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¿En EE.UU. se cocina algo con Venezuela? Entrevista a Francisco Santos
Francisco Santos

Santos dice que deja un Estados Unidos muy polarizado, donde abundan las confrontaciones violentas.

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Lenin Nolly. EFE

¿En EE.UU. se cocina algo con Venezuela? Entrevista a Francisco Santos

Cara a cara con María Isabel Rueda. Saliente embajador de Colombia en EE. UU. habla de su renuncia.

El embajador Francisco Santos habla de lo que deja construido en el vínculo con EE. UU. No descarta que su primo Juan Manuel haya metido la mano por ahí, pero dice que lo importante no son las personas, sino los países. Asegura que las relaciones bipartidistas con EE. UU. son tan sólidas como lo han sido en los últimos años.

¿Cuántas veces ha renunciado usted desde que se posesionó?

(Sonríe) Pues esta es la segunda…

Pueden ser más…

La tercera es la vencida (ríe).

(Puede leer: 'Reconquistar Washington': retos de Pinzón como embajador en EE. UU.)

¿Cómo se aguantó tanto tiempo que a cada rato le estuvieran nombrando sucesores? El penúltimo, el expresidente Pastrana. El último, Juan Carlos Pinzón. ¿No lo torturaba tanto rumor de cambio?

Había mucha gente en Colombia queriendo hacer daño con eso.

¿Hacerle daño a quién?

Al Presidente, a mí, personalmente, utilizando amigos de la radio para mandar ese mensaje. Pero yo no les paré bolas porque hacía mi trabajo. Mi jefe es el presidente Duque. A mí me resbaló, yo ya tengo callo, después de estar metido ocho años en la Vicepresidencia.

Sí me duele por el país, que en estos momentos necesita una mirada generosa, que deje esa mezquindad tan dañina. Hice mi tarea y me concentré en ella, yo no trabajo ni para una emisora de radio. Trabajo para el Presidente. (También puede leer: ¿La vicepresidencia en Colombia es un cargo desperdiciado?)

Pasaron muchas cosas que fueron agriando el cargo. La famosa conversación con la canciller Claudia Blum, que en privado aguantaba muchas cosas, pero al hacerse pública, no. ¿Finalmente supo quién lo grabó?

No sé si fue un trabajo de adentro o de afuera…

¿De adentro de la embajada?

Sí.

O de afuera, del Gobierno de EE. UU.…

O de algunos otros gobiernos, porque Washington es un hervidero de espías y de comunicaciones interceptadas. Lo más grave es que en la capital política del mundo se grabe una conversación de esas. Fue un caso de espionaje clásico, y esa será una de mis grandes frustraciones, pero estoy seguro de que algún día se va a saber.

Luego vino el señalamiento de hacer campaña para Trump. Imagino que usted, como embajador, lo mínimo que podía hacer era mantenerse neutral. ¿Pero usted sí reconoció que fue dañina la intervención de algunos parlamentarios colombianos, que se metieron de frente a apoyar a Trump?

Eso es totalmente así. Cuando uno entiende la política americana, sabe que lo que más se valora de Colombia en Estados Unidos es que la relación es bipartidista, y eso no se puede tocar.

El día en que Colombia convierta sus relaciones en un tema partidista, estamos muertos, a pesar de que en Estados Unidos la polarización que hay hace este trabajo más difícil.

(En contexto: ‘Intervención de congresistas del CD en EE. UU. sí hizo daño’)

El presidente Iván Duque y el embajador en Estados Unidos, Francisco Santos.

Foto:

Presidencia

¿Pero entonces de dónde salió la versión de que usted le estaba haciendo campaña a Trump?

Para dañar esas relaciones no faltó gente que quería hacerme daño personal, y daño institucional al gobierno del presidente Duque.

¿Quién está detrás de esa intención?

Creo que el expresidente Santos, entre otros, que le dio esas quejas al secretario Blinken, y lo dijo públicamente. Si él tenía alguna evidencia de que yo estaba haciendo algo mal, de que se estaba haciendo daño a las relaciones bipartidistas, la responsabilidad de él era hablar con el presidente Duque, en lugar de salir corriendo a donde el secretario Blinken a contarle. Una actitud apátrida, motivada por un tema personal, algo demasiado pequeño frente a los intereses de un país.

¿Sigue pensando que el Departamento de Estado está tan descuadernado, como era lo que precisamente decía en la conversación que le grabaron?

Hoy en día no. En ese momento pasaba por una crisis muy grande, y no lo dije solo yo. Lo dijo a la semana siguiente en un debate el Congreso de los Estados Unidos. El Departamento de Estado había perdido preponderancia, que hoy recuperó, y me parece un instrumento crítico de las relaciones entre un país y otro.

¿Entonces, no hay de qué preocuparse sobre las relaciones con el nuevo gobierno demócrata?

Pues, mire, le doy ejemplos: la llamada del secretario de Estado Blinken con el presidente Duque; la llamada del consejero de Seguridad Nacional, Jake Sullivan, con la jefe del gabinete, María Paula Correa; la visita de la canciller Ramírez, que fue fantástica, y la verdad me voy tranquilo porque veo que en la Cancillería hay…

¿Canciller? (Risas)

…una persona que llega muy bien en Estados Unidos, como es Marta Lucía. A la pobre canciller Blum le llegó el covid y no pudo viajar.

Pero ni antes del covid ni después…

A ella le tocaron unas circunstancias muy difíciles, cuando la diplomacia era por Zoom. Pero no solo la visita de la Canciller, que se armó en cuatro días, sino las ayudas confirmadas por el gobierno Biden a Colombia muestran que las relaciones son buenas.

(Le sugerimos: 'Colombia está abierta al escrutinio internacional': Marta Lucía Ramírez)

¿Cuáles son los problemas más urgentes a remediar que esperan a su sucesor?

No, creo que no hay que remediar nada, porque las relaciones están en un buen momento. Es mantenerlas así. Y eso se ha vuelto cada vez más difícil por el mismo clima político que hay en Estados Unidos. Entonces, entender que la relación tiene que ser bipartidista, uno. Dos, no dejar bajar el perfil de la crisis de Venezuela.

Uno de mis logros es que logramos subir el perfil de Venezuela a las primeras dos o tres prioridades de la administración americana. Hemos llevado a más de cincuenta congresistas a la frontera, para que vean el drama humanitario. Es importante mantener ese tipo de visitas; ahora viene otro grupo en julio.

(Le recomendamos leer: Entrevista de María Isabel Rueda a Carlos Ordosgoitia, presidente de Asocapitales)

Le hago la misma pregunta que le hice a la Canciller: ¿no estamos quedándonos en lo de Venezuela un poco solos? Estados Unidos está cogiendo su camino, que podría derivar en un diálogo directo; la Unión Europea lo mismo, como Juan Guaidó… Y nosotros seguimos callados…

Trabajamos de manera muy coordinada con el gobierno venezolano, con Guaidó; con Carlos Vecchio, su embajador; con toda la institucionalidad venezolana, y estamos muy apoyados por EE. UU. Eso se habló con el secretario de Estado, Antony Blinken, y con Juan González, encargado de la seguridad para el hemisferio occidental. Yo creo que ahí hay una esperanza de que este diálogo se dé y tenga resultados, y estaremos metidos en la mitad. Mi prioridad es que los temas con Venezuela pasen por Colombia. Que Colombia esté metida en todo.

¿Pero me puede anticipar si será un intento de negociación con Maduro?

No todo lo que se está haciendo se puede decir de manera pública, pero créamelo: en lo que está pasando ahoritica no solo estamos muy metidos; está informado el Presidente, está informada la Canciller; hemos trabajado con muchos países para que entiendan lo que la presencia rusa en Venezuela implica. Entonces, ha habido un trabajo diplomático calladito y silencioso, y estamos metidos en la mitad de este proceso. Y tiene que ser así, porque Venezuela es un problema existencial para la democracia colombiana. Si no se resuelve, no solo la nuestra estará en peligro permanentemente, sino la democracia del resto del continente.

Nicolás Maduro, presidente de Venezuela.

Foto:

EFE/Prensa Miraflores

De oírlo, intuyo que ustedes sí tienen cocinando por ahí con Venezuela algo que nosotros no conocemos…

Esta vez el camino es distinto. No queremos generar expectativas frente a lo que puede pasar. Por eso trabajamos de manera muy callada con todos estos países para que este proceso sí logre un buen resultado. Venezuela era un problema local que pasó a ser regional, después se volvió continental y ahora es un problema geoestratégico mundial donde todos juegan.

¿Será por culpa nuestra?

En parte, sí. El presidente Santos le dio mucho oxígeno a la dictadura de Maduro por cuenta del proceso de paz. En parte, también fue culpa de la propia América Latina, que durante muchos años no entendió el riesgo que era el presidente Chávez y cómo estaba acabando con la democracia.

(Lea también: Columna de María Isabel Rueda: Denigrar de Duque).

El único presidente que estuvo muy firme ahí fue el presidente Uribe. Inclusive, en un momento dado, el presidente Trump nos dijo: ¿si vamos a resolver esto, qué país nos acompaña? Y de pronto descubrimos que Colombia sí estaba muy sola. Por eso digo que América Latina tiene una responsabilidad grande también en la crisis de Venezuela, porque vio cómo se desmoronaba la democracia y jamás dijo nada, con excepción, repito, del presidente Uribe.

En sus tres años de embajador, ¿cuál fue su experiencia más dolorosa?

Ver cómo Estados Unidos había cambiado como país.

¿Pero entre un gobierno y otro?

No, dentro. El Estados Unidos donde a mí me tocó trabajar entre el 2002 y 2010, al cual vine mucho como vicepresidente, es muy diferente al país que me tocó ver entre el 2008 y hoy. Mucho más polarizado, un país donde el diálogo se perdió, donde se dan confrontaciones de una virulencia que yo jamás había visto, como la que estalló con la toma del Congreso.

Por cierto, ¿cómo reaccionó diplomáticamente Colombia cuando todo eso estaba ocurriendo?

Cuando yo vi eso, inmediatamente llamé a Palacio, inclusive hubo gente que me dijo ‘no, no nos metamos’; ¿cómo que no nos metemos? Creo que fue el presidente Duque uno de los primeros mandatarios del mundo en condenar lo que estaba pasando, un horror; de inmediato nos solidarizamos con el Congreso de los Estados Unidos, con su democracia, porque lo que pasó ese día fue muy muy grave.

En Estados Unidos les parece que lo de allá es intolerable, y lo es, pero parecería que lo de aquí, con toda la destrucción de lo público y los bloqueos, no tanto... ¿O me equivoco?

Tengo que serle sincero: sí, a veces hay un doble rasero frente a los mismos temas, y eso es preocupante. Finalmente, la amenaza es contra la democracia. Hay una crisis en la democracia del mundo. Más que nunca debemos entender la importancia de la fortaleza de las instituciones, el respeto que merecen. Ver eso que pasó en el capitolio de los EE. UU. me dolió en el corazón y en el alma.

Pero mire que la conclusión del secretario Blinken fue la de que en Colombia hay que dejar que haya protesta pacífica. ¿Quién ha dicho que aquí no dejamos que haya protesta pacífica?

A veces lo importante no es lo que dicen, sino lo que no dicen. En la diplomacia, eso también es importante. Yo creo que eso muestra lo que el presidente Duque y la misma canciller le dijeron a Blinken: que el 90 por ciento de las protestas fueron pacíficas. Una minoría es la que genera la reacción violenta.

¿Se pueden mejorar las relaciones comerciales con EE. UU., ahora que tenemos por delante la reactivación de la economía?

El covid mostró la debilidad de las cadenas de suministro, y muchas empresas quieren aterrizar en América Latina, porque la globalización, que era más este-oeste, ahora se está volviendo más norte-sur. Colombia tiene que aprovechar ese momento. Hay muchos inversionistas interesados, sobre todo en el sector agroindustrial.

(Además: María Isabel Rueda entrevista a Entrevista con la diputada española Cayetana Álvarez de Toledo).

Colombia es la última reserva agrícola posible que hay en América Latina, no hay más tierra. Brasil ya la usó toda. Tendría que tumbar selva. Argentina la está usando toda, O sea, ya no hay más. Colombia puede convertirse en un gran exportador de alimentos, y de productos maderables.

Pero sin destruir selva amazónica…

No toca tumbar un palo de selva. Ese es el gran futuro. Mire, estuve en Georgia; allá hay 800 billones de dólares listos para reforestación, para hacer proyectos forestales, lo que no hay es tierra. Estoy consiguiendo que varios de estos fondos entren a Colombia. Si arreglamos el problema de titulación de tierras, Colombia puede tener 10 o 15 millones de hectáreas en reforestación. ¿Y sabe cuánto le deja eso en exportaciones al país? Más que el petróleo y el carbón juntos. Imagínese si logramos cambiar nuestra economía de esa manera. Hay muchas empresas interesadas en sembrar aguacate en Colombia, arándano en la sabana, y en el altiplano cundiboyacense, eso sería más grande que las flores. O sea, se nos presentó la gran oportunidad de cambiar la economía y nuestra canasta de exportación. Me da tristeza no poder concluir esa tarea.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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