Historia detrás de la renuncia de Pacho Santos a embajada de EE. UU.

Historia detrás de la renuncia de Pacho Santos a embajada de EE. UU.

¿Cuáles fueron las razones qué llevaron al embajador a presentar de manera sorpresiva su renuncia?

Pacho Santos

Francisco Santos, exembajador de Colombia en Estados Unidos.

Foto:

EFE

Por: Política y Sergio Gómez Maseri
18 de enero 2020 , 10:52 p.m.

A comienzos de la semana que pasó, Francisco Santos se mostraba optimista. En su agenda estaba el viaje a Colombia para ayudar a servir de anfitrión a la figura diplomática más importante del mundo, el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, reunión prevista para este lunes.

Para eso no solo tenía la maleta lista, sino los tiquetes comprados. Un par de días después, recibió una llamada de Bogotá en la que le informaron que no era conveniente que viniera. ¿Por qué? ¿Quién lo llamó? Las respuestas a estos interrogantes aún no están claros. Lo cierto es que Santos, a quienes coloquialmente todos llaman Pacho, entendió el mensaje y renunció.

Según fuentes consultadas en Washington y Bogotá, el puesto de Santos era insostenible desde que, a finales del año pasado, se filtraron sus afirmaciones en contra el departamento de Estado:

“Aquí el Departamento de Estado, que era importantísimo, está destruido. No existe. No existe”, señaló en una conversación con la hoy canciller Claudia Blum.

“Mire, en la administración pasada (la de Barack Obama), yo iba al Departamento de Estado una vez por semana. Aquí llevo ocho meses y no me importa ir, porque no cuenta. Eso no quiere decir que Pompeo no tenga peso, pero el resto, nada. Esto está dividido por secretario, subsecretario… De ahí pa’ abajo parece una ONG”.

En su conversación, Santos, además, dejó muy mal parados a funcionarios claves del gobierno de Iván Duque.

Para varias fuentes consultadas por EL TIEMPO, el episodio dejó malherido a Pacho. Aunque él siguió en su cargo, tuvo que enfrentar situaciones inéditas.
Fuentes en Washington le contaron a este diario que a Duque y su entorno le venían pasando información sobre las supuestas dificultades que tenía Santos para que le dieran audiencia en el Departamento de Estado como consecuencia de sus comentarios. Algo que Santos niega tajantemente.

Iván Duque y Pacho Santos

El presidente Iván Duque y el embajador en Estados Unidos, Francisco Santos.

Foto:

Presidencia

De cualquier manera, era el colofón a una gestión que casi desde el comienzo generó polémicas y provocó inquietud en el círculo cercano a Duque en Bogotá.
A los pocos días de su posesión en su cargo, por ejemplo, Santos desató una controversia al indicar, durante su primer foro público, que “todas las opciones” estaban sobre la mesa, incluida la militar, para enfrentar la situación de Venezuela.

Esa idea –que era la que manejaban los funcionarios de la administración de Donald Trump– no cayó bien en varios sectores en Colombia.

Santos volvió a incomodar al Gobierno cuando se filtraron unas declaraciones privadas que dio durante un encuentro con periodistas en el que dijo, según un medio brasileño, que Colombia y Brasil sí estaban considerando la vía militar.

Cuando corrió el rumor de la posibilidad de que Colombia fuera descertificada, tuvo un impacto en la agenda del embajador como responsable de las relaciones con Washington.

Pienso que ha llegado el momento para mí, el momento de recuperar la posibilidad de opinar con libertad

Por si fuera poco, hubo otro episodio que terminó de agrietar la relación con su jefe, el canciller Trujillo, quien antes había sido su rival cuando se disputaron la nominación del Centro Democrático (CD) para las presidenciales del 2014.

Fue el nombramiento de Mariana Pacheco como ministra plenipotenciaria en la embajada. Ella, que había tenido este mismo cargo durante la embajada de Carolina Barco, fue enviada como un “refuerzo” dada su experiencia anterior en esta capital.

Sin embargo, Santos no lo sintió de esa manera pues ni siquiera se le consultó su opinión, un hecho raro por que la selección de ese cargo, por lo general, se le concede al embajador de turno, ya que un ministro plenipotenciario es su mano derecha.

Santos, de hecho, había sugerido a otras dos personas, pero no fueron tenidas en cuenta. Algunos interpretaron que ella había sido impuesta por Trujillo para mantener un control sobre Santos.

Cuando salió a la luz la charla entre Santos y Blum, Duque, según varias fuentes, le pidió que viniera a Bogotá, pero no le exigió la renuncia. El embajador tampoco se la ofreció.

En un desayuno con periodistas unos días antes de Navidad, Santos dio a entender que ese escándalo por la charla en la que acabó al Departamento de Estado estaba superado.

No era así. Santos renunció horas antes de la visita del jefe de esta oficina, Mike Pompeo, quien viene a ver a Duque en una cita clave.

En los círculos políticos se dice que la conversación de Santos siempre fue imperdonable y que su salida era inevitable. “Pienso que ha llegado el momento para mí, el momento de recuperar la posibilidad de opinar con libertad”, escribió en su carta de renuncia.

POLÍTICA Y SERGIO GÓMEZ MASERI

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