El discurso de Duque en sus primeros 100 días

El discurso de Duque en sus primeros 100 días

Ha buscado ofrecer respuestas a los problemas más apremiantes y crear consensos.

Ivan duque

El presidente Iván Duque estuvo en el Foro de París sobre la paz el pasado domingo.

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Nicolás Galeano - Presidencia

Por: MARÍA FERNANDA GONZÁLEZ
13 de noviembre 2018 , 10:14 p.m.

La fecha emblemática de los 100 primeros días de gobierno ha dejado los recuerdos de las rápidas y oportunas reformas que hizo Roosevelt en Estados Unidos durante la Gran Depresión o los importantes cambios en el poder público francés con la llegada de De Gaulle, en 1958. Esas lecciones de historia nos enseñan que este corto período es esencial para exponer la carta de navegación del nuevo gobernante.

Ahora, cuando se cumplen los 100 primeros días, ¿cómo se puede aprehender este corto pero intenso período de gobierno? A través de un estudio de estadística textual de sus discursos desde el 7 de agosto hasta el 12 de noviembre, encontramos las similitudes con sus postulados de candidato, los enunciados de gobierno, las palabras del duquismo y los principales desafíos.

El presidente Iván Duque ha realizado alrededor de tres discursos diarios. La mitad de sus alocuciones fueron en Bogotá y la otra mitad, en diferentes zonas del país. En grandes capitales como Medellín, Cali, Barranquilla, ciudades intermedias como Bucaramanga, Pasto y municipios como Soledad (Atlántico), Filandia (Quindío) y Tibú (Norte de Santander).

En el exterior cumplió invitaciones de agenda internacional: realizó su primera visita oficial a Panamá, su primer discurso en la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York, y su primer encuentro con el Papa, en el Vaticano. Esta semana participó en la celebración del centenario del armisticio de la Primera Guerra Mundial en París, invitado por el presidente francés, Emmanuel Macron.

Un primer análisis muestra que existen cuatro grandes áreas que delinean su carta de navegación: el eje económico, la seguridad, los aspectos sociales y una clara preponderancia de la política cultural.

El eje económico
El paso de candidato a presidente no cambió el ADN del duquismo. Su obsesión sigue siendo consolidar y dar músculo a la economía colombiana. A pesar de las críticas a la ley de financiamiento, sus reiterados objetivos revelan su obsesión por esta materia: “El desarrollo empresarial”, “la consecución de recursos”, “la generación de empleo formal y de calidad”, “la consolidación de un matrimonio entre la inversión privada y el sector público” y “el impulso al emprendimiento”, entre otros.

El imperio de la ley
En el eje de la seguridad, el imperio de la ley tiene una importancia capital. Allí, su vocabulario da cuenta de la difícil situación de los ciudadanos: criminales, Eln, ‘clan del Golfo’, captura, narcotráfico, secuestro, violencia, abuso de menores y homicidios. Dos programas son la columna vertebral de su política: ‘El que la hace la paga’ y el Plan Diamante, que buscan, con el apoyo de la Policía y las Fuerzas Militares, liberar a los colombianos de la inseguridad, desarticular las organizaciones criminales, eliminar la extorsión, evitar los secuestros y reducir la delincuencia, entre otros fines.

Más justicia social
El estudio de sus discursos expone los graves problemas de desigualdad que persisten en el territorio. Durante 100 días, el Presidente visitó y dio a conocer nuevos programas para la “otra Colombia”, la de La Guajira, la del Cauca, la del Chocó. Esa Colombia que no tiene vías terciarias, agua potable, acueducto ni alcantarillado. Ese país sin escuelas públicas ni formación universitaria y sin acceso a la tecnología. En una alocución afirmó: “Hay otra Colombia, y es la Colombia de La Guajira profunda, donde solamente el 4 por ciento del área rural tiene acceso al acueducto. O es la Colombia del Casanare profundo, que no tiene ni siquiera las mejores vías terciarias para sacar un potencial agrícola”.
Para el presidente Duque, la equidad, uno de los puntos centrales de gobierno, significa la expansión de la clase media, la generación de empleo, el acceso a la conectividad y la igualdad de oportunidades.

Motores del desarrollo
Existe en el discurso presidencial un eje novedoso, el de apostarles a la cultura, la ciencia y la tecnología como motores de crecimiento para estar a la vanguardia de la cuarta revolución industrial. Duque les apuesta a las industrias creativas, los nuevos emprendimientos digitales, el turismo y la gastronomía.

Las acciones van desde la detección y el apoyo a los emprendedores tecnológicos, a la apertura de líneas de crédito con Bancóldex para jóvenes creativos. Es así como reitera: “Le hemos apostado al sector de las industrias culturales, a lo que hemos denominado la economía naranja, que hoy representa como sector el 4 por ciento del PIB, superando el café, la minería o la ganadería”.

En su discurso expone un particular interés por los nuevos adelantos tecnológicos y para que Colombia esté a la vanguardia de estos: “Estamos en este momento en medio de lo que algunos llaman la cuarta revolución industrial, un escenario donde la robótica, el internet de las cosas y la inteligencia artificial están desplazando rápidamente puestos de trabajo, cambiando profesiones, cambiando orientaciones en la forma como se hacen negocios”.

Reforma agraria
Es de particular interés destacar que, a diferencia de sus antecesores, hay una ausencia de temas como conflicto o conflicto armado interno. Esto demuestra un panorama nuevo en el desarrollo político del país.

No obstante, el análisis revela que el primer presidente del posconflicto no se refiere a temas del punto uno del acuerdo con las Farc. Como lo recuerda Juan Camilo Restrepo en una entrevista en Razón Pública, el 85 por ciento de los programas de posconflicto son de carácter rural.

En los discursos de estos 100 días no se tocan temas como la restitución de tierras, la reforma agraria y las tierras baldías. Tampoco hay referencias a la “inequidad en la distribución de la tierra” o “el afianzamiento de un modelo agrario afincado en la gran propiedad”, conceptos centrales en los análisis realizados por la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas.

En el eje agrícola, el Presidente se refirió principalmente al esquema “agricultura por contrato” y a la “diplomacia sanitaria”, para apoyar a los pequeños y medianos emprendedores rurales a vender sus productos a un precio fijo y para aumentar las exportaciones agroindustriales.

Su énfasis también expone la preponderancia del cultivo de palma y la meta ambiciosa de crear 1 millón de hectáreas que permitan generar empleos formales en las zonas rurales durante su cuatrienio.

El duquismo
Sus discursos permiten descubir el estilo de un gobernante carismático, cálido y que podría ser definido como “un hombre de su tiempo”. En su prosa se revelan sus inquietudes literarias, que van desde José Saramago, pasando por los escritores franceses, como Albert Camus y Alexandre Dumas, hasta el premio nobel de literatura Mario Vargas Llosa. También cobran vida su abuelo Hernando Márquez, Alfonso Palacio Rudas o Alberto Lleras Camargo. El método de gobierno está centrado en la comunicación, haciéndolo casi omnipresente y conectado con los colombianos.

El espíritu de Duque es contrario a las pasiones tristes, así definidas por el filósofo Spinoza y que caracterizan a los nuevos gobernantes de la derecha dura. Duque deja por fuera de su discurso los odios, la rabia, el miedo y el pasado. Sus posturas buscan, sobre todo, crear un consenso. A diferencia de un Trump en Estados Unidos, de un Salvini en Italia o una Marine Le Pen en Francia, Duque les apuesta al multilateralismo, a la cooperación regional, al apoyo de los migrantes y cree en la necesidad de luchar contra el cambio climático. Una última y clara característica del duquismo es la visión de futuro que expone con insistencia: “Construir, planificar, pensar y proyectar el futuro”.

Seducir a los colombianos
Si bien el Presidente ha desarrollado tres ejes que son su eslogan de gobierno –legalidad, emprendimiento y equidad–, el análisis muestra que durante los primeros 100 días, sus acciones buscaron ofrecer rápidas respuestas a los problemas más apremiantes del momento. En agosto dedicó buena parte de sus discursos a la lucha contra la corrupción, en septiembre dio paso a la reformas de la justicia y la política y la crisis migratoria venezolana, y en octubre, a la ley de financiamiento y la educación superior. Esta multiplicidad de temas desdibuja una línea clara de gobierno y la verdadera agenda que está buscando desarrollar.

Por otra parte, subsisten interrogantes sobre algunos de sus proyectos. El balance muestra un presidente que busca situar el país frente a los retos del nuevo siglo. Su discurso innovador de la economía naranja y las industrias creativas está dirigido claramente a las nuevas generaciones, en particular a los creativos y los millennials.

Sin embargo, surgen inquietudes sobre la sostenibilidad o viabilidad de este instrumento de desarrollo. Como se vio a lo largo de sus 150 discursos, el país no ha resuelto aún problemas esenciales. ¿Es posible sacar adelante la economía naranja cuando el país tiene dos tercios de su población en la pobreza y la vulnerabilidad?

Por otro lado, hechos como las manifestaciones de estudiantes y profesores para solicitar una mayor inversión en educación superior, el debate generado sobre la ley de financiamiento y el lánguido paso de las reformas anticorrupción en el Congreso generan incertidumbre. Los mensajes a veces contradictorios entre el partido Centro Democrático y el Gobierno tampoco favorecen la construcción de un proyecto de unidad y de futuro. Si bien en su familia política hay corrientes muy conservadoras, las diferencias en el seno de esta dan cuenta de un presidente con un talante liberal, abierto y moderado. El presidente que siempre ha señalado con el dedo el peligro de la búsqueda de la igualdad absoluta le apuesta a la conquista del equilibrio entre orden y libertad.

MARÍA FERNANDA GONZÁLEZ E.*
Especial para EL TIEMPO* Ph. D. en Ciencia Política, Universidad de la Sorbona (París). Profesora invitada Universidad Javeriana.

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