista era el eje de toda la política. Posteriormente, el tema de la inseguridad asociada a proyectos insurreccionales, en concreto el M-19 y el narcoterrorismo, obsesionaron a una Colombia atemorizada. Después, ante el avance de las Farc, la guerra y luego la paz se volvieron el núcleo de la política nacional.

El Congreso ha tenido un rol insignificante en el control político a las acciones del Ejecutivo y ha carecido de la más mínima iniciativa en cuanto a la adopción de la estrategia contra la enfermedad

Eso mismo va a ocurrir con el coronavirus y todas sus consecuencias. De allí que, en todo el mundo, y Colombia no es la excepción, el desafío del coronavirus colonizará por completo el sentimiento ciudadano. La política gira ya, hoy, y lo hará cada vez con más énfasis en los meses y años que vienen, en torno a la pandemia. Toda la política y todos los problemas públicos tendrán como referente ese asunto.

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También los problemas del Estado, las debilidades y las fortalezas de las instituciones, y los problemas estructurales como la desigualdad, la concentración del poder, la pobreza, el desempleo, todos estos se convertirán en temas que el coronavirus desenmascara, revela, desnuda hasta el punto que los hace ineludibles en el debate público. Estas realidades transitarán rápidamente a regir la dinámica de los procesos electorales, como ya ocurre en la campaña presidencial en los Estados Unidos. Las próximas elecciones legislativas y presidenciales en Colombia no serán la excepción.

Trump coronavirus

El presidente Donald Trump ha enfrentado duras críticas por el manejo que dio a la crisis en los momentos iniciales.

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EFE

L’état c’est moi

La magnitud, la velocidad y la capacidad destructiva del covid-19 ha hecho que el mundo gire instintivamente hacia modalidades de gobierno basadas en una situación de emergencia. La eficacia que se requiere para tomar las medidas ha llevado a que el Ejecutivo incremente de manera acelerada la esfera y el ámbito de su poder. La creencia de que una autoridad fuerte es necesaria ha alentado a los ciudadanos a permitir que los gobiernos asuman poderes y atribuciones que por lo general serían inaceptables en el devenir normal de los asuntos públicos.

El equilibrio democrático entre los poderes públicos se ha roto en la actual coyuntura. Por ejemplo, en el caso de Colombia es evidente que el Congreso ha tenido un rol insignificante en el control político a las acciones del Ejecutivo y ha carecido de la más mínima iniciativa en cuanto a la adopción de la estrategia contra la enfermedad y las medidas para paliar las dificultades sociales y económicas. También el poder judicial, en particular las altas cortes, está bastante ausente en su función de regular constitucionalmente y administrativamente el accionar del gobierno.

¿El fin de la polarización?

En las guerras y en las crisis sin duda se requiere un grado importante de unidad nacional. A diestra y siniestra todos los colombianos piden y exigen que se dé una nueva actitud en la forma de hacer política. Ese clamor colectivo va en contravía de lo que ha sido la marca indeleble de la política colombiana en la última década.

La polarización generada por la interacción de los extremos del espectro político, basada en la pugnacidad permanente y la beligerancia activa, no parecería tener espacio en el mundo nuevo creado por las exigencias de la pandemia. Los grandes perdedores desde el punto de vista político son precisamente aquellos liderazgos que hasta ahora se han beneficiado de la polarización.

La otra institución que la pandemia está demoliendo son los partidos políticos. La ausencia de las colectividades partidistas en la actual coyuntura no deja de ser pasmosa. En parte por la inexistencia de un foro, dado que el Legislativo anda enredado en nimiedades para poder sesionar, pero principalmente porque son partidos políticos construidos sobre la polarización y sobre una agenda que es la del pasado. Las estructuras partidistas registran muy poca capacidad de convocatoria, de liderazgo, de presencia. La opinión no ha visto ningún esfuerzo de los partidos para cumplir su responsabilidad institucional de ser voceros de las diferentes corrientes de opinión y de contribuir a construir una estrategia eficaz para superar la crisis.

También el poder judicial, en particular las altas cortes, está bastante ausente en su función de regular constitucionalmente y administrativamente el accionar del gobierno

Nueva agenda

La agenda del país cambió. Después de décadas en que los temas asociados a la violencia, la guerra, el crimen organizado, el terrorismo y el narcotráfico dominaron la agenda de manera agobiante, la pandemia llega con su propia agenda debajo del brazo. No quiere decir esto que por la crisis desaparezcan esos desafíos. El hecho es que ahora esos asuntos del pasado han perdido protagonismo.

La agenda que va a surgir de la pandemia claramente será muy diferente a la que ha regido las políticas públicas en los últimos tiempos. Como han señalado varios analistas, la visibilización de las deficiencias del Estado en frentes críticos como la política social y el sistema de salud coparán la atención de los colombianos. Pero sin duda el ‘leviatán’ de la discusión pública va a ser la desigualdad, la inequidad, la concentración del poder económico, y el papel del sector privado y de los empresarios en el futuro de la nación. Esa nueva agenda tiene la oportunidad de convertirse en un nuevo pacto social que genere más justicia y prosperidad entre los colombianos o, por el contrario, llevar a que se desate una lucha de clases con consecuencias impredecibles.

Y, en cuanto a la agenda, hay que reconocer que al presidente Duque se le apareció la Virgen con esta situación porque un gobierno que se encontraba sin rumbo, sin un propósito capaz de convocar a los colombianos, ahora tiene un desafío que le da la oportunidad de pasar a la historia y recibir el agradecimiento eterno de sus compatriotas. Hasta ahora, el primer mandatario está demostrando que efectivamente entiende el reto y la oportunidad que se le presenta.

Duque

El presidente Iván Duque comunica a los colombianos noche tras noche cada paso que da el Gobierno Nacional en la batalla contra el coronavirus.

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Presidencia

Nuevos liderazgos

Las grandes crisis, como las grandes guerras, siempre engendran cambios de liderazgo. En medio de las dificultades, algunos personajes que parecían ineludibles en la política se esfuman de la conciencia pública y otros se elevan para convertirse en los líderes con la capacidad de ofrecer las soluciones que exige la gente o, por lo menos, con la habilidad de sembrar la percepción de que tienen la sabiduría de encontrar el camino.

Nadie puede predecir qué va a ocurrir en ese frente. Sin embargo, si se mira lo que está pasando en otras latitudes, y también en Colombia, la opinión pública parece estar premiando la eficacia en el manejo de la pandemia. Quienes demuestren la mayor capacidad de ejecución y de sensibilidad social, con seguridad serán beneficiados con la admiración de los ciudadanos y, eventualmente, con sus votos.

Dado que el espacio más directo de interacción de los ciudadanos con la autoridad, en cuanto al covid-19, se da en lo local y lo regional, ya se ve que es precisamente en ese contexto donde se están fraguando los nuevos liderazgos. Varios alcaldes y gobernadores han emergido de la situación con una reputación que de mantenerse sin duda les permitirá ascender al exclusivo olimpo de los presidenciables. Ese es el caso, por ejemplo, de Claudia López en Bogotá y del gobernador Andrew Cuomo, de Nueva York.

Quienes demuestren la mayor capacidad de ejecución y de sensibilidad social serán beneficiados con la admiración de los ciudadanos y, eventualmente, con sus votos

Los lobos con piel de oveja

Las crisis también generan oportunistas y piratas, que se quieren aprovechar de los despojos del naufragio, o acaballarse en la angustia colectiva para vender sus intereses como necesidades colectivas. No son pocos los que quieren que de la pandemia surja un modelo social y económico que robustezca sus privilegios. Ya hay cantos de sirena pidiendo que el país cierre sus fronteras comerciales o que los beneficios para superar la crisis económica arranquen por favorecer a un sector específico. La opinión debe estar atenta a ese oportunismo que en las crisis tiende a apropiarse de la retórica del populismo y el nacionalismo. Esos son los lobos de siempre disfrazados de inocentes borreguitos.

GABRIEL SILVA LUJÁN
Para EL TIEMPO

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