Escapar de las viejas ideas

Escapar de las viejas ideas

La necesidad de reinventar, cambiar o adaptar es una idea inevitable de cara al mundo poscovid-19.

Bioseguridad

Tras la pandemia, el debate científico sería protagonista sobre el debate político, según Hoyos.

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Milton Díaz. EL TIEMPO

Por: Federico Hoyos
18 de mayo 2020 , 07:39 a.m.

Un editorial del periódico ‘Financial Times’ declaró que las reformas e iniciativas sociales que hace algún tiempo parecían excéntricas hoy ya no lo son y que su discusión y análisis se hacen necesarios en el actual momento.

Asuntos que lentamente adquirían importancia día a día, como la masificación del teletrabajo, la educación digital y el fin del dinero en efectivo, se aceleraron de manera abrupta con el arribo del coronavirus, y esto es solo el inicio.

Enumerar los sectores y las reformas necesarias sería un ejercicio interminable y agotador, por lo tanto quisiera proponer un cambio fundamental sin el cual todos los demás son inviables: el cambio en la mentalidad.

El libro ‘Utopía para realistas’ (2017), del pensador holandés Rutger Bregman, tiene una cita de John Maynard Keynes que resume bien la idea del cambio mental que se requiere en este momento: “La dificultad no estriba en las ideas nuevas, sino en escapar de las viejas”.

Esta frase contiene algo de razón si se revisa a la luz de las situaciones actuales. Las plataformas para realizar llamadas digitales existen desde hace más de una década, el acceso a clases y conferencias de los más prominentes académicos y líderes globales están a un clic de distancia en YouTube. De igual manera ocurre con los mecanismos para vender y comprar en línea.

En efecto, el mundo se había aplanado, como dijo Thomas Friedman (2005). Aunque esta frase se había vuelto de uso cotidiano, no habíamos dimensionado la magnitud del cambio y las herramientas que teníamos a la mano para transformarnos como sociedad. Ahora lo estamos comprendiendo de una mejor manera, porque estamos siendo forzados a vivir diferente.

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¿Qué sería de las cuarentenas alrededor del mundo si no tuviéramos internet? ¿Cómo sería el paso de las horas sin plataformas de música y video que las amenizaran? ¿Qué sería de la relación con nuestros seres queridos sin las videollamadas? ¿Cómo se podrían implementar políticas sociales en tan poco tiempo sin tener los datos adecuados?

Federico Hoyos

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Del neoliberalismo a la neogobernanza sanitaria

La rueda de prensa diaria del gobernador del estado de Nueva York, Andrew Cuomo, es seguida masivamente. Su estilo directo y sin ambigüedades impuso una pauta comunicativa en tiempos de crisis. Otro caso llamativo es el de la canciller alemana Angela Merkel, quien sorprendió con su explicación científica y minuciosa sobre la situación del covid-19, lo que le valió titulares en diferentes medios del mundo.

Por otro lado, la serenidad y cercanía del primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, dando mensajes breves pero sumamente humanos, también le dieron la vuelta al mundo. A nivel local, el programa de las 6 de la tarde del presidente Duque junto con sus ministros constituye un ejercicio de rendición de cuentas que será recordado.

El mundo poscovid-19 será menos abierto, próspero y libre


Los ciudadanos dejamos de escuchar exclusivamente a nuestros líderes nacionales para poner los ojos sobre lo que también dijeron otros mandatarios. La visión política de los ciudadanos del mundo se expandió más allá de sus fronteras nacionales.

En un artículo de la revista ‘Foreign Policy’ titulado ‘Cómo el coronavirus cambiará el mundo para siempre’, 12 pensadores de diferentes nacionalidades opinaron al respecto para concluir que el mundo poscovid-19 será menos abierto, próspero y libre.

En otras palabras, el comercio entre los países se reducirá, las cadenas de abastecimiento serán más cortas, menos dependientes de China, y se volverá al comercio regional.

No obstante, la gobernanza de salud global será más fuerte y rigurosa. ¿Sobrevivirá el sistema político liberal como lo conocemos una vez llegue una cura? El historiador israelí Yuval Noah Harari ha insistido en los riesgos de la tecnología mal empleada para limitar libertades ciudadanas y debilitar el modelo político liberal.

Explica que si bien desde hace años los gigantes tecnológicos capturan datos y hacen seguimiento de las actividades de las personas, el riesgo actual radica en que, argumentando controlar nuevos brotes, algunos líderes buscarán mayor control social que garantice su estancia en el poder.

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Dice Harari, en su texto ‘El mundo después del coronavirus’, que tanto la pandemia como los efectos económicos que han derivado de esta son problemas globales y, como tal, solo pueden tener soluciones globales. La participación y cooperación de los países en ciertos organismos multilaterales adquirirán nueva importancia. Es probable que los nuevos representantes de los países dejen de ser los tradicionales diplomáticos y políticos que históricamente los han representado ante estas instancias, para dar paso a médicos y científicos que podrán ser nuevos actores de la discusión global.

Esto se empieza a percibir en la actualidad con el liderazgo del doctor Anthony Fauci al frente de la lucha contra la pandemia en Estados Unidos. La voz y figura de Fauci supera en importancia y credibilidad a diferentes voces del establecimiento político norteamericano. ¿Una señal de lo que viene?

Nuevas instituciones para la nueva normalidad

¿Cambiarán la prioridad de recursos, el formato y los temas en la agenda de algunas entidades multilaterales cuya importancia se ha desvanecido en la pandemia? ¿Transitaremos de los debates políticos a los debates científicos?

Después de todo, el otro gran asunto de la humanidad es el cambio climático, que aunque ha desaparecido de los titulares recientemente, su amenaza se mantiene vigente. Una vez baje la marea del covid-19, se verá con mayor claridad la amenaza que este supone para la humanidad.

Pero no solo sufrirán cambios las instituciones multilaterales. Es posible que grandes empresas busquen nuevos enfoques orientados a la salud. La llegada de la cuarta revolución industrial nos condujo a pensar en un futuro sin límites.

Calico es la empresa de biotecnología de Google. Su objetivo es la búsqueda de la inmortalidad. Hyperloop One es un proyecto que nació del emprendedor Elon Musk en asocio con el fondo global de inversiones Virgin y cuyo objetivo es crear un sistema de transporte a velocidades superiores a 600 millas por hora. Se especula que en la Expo de Dubái, reprogramada para el 2021, se presentaría un piloto que reduciría el trayecto entre Dubái y Abu Dabi de 90 minutos a tan solo 12.

La misión de Virgin Galactic, también del Grupo Virgin, es el turismo galáctico. Como estas existen cientos de empresas cuyos objetivos ambiciosos realmente estaban configurando el futuro de tecnología que habíamos conocido en las películas y en la literatura de ciencia ficción.

Quizás ha llegado el momento de hablar de un cambio de mentalidad, de cultura, y del mundo que debemos construir y del cual no hemos hablado por décadas

¿En el mundo poscovid-19 estas empresas mantendrán su vigencia e importancia? ¿O, por el contrario, los capitales que han financiado estas iniciativas se desviarán hacia propósitos que quizás sean menos espectaculares, pero más útiles para la humanidad como laboratorios que investiguen enfermedades contagiosas?

No es que las misiones de las empresas futuristas y las de los laboratorios científicos sean contradictorias. Simplemente es posible que la tecnología y el talento de las personas que componen estas organizaciones puedan ponerse al servicio de la humanidad de forma inmediata, aplazando temporalmente sus planes de grandeza.

En el reciente apogeo de la cuarta revolución industrial, intelectuales como Vivek Wadhwa y Alex Salkever sentenciaban por la velocidad del progreso que “el futuro distante ya no es distante”. Quizás, este futuro de carros voladores, hiperconexión global y abundancia ahora sea distante de nuevo. El nuevo futuro al que nos estamos aproximando será más básico e incluso podrá parecer un viaje al pasado.

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El ritmo de este capítulo de la historia no lo marcó la tecnología, como muchos pensaron, sino la aparición de un virus que hizo equivocar hasta el algoritmo más sofisticado. La historia de la humanidad es, en definitiva, impredecible.

Adaptarnos al nuevo mundo

Si la apertura mental al cambio era importante hace pocas semanas, montarse sobre la ola de la tecnología y los cambios disruptivos que se venían generando, en la era poscovid-19 no habrá otra opción que derrumbar paradigmas previos. Ya hemos hablado sobre el inevitable cambio en las formas de trabajo y el relacionamiento social.

Lo anterior puede ser solo el inicio de una transformación integral y profunda que tocará todos los aspectos de nuestra vida. Solo el tiempo y nuestro esfuerzo en la construcción de una nueva sociedad dirán si el mundo que edificamos después de esto será uno mejor. Para hacerlo es inevitable abrir la mente y escapar de las viejas ideas que quizás no han permitido ver la posibilidad de una vida mejor que podemos crear entre todos.

En su libro ‘The Second Mountain’ (2019), el columnista del ‘New York Times’ David Brooks dice que para cambiar la cultura es necesario tener conversaciones que no se habían tenido antes, en especial conversaciones sobre el futuro y los efectos a largo plazo.

Para esto también se requiere un nuevo liderazgo con apertura mental a fin de abandonar viejas ideas, adoptar nuevos conocimientos y priorizar otros asuntos a los tradicionales.

Otro texto que habla sobre el liderazgo requerido para momentos especiales es La cuarta revolución industrial (2016) del presidente del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab, quien afirmó que los niveles de liderazgo le parecían bajos para las exigencias sociales y del mercado. Dijo que se hacía necesario repensar el sistema económico, social y político para responder a las demandas de la cuarta revolución industrial. Esta afirmación perdió vigencia. Es cierto que habrá que adaptar el modelo social, pero ya no para cumplir esta exigencias, sino las del mundo trastocado por el covid-19.


Desde la Segunda Guerra Mundial dejamos de pensar en el mundo que queríamos construir y nos limitamos a dejarnos arrastrar por la suave corriente de la historia. Quizás ha llegado el momento de hablar de un cambio de mentalidad, de cultura, y del mundo que debemos construir y del cual no hemos hablado por décadas.

Para hacerlo se requiere humildad, audacia y un profundo sentido de colaboración global, intersectorial y humanista. Empecemos ya.

FEDERICO HOYOS*
Especial para EL TIEMPO* El autor de esta nota es politólogo y consejero para asuntos políticos de la Presidencia.

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