La irrupción de la protesta social en la agenda política del país

La irrupción de la protesta social en la agenda política del país

Los enormes reclamos sociales y cacerolazos, son el mayor reto para el presidente Duque.

Concentración del paro en Popayán

El jueves pasado, miles de ciudadanos salieron a marchar en buena parte del país y confluyeron en una sola voz para expresar su inconformidad social. 

Foto:

Jáiver Nieto / ELTIEMPO

Por: Armando Neira
23 de noviembre 2019 , 11:16 p.m.

La inconformidad expresada por un amplio sector de la sociedad en el paro nacional del jueves y en los cacerolazos nocturnos se convierte en la más dura prueba para el presidente Iván Duque. De las decisiones que él tome depende no solo la posibilidad de pasar la página de esta coyuntura sino, incluso, su papel en la historia como mandatario. De esa magnitud es la situación.

Duque tomó nota de los mensajes en contra de su gestión y anunció su disposición para entablar una nueva forma de gobernar: “A partir de la próxima semana daré inicio a una conversación nacional que fortalezca la agenda vigente de política social”, dijo en la noche del viernes. Un mensaje que amplió ayer:

“Estaremos habilitando conversaciones sobre temas que son de sensibilidad del país: cómo avanzar en la lucha contra la corrupción, proteger el medio ambiente y cómo asegurar políticas sociales y económicas de crecimiento con equidad”.

(Lea también: Duque llama a 'conversación nacional' para impulsar reformas)

El primer cara a cara será este miércoles. Se trata de un primer paso para tender nuevos puentes de comunicación entre el mandatario y la sociedad. En amplios sectores existe la idea de que el Presidente no escucha el clamor general.

Él afirma lo contrario y muestra ahora estar dispuesto no solo a oír, sino a llegar a las “reformas” que el país requiere para superar las razones de las marchas que hicieron palpable semejante estado de desazón y descontento.

En un principio, el Comando Nacional Unitario, conformado por las centrales CUT, CTC, CGT y CPC, convocó un paro nacional para este jueves 21. A medida que se acercaba la hora cero, se sumaron varias organizaciones sindicales, sociales, estudiantiles, indígenas, ecológicas y ambientalistas. En su momento era difícil prever la magnitud de la jornada.

Julio Roberto Gómez, presidente de la CGT, se declaró sorprendido ante el resultado: “Fue una marcha majestuosa, una manifestación cívico-popular que las mismas centrales obreras nunca llegamos a imaginar que fueran a ser tan gigantescas las movilizaciones y expresiones populares”.

(Le recomendamos: Saqueos y violencia durante las protestas dejan 146 capturas)

Expresiones que fueron más allá de lo presupuestado por los convocantes. “El cacerolazo no tiene nada que ver con nosotros”, confesó Gómez. Esta revelación abrió otro escenarios. Marchas, protestas, bloqueos y hasta ataques a las infraestructura han tenido todos los gobiernos. Lo nuevo fueron los cacerolazos.

Detrás de esta simbólica forma de expresar rechazo no hay un partido político, un colectivo específico, sino que surgió de un sentimiento de enojo por el estado de las cosas. Se trata de una forma de protesta social que va más allá de los reclamos que llevaban en sus consignas los sindicatos. Son ciudadanos libres e indignados por múltiples razones, y así lo hicieron sentir.

(Lea también: ¿Qué hacer o a quién acudir si alguien intenta entrar en su casa?)

El cacerolazo empezó en la noche del jueves en los barrios recostados sobre los cerros del centro de la capital, cercanos a la Casa de Nariño. En cuestión de segundos, el sonido seco del golpeteo se extendió por toda la Sabana, y luego su eco llegó a otras ciudades. Muchos golpeaban sus tapas, ollas, cacerolas en las ventanas y balcones. Sin embargo, otros se lanzaron en romería a las calles.

Una romería nocturna

Allí iban personas mayores, mujeres en piyama, vecinos del barrio, abuelas con sus nietos, familias enteras, todos caminando de manera pacífica entre las calles. Otros se concentraron en los parques y cientos más, en las aceras de las avenidas. En un momento dado, buena parte de la avenida 68, una de las arterias que atraviesan la capital de sur a norte, tenía una línea de gente que protestaba en los andenes. Los carros que pasaban pitaban para sumar su sonido.

(Le recomendamos: Buscan 'cartel de los vándalos' y llegan 750 policías a Cali)

En los días previos al paro nacional, las autoridades gubernamentales se prepararon para enfrentar que las marchas pudieran terminar en la violencia de los vándalos. En el ambiente gravitaba una sensación de miedo por el temor a que el efecto dominó que tumbó al gobierno de Evo Morales en Bolivia, que echó para atrás las medidas económicas de Lenín Moreno, en Ecuador, y que llevó a Sebastián Piñera a aceptar un cambio de la Constitución, en Chile, tuviera un efecto de iguales proporciones en Colombia.

(Lea también: Así se vivió el toque de queda en la ciudad de Bogotá)

En estos tiempos, cuando los hechos vuelan a través de las redes sociales al instante, eso llevó a que los ciudadanos pasaran los días previos con una pregunta inquietante: ¿qué irá a pasar este jueves? Las imágenes del metro de Santiago envuelto en llamas y los muertos en las calles de Bolivia servían de argumento para la precaución. Y en efecto, hubo censurables actos de violencia en Bogotá, Facatativá y especialmente en Cali, donde el alcalde Maurice Armitage decretó el toque de queda, una medida nueva para la mayoría de los jóvenes. Un vandalismo que ha merecido el rechazo de todo el país.

Lo que nadie se imaginó fue el cacerolazo, que también se sintió con fuerza en los barrios de estrato alto. El robusto mensaje de insatisfacción general superó al del vandalismo. Y volvió a escucharse las noches siguientes. El grito de la protesta social se mantuvo pese al estruendo de los destrozos.

(Le podría interesar: Tras jornada violenta, Bogotá cerró el día con un toque de queda)

Pero ¿de dónde tanta irritación social? ¿Por qué ahora? En los últimos 30 años, a todos los presidentes en Colombia se les fue la vida tratando de resolver un sinfín de problemas, pero cada uno quedó marcado por un caso particular.

A Gaviria se le fugó Pablo Escobar, Samper pasó atrapado en el proceso 8.000, Pastrana fracasó con la paz con las Farc, a Uribe lo opacó la ‘parapolítica’, y Santos logró un acuerdo con las Farc al que un sector mayoritario del país le dijo que no.

Toque de queda en Bogotá

Así fue la militarización en Bogotá por el toque de queda.

Foto:

Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPO

Precisamente, Duque llegó al poder con la herencia de quienes se inclinaron por el ‘Sí’ y quienes optaron por el ‘No’ a la negociación de La Habana. De entrada, tenía un amplio sector de la población en contra. Desde el 7 de agosto de 2018, día de su posesión, sectores políticos contrarios le anunciaron una confrontación, en la calle, a su mandato. De hecho, ese día hubo movilizaciones en 80 municipios, incluyendo varias capitales y ciudades intermedias.

Desde entonces, el germen del enojo ha estado latente en el asfalto. En Bogotá, por ejemplo, solo este año ha habido 600 protestas de todo corte y de reivindicaciones disímiles.

El jueves, sin embargo, miles de ciudadanos confluyeron en una sola voz: el rechazo a la gestión del mandatario. En esta ocasión, además, fue de carácter nacional. “Se trató de una manifestación policlasista y sin una organización única”, dice Fabio Zambrano Pantoja, historiador del Instituto de Estudios Urbanos (IEU), de la Universidad Nacional de Colombia. “Fueron tan masivas y dicientes en el rechazo que era difícil que el Gobierno no las escuchara, no las entendiera y no las convirtiera en políticas públicas”.

Desde entonces, el germen del enojo ha estado latente en el asfalto.

¿Quién estará en la mesa?

Allí surge una dificultad enorme. ¿A quién va a escuchar Duque? ¿Con quién va a sentarse a hablar? “Ni la marcha ni el cacerolazo le pertenecen a nadie. Hay ciudadanos libres indignados por muy distintas razones”, escribió en su cuenta de Twitter Juanita Goebertus, representante a la Cámara por Bogotá. Pero, en estas circunstancias, ¿cuál es el líder o cuáles son los líderes que se sentarán a hablar con Duque y de qué?

Dependiendo de la capacidad de liderazgo para aterrizar las inquietudes y lograr que en la mesa se sienten interlocutores que representen a tanto inconforme, habrá avances concretos.

La expectativa es enorme, en especial entre los muchachos, que son el sector con el que Duque ha tenido mayores dificultades para sintonizarse. Una paradoja, porque se trata de uno de los presidentes más jóvenes de la historia.

Por lo visto en las marchas, está claro que será un desafío conectarse con las lógicas de los 'centennials' y 'millennials'. Para Jennifer Pedraza, de 23 años, una de las líderes del movimiento estudiantil, lo que Duque debe hacer es llevar más recursos a la educación.

El Presidente, por su parte, ha dicho que ha hecho esfuerzos como ningún otro gobierno y que no hay más: “¡Plata sí hay, solo falta la voluntad política de Duque!”, replica ella.

Nosotros ganamos las elecciones, la gente votó por nuestras propuestas; eso es lo que debe hacer el Presidente

Aquí está el quid del asunto. No se trata solo de voluntad, sino de mirar de dónde se va a sacar el billete para tantos y variados reclamos. Un caso concreto: la reforma del sistema pensional, por ejemplo, que tras estas marchas parece engavetada, al menos por este año, es una bomba a punto de explotar porque no existe la cantidad de dinero suficiente para cubrir a quienes gozan o aspiran a este beneficio.

Duque tiene además otro frente que dificulta su margen de maniobra para poder salir satisfactoriamente de esta situación. Y es la rebeldía que cada vez se hace más visible en el Centro Democrático, su partido político, con el que ganó la presidencia.

“Nosotros ganamos las elecciones, la gente votó por nuestras propuestas; eso es lo que debe hacer el Presidente”, dijo un congresista de esta colectividad que prefirió mantener su nombre en reserva.

Así arranca esta semana, con una “conversación nacional” que marcará la nueva agenda de Duque y, claro, la del país.

ARMANDO NEIRA
Editor político de EL TIEMPO

Descarga la app El Tiempo

Con ella puedes escoger los temas de tu interés y recibir notificaciones de las últimas noticias.

Conócela acá
Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.