'Fumigaciones aéreas son un elemento muy fuerte e importante': EE. UU.

'Fumigaciones aéreas son un elemento muy fuerte e importante': EE. UU.

Así lo dijo embajador saliente de ese país en Colombia, Kevin Whitaker, en entrevista con EL TIEMPO.

Kevin Whitaker.

Kevin Whitaker, embajador saliente de Estados Unidos en Colombia.

Foto:

Claudia Rubio. EL TIEMPO

Por: Juan Francisco Valbuena G.
18 de agosto 2019 , 03:47 p.m.

A las seis de la mañana de este sábado, cuando tomó el vuelo de regreso a Estados Unidos, terminaron cinco años y medio del embajador de ese país en Colombia, Kevin Whitaker, cuya labor fue esencial en procesos vitales de los últimos tiempos en el país, como el acuerdo de paz alcanzado con las Farc, entre otros.

Whitaker, quien prefirió dar pocas entrevistas antes de partir, habló con EL TIEMPO en su despacho de la sede diplomática estadounidense en Bogotá, el cual será ocupado por su sucesor, Philip Goldberg, hacia mediados de septiembre.

El embajador saliente se declaró admirado de la “solidaridad” de la gente en Colombia, de la belleza de los paisajes del país y de la calidez de los colombianos.

Durante esta entrevista, el diplomático dio detalles del control migratorio estadounidense que se haría en Bogotá para que los viajeros a su país hagan ese trámite en Colombia y no al llegar a EE. UU., el cual se implementaría aproximadamente en un año.

En referencia a lo pactado con las Farc, afirmó que Estados Unidos sigue apoyando el proceso de paz, pero que el acuerdo debe perfeccionarse. “Soy de los que cree que el acuerdo de paz era necesario”, dijo.

En cuanto al tema de Venezuela, afirmó que la presión diplomática para la salida de Nicolás Maduro del poder debe seguir y que lo que hace falta es “paciencia” ya que este tipo de procesos “no son de la noche a la mañana”.

Sobre el tema de drogas, uno de los medulares en la relación entre ambos países, afirmó que así como debe fortalecerse la erradicación de cultivos ilícitos -incluso con las fumigaciones aéreas-, también debe reforzarse la tarea en la interdicción, otra de las cadenas del proceso.

¿Qué balance hace de estos cinco años y medio en Colombia?

Creo que ha sido exitoso porque Colombia se ha lanzado hacia adelante. Soy de los que cree que el acuerdo de paz era necesario e importante y también que hay que perfeccionarlo. En eso estamos ahora. Yo estuve aquí también durante todo el proceso de profesionalización de las Fuerzas Armadas, que es de mucha importancia también.

La parte central de la relación entre Colombia y Estados Unidos empezó con la Policía y las Fuerzas Armadas. Es como el corazón de esta relación, que va más allá de eso, obviamente. Ellos son muy queridos para nosotros y muy profesionales. Hay elementos de la Policía y las Fuerzas Armadas que tienen el carácter del siglo XXI y son de los mejores en el mundo. Hemos avanzado en asuntos particulares a nosotros, porque tenemos la responsabilidad de los asuntos de Estados Unidos. Hemos protegido la figura de la extradición, que es algo muy poderoso y hemos protegido, también, los intereses económicos. Me siento muy feliz buscando mercado para productos norteamericanos acá y también para productos colombianos, entonces creo que el balance es muy positivo.

¿En qué estado quedan las relaciones entre Colombia y Estados Unidos al cierre de su gestión?

Creo que bien. No se habla de lo que va bien. Normalmente se habla de lo que trae problemas. La existencia de problemas que necesitan soluciones no indica que la relación no está bien, pero cito en particular el tema del etanol, que lo tenemos que solucionar. Debe haber acceso libre para los productos norteamericanos y, debido al sistema que está implementando que protege el mercado de etanol colombiano, se ha provocado un problema y estamos en eso. Ha habido complicaciones en la parte farmacéutica, que también estamos manejando. La existencia de fricciones de este tipo no indica que la relación esté mal, solamente que se enfoca en algunos problemas.

El único país en esta región en el que se une capacidad con voluntad se llama Colombia

A veces cuando Donald Trump habla sobre Colombia hay diferentes interpretaciones, ¿qué tan importante es en realidad Colombia para Estados Unidos?

Tenemos los hechos del día a día que son dos: Venezuela y narcóticos. Nosotros vemos en Colombia un socio excelente en lo de Venezuela. Estamos tratando de poner más y más presión al régimen del dictador Nicolás Maduro para que salga o se puedan hacer elecciones democráticas para ver la opinión del pueblo venezolano. Colombia se ha enfocado más en la parte política y diplomática, lo que es de mucha importancia, y cito en particular el trabajo del Presidente y el Canciller en eso. Ha sido muy eficaz y vale la pena notar lo que han hecho.

En cuanto a los narcóticos, había mucha coca, se quitó mucha y ahora hay mucha de nuevo, lo que es una contradicción. Después de 20 años del Plan Colombia, a mí me preguntan por qué hay igual número de hectáreas que en el pasado. Mis jefes en Estados Unidos necesitan una explicación de eso. Para mí, la decisión reciente de mantener a Colombia en su posición –como dicen coloquialmente, no descertificar- fue la decisión correcta con el compromiso de Colombia. El gobierno colombiano está tratando realmente de hacer esfuerzos mayores.

Pero hay otra perspectiva en la relación con Colombia y voy hacer comparaciones, que son odiosas porque eso es juzgar: para mí hay varios tipos de países en el mundo, hay algunos con capacidad que no tienen voluntad para colaborar en los proyectos que tenemos. Hay países con mucha voluntad, pero con poca capacidad. El único país en esta región en el que se une capacidad con voluntad se llama Colombia y eso es fruto de la relación que hemos formado durante todo este tiempo. Realmente somos socios en eso. Nosotros trabajamos así con el gobierno de Colombia y eso es muy inusual en el mundo, porque ese tipo de amistad no se hace firmando un documento, sino que depende de la formación de una base en una relación.

Hablemos del tema de narcóticos, ¿qué piensa Estados Unidos sobre el crecimiento de cultivos ilícitos en los últimos años, que este año se logró frenar?

Hay que descifrar el por qué. Parte de la razón por la que hay mucha coca es el incentivo perverso del acuerdo de paz, algo que ha admitido el expresidente Santos y otros, que darles a las familias cocaleras para no sembrar o erradicar crea un incentivo perverso para sembrar. Esta parte es muy importante para mí: la idea de darle a estas familias la oportunidad de ganarse la vida de una manera lícita y digna es de mucha importancia. Obviamente es una solución de largo plazo.

Erradicar no es la solución y en eso hay elementos muy importantes que se trataron de implementar en el acuerdo de paz. Hay que notar también la decisión de la Corte Constitucional de terminar con la erradicación aérea. Eso es un elemento muy importante. El gobierno de Duque está intentado llegar a eso y creemos que puede ser muy importante y muy útil en algunas partes del país. La erradicación per se, separada, no soluciona el problema, pero si es un elemento que se puede usar y con mucha eficiencia.

Hay que notar también lo hecho por el gobierno de Colombia en interdicción. El presidente Duque ha anotado, y es cierto, que por cada tonelada de cocaína que incautamos nosotros en la frontera, se incautan 18 en Colombia. Esto es químico: más coca, más cocaína, más problemas de seguridad pública y de salud en Colombia, Estados Unidos y todos los países que hay entre los dos. Entonces, si hay más cocaína hay que darle respuesta a eso y hacer más interdicción, también.

Kevin Whitaker

Kevin Whitaker, durante su diálogo con EL TIEMPO antes de su partida a Estados Unidos.

Foto:

Claudia Rubio. EL TIEMPO

Varios expertos dicen que la reducción de las cifras del narcotráfico en Colombia, entre 2006 y 2009, se debió a que se atacó duramente la interdicción. ¿Estados Unidos comparte esa tesis?

Este es un tema circular. Es importante porque es el momento en el que hay más valor. Esos campesinos que siembran coca no reciben una recompensa muy grande, al contrario, la cocaína tiene más valor y si es más allá de Colombia, más todavía, entonces para llegar a su final lógico lo más eficiente sería hacer toda la interdicción en Estados Unidos, donde el valor es el máximo. Hay que hacer las dos cosas a la vez: la erradicación, desarrollo alternativo, una vida digna y lícita para las familias inmersas en esa economía, atacando también las grandes estructuras criminales, y también la interdicción.

Hay quienes dicen que el tema de las drogas es más económico que otra cosa, ¿qué piensa de eso?

Nunca he oído eso y eso no tiene mucho valor para nosotros. Estamos hablando que en Estados Unidos tenemos una economía de casi 15 o 16 trillones de dólares. Es la economía más grande del mundo. Si la economía de la coca fuera, digamos, de unos 50 billones de dólares, sería una fraccioncita, algo mínimo. Este no es un tema económico, sino de seguridad y salud. No hay que descontar lo económico, pero ese es nuestro enfoque y nuestra preocupación: salud y seguridad.

¿Qué opinión le merecen algunas decisiones judiciales que permiten el consumo de dosis mínimas de marihuana?

Es difícil para nosotros por dos razones: la primera, porque Colombia puede hacer sus propias decisiones al respecto y, la segunda, nosotros tenemos una variedad de regímenes legales al respecto en los distintos estados de mi país. A nivel federal todo es ilegal, el consumo de marihuana y demás no es permitido e incluso es una violación federal, pero a nivel estatal en la mayoría de los estados está permitido el uso de marihuana con fines medicinales y en algunos por el tema recreativo, entonces no nos corresponde a nosotros decirle a Colombia qué hacer al respecto. Es una decisión soberana de Colombia.

¿Estados Unidos cree que la sustitución de cultivos y la erradicación voluntaria están funcionando?

Creo que tienen mucha promesa, pero es muy difícil implementarlos. Estamos hablando de un país muy grande y la parte donde más coca hay, no hay Estado. Eso no sucedió en el gobierno de Duque, es una condición de muchos años de no haber instituciones ni infraestructura. Decir que donde hay coca se va a implementar desarrollo alternativo sin la presencia del Estado, sin seguridad, sin salud, sin educación ni infraestructura para sacar productos es muy difícil, muy complicado. Además hay que tener en cuenta –y se lo digo por experiencia porque hemos estado en el tema de desarrollo alternativo- que el progreso en Colombia no es lineal. Tuvimos mucho éxito con palma africana en Tumaco (Nariño), con plantaciones enormes, pero se reinfiltró la coca en los años 2014, 2015 y 2016, y sin la presencia del Estado para mantener otras opciones, no se pudo detener. No digo esto para criticar al Estado. Estamos hablando de una situación bien complicada. La situación primordial de todo esto es la seguridad.

La erradicación per se, separada, no soluciona el problema, pero si es un elemento que se puede usar y con mucha eficiencia

¿El regreso de las fumigaciones aéreas es importante es importante para Estados Unidos?

Yo creo que sí. Nosotros no medimos el compromiso de Colombia en la lucha antinarcóticos con base en si se hace o no la erradicación aérea. No lo hacemos así, pero sí, las fumigaciones aéreas son un elemento muy fuerte e importante. Se ha demostrado en el pasado que es así. Cuando había una herramienta muy fuerte, había una reducción muy grande también. Durante ese tiempo, basados en la presión de la erradicación –estamos hablando de 2008 a 2010–, el deseo de los que sembraban coca de resembrar era como del 6 por ciento, hoy día es como 40 por ciento.

Hay que tomar en cuenta algo que es muy importante: muchos de los campesinos que están sembrando coca están forzados a hacerlo. Los grupos ilegales llegan y le dicen al campesino ‘vas a sembrar’, y lo hacen muy fácil: ‘aquí está el dinero, aquí el fertilizante, vamos a regresar para recoger’, etcétera. Dando la posibilidad de otra alternativa, cien por ciento de estos campesinos lo harán, porque estar en el mundo ilegal trae muerte, violencia, desalojo, todos quieren salir de eso y es nuestra responsabilidad colectiva y entre Estados Unidos y Colombia tenemos que dar las condiciones para que puedan hacerlo.

¿Qué mirada tiene Estados Unidos sobre la resistencia de Nicolás Maduro en el poder en Venezuela?

Lo más importante es que se vaya Maduro y que hayan elecciones libres con la participación de todos los venezolanos. Estamos hablando de una dictadura de 20 años, en la que se ha inhabilitado a muchos líderes políticos. Hay que arreglar eso. Hay que arreglar el padrón electoral, que ha sido manejado mal durante muchos años. Recuerdo bien, cuando estuve yo, la famosa lista Tascón, en la que se tomó nota de todos los que se había opuesto de alguna manera al régimen de Hugo Chávez y les quitaron sus derechos, incluso de votar. Entonces la solución es, primero, la salida de Maduro, y segundo, elecciones libres y justas. Hay que ser serio en esto. Venezuela es un país destrozado, pero tiene ventajas: hay capital humano, hay gente entrenada, de buena voluntad y también hay recursos, básicamente petróleo. Cuando estuve en Venezuela en 2005, solamente alrededor del 70 de exportaciones eran petróleo. Hoy día son 99 por ciento. No producen nada, excepto petróleo y eso está mal. Están regresando al nivel de exportaciones de 1947. Es un desastre. Hay que crecer desde abajo, pero eso depende de la política. Estoy seguro y el secretario de Comercio de Estados Unidos, Wilbur Ross, habló de nuestra voluntad de trabajar al lado de un gobierno en Venezuela libre para efectuar estos cambios.

Mucha gente se pregunta por qué no ha habido una intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, como ha sucedido en otras partes, en el pasado…

En un pasado más o menos distante. Estamos en 2019. El presidente Trump ha dicho muy claramente que todas las opciones están sobre la mesa, pero lo preferible es que esas acciones que estamos tomando, las acciones para presionar y también los esfuerzos políticos y diplomáticos, manejados con mucha habilidad por el Canciller y el presidente Duque, son superiores, muy superiores, y eso es lo que buscamos hacer.

¿Estados Unidos piensa que la crisis en Venezuela es un problema para la región?

Sí claro. Entre otras cosas por los refugiados. Ustedes aquí en Colombia están experimentando eso más que nadie y es un foco de inestabilidad. Además de los refugiados, estamos hablando de estructuras del Eln, de las llamadas disidencias de las Farc que están ahí implantados. Hay que ser serios en eso. Si con una vara mágica tenemos una Venezuela libre y con democracia, estarán todavía el Eln y las disidencias de las Farc y eso seguirá siendo un problema y un foco de inestabilidad para Colombia y para la región.

Los esfuerzos diplomáticos no están dando los resultados esperados ¿qué hace falta?

Creo que lo que hace falta es paciencia. Esto no es un tema que sea de la noche a la mañana. Estamos hablando de una dictadura de 20 años y ayudada por tres países en particular: primero, Rusia, que está ayudando en la parte militar; segundo, China, que en la parte técnica está ayudando bastante y eso es preocupante porque China quiere perfilarse como un amigo que no interviene y respeta la soberanía de todos, pero está ayudando a la dictadura de Nicolás Maduro. Esto se debe notar y la región debe tomar nota de que China viene buscando otro tipo de oportunidades en estos países. Y el tercero, que es muy importante, es Cuba. Cuba es un estado policiaco y ha existido por 70 años, tiene mucha experiencia en la represión y están controlando la situación así. Entonces cuando uno dice por qué no ocurre de inmediato es porque es una dictadura de 20 años ayudada por muchos otros países con mucha experiencia.

¿El apoyo de Rusia y China a la dictadura de Maduro ha sido una razón para que Estados Unidos no haya ido más allá?

No creo. Incluso el involucramiento más activo de ambos países es algo más o menos reciente y en el tiempo en que ellos han aumentado su ayuda ha sido precisamente cuando estamos nosotros más insistentemente en el tema.

¿Qué balance hace Estados Unidos del estado del proceso de paz con las Farc?

Desde 2016 hemos proporcionado, como gobierno, mil millones de dólares a Colombia en términos de ayuda, la gran mayoría enfocado en los 140 municipios más afectados por coca y violencia. No estoy tratando de sacar crédito para nosotros, pero es un hecho: no hay país que haya ayudado más durante este periodo de implementación del acuerdo de paz que nosotros y estamos orgullosos de eso. En este tema vamos a seguir y tiene que haber ajustes. El Instituto Kroc, de la Universidad de Notre Dame, es un centro que se enfoca en acuerdos de paz en el mundo y han hecho un estudio académico. Valoran mucho el acuerdo de Colombia por ser tan completo y tomar en cuenta todos los distintos temas y también cómo se está cumpliendo. Ellos me han dicho que no hay un solo ejemplo de acuerdo de paz en el mundo que no se haya cambiado. Los ajustes hay que hacerlos. No hay nada grabado y escrito en mármol, no, hay que pensar con mucha flexibilidad y mucha imaginación, incluso, para asegurar que tenga éxito.

¿Eso quiere decir que Estados Unidos sigue preocupado por el tema de la extradición?

Claro, es un elemento muy importante. Desde 2002 hemos extraditado más de 2.000 colombianos a Estados Unidos y es algo que temen mucho los criminales. La justicia de Estados Unidos es implacable y ellos lo saben perfectamente bien. Es una herramienta que se debe usar y se debe usar bien. Nosotros no participamos en la formación de la JEP, pero la idea de la JEP era, entre otras cosas, que hubiera un antes y un después y en la medida en que esta gente sujeta a la jurisdicción de la JEP delinque después, es la justicia ordinaria la que entra, incluso con la posibilidad de la extradición y hay que proteger eso.

Lo más importante es que se vaya Maduro y que haya elecciones libres con la participación de todos los venezolanos

¿Qué más ha hecho Estados Unidos en cuanto al tema de Jesús Santrich?

Está buscado por la justicia norteamericana. Él se ha ido, nadie sabe dónde está, hay quienes dicen que está en Venezuela, no tengo datos al respecto, pero yo digo que los inocentes no huyen de la justicia. Así de simple.

¿En qué terminó el episodio de sus reuniones con congresistas colombianos cuando se debatían las objeciones presidenciales a la ley estatutaria de la JEP?

Hay que tomar en cuenta varias cosas: en lo que haya implicación de los intereses de mi país, en la embajada vamos a decir lo que creemos y eso fue lo que sucedió. Tenemos derecho y obligación de defender los intereses de Estados Unidos. Esas son decisiones de Colombia y eso lo respetamos plenamente, pero también tenemos nosotros el derecho de explicar nuestra posición. El exembajador Juan Carlos Pinzón me decía que él había hablado con los 535 miembros del congreso de Estados Unidos durante sus dos años en Washington. Eso es normal y es lo que hicimos. Sobre las visas, no podemos hacer ningún comentario sobre el estatus migratorio de ninguna persona, pero nada de eso es discrecional, está basado en la ley.

A usted le correspondieron dos presidentes en Colombia, Juan Manuel Santos e Iván Duque, ¿cómo le fue con ellos?

Es cierto que son distintos, pero en algunos aspectos son lo mismo. Los dos están entre los colombianos más inteligentes que he conocido acá. Los dos tienen visiones estratégicas para su país y eso los une. Y finalmente los dos están muy comprometidos en mantener una relación muy estrecha con Estados Unidos, entonces eso ha hecho muy fácil mi trabajo. Los respeto a los dos y es obvio que políticamente sus visiones son un poco distintas, lo que es normal en una democracia, por eso tenemos elecciones.

¿Es verdad que se van a cambiar las condiciones para los colombianos que vayan a viajar a Estados Unidos?

Se cambia la ley de vez en cuando, pero en términos muy generales. Si uno quiere visitar un país como no inmigrante hay que mostrar que no lo es y eso se hace demostrando que tiene lazos y necesita regresar a su país. Así de simple es la cosa. La gran mayoría de los colombianos que hace la solicitud de la vida la recibe y eso no tengo duda que va a continuar en el futuro. Lo que será interesante es que se va a pasar por migración y aduanas de Estados Unidos acá en Colombia. En el aeropuerto habrá, dentro de un año, la posibilidad de pasar por esto y cuando se monte en el avión es como si fuera un vuelo doméstico.

¿Es decir que ese filtro migratorio se hará en Colombia y no en Estados Unidos?

Estarán los funcionarios de mi país de aduanas, de migración y una vez se pase eso se estará en Estados Unidos. Esto es muy importante y está muy interesado el presidente Duque en este tema, y yo también. Ya iniciamos el proceso. Yo tenía ganas de que esto se pudiera hacer durante mi estadía aquí, pero no se pudo. Pronto lo habrá, más o menos en un año o año y medio.

¿Qué ventajas tendría este mecanismo?

La ventaja para nosotros es que hacemos el filtro más allá de Estados Unidos y en términos de control de la frontera es un tema que nos ayuda a todos. Pero ayuda también a los usuarios. Esto existe en Canadá, en Bahamas, en Dubai, en Irlanda y en otros pocos lugares. Había una decisión de dónde íbamos a poner esto en América del Sur y nosotros abogamos por Bogotá. Tendrá efectos económicos muy interesantes si se repite la experiencia de otros lugares donde hay. De todos los de América del Sur que quieren viajar a Estados Unidos muchos vendrán para acá y poder ir directo. Eso ayuda a la economía de Colombia también, porque, por ejemplo, un peruano que venga a esto pasará dos noches en hotel en Bogotá y ayuda a la economía. Será muy interesante.

¿Qué imagen se lleva de Colombia?

Excelente. Estuve muy contento aquí con la belleza del paisaje, el calor humano de los colombianos, la solidaridad. Hace poco sucedió algo que me pareció muy colombiano. Yo uso motorizados y uno de ellos, por alguna razón, se cayó estando en un semáforo. Esas motos son bien pesadas y hubo como ocho personas que vinieron para ayudarlo. Lo hicieron sin pensar, simplemente para ayudar. La solidaridad de los colombianos es algo que me gusta mucho. Son muy queridos y me van a hacer mucha falta, pero ustedes saben que en mí tendrán un amigo y aliado para siempre.

JUAN FRANCISCO VALBUENA G.
REDACTOR DE POLÍTICA

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