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La complicada tarea para la vacunación en el Guainía
Guainía

En el río Inírida existen al menos siete raudales en los que es necesario desocupar las lanchas y pasar por tierra, ante la imposibilidad de navegar esas aguas.

Foto:

alcaldía de Puerto Inírida

La complicada tarea para la vacunación en el Guainía

Hay recorridos que pueden tardar hasta un mes y solo se puede en avioneta o lancha.

En las riberas de los caudalosos ríos del Guainía, y en medio sus espesas selvas, habitan más de 12.000 indígenas de diferentes etnias y algunos 'blancos' a los que el Gobierno va a empezar a vacunar contra el covid-19.

La tarea no es nada fácil. Una cosa es vacunar en un centro comercial en Bogotá, donde se puede decir que está todo a la mano, y otra muy diferente es llegar a comunidades alejadas, a las cuales, según cálculos de autoridades de ese departamento, el personal del equipo vacunador puede tardar unos 40 días en ir y volver en bote.

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Por esta razón, la vacuna que se usará para aplicar a estas comunidades y poder llegar a estos remotos parajes es la de la farmacéutica Janssen, que justamente llegó en la tarde del miércoles a Bogotá.

Se escogió la Janssen porque es de única dosis de aplicación y no requiere ultracongelación para su transporte.

Para esta labor se necesita una logística muy especial y un arduo trabajo para coordinar cómo los vacunadores llegarán hasta esos parajes, para lo cual se usarán avionetas, lanchas y caballos, y se solicitará la ayuda de baquianos que conozcan la selva, sus ríos, sus recovecos, sus raudales y hasta los sitios en donde están los indígenas.

Los equipos de vacunación y las autoridades tienen claro que muchos nativos que hay en el departamento son seminómadas, por lo cual habrá que ir a buscarlos según la zona de caza o el momento de la cosecha.

Por eso también es necesaria la vacuna de una sola dosis, pues podría darse el caso que al llegar para la segunda ya la comunidad no esté en el lugar en el que se le puso la primera.

A diferencia de otras regiones del país, para el Guainía los preparativos también incluyen llevar grandes contenedores de gasolina para los motores de las lanchas en las cuales se va a transportar el equipo vacunador. En medio de la selva, un galón puede costar más de 50.000 pesos, y el problema es conseguirlo.

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Un trasteo

Además de las vacunas y la gasolina, los funcionarios deberán llevar sus propios alimentos, primordialmente agua y enlatados; una hamaca y el toldillo para protegerse de los insectos en las noches, ropa, elementos de aseo personal, repelente contra insectos y hasta bloqueador solar.

Deberán llevar plantas eléctricas, con el fin de garantizar el frío necesario para mantener las vacunas sanas y salvas. La Janssen debe permanecer con una temperatura promedio de 8 grados centígrados.

Uno de los asuntos que más genera inquietud es que, por disposición formal, los equipos vacunadores deben ir protegidos por miembros de la Fuerza Pública. No se descarta que personas al margen de la ley quieran apropiarse de las vacunas. 

Y esa tarea tampoco es sencilla, pues, como se entenderá, no se podrá enviar solo a un pequeño grupo de cinco policías a la mitad de la selva a cuidar las vacunas. Las autoridades consideran que debe ir un contingente con un número importante de uniformados.

La situación se torna complicada. Serán largas y extenuantes jornadas que tomarán varias semanas de ida y regreso navegando por los riesgosos y sinuosos ríos del Guainía.

Y cuando se habla de ríos complicados no es solamente por los grandes raudales, unas caídas de agua que no permiten el paso de las lanchas, sino también por la presencia de caimanes, anacondas, tembladores o pirañas. En muchas ocasiones, el camino hay que abrirlo a punta de machete.

En esos sitios, los pasajeros deben desocupar las ‘voladoras’, así se les conocen por allá a las lanchas, y caminar trechos hasta de 100 metros de selva adentro con todas las mercancías al hombro, para luego volver por la embarcación y pasarla en hombros hasta el sitio en el cual la puedan lanzar nuevamente al río, acomodar la carga y continuar el viaje.

Sitios lejanos

A buena parte de las comunidades del Guainía únicamente se puede acceder por río.

Foto:

Gobernación del Guainía

Según el gobernador del Guainía, Juan Carlos Iral, uno de los sitios más alejados es Campo Alegre, al cual únicamente se puede llegar en avioneta, en un vuelo que dura más de dos horas. Y allí solo pueden aterrizar naves pequeñas, que no superen los 500 kilos de peso.

Hasta ahora, buena parte de la población de Puerto Inírida ya está vacunada.

El mandatario explicó que contratar una aeronave para hacer este recorrido puede costar unos 8 millones de pesos por trayecto, pues hay que tener en cuenta que salen desde Villavicencio.

En Campo Alegre hay algunos lugares en los que hay energía eléctrica, que va a permitir tener bien conservadas las vacunas, pero de allí en adelante el viaje continúa en lancha, río arriba.

El alquiler de la lancha o ‘voladora’ puede costar más que el de la avioneta, pues en ese lugar cada galón de gasolina cuesta más de 50.000 pesos. Y las lanchas usan motores potentes que son bastante ‘golosos’ con el combustible.

Además, se necesitarán varias lanchas para transportar a todo el personal: el de seguridad, médicos, vacunadores, baquianos y personal de asuntos indígenas, entre otros.

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Reacios

Como si montar todo este andamiaje no fuera ya de por sí algo complejo y dispendioso, las autoridades sanitarias y el Gobierno se enfrentan a otro reto: convencer a los indígenas de las bondades de la vacuna, pues ellos tienen muchos mitos acerca de la inmunización. Algunos están convencidos de que con la vacuna les van a inocular al diablo. Una buena parte de las etnias son cristianos evangélicos.

Por eso el gobernador Juan Carlos Iral, quien tiene un poco menos de 40 años, tuvo que vacunarse hace unos días para demostrarles que no era cierto lo que estaban pensando.

Y para darle mayor credibilidad al beneficio de la vacuna, se hizo inyectar acompañado de cinco pastores evangélicos. El proceso fue filmado y difundido por medios de comunicación locales y por redes sociales.

En el video, Iral les dijo que no era ninguna marca del diablo, que la vacuna era para salvar vidas. En algo los convenció, pero el asunto no parece tan sencillo.

Por ahora, están a la espera de que dentro del paquete de vacunas de Janssen que llegaron esta semana los incluyan para comenzar esa tarea que no será para nada sencilla. Pero la apuesta es llegar con las vacunas.

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REDACCIÓN POLÍTICA

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