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Paro Nacional: ¿Por qué se llegó a esta situación y cuál es la salida?
Paro Nacional 5 de mayo Bogotá

Estudiantes marchan desde la entrada de la Universidad Nacional por la carrera 30.

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Milton Díaz / EL TIEMPO

GOBIERNO

Paro Nacional: ¿Por qué se llegó a esta situación y cuál es la salida?

Gobierno y Comité Nacional de Paro anuncian su disposición a sentarse a dialogar.

El Gobierno Nacional y el Comité del Paro han abierto, por fin, la puerta para encontrarse esta semana en un mismo espacio, en la búsqueda de una solución que frene el estallido social que cumple 12 días continuos. Ambas partes llegan a la mesa con disposición a conversar, aunque en sus agendas se lee que sus posturas son diametralmente opuestas.

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Para empezar, el Gobierno considera que va a “dialogar”, mientras su contraparte asegura que irá a “negociar”. La diferencia en los verbos utilizados no es un asunto marginal y muestra el primer punto de los abismos que los separan.

Francisco Maltés, presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), una de las organizaciones que integran el Comité Nacional del Paro, dice que para avanzar es “urgente e imprescindible desmilitarizar el país”. El alto comisionado para la Paz, Miguel Ceballos, el funcionario designado por el presidente Iván Duque para tender puentes, asegura: “La desmilitarización no es posible en ninguna Constitución Política de un país que tenga un Estado de derecho. Son parte de la institucionalidad y los ciudadanos deben ser protegidos”.

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El reclamo de los manifestantes se sustenta en varios casos de excesos cometidos por la Fuerza Pública, lo cual provocó el llamado de voces decisivas en el ámbito internacional. “Urgimos a la máxima moderación a las fuerzas públicas para evitar más pérdidas de vidas”, afirmó desde Washington Jalina Porter, portavoz adjunta del Departamento de Estado de la administración Biden. “Ha habido uso excesivo de la fuerza”, dijo desde Ginebra (Suiza) la Oficina de la ONU para los Derechos Humanos.

En Medellín los manifestantes terminan la marcha con su regreso al parque de Los Deseos.

Foto:

@jaiverpress

Colombia fue noticia de primera plana, durante dos días continuos, en la edición impresa del diario The New York Times, con dramáticas imágenes de la confrontación en las calles. “Después de que Duque retiró la reforma tributaria, las protestas se volvieron mucho más violentas. El Gobierno ha sido reprendido por su uso excesivo de la fuerza”, dice en la edición que circula esta semana la revista The Economist.

Pero la otra cara de la moneda es un vandalismo desatado y no pocos episodios de terrorismo urbano, a través de ataques sistemáticos y coordinados a objetivos puntuales como los CAI, el transporte público y entidades públicas, entre otros. El Gobierno ha denunciado que incluso hay gente pagando por estos ataques.

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Por parte de las autoridades, el balance también es sobrecogedor: 826 policías heridos y uno muerto. ¿Qué pasa hoy por la cabeza de un policía? “Estamos muy cansados porque nos estamos doblando en los turnos y cada vez nos reciben con mayor violencia”, le cuenta a EL TIEMPO un agente que ha estado en la calle.

Sus palabras son el reflejo de uno de los temas más sensibles en la actual crisis: el rechazo de la ciudadanía a la autoridad en general y a instituciones como la Policía en particular. Algo sin duda grave para cualquier país.

El historiador Jorge Orlando Melo recuerda que la tradición de conflictividad en el territorio proviene de la misma conquista, cuando los españoles entraron con violencia contra los indígenas. “Tenemos un país muy jerarquizado donde ha habido una enorme segregación. Hasta 1936, por ejemplo, los pobres no podían votar. Aunque hemos tenido periodos pacíficos, la violencia ha estado presente en las reivindicaciones de las mayorías”.

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Tenemos un país muy jerarquizado donde ha habido una enorme segregación

En esta ocasión, los excesos han sido evidentes y están documentados, incluso, por la misma ciudadanía que va a las protestas con un celular en la mano. Pero lo que el Gobierno no puede permitir es una ausencia de autoridad. Por lo que se trata de construir un equilibrio entre la protección del legítimo derecho a la protesta, pero de abierta lucha contra el vandalismo y los grupos que tratan de pescar en río revuelto para sembrar el caos y la anarquía. Una tarea nada fácil, desde luego.

Al margen de los resultados del encuentro entre el Presidente y el Comité del Paro, es fundamental que en el imaginario colectivo quede que ‘El derecho a la protesta es el primer derecho’, como titula su libro el profesor argentino Roberto Gargarella, quien sostiene que debe ser así porque “nos permite mantener vivos los demás derechos”.

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“Atrapen a los vándalos”, dicen en el Comité de Paro. Hay que aislar a los vándalos, aseguró el Departamento de Estado de Estados Unidos, porque en Colombia, como “en todos los países del mundo, los ciudadanos tienen el derecho a protestar de manera pacífica”.

Bogota abril 29 de 2021. Más de mil jóvenes que permanecen en la plaza de bolívar destaparon la estatua del libertador, en el Paro Nacional 2do. dia Fotos: Milton Diaz El Tiempo

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Milton Diaz / El Tiempo

Una juventud agobiada

Los jóvenes han sido claros protagonistas de las marchas y protestas. Muchos de ellos van con las manos vacías. De los 10,9 millones de jóvenes que el Dane estima que hay en el país, el 33 %, es decir, más de tres millones de personas, ni trabajan ni estudian. Solo en Bogotá, con la pandemia, la población de jóvenes que no realizan ninguna de estas actividades se duplicó, hoy hay 665.000 de ellos. El desempleo juvenil en la capital es del 29,9 %.

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Los estudios muestran que son miles los muchachos que, o bien perdieron el trabajo, o debieron dejar de estudiar porque sus padres salieron del mercado laboral y no tenían cómo financiar sus estudios. Esto agrietó aún más las relaciones de este segmento de la población con Duque. El 74 % de los consultados entre 18 y 25 años, en una reciente encuesta de la firma Cifras y Conceptos, tienen una imagen desfavorable del Presidente.

Ahora para sentarse en la mesa, cada orilla debe ponerse en los zapatos del otro. “No vale citarse para tomarse una foto —dice Vicente Durán Casas, sacerdote jesuita y profesor de Filosofía de la Universidad Javeriana—. Las partes deben hallar soluciones siempre con más democracia y jamás con menos democracia”.

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No vale citarse para tomarse una foto. Las partes deben hallar soluciones siempre con más democracia y jamás con menos democracia

Su reflexión pasa por la defensa de un sistema que, con sus enormes defectos, ha mostrado avances indiscutibles en sus momentos más críticos. A finales de los años 90, Colombia chapoteaba en un mar de sangre causado principalmente por Pablo Escobar y el cartel de Medellín. Tres aspirantes a la presidencia asesinados, periódicos dinamitados, aviones con pasajeros explotados y carros bomba por doquier. La sociedad se levantó y construyó la Constitución de 1991. Tras medio siglo de plomo, las Farc y el Estado fueron capaces de, conversando, firmar un acuerdo de paz. “Si hay diálogo transparente, avanzamos”, augura Durán Casas.

Desde la Casa de Nariño se afirma que el Presidente siempre ha estado dispuesto a hablar. “He estado siempre abierto al diálogo, a escuchar y a actuar, como lo hemos hecho siempre, alcanzando resultados normativos y de acción ejecutiva”, expresa Duque.

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Otros, sin embargo, le exigen pasar de las palabras a los hechos. “Hablar por hablar solo sirve para perder el tiempo”, dice Diógenes Orjuela, de la CUT, quien recuerda lo sucedido en el 2019. Tras el paro del 21 de noviembre, el Presidente abrió las puertas para escuchar los reclamos. Estuvo en 45 reuniones, impulsó 11 encuentros regionales, se recogieron 1.200 propuestas, se pronunciaron 13.000 participantes. “¿Y los resultados en la vida real?”, pregunta Orjuela. “Nada”, responde. “Debemos aprender de las lecciones de la Conversación Nacional del 2019, pues una versión 2.0 no generará el diálogo eficaz que necesitamos”, indica María Victoria Llorente, directora de la Fundación Ideas para la Paz.

Con una velatón se le rindió homenaje a Nicolás Guerrero, una de las víctimas que falleció en Cali. Murió por un disparo en la cabeza.

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@sachisaldarriaga / @eltiempo

El papel del empresariado

El analista Aurelio Suárez, uno de los más agudos y permanentes opositores de Duque, sin embargo, dice que en este caso él sí valora que haya iniciado las conversaciones con los gremios. “Los problemas actuales se solucionan con plata, e hizo bien Duque en decirles: ‘Señores, tienen que echarse la mano al bolsillo porque aquí debemos ayudar entre todos’ ”.

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Y en esta ocasión, parece, que le cogieron la caña. “Hemos propuesto desde la Andi una reforma con estructura simple y efectiva, concentrada en el esfuerzo especial y solidario de las empresas y de las personas con mayores patrimonios”, dice Bruce Mac Master, presidente de la Andi, quien ha manifestado que su sector está dispuesto a “apoyar a las familias que se encuentran en condición de vulnerabilidad como resultado de la pandemia”.

Marchas en Bogotá.

Foto:

César Melgarejo. EL TIEMPO

Pero los gremios están ayudando también a que los diferentes sectores políticos entiendan la importancia que tiene para la economía que la aguas se calmen y se pueda seguir avanzando en la dura batalla contra los devastadores efectos del covid-19.

Con estos espaldarazos, Duque se sentará frente al Comité del Paro. Exigirá, por su parte, dos puntos: peticiones realistas para cumplir y unidad en los interlocutores. Por ejemplo, los manifestantes exigen una renta básica de por lo menos un salario mínimo mensual (908.526 pesos). Varios análisis estiman que, para suministrar este dinero a 6,2 millones de hogares en condición de pobreza, según cifras del Dane, anualmente le costaría al país 73,93 billones de pesos. ¿Es factible cuando es casi cuatro veces más que la propuesta de reforma tributaria que pensaba recoger el exministro Alberto Carrasquilla y por la que lo tumbaron?

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Quienes están detrás del paro también tendrán que hacer gestos importantes en pro de consolidar un clima propicio para un diálogo que dé resultados. Y, en ese sentido, una de las primeras exigencias del Gobierno será el levantamiento de los bloqueos en carreteras, que ya causan situaciones graves de desabastecimiento en múltiples ciudades, vulneran derechos esenciales de millones de personas y generan aún más problemas a la ya muy golpeada economía nacional. Este es sin duda un punto urgente.

Otro asunto igual de crítico. Hace unos días, una emisora abrió un micrófono en una de las marchas y entrevistó a diez personas. Cada una tenía una petición distinta. ¿Quién garantiza que el Comité del Paro tiene hoy el control sobre todo el movimiento social? El fin de semana hubo una reunión virtual de este colectivo, que tenía como objetivo acordar una posición unificada para llevarle al Presidente. En determinado momento estaban conectadas 300 personas. “Cada día llegan más, hay una pluralidad creciente”, dice Luis Sandoval, estudioso del mundo sindical.

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Además, las diferencias internas entre los reclamantes son evidentes. Jennifer Pedraza, una de las representantes de los universitarios, ha sido tendencia en las redes sociales entre jóvenes petristas que le reprochan su cercanía con la Coalición de la Esperanza, en la cual está Sergio Fajardo.

Los dirigentes políticos, que dentro de un año exacto competirán en las presidenciales, saben que este terremoto tendrá réplicas en las elecciones de 2022. Pero Pedraza subraya que la gravedad de la situación exige apartar las diferencias partidistas y sumar fuerzas para empujar hacia adelante ese carro común llamado país.

“Si buscamos puntos en común, empezaremos a entendernos”, dice Durán Casas. “Este es un país muy fragmentado; si nos esforzamos colectivamente, podemos unirnos y el futuro será mejor que el pasado y este convulsionado presente”, concluye Melo.

ARMANDO NEIRA 
Editor de Política

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