‘Galán, el asesinato de un mejor país’: César Gaviria

‘Galán, el asesinato de un mejor país’: César Gaviria

Este texto, escrito por el expresidente liberal, forma parte de sus memorias.

César Gaviria y Luis Carlos Galán

De izquierda a derecha: Gloria Pachón, la esposa de Galán; César Gaviria, Luis Carlos Galán y Ana Milena Muñoz de Gaviria.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

Por: César Gaviria Trujillo*
19 de junio 2020 , 12:05 a.m.

Cuando empezaron a publicar series televisivas sobre cómo ocurrió la muerte de Galán tomé la decisión de publicar el primer tomo de lo que yo creía iban a ser mis memorias.

Cuando empecé a avanzar me di cuenta de que estaba mucho más en una investigación fundamentada en textos de tres medios confiables de comunicación desde la muerte de Galán y me encontré una impresionante cantidad de información que fue publicada a lo largo de 30 años, y que nadie había hecho la tarea de ponerla toda en orden cronológico no por negligencia, sino por la particular metodología que se me ocurrió.

Hubo muy serias publicaciones, libros de nuestros más trascendentales escritores de nuestra vida republicana y de documentales de los principales medios de comunicación del mundo. Libros y trabajos de historiadores, escritores y de los de otras latitudes. Noticia de un secuestro, de Gabriel García Márquez, no es un trabajo de ficción, sino el mejor trabajo de investigación periodística de nuestra historia.

Es un trabajo que enorgullece a todos los colombianos y en particular a nuestros jueces y organismos judiciales, y que ha enriquecido la investigación de periodistas de la mayor credibilidad. No creo que debamos permitir un enorme retroceso en este, que es de lejos el más importante, el más trabajado, el más riguroso de toda nuestra vida republicana.

Fue sorprendente ver cómo los organismos de seguridad e inteligencia fueron infiltrados al más alto nivel y puestos al servicio de los dos carteles (el de Cali y el de Medellín), los cuales, a pesar de vivir en guerra, tenían objetivos comunes y colaboraban para su alcance, se comunicaban con frecuencia, se hacían reclamos y acusaciones y exigencias de manera permanente. El cartel de Cali estaba tan interesado en la no extradición como el de Medellín.

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Además de cuatro sicarios que fueron asesinados todos dentro del año siguiente del crimen para acallarlos y que no contaran lo que ellos sabían, el entonces director de la Dijín, coronel Óscar Peláez Carmona, dijo que más de 40 testigos los habían identificado, y el entonces director del DAS, general Miguel Maza Márquez, explicó en detalle el papel que desempeñó cada uno en el operativo.

Ni como candidato, ni como presidente ni despojado de las investiduras del poder me llegué a imaginar que habíamos perdido, casi por completo, la capacidad de influir sobre muchas acciones y operativos oficiales, cruciales en todos los magnicidios y que solo se conocieron cuando entre Procuraduría y Fiscalía determinaron que el asesinato de Galán fue un crimen de lesa humanidad. Por alguna razón que para mí no es totalmente clara, surgió de manera muy rápida el papel que funcionarios del Estado jugaron en el entramado criminal.

Comoquiera que es muy posible que el Tribunal Superior de Bogotá tomó los argumentos de la demanda y nadie más contribuyó a los elementos que aportó el demandante, tiene lógica lo que ellos decidieron.

Pero es ajena a toda la investigación que realizaron la Fiscalía y la Corte Suprema de Justicia, que dan el contexto en el que se deberían dar los fallos de los tribunales de justicia. Hay particularmente un documento que tiene la mayor importancia, y es el fallo de condena al general retirado Miguel Maza Márquez. Es un documento que significó un enorme avance y estableció las responsabilidades de los centenares de protagonistas de esos episodios.

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No es la idea aportar nuevas pruebas que no podrían ser aceptadas en un proceso de casación, sino hacer algo que estoy seguro la actual la Corte Suprema hará, y creo que es absolutamente imprescindible, más allá del expediente, y es el contexto en el cual ocurrieron y la multitud de hallazgos de los organismos del sistema judicial colombiano con una profundidad y un trabajo exhaustivo de un enorme valor judicial e histórico.

No podemos aceptar que un tema de tanta trascendencia histórica se mire solo a la luz de los argumentos de uno de los condenados con prescindencia de un trabajo excepcional, diría yo, de nuestro aparato judicial.

No podemos avanzar a ciegas tomando en consideración solo los argumentos de los condenados uno a uno, desconociendo el excepcional trabajo de todo nuestro aparato judicial. No podemos ignorar, ni despreciar ni ignorar el trabajo excepcional de todas las instituciones de justicia que nos llevaron a decisiones totalmente bien fundamentadas a lo largo de ya más de treinta años de trabajo judicial y que nos condujeron al fallo de una gran trascendencia jurídica e histórica.

(Además: No me mame gallo y dígame cuál es el origen de esa expresión).

Fue la primera vez, a lo largo de más de 200 años, que se esclarece el crimen de uno de nuestros hombres públicos más trascendentes del pasado siglo. Todos los otros asesinatos de personas de una enorme significación en el pasado siglo infortunadamente quedaron en la impunidad. Está meridianamente comprobada y justificada la acusación de la Fiscalía en el juicio del jefe de la policía de Soacha, y de Manuel González, jefe inmediato de Jacobo Torregrosa. Dichas personas fueron determinantes en el asesinato.

Estoy seguro de que este caso se va finalmente a decidir en casación; aunque no es posible aportar nuevas pruebas, examinarán el texto de la sentencia del general Maza, se confirmará la totalidad de los elementos con los que falló en su momento y determinó el contenido de la sentencia de la Corte Suprema de Justicia en la histórica sentencia que condenó al general Maza Márquez.

El arma con la que mataron a Galán era del DAS, y su pérdida solo se informó varias semanas después del crimen

Hay otros fallos expedidos y hay procesos que están avanzando. Y falta averiguar por algunas personas que se prestaron para que se cometiera ese crimen monstruoso.

Antes de que fracasara el atentado de Medellín ya se había realizado una reunión con todos los socios del cartel, con los sicarios y con los colaboradores del cartel. El atentado se iba a pagar con un fondo al que contribuían mensualmente todos los extraditables. Escobar contó lo del atentado que iba a cometer contra Galán en Medellín a mediados de julio, en una visita que iba a hacer a la ciudad, dirigido a los miembros de una comunidad académica, pero que por equivocación terminó sacrificando la vida del exgobernador Antonio Roldán Betancur.

Entonces, Escobar buscó a Rodríguez Gacha alias el ‘Mexicano’, quien fue quien mató a todos los miembros de la Unión Patriótica, y que disponía de un aparato criminal mucho más fuerte en el oriente colombiano y el departamento del Meta.

Todos los sicarios que ejecutaron el crimen fueron asesinados en el año siguiente al asesinato de Galán para acallarlos. Solo se salvó una carta de su puño y letra de un sicario a su madre porque estaba seguro de que sería el último de los sicarios en asesinar, lo que ocurrió solo pocos días después. Y en tal carta contó muchos de los detalles de la conspiración criminal.

En la carta que le escribió a su mamá narra con lujo de detalles cómo se coordinó el asesinato, quiénes debían intervenir y revela además los nombres de miembros de los oficiales de la Policía Nacional que, según el asesino confeso, participaron en dos cumbres de la mafia en las que se ultimaron los detalles y se repartieron el dinero y las armas que acabaron con la vida de Galán.

El arma con la que mataron a Galán era del DAS, y su pérdida solo se informó varias semanas después del crimen. La noche del crimen la Dijín, bajo la dirección del entonces capitán Óscar Peláez Carmona, capturó a los sicarios y los que se suponía coordinarían el operativo criminal. El señor Hazbún y sus compañeros y los sicarios fueron capturados pocas horas después de la muerte de Galán. Según el reporte del coronel Peláez, cinco testigos que declararon ante el juez aseguraron que al menos Hazbún había estado esa noche del crimen. Nadie dudaba de que Escobar estaba detrás de este crimen.

Hubo muchas irregularidades procesales y las acusaciones del director de la Dijín, el coronel Óscar Peláez. El director del DAS corroboró las informaciones entregadas por el general Peláez Carmona. Casi cuatro años después se estableció que todas las supuestas pruebas y testimonios eran falsos. Y pusieron a Hazbún y a los demás sindicados en libertad, y la nación fue condenada por el Consejo de Estado.

Aunque yo creo que la petición para nombrar a Jacobo Torregrosa vino de una orden del cartel de Cali a Maza, este se cuidó mucho de aparecer involucrado, informar a las autoridades y aun a la familia que Escobar iba a matar a Galán, y hasta presentaron una grabación que supuestamente lo confirmaba.

Galán no podía salir vivo de Soacha, pues a la salida se había ubicado otro grupo de sicarios por si fallaba el atentado de la plaza

En cabeza del cuñado de Galán, Alfonso Valdivieso, que un enviado del cartel de Cali dijo a la Fiscalía que alcanzó a advertir sobre la muerte de Luis Carlos Galán. Pero que la información que recibió fue genérica, sin detalles o datos precisos. De todos modos, según Valdivieso, le contó sobre la llamada a Luis Carlos Galán y sobre las advertencias de un posible atentado. La cercanía de Maza con el cartel de Cali explica cómo se enteraron de que iban a matar a Galán.

Las reuniones después del fracaso del operativo de Medellín en las fincas de Rodríguez Gacha en Cundinamarca. Estaban todos los más importantes miembros del cartel de Medellín, era una cumbre de toda la mafia, los sicarios de Escobar y los de Rodríguez Gacha y un grupo de políticos. Allí se trató sobre la guerra que había que hacerle al Gobierno, y especialmente hablaron los patrones de matar al doctor Galán.

Galán no podía salir vivo de Soacha, pues a la salida se había ubicado otro grupo de sicarios por si fallaba el atentado de la plaza. Por el fracaso del operativo de seguridad policial en Soacha, en donde ese 18 de agosto de 1989 se vivió un carnaval de licor, pólvora y juerga, no se produjo ni una sola sanción disciplinaria.

El comandante de la Policía de Soacha y Manuel González fueron los primeros sindicados. El comandante de Soacha primero sostuvo que fue un gran operativo de policía dispuesto para la protección del candidato, y luego aceptó en ampliación de indagatoria y en el juicio que mintió, y que los libros de la minuta fueron falseados esa noche y en realidad lo que hicieron fue desmantelar todo el operativo que se había supuestamente montado para protegerlo. Dijo que ello se hizo porque se lo ordenaron sus superiores.

Uno de los escoltas que impuso Torregrosa señaló: “Estuvimos de buenas porque le cambiaron (a Galán) algunos escoltas y metieron a otros que trabajaban con Helí Muñoz (otro de los sicarios) aquí en Bogotá. Entonces todo fue mucho más fácil”.

Lo que se dio fue una confluencia de intereses para evitar que un líder como Galán, con su inquebrantable fuerza moral, estuviera siempre vigilante

Solo se salvó uno que dejó la ya mencionada carta en la que no solo reveló la ayuda del DAS al crimen. Se estableció con claridad cómo un teniente, coordinador del atentado, era el que facilitaba los carnés del B-2 para que tuvieran acceso a la tarima de Galán. Una declaración señaló: “Por eso tuvimos éxito en la muerte del doctor Galán, del doctor Teófilo Forero y de Antequera, la bomba de El Espectador y la muerte del hijo de Víctor Carranza”.

Para la época de la muerte de Galán estaban llegando a su clímax de violencia el narcotráfico y los paramilitares, cada uno en su versión más pura: ni los narcos disfrazaban su negocio criminal de lucha antisubversiva, ni los paramilitares habían dejado a un lado su guerra contra las Farc por las millonarias ganancias de la coca. El narcotráfico había declarado la guerra contra la extradición, y por esos días a nadie en Colombia le negaban una bomba.

En esas 48 horas habían asesinado al comandante de la Policía de Medellín, el coronel Valdemar Franklin Quintero, y al magistrado Carlos Valencia García lo mataron minutos después de firmar un fallo contra Pablo Escobar.

(Siga leyendo: Las batallas que tendrá que enfrentar Colombia).

Y en el Magdalena Medio se entrenaban y armaban ejércitos completos para combatir la guerrilla, de paso acabar con la UP, y en el entretanto le daban forma a Morena, su expresión política. Sin duda había mucho en juego. Era la lucha de dos países. Esa alianza de narcotraficantes y paramilitares, alentada por políticos sin escrúpulos, tenía que acabar con la amenaza ideológica de la UP y la amenaza ética del Nuevo Liberalismo.

(Le puede interesar: 'Sin Galán, Colombia habría podido ser un narco estado': Gaviria)

Sería un error pensar que el magnicidio de Luis Carlos Galán fue producto de una conspiración fríamente calculada por cada uno de los cuatro sectores involucrados. Lo que se dio fue una confluencia de intereses para evitar que un líder como Galán, con su inquebrantable fuerza moral, estuviera siempre vigilante de que los procesos judiciales avanzaran. La familia, con una constancia admirable, está atenta para empujar el lento aparato de la justicia.

CÉSAR GAVIRIA TRUJILLO
* Expresidente de Colombia (7 de agosto de 1990 -7 de agosto de 1994).

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