En una zorra fue transportado el cuerpo de Jorge Eliécer Gaitán

En una zorra fue transportado el cuerpo de Jorge Eliécer Gaitán

Pocas personas se atrevían a salir a la calle. A quienes lo hacían los soldados los increpaban. 

Gaitán

Conscientes del momento que estaban viviendo tras la muerte del caudillo liberal, los médicos posaron, consternados, para esta foto histórica.

Foto:

Archivo / EL TIEMPO

Por: JAVIER FORERO
09 de abril 2020 , 10:25 a.m.

En las primeras horas del 10 de abril de 1948, un día después del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, las calles de Bogotá estaban desocupadas, salvo por algunos soldados que llegaron de Boyacá.

Tras pasar toda la noche en la Clínica Central, doña Amparo, esposa del caudillo liberal, podía llevar al fin a su casa el cuerpo de su marido. Le ayudó Pedro Eliseo Cruz, médico cercano de Gaitán. Cruz consiguió un ataúd sencillo en una funeraria cercana. Al no poder conseguir una carroza o un camión, el féretro fue puesto en una zorra. Lentamente recorrieron el camino desde el centro de Bogotá a la casa, a unas treinta cuadras al norte.

“Envuelto en sábanas ensangrentadas y papel periódico, mamá y Pedro Eliseo Cruz solos, pues nadie más se había quedado en la clínica, sacaron el cuerpo de mi padre ya embalsamado por el basurero de la clínica; el edificio había sido rodeado por el Ejército para impedir la salida del cadáver desde el momento mismo en que mi madre manifestó su deseo de velarlo en su casa, esperando hasta que cayera (el presidente) Mariano Ospina”, relató Gloria Gaitán, hija de Jorge Eliécer Gaitán, en un texto para la revista Credencial Historia.En la ciudad pocas personas se atrevían a salir a la calle. A quienes lo hacían –según relató el historiador Herbert Braun – los soldados les ordenaban caminar con brazos en alto.

“Era sábado, cuando normalmente se trabaja medio día, pero las instrucciones de la Radio Nacional eran permanecer en casa. Continuaba la huelga general. Los empleados de los bancos y del gobierno sabían que las oficinas no irían a funcionar, los recolectores de basura comprendieron que ese día no empezaría su monumental tarea”, relató Braun.

No había transporte público y muchos conductores de tranvía sabían que sus vehículos estaban destruidos.

Según relata la hija de Gaitán, su mamá se dirigió a la oficina del caudillo, porque sabía que él guardaba los papeles de una investigación que venía haciendo sobre la intervención de Estados Unidos en la explotación de petróleo en Colombia “con la participación del presidente Mariano Ospina y la colaboración de tres empresarios antioqueños. Encontró que los cajones del escritorio habían sido abiertos con llave, y ningún papel en ellos”.

La viuda de Gaitán, ya con el cadáver en su casa, se negó a autorizar un entierro mientras Mariano Ospina Pérez siguiera en el poder. Aseguraba que el asesinato de su marido había sido parte de un complot ideado por las altas esferas del conservatismo colombiano y con la complicidad de jefes liberales.

Y allí estaba mi padre, embalsamado, inerme, contemplado por un sin número de doloridas gentes que venían a mirarlo por última vez

“Y allí estaba mi padre, embalsamado, inerme, contemplado por un sin número de doloridas gentes que venían a mirarlo por última vez. Eran colas interminables. Una ventana de la sala se había abierto a manera de puerta de salida para que las gentes pudieran circular por aquel pequeño espacio. Ni una sola corona en el salón, pues la huelga general tenía paralizado al país”, relató Gloria Gaitán.

Como lo relató Braun, los líderes políticos lograron llegar a un acuerdo con doña Amparo Jaramillo y decidieron enterrar el cuerpo del caudillo en la sala de la casa donde vivía. Aunque en un principio se había contemplado la idea de guardar sus restos junto a la estatua del Libertador ubicada en la Plaza de Bolívar, la posibilidad se desechó al caer en la cuenta de que por ser un sitio público se corría el riesgo de que los gaitanistas convocaran a manifestaciones en ese lugar.

“Enterrar a Gaitán a la vista del Palacio Presidencial era invitar a un motín más pavoroso que el primero. Pensaron en el Cementerio Central, a quince cuadras del centro, pero ese lugar también parecía muy arriesgado”, apuntó el historiador.

Sueño premonitorio
Bogotazo
Jorge Eliécer Gaitán jugando tejo

Conmemoración Jorge Eliecer Gaitán

Como ocurre en la muerte de mucho de los caudillos en los que los colombianos han depositado buena parte de su esperanza, se tratan de muertes anunciadas. Gloria Gaitán, la hija de Jorge Eliécer Gaitán, relató que su mamá tuvo un sueño premonitorio.

“Al despertarse, sobresaltada, no se atrevió a comentárselo a papá ‘para no dañarle la satisfacción que tenía por haber ganado, en la madrugada, el caso del teniente Cortés’, explicaba ella. Pero se lo comentó a sus hermanas y a Margoth Jaramillo de Plata, quienes la instaron a que, de todas maneras, se lo dijera.

“‘Jorge -le dice en su llamada de la una menos cuarto de la tarde-- anoche soñé que te asesinaban. Deja a los 'Plinios' y vete con los tuyos. Deja la Constitución tan bien encuadernada y tómate el poder. La oligarquía te va a matar antes de dejar que ganes las elecciones y subas a la Presidencia’. ‘En la casa hablamos’, le respondió impaciente, pues no era la primera vez que mi mamá lo instaba a hacer un golpe porque estaba segura que lo iban a matar”.

Cada vez que le advertían que su vida estaba en peligro, Jorge Eliécer Gaitán siempre respondía de la misma manera: "Ninguna mano del pueblo se levantará contra mí y la oligarquía no me mata, porque sabe que si lo hace el país se vuelca y las aguas demorarán cincuenta años en regresar a su nivel normal".

Una imagen que se diluye
Gaitán

Jorge Eliécer Gaitán en uno de sus "Viernes Culturales"

Foto:

Sady González

"Hoy, sin duda, la fuerza viva del mito gaitanista se desvanece. La mayoría de los colombianos no tienen ya una memoria directa de su voz, de su gesto o su figura: la imagen histórica de Gaitán se configura a través de la narración y el relato, tanto del relato oral de quienes lo conocieron o veneraron o temieron, como de los textos de periódicos y libros que aluden al suceso, y de la trama de argumentos que de una u otra manera encuentran sus referentes en la alusión al bogotazo", así definió el hsitoriador Jorge Orlando Melo, en la revista Credencial Historia lo que ocurre hoy con la imagen de Gaitán. .

Para el historiador, la figura de Gaitán va retrocediendo en inmediatez histórica para convertirse más y más en una figura del panteón nacional, evocada ritualmente cada 9 de abril, cuando casi siempre se invoca su nombre para invitar otra vez a la paz.

"Sin embargo, la recurrencia de fenómenos que el país tiende a encuadrar nuevamente en el molde del bogotazo mantiene algo de esa inmediatez: la muerte de los caudillos populares, de los políticos con amplio respaldo, de las figuras radicales o moralistas que se han enfrentado al consenso dirigente, como Jaime Pardo, Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro o Luis Carlos Galán, y el temor a que este patrón se siga repitiendo, hace de la imagen de la muerte del caudillo una figura simbólica de gran fuerza emocional y retórica, que se evoca con frecuencia para subrayar una continuidad casi natural en las frustraciones históricas de los colombianos que se iniciaron en ese día trágico de 1948", amnifestó Melo..


JAVIER FORERO
Redacción Política
@javierforero07

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