Los retos que le esperan a Iván Duque

Los retos que le esperan a Iván Duque

Al cumplir dos años de proyecto político, ¿logrará el Presidente responder al paradigma poscovid-19?

Iván Duque Márquez

La aparición de la pandemia y su impacto en la economía obligó al Presidente a centrarse en la salud, la pedagogía y la solidaridad con los más vulnerables.

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Presidencia. EFE

Por: María Fernanda González E.
07 de agosto 2020 , 10:10 p. m.

El presidente Iván Duque Márquez cumplió ayer dos años de gobierno, en medio de una crisis sanitaria y económica mundial sin precedentes en este siglo.

La fuerte polarización del país se vislumbra en las críticas de la oposición a su programa de gobierno: “farsa”, “flojo” y “sin convicción” son solo algunos de los calificativos. Por su parte, las acciones del Gobierno para mejorar la imagen y la comunicación presidencial demuestran su interés en cambiar la situación y lograr una conexión entre el Presidente y los colombianos.

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¿Cuál ha sido la transición del santismo al duquismo? ¿Existe una verdadera ruptura de país que permite afirmar un cambio de rumbo?

Un estudio de sus discursos, de más de un millón de palabras, desde su pluma en los medios, candidato presidencial y Presidente nos permite constatar una evolución de sus postulados y una continuidad con históricos e importantes proyectos de país.

El análisis muestra que, si bien la seguridad es la columna vertebral de su programa, la continuidad de los proyectos de la administración Santos se ha mantenido. Pero los ejes del duquismo reflejan también una nueva era, en especial con los proyectos tecnológicos. La coyuntura lo ha llevado a centrarse en temas de gran convulsión internacional, como las protestas sociales y responder rápidamente a la pandemia del covid-19.

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El país y el mundo conocieron los esfuerzos titánicos de la administración Santos para lograr el acuerdo y la firma de la paz con las Farc en 2016. La evolución del lenguaje santista muestra que el ministro de Defensa y candidato en 2010, arduo defensor del uribismo, transformó sus postulados y les dio prioridad a los beneficios de una paz negociada.

El proyecto de país introdujo el desarme, la desmovilización y no repetición, la imperiosa construcción del posconflicto y la reconciliación. La esencia del santismo se caracterizó por la búsqueda de la excelencia desde la educación hasta la infraestructura, la impronta de la tolerancia para lograr la reconciliación, una Colombia abierta al escenario internacional y la tarea de posicionarla en el mundo.

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La coyuntura lo ha llevado a centrarse en temas de gran convulsión internacional, como las protestas sociales y responder rápidamente a la pandemia del covid-19

Un discurso propositivo

Con la llegada de Iván Duque a la presidencia, los ejes centrales propios del Centro Democrático, como la crítica sobre la conducción del proceso de paz, la calificación insistente del gobierno Santos como “nefasto”, “improvisado” y “torpe”, dejaron de ser preponderantes.

Una vez en la Casa de Nariño, el discurso de ruptura se transformó en un discurso propositivo, de presentación de su hoja de ruta y la invitación a la unidad de todos los colombianos. Atrás quedó el posconflicto y el proyecto de país se concentró en los valores de una paz con legalidad, lucha por la equidad y el emprendimiento.
Sus discursos dan cuenta de una continuidad en muchos de los programas de su antecesor.

En sus encuentros con excombatientes de las Farc, en los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR), a los ocho meses de mandato, afirmaba en el Cesar: “Me complació ir a donde están las granjas, me complació ver las codornices, me complació entrar al taller de confección, ver el empeño que les están poniendo muchos de ustedes a sus iniciativas. Me hizo muy feliz haber comprado las botas aquí en esta tierra (…) Una iniciativa productiva y que ojalá todos nos podamos poner estas botas y sentir, claramente, que hay esperanza en esa decisión valiente que han tomado muchos de ustedes en el camino de la reconciliación”.

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Así mismo, les reiteraba a los reinsertados: “Esta es una conversación que debemos tenerla, franca, de persona a persona (…) Mi discusión no es partidista, no estoy en antagonismos con ningún partido político (…) Yo lo que vengo es a hablarles a ustedes como Presidente de la República y como su Presidente, preocupado por su bienestar”.
Y no dudó en afirmar: “Todas las personas, absolutamente todas, las que están en el proceso de reincorporación, pueden tener la absoluta tranquilidad de que nosotros queremos hacer el mayor esfuerzo por el éxito de ustedes, para que puedan hacer esa transición exitosa a esas fuentes de ingresos, fuentes de trabajo”.

Teniendo en cuenta que la construcción de la paz pasa también por los proyectos de infraestructura o de apoyo a la educación de los más vulnerables, el análisis textual destaca que el Gobierno ha mantenido continuidad en las principales políticas de Estado. El lema de Duque ha sido: “concluir, concluir, concluir”.

La entrega prevista para septiembre del túnel de La Línea, la consolidación de un 70 por ciento de proyectos 4G, la entrega de la primera vía de cuarta generación Girardot-Honda-Puerto Salgar y la segunda unidad funcional de Accesos Norte son solo algunos resultados. En el marco de la educación superior, el desafío contempla finalizar el 2020 con el financiamiento al acceso gratuito a la educación superior de 180.000 jóvenes, de una meta para el 2022 fijada en 334.000 jóvenes.

A los grandes retos de la consolidación de la paz se instaló una nueva agenda. El apoyo decidido a las industrias creativas para generar una transformación cultural y educativa en el país. La agenda del nuevo mandatario ha incluido su historia personal: mayor fuerza a la cultura a través de la economía naranja, ampliar los proyectos en tecnología, abrirles camino a la inteligencia artificial y a los ejes de la cuarta revolución industrial.

Hay temas pendientes no preponderantes en el discurso y que son una prioridad: la viabilidad de una política de fumigación, el 'fracking' y una sólida política de protección de los derechos humanos

Bajo el ideal de garantizar un potencial crecimiento económico mayor al 4 por ciento, se crearon múltiples programas para brindar apoyo a los campesinos en la venta de sus productos a nivel nacional y en los mercados internacionales.

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Así mismo, se han desarrollado los Pactos por Colombia para mejorar la creación de empleo, eliminar la pobreza extrema, generar transparencia en la gerencia de instituciones públicas y avanzar con la actualización catastral de la tierra, para que esté al 60 por ciento en el 2022.

Si el 2018 estuvo marcado por la crisis migratoria venezolana y el trabajo del gobierno para responder a los desafíos en el impacto fiscal y social del país, en el 2019 su agenda tuvo que adaptarse a las nuevas realidades. El mundo conoció las fuertes movilizaciones de las víctimas de la globalización.

A los chalecos amarillos en Francia o los fuertes disturbios en Chile se sumaron las protestas en Colombia. Se destaca en el discurso presidencial la defensa de la democracia, el llamado a construir con los jóvenes y la sociedad un gran diálogo nacional y regional.

Los retos, no de poca monta, dejaron en el tapete el llamado a realizar una protesta pacífica e invitar a la sociedad a delinear temas de la carta de navegación del Gobierno.

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En ese marco, y siguiendo los desafíos de una agenda de desarrollo, se ahondó en la firma del Pacto de Leticia para enfrentar la deforestación de la Amazonia, con la siembra de 180 millones de árboles al 2022 y el Pacto de Escazú para mejorar el acceso a la información medioambiental, o las bases de una política pública de Economía Circular. Los lemas del duquismo son: reciclar, reutilizar y reconvertir.

El país de grandes retos contrasta con una Colombia de un millón de personas aún sin luz eléctrica. La transición energética está presente en las acciones de gobierno con los primeros cien mil colombianos a quienes el Estado les llevó luz eléctrica en Córdoba y Vaupés, a través de paneles solares.

Desafíos de la pandemia

La aparición de la pandemia obligó al Presidente a centrarse prioritariamente en el eje de la salud, la pedagogía y el apoyo a los más vulnerables. Programas como la renta básica, un subsidio para los más vulnerables, la entrega de mercados y productos de primera necesidad con el apoyo del sector privado son tan solo algunas de las medidas.

Ante la grave crisis económica, y como lo constata el economista Mauricio Reina, frente a un aumento de desempleo al 16 por ciento, el incremento de más de tres millones de pobres, así como del deterioro de la calidad de vida, surgen interrogantes sobre el futuro y la sostenibilidad del proyecto bandera del duquismo.

Uno de los principales sectores afectados por la crisis ha sido el de la cultura. Ya se sienten las dificultades en las ciudades creativas, el turismo, los festivales y la gastronomía, sectores en el corazón de la economía naranja.

Por ejemplo, la principal cadena hotelera del mundo, Oyo, citada en el discurso presidencial, presenta pérdidas gigantescas y difíciles expectativas en sus principales mercados como India y China.

En su reciente libro 'Cambiemos de vía: las lecciones del coronavirus', el reconocido filósofo francés Edgar Morin afirma que la emergencia sanitaria provocó una crisis política de civilización y de la conciencia de los problemas vitales de la humanidad. Para Morin, es imperativo reflexionar, encontrar una nueva vía y construir un “humanismo regenerado”, a partir de un renacimiento de la política, la protección del medio ambiente y la humanización de la sociedad.

En ese marco hay temas pendientes que no son preponderantes en el discurso y que, sin embargo, son una prioridad: la viabilidad de una política de fumigación, la utilización del 'fracking' y sus secuelas para la biodiversidad y la necesidad de apuntar a una sólida política de protección de los derechos humanos, especialmente con los líderes sociales.

¿Logrará el presidente Duque construir ese nuevo paradigma y así alcanzar una verdadera reconciliación de los colombianos? Ese es el gran reto para el 2022.

MARÍA FERNANDA GONZÁLEZ E.*
Especial para EL TIEMPO* Ph. D. en Ciencia Política. Universidad de la Sorbona (París)

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