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Antonio Nariño, el superhéroe de la libertad de prensa
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Antonio Nariño, el superhéroe de la libertad de prensa

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Archivo EL TIEMPO

Antonio Nariño, el superhéroe de la libertad de prensa

Fue uno de los primeros defensores de la libertad de expresión en el Virreinato de Nueva Granada.

A propósito de la celebración del Día Mundial de la Libertad de Prensa, que se llevó a cabo el 3 de mayo, la mejor evocación que se puede hacer en nuestro país es la del mayor defensor de ella: don Antonio Nariño.

Al hablar de héroes de nuestro pasado histórico en materia de libertades, sin duda alguna, don Antonio Nariño es el mayor líder, el prohombre o, como lo califican algunos escritores, “el hombre de todos los tiempos”.

No fue solamente el precursor de la independencia en el Virreinato de la Nueva Granada, sino el de la libertad de prensa en Colombia.

Con sus variados escritos periodísticos, defendió la libertad de información y opinión, sin importar las consecuencias en aquella época de total censura, en la cual su transgresión implicaba un desacato gravísimo contra las potestades de las cédulas reales, que conllevaba un delito de lesa majestad, como efectivamente ocurrió.

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Su pieza literaria más importante y que marcó un hito en su vida e historia del país se dio con dos publicaciones: la traducción e interpretación de Los derechos del hombre y del ciudadano y el semanario La Bagatela.

Con la publicación de Los derechos del hombre en enero de 1794, poco después de la Revolución francesa (1789), Nariño y el impresor don Diego Espinosa de los Monteros contrariaron los ordenamientos del Consejo Supremo de Indias y del Tribunal de la Santa Inquisición de Cartagena, que habían prohibido su publicación o difusión sin previa autorización.

Es de precisar que Nariño poseía autorización o licencia para imprimir, que obviamente no le sirvió de nada y, muy por el contrario, le ocasionó una catástrofe en su vida, como fue la condena a prisión por 16 años, su expulsión, la confiscación de sus bienes y riquezas, el abandono de su hogar, además de sus padecimientos físicos.

Los derechos del hombre y del ciudadano constaba de 17 artículos, todos sobre garantías y derechos, provenientes de la Revolución francesa (1789); frente a este tema se destaca su artículo 11, que expresaba: “La libre comunicación de los pensamientos y opiniones es uno de los derechos más preciosos del hombre: todo ciudadano en su consecuencia puede hablar, escribir, imprimir libremente, debiendo así responder de los abusos de esa libertad en los casos determinados por la ley”.

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Este texto y todo su conjunto normativo ocasionó una explosión social, que precipitó la revolución en la Nueva Granada y que, por otra parte, le generó un viacrucis al precursor, como fue la imposición de una pena de 16 años de prisión y toda una serie de vejámenes. Fue la piedra angular que gestó la revolución y el grito de independencia del Virreinato de la Nueva Granada.

De regreso a Santafé de Bogotá, después de ese tiempo de penuria, de manera obcecada y temeraria reimprimió Los derechos del hombre y del ciudadano, como lo narra el escritor Carlos Restrepo Canal: “… Con el memorial dirigido al Tribunal de Santafé, en 1811, junto con el cual reimprimió Los derechos del hombre…”.

El semanario La Bagatela, publicado en 1811, se constituyó en el periódico más importante del siglo XIX.

Derribó con ese escrito al gobierno de don Jorge Tadeo Lozano y el Colegio Electoral lo eligió presidente del estado de Cundinamarca.

Se publicaba todos los domingos, durante nueve meses y medio, que para la época era un lapso importante y que se constituyó en la guía política, literaria, periodística e investigativa, como lo fue La Bagatela Extraordinaria n.º 11, que en su primera página tituló: ‘Noticias muy gordas’, en la cual denuncia a un funcionario de apellido Talledo, que se fugó con su familia y seis mil pesos que le había confiado el gobierno de Cartagena, para la construcción del dique.

Dicha pieza se convirtió en el ejercicio del periodismo investigativo y de denuncia, como ejemplo, además de su rango político.

Nariño, ídolo para la época, derribó con ese escrito al gobierno de don Jorge Tadeo Lozano y el Colegio Electoral lo eligió como presidente del estado de Cundinamarca.

Igualmente, como lecciones de periodismo en la actualidad es recomendable leer La Bagatela n.º 23, la que extracta de los manuscritos ingleses de Bentham: “1.- Ventajas de la libertad de imprenta. 2.- Inconvenientes que pueden provenir de la libertad de imprenta. 3.- Medios de reducir a lo mínimo los inconvenientes que puede traer el ejercicio de la libertad de imprenta. 4.- Medios de disminuir parcialmente los males que pueden causar la libertad de imprenta en los casos en que es posible evitarlos del todo”.

La semilla sembrada por el precursor, ‘a porta gayola’, dio sus frutos y sirvió para que a partir de la primera Constitución de nuestro país (1811) y todas las siguientes se consagrara el sagrado derecho de la libertad de imprenta –la primera en hablar de prensa fue la carta de Neiva (1815)–.

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La Constitución Política de la Nueva Granada, de 1853, proclamó una libertad absoluta de la imprenta, cuya huella fue el caos por el libertinaje existente, y que al final condujo a una guerra civil.

Si observamos con cuidado lo redactado en la Constitución de 1991, implícitamente se desarrolló el pensamiento santafereño de Nariño, cuando tradujo e interpretó en su dimensión holística y clarividente el artículo 11, en el que habla de la libre comunicación, en su sentido categórico.

Con lo consagrado en el artículo 20 se puede cotejar sin dificultad, guardando por supuesto el sentido de tiempo y modo, por existir una similitud increíble, cuando a su tenor se dice en el artículo 20: “Se garantiza a toda persona la libertad de expresar y difundir su pensamiento y opiniones, la de informar y recibir información veraz e imparcial, y la de fundar medios masivos de comunicación. Estos son libres y tienen responsabilidad social. Se garantiza el derecho a la rectificación en condiciones de equidad. No habrá censura”.

Si se trata de calificarlo, podemos colocar como nota final que el precursor don Antonio Nariño fue y sigue siendo el superhéroe de la denominada libertad de prensa en nuestro país.

Si se trata de calificarlo, podemos colocar como nota final que el precursor don Antonio Nariño fue y sigue siendo el superhéroe de la denominada libertad de prensa en nuestro país.

En la actualidad quedan aún rezagos y se siguen irrespetando las concepciones de la libertad de prensa, como lo ha señalado la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), a finales de abril de este año, en la clausura de la reunión semestral, en la que refiriéndose al caso colombiano, el informe destaca en uno de sus apartes: “Este periodo registró severas restricciones al trabajo periodístico, especialmente en la frontera colombo-venezolana… y amenazas legales respecto a la imposición del derecho a la honra por sobre la libertad de expresión…”.

Es preocupante que en nuestro país se estén utilizando mecanismos judiciales para atemorizar o coartar la libertad de prensa, como también lo ha señalado la Flip en un reciente informe, en el cual registró 140 casos de acoso judicial contra periodistas en Colombia.

Hay que seguir en procura siempre de la defensa de los principios de quienes ejercen el periodismo, como defensores de nuestra democracia. Para ello, los recorderis y las enseñanzas de Nariño hay que tenerlos presentes.

Como colofón frente al tema, hay que destacar que existe la ley 1016 de 2006, por la cual se adoptan normas legales, con meros propósitos declarativos, para la protección laboral y social de la actividad periodística y de comunicación a fin de garantizar su libertad e independencia profesional.

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En su artículo 6.º dice lo siguiente: “Igualmente declárase el día 4 de agosto de todos los años como el Día del Periodista y Comunicador, en conmemoración de la primera publicación de la Declaración de los derechos del hombre, realizada el 4 de agosto de 1794 por Antonio Nariño, precursor de la independencia”.

Solamente el Círculo de Periodistas de Norte de Santander, en acatamiento a la norma, conmemora en tal fecha el día del periodista e instituye la Fundación Premio de Periodismo La Bagatela, en honor al precursor, que cumple este año la V edición a nivel nacional.

Existe por costumbre en nuestro medio la celebración del Día del Periodista en Colombia el 9 de febrero, en reconocimiento de lo hecho por el cubano don Manuel del Socorro Rodríguez de la Victoria, principalmente por la publicación de El papel periódico de Santafé de Bogotá, el 9 de febrero de 1791.

ELKER BUITRAGO LÓPEZ 
Especial para El Tiempo

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