¿Por qué Belisario no pudo hacer la paz?

¿Por qué Belisario no pudo hacer la paz?

Fragmentos desordenados de una conversación inédita de 10 horas, en homenaje al expresidente.

Belisario Betancur, expresidente conservador

El expresidente conservador Belisario Betancur, que falleció el pasado 7 de diciembre, gobernó entre 1982 y 1986.

Foto:

Claudia Rubio / EL TIEMPO

Por: María Isabel Rueda
24 de diciembre 2018 , 10:12 a.m.

Armaron la Unión Patriótica durante su gobierno y luego fueron desapareciendo a sus miembros en los años siguientes…

En ese momento, el establecimiento no estaba preparado. Ya se sabe lo que ocurrió con ese movimiento político.

Con el profesor e historiador del Partido Comunista Teófilo Medina nos hemos sentado en el pasado a analizar si ahí se equivocaron, con una pata en la legalidad, pero abiertas las múltiples formas de lucha…

No, esa unión patriótica se creó conscientemente, como rampa de empalme para ir incorporando al resto poco a poco. El propósito era que de una vez para la desmovilización, la rampa de empalme existiera.

Enrique, ¿y qué importa que no esté la palabra si están los
hechos?

Enrique Santos Calderón fue mi opositor al proceso de paz… Él decía que en los acuerdos no estaba la palabra desmovilización y yo le respondía: “Enrique, ¿y qué importa que no esté la palabra si están los hechos?”. Lo que le digo, María Isabel, es que en ese momento el establecimiento no estaba preparado.

¿Y qué o quiénes eran el establecimiento?

Los partidos políticos, empezando por el mío, el cual me repudió desde el principio. El Partido Liberal, para el cual Otto Morales Benítez se convirtió en enemigo dentro del proceso de paz.

O sea, los enemigos eran los partidos políticos, las organizaciones empresariales, fulano, zutano, perencejo, nombres propios que yo no voy a decir, pero de las organizaciones empresariales; entonces se fue creando una atmósfera de prevención que se fue expresando en las autodefensas de la época, que empezaron por ahí en el Magdalena Medio y después se trasladaron a Montería.

¿Autodefensas ya en alianzas con el narcotráfico?

No. Eran políticas, por consiguiente, con mayor contenido de perversidad, porque iban a la esencia. Este Betancur está atacando los partidos políticos y los partidos políticos se defienden, muchas veces me lo dijo el doctor Lleras Restrepo, quien me acompañó en todo momento; no así López Michelsen, que, con esa inteligencia formidable que tenía, quizás pensó que se estaba formando un liderazgo político.

¿Sospechó que ese paso de crear la Unión Patriótica iba a generar un genocidio político de esas proporciones?

No. Eso comenzó a ser craneadito, por aquí, por allá. Llegó un momento en que me dejaron sin espacio. Y luego ocurrió lo mismo con el M-19, que con la palabra recortar espacio, usada por Pizarro Leongómez, sintetizó lo que en realidad había ocurrido.

¿No me diga que Pizarro también protestó por el surgimiento de la Unión Patriótica?

Sí.

¿La Unión Patriótica también le afectó el proceso con el Eln?

Sí. Es más, María Isabel, tuve un papelito de Pizarro y no lo pude encontrar, de puño y letra de él.

¿Diciendo qué?

Pidiendo reunirse conmigo en mi antiguo apartamento. Después de dos horas y media o tres, durante las que se tomaron todo mi whisky, (yo no estaba preparado sino para una entrevista de media hora), me dice Pizarro, y las cámaras de TV esperando: “¿Presidente, qué quiere que diga?”. “Lo que usted quiera”. Yo con Bernardo Ramírez y él con los 12 apóstoles.

¿Quiénes eran los doce apóstoles?

Navarro Wolff, tal, y tal, los llamaban los doce apóstoles. Y le preguntan: “¿Cómo es que usted después del Palacio de Justicia viene a visitar a Betancur? Explique eso”. Él respondió: “Porque fue el que abrió el camino”.

¿Le pidió por lo menos perdón?

No. Pizarro solo me dijo esta frase: ‘Nosotros estábamos muy inmaduros, le recortamos el espacio y lo dejamos sin aire. Nosotros.

¿Usted de dónde sacó fuerzas para aceptarles la visita en su propia casa? Habían aniquilado a la Corte y anulado cualquier posible acuerdo de paz...

Aunque suene a un autocepillazo, soy un hombre de reconciliaciones.

Concréteme ese espíritu conciliador…

Me crió mi abuela. Iba siempre a visitarla… Me quedaba una semana con ella y me devolvía a la universidad a trabajar todos los días en la secretaría. Por la noche, la biblioteca era mía, y esto durante 4 años por lo menos. Cuando iba a mi pueblo, era vida de estudiante sin plata, pero había un tipo que tenía un almacén de telas, Darío Gómez, ese me financiaba.

Me crió mi abuela. Iba siempre a visitarla… Me quedaba una semana con ella y me devolvía a la universidad a trabajar todos los días en la secretaría

Una noche, en el barrio de las putas, en un bar que se llamaba, ríase, el Verde Agujal, y un tipo que estaba en una mesa de cinco, se levantó y me dijo: ‘Betancur hijueputa’, sacó un cuchillo, yo me fui de culo, me eché pa’ atrás, por eso le estoy contando el cuento porque el cuchillo apenas alcanzó a rozarme y me fui para la universidad.

¿Y entonces?

Nosotros somos desplazados, nunca he tocado ese tema y ahora menos, porque sería un cliente retroactivo de ella. A ese señor lo perdoné y oiga lo que pasó: transcurren los años, fui a dar una conferencia en Antioquia, ya yo era senador, sociólogo, y después de la conferencia y entre los profesores uno me dice: “Doctor, yo me llamo fulano de tal Cano”. “Ah, mucho gusto, qué tal, ¿usted de dónde es?”. “Yo, de Yarumal”. “¿No será de los Canos de Yarumal?”. “Sí, doctor, de esos, yo fui el de la puñalada a usted”. Le dije: “Bueno, esa era la locura de tus familiares y los míos, eran unos locos, pero tú y yo ya no”, y acabó el cuento.

¿Y cómo conectamos eso con su capacidad de reconciliación?

Porque no hago alarde de ella, pero cuando llego al Gobierno yo tenía la seguridad total, total, de que ese era el camino.

Mientras Turbay demostró en la toma de la embajada ser un gobierno autoritario pero negociador, al suyo, que no era militarista, le falló la negociación durante la toma del Palacio...

Yo no negocié. Yo dialogué. Con el terror… no se negocia.

Usted empieza el gobierno con la ilusión de hacer ese proceso de paz con las Farc. ¿Ya había hecho algunos contactos?

No. Toda mi vida fui muy filosófico, las peleas en el seminario, en la Bolivariana, en la Santo Tomás de Aquino, el discurso sobre la filosofía del hombre, y no era por llevar la contraria, sabe... Era una especie de resentido social que se expresaba y sublimaba filosóficamente.

¿El resentimiento social no crea cosas malas?

Cierto. Mire un libro de mi adolescencia que yo adoré: El pensamiento cautivo de Milosz, que fue premio nobel de literatura polaco, y tiene al comienzo una reflexión que yo me robé. Las cabalgaduras se adentraban en esa posada para que reposaran, porque iban a atravesar la montaña y quien sabe cuántos no llegarían al otro lado. Y había un mendigo que recibía las cabalgaduras y le conversaban, bla, bla, bla. Y a ese mendigo, si el que le iba a dar la limosna y que le había conversado le discrepaba y pretendía tener una cuarta parte de la razón, le recibía la limosna; si pretendía tener la mitad de la razón, le recibía con desgano; si pretendía tener tres cuartas partes de la razón, no le recibía. Y si pretendía tener toda la razón huía, ese es un loco. Aplique eso a la praxis política. Cuando llegué a tener la autoridad no quise pretender tener toda la razón, sino un pedacito.

¿Quién fue su mejor maestro?

Pues en una ocasión, el excanciller alemán Willy Brandt, en una conversación en Cartagena ante una pregunta muy insolente, me dijo: “Presidente, el verdadero estadista es aquel que tiene su marco ideológico, pero si ve que hay iniciativas incluso de la oposición que son valiosas, pues róbeselas. Ese es el verdadero estadista”. La anécdota del mendigo está ahí. Nadie tiene la totalidad de la razón en materias económicas, políticas y sociales.

En primer lugar no me llevaron a la presidencia los conservadores, aunque lo dijeran, entonces no les puedo dar toda la razón

Entonces llego al gobierno y digo: ‘en primer lugar no me llevaron a la presidencia los conservadores, aunque lo dijeran, entonces no les puedo dar toda la razón’. Formo la Comisión de Paz y pongo al doctor Lleras Restrepo a dirigirla y a Otto Morales y a Jhon Agudelo como secretarios. Carlos Lleras y yo fuimos muy amigos, muy, muy, muy, yo lo tomé a él como ídolo.

¿Cuánto tiempo dura Carlos Lleras ahí?

Hasta cuando se enfermó, entonces me llamó y me dijo que si le daba una audiencia. Le dije: “No, doctor, no se la doy, yo voy a su casa”. Fui y dijo: “Mire como estoy, qué debemos hacer”.

“Pues siga acostado”. El más obvio para sucederlo era Otto.

Y ahí entra la denuncia de los ‘enemigos agazapados de la paz’...

Y la Uribe, eso se convirtió en un sitio de veraneo, con fulanita, con zutanito. Entonces yo le decía a López: “Mira, por ahí te apartas con ‘Arenas’, como que es muy intelectual”. Nosotros dos éramos más amigos de lo que la gente creía, porque las peleas las teníamos era bajo el libreto y entonces, ala con ‘Marulanda’ y trato con ‘Jacobo’. Al final me mandaban razones de ‘Jacobo’ en una servilleta.

¿Y qué mandaba decir ‘Jacobo’?

Que había muchas dificultades por el lado del Partido Liberal y que el doctor López quizá no me las contaría.

¿Se hizo cese del fuego?

Sobre los asaltos a pueblos. Ahí hubo un avance sobre desmovilización. Y se me viene encima Enrique Santos. Yo dije: “A mí me importa un carajo esta palabra, se desmovilizan”, y así fue como nació la UP, el partido comunista oficialmente.

¿Y cuándo empieza a interferir el M-19 ahí?

Participaba de esa propuesta todo el mundo, entre otros, Gloria Zea, quien apareció en una foto famosa con el M-19 brindando con champaña cuando hubo la movilización. Yo tenía por cierto una paloma que hizo Botero dedicada a mí y la tuve que vender en una crisis económica de las que he tenido por haber cometido ese error tan grande… robar.

Ay, Presidente, no diga eso, nadie cree eso de usted...

Con el único con quien no hablé de las Farc fue con ‘Tirofijo’, ‘Marulanda’. Pero con ‘Jacobo’ hablábamos cada rato por radio y ‘Marulanda’ no se ponía al teléfono… Decía que yo era muy dialéctico. Solo cuando el gobierno Pastrana me vi con ‘Marulanda’. Hospedado en el Vaticano, me avisan que me necesita un señor que se llama Reyes de Estocolmo.

¿O sea, Reyes le cayó a usted a Roma?

Sí. “Presidente, hola, el comandante ‘Marulanda’ quiere hablar con usted”. Le pedí autorización al presidente Pastrana sobre la base de que liberaran a la Chiva Cortés, dizque en 10 días. ‘Raúl Reyes’ le pide a la compañera de ‘Tirofijo’, ‘Sandra’, que le preste el almanaque. “‘Sandra’, ven acá. ‘Sandra’, ¿en cuál fecha? ¿Otros dos días, otros dos, y dónde me lo entregan?”.

¿En Viotá?

En Viotá. “ ‘Raúl’, entonces quedamos en que usted repasa las consignas, ‘Sandra’, usted sirve de testigo”. –A ‘Sandra’, por cierto, mi mujer le mandó un carriel–. Bueno, hasta luego”. Me veo todavía en el todoterreno en el que habíamos ido. “ ‘Raúl’, no se le olvide la fecha”.

Y no se lo entregaron...

No. A la Chiva lo rescata el Ejército. En algún momento yo le dije a ‘Marulanda’: “Tuve un sueño. Que un día usted, comandante, de madrugada, despertó a ‘Sandra’, dándole golpes. ‘‘Sandra’, ‘Sandra’, despierte, llame ahora mismo al secretariado que vamos a liberar a todos los secuestrados, de balde, sin que nos tenga que dar nada el Gobierno’”...

Relaciones con el Ejército

¿Por qué eligió como ministro de Defensa a Fernando Landazábal Reyes?

Me lo presentó Fabio Lozano Simmoneli. Cuando fui elegido presidente yo no tenía duda de que mi ministro de Defensa debía ser Landazábal, porque en la editorial Tercer Mundo le editaban sus obras sociológicas. Pero apenas empecé a plantear la solución concreta se le sublevaron los mandos militares.

¿A qué llama la solución concreta?

A formar la Unión Patriótica.

¿Cómo se le insubordina Landazábal?

Me organiza un banquete con todas las Fuerzas Militares. Y tenía preparado un discurso que cuestionaba toda la política de paz, cuestionaba también la política externa, cuestionaba el proceso de paz de Centroamérica; cuando leo el discurso lo llamo y le digo: “Fernando, ese discurso no se puede pronunciar”. Y me responde: “Señor Presidente, no se puede pronunciar, pero ya ese discurso lo conocen altos mandos militares”. Entonces se canceló el banquete.

El tema de la retoma del Palacio de Justicia sigue y seguirá siendo muy mortificante. El ambiente con usted era tan confrontacional que hubo elementos para creer que a usted le hicieron un semigolpe de Estado. Porque no lo obedecieron...

Bernardo Ramírez dijo, cuando alguien le expuso la teoría de que eso estaba ocurriendo, que eso no podía ser cierto, pero que quién sabe, porque los militares eran unos triple h. p.

El Palacio de Justicia

Si no pasa lo del Palacio de Justicia, ¿usted hubiera seguido pactando la paz?

A pesar de lo del Palacio, seguí.

Pero ¿qué es lo que lleva a que los tipos digan que usted los traicionó como para que lo quisieran juzgar en la toma del Palacio?

Yo creo que el delirio de querer tener el poder, tanto las Farc como el M-19. No parte del poder, sino todo el poder.

Tengo la teoría de que cuando el M-19 estaba acorralado en Yarumales, y usted, por intermediación de la Iglesia, los dejó salir para que se pusieran a salvo en Los Robles, se envalentonaron, y ese fue el origen del plan de tomarse el Palacio de Justicia. Ellos interpretaron que habían tenido una victoria militar. Pero usted les salvó la vida, eso hubiera podido ser una masacre, se habría podido acabar el M-19 ahí, porque estaban acorralados...

Nunca les pedí explicación, nunca.

Pero cuando usted se entera de la cosa tan loca que pasaba en el Palacio de Justicia, ¿qué sintió, dolor o rabia?

Algo más loco es que el enjuiciado no los odie.

Gobierno Barco

No hubo continuidad entre mi gobierno y el siguiente. La política colombiana es así de absurda, cada quien llega con su programa y con su cuadrilla y además a mí me reemplazó, imagínese, Barco.

¿Por qué dice ‘imagínese’?

Porque él llegó enfermo y el país no sabía. Tuve una tía con alzhéimer y había que hacer cursos para convivir con ella. En el sanedrín lo sabían. Entonces los que gobernaban me llamaban: Germán Montoya, Gustavo Vasco, Mario la Torre, y me invitaban a almorzar.

Era un gobierno muy central. El esquema gobierno-oposición era totalmente contrario, usted venía a dar participación a los liberales en su gobierno...

Y les di todas las instituciones de control… todas, sin una excepción.

El calambur presidencial

Usted le ganó a López Michelsen cuando lo puso a decir que no se podía hacer casas sin cuota inicial ni universidad a distancia. ¿De dónde sacó esas propuestas?

Fueron mías. En París me dijeron que donde eran más exitosas era en Senegal. Después me fui con Rosa Helena a Londres y nos matriculamos en la universidad a distancia a ver cómo era ese mecanismo.

Pero desde luego que era muy difícil derrotar al Partido Liberal, por no decir imposible. ¿Cuántas campañas presidenciales hizo usted? ¿Sabía que algún día iba a ser presidente?

No. Yo creía que no iba a ser presidente. Una vez íbamos de Palmira a Cali, con Rodrigo Lloreda, y me dijo: “La hora va a llegar”. “No creo” –le contesté–. “No me van a dejar”. “¿Quienes?”. “Ustedes, los empresarios no me dejan porque creen que yo soy comunista”.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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