Por qué taxista que insultó conductoras de Uber no acepta su machismo

Por qué taxista que insultó conductoras de Uber no acepta su machismo

El caso de Freddy Contreras ilustra la necesidad de trabajar más en políticas de género. Análisis

Freddy Contreras, líder taxista

El taxista Freddy Contreras, quien se presenta como “presidente de la ONG Ayudantax en Colombia”.

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archivo EL TIEMPO

Por: Política
16 de enero 2020 , 05:07 p.m.

El taxista Freddy Contreras, quien se presenta como “presidente de la ONG Ayudantax en Colombia”, ilustra en toda su dimensión la urgente necesidad que tiene el país de trabajar más en políticas de género. Primero, las insultó y, luego, declaró, en los múltiples medios que le abrieron sus micrófonos, que él no comprendía la agresión. Un machista que no se da cuenta de su machismo.

“Las señoras que manejan Uber, para trabajar como empleadas; para lavar, planchar y cocinar están recibiendo (hojas de vida). Trabajo sí hay”, afirmó Contreras en un video en vivo que, por si fuera poco, grabó mientras conducía.

En su testimonio, Contreras, además, ofreció trabajo y argumentó que los taxistas tienen una página porno llamada ‘Uber Porno’, la cual él define como “economía sexual colaborativa”, por eso concluyó en su mensaje a los conductores: “Si quiere trabajo, nosotros le damos”.

Tras el ruido generado por estas afirmaciones, mostró su sorpresa en el rosario de entrevistas que entregó. “No entiendo”, dijo. “Lo único que he dicho es que trabajo sí hay”. Y reiteró la enumeración de las tareas disponibles: lavar, planchar, hacer oficios. De hecho, puso de escudo el caso de las mujeres de su propia familia. “¿Cómo creen que las estoy irrespetando?”, preguntó con asombro.

Su caso refleja una línea de pensamiento imperante en el país y que le pone un dique al desarrollo. ¿Por qué? Se trata de “machismo puro y duro”, dice la periodista Margarita Sarmiento, quien en siete puntos sustenta su afirmación.


1. Ratifica y expresa la cultura machista que prevalece en el imaginario colectivo, donde existe una marcada división sexual del trabajo: hombres productores y mujeres reproductoras, hombres proveedores y mujeres receptoras, imaginario que hace rato está mandado a recoger.

2. Demuestra que prevalecen valoraciones estereotipadas de las mujeres que recrean viejas formas de ver el lugar de las mujeres en el mundo: confinadas a lo doméstico, lavando, planchando, cocinando.

3. Desconoce que hoy en día las mujeres han derribado múltiples barreras visibles e invisibles, que son incluso más educadas que los varones y que están en igualdad de capacidades para desarrollar cualquier trabajo en cualquier esfera.

4. Desconoce el rol y el liderazgo de las mujeres en todos los ámbitos de la vida pública, política, económica y social.

5. Ratifica prejuicios e imaginarios discriminatorios que impiden a las mujeres acceder a escenarios que se “consideran exclusivos de los varones”.

6. Recalca el imaginario de que el trabajo doméstico es una responsabilidad de las mujeres y no una labor de corresponsabilidad familiar.

7. Recalca la subvaloración al considerable aporte que hacen sobre todo las mujeres a la economía general a través del trabajo doméstico no remunerado, el cual ya hace parte de las cuentas nacionales económicas y que en muchas oportunidades significa doble y triple jornada de trabajo para ellas.

Para Tatiana Zabala, directora ejecutiva de Trineo Comunicaciones especialista en comunicaciones con enfoque en derechos humanos y género, la “base de las violencias contra las mujeres son los imaginarios culturales que se han transferido de generación en generación”.

Según ella, opiniones como la del señor Contreras son “un acto de violencia económica y simbólica”. ¿Por qué? “Reafirma y promueve las creencias erróneas sobre los roles tradicionales de las mujeres, haciendo evidente que seguimos viviendo en una sociedad machista donde se sigue creyendo que el rol de la mujer está destinado a las labores del cuidado”.

Desconoce el rol y el liderazgo de las mujeres en todos los ámbitos de la vida pública, política, económica y social

Por esta razón, es urgente realizar acciones desde todos los frentes de la sociedad para eliminar estos mitos que promueven la desigualdad y la violencia. La meta es que este tipo de manifestaciones sean vistas como injustificables socialmente. “Hemos avanzado un poco. Lo vimos en la reacción que ha tenido la opinión pública no dejando pasar desapercibidos y rechazando este tipo de comentarios”, dice Zabala.

La afirmación del señor Contreras refleja una actitud y una cultura patriarcal que asume que las mujeres son las únicas responsables del cuidado y el trabajo doméstico no remunerado, desconociendo que hoy día el trabajo doméstico y la economía del cuidado son considerados derechos que deben ser garantizados por el Estado”, explica el concejal de Bogotá, Diego Cancino, del Partido Alianza Verde.

De acuerdo con Cancino, las asimetrías más grandes que existen entre hombres y mujeres se dan frente al trabajo doméstico no remunerado: “Según la Encuesta de Uso del Tiempo, si Bogotá tiene 250 billones de pesos anuales (PIB) y el trabajo doméstico no remunerado pone 18 puntos —del PIB anual a Colombia y a Bogotá en particular—, es decir que este sector, con el trabajo de las mujeres, aporta 45 billones de pesos”, dijo el concejal.

(Le recomendamos: El insólito pasado del taxista que insultó a conductoras de Uber)

Con su desconocimiento y ofensas, Contreras va en contravía de la mayoría de habitantes de Colombia. ¿Por qué? Las mujeres y las niñas son el 51,2 % de la población.

En opinión de la directora de la Red Nacional de Mujeres, Beatriz Quintero, “cuando este dirigente taxista manda a las mujeres a lavar y planchar no se ha dado cuenta de que la sociedad está cambiando y que la igualdad que las mujeres hemos conseguido ya no se puede echar para atrás. Las mujeres somos imparables en este proceso de construcción de paz y democracia. La sociedad colombiana no puede seguir aceptando estas manifestaciones de discriminación y de odio”.

Cambios que se han venido dando con lentitud. Eso se vio, por ejemplo, en las pasadas elecciones locales. La participación de la mujer disminuyó considerablemente, no solo en las mujeres postuladas a los cargos, sino también en las elegidas; con respecto a las alecciones del 2015, se perdieron dos gobernaciones, lo que se traduce en tan solo un 6 por ciento de participación femenina.

En cuanto a las alcaldías municipales, las mujeres tampoco tienen un gran protagonismo. De los 1.101 municipios de Colombia, solo 130 tienen una mujer como gobernante, lo que se convierte en una participación del 12 por ciento. Esto muestra que a pesar de la ley de cuotas, la cual exige un mínimo de 30 por ciento de la participación femenina en los partidos políticos, las mujeres no están teniendo la posibilidad concreta de acceder al poder.

En un escenario en el que poder es ejercido por hombres que han sido educados en ambientes similares a los que recibió el señor Contreras, es más difícil trazar políticas que beneficien a todo el conjunto de la sociedad.

Por ejemplo, entre los 25 alcaldes que ahora gobiernan en el departamento del Cesar, no hay una sola mujer. ¿Cómo trazarán las políticas sociales en una reunión?

El problema radica en que no hay una representación efectiva de las mujeres en la esfera pública y esta no está reflejada en el nuevo poder local. Ese un obstáculo enorme para el desarrollo de la sociedad.

La tragedia es doble porque además de la existencia de un problema, no hay su reconocimiento. Por ignorancia o desconocimiento. Es posible que si se le pregunta al señor Contreras, seguramente él responderá que no entiende cuál es el drama porque, en su opinión, “mientras los hombres gobiernan, alguien debe hacer las tareas de la casa”.

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