Un virus que sepultó una costumbre de 5.000 años de historia

Un virus que sepultó una costumbre de 5.000 años de historia

El temor al contagio del coronavirus llevó a la humanidad a cambiar el estrechón de manos.

Trump

El ejecutivo B. Greenstein saluda de codo a Donald Trump.

Foto:

Jim Watson. AFP

Por: Armando Neira
14 de marzo 2020 , 10:38 p.m.

Hace unos días, el sábado 7 de marzo, hubo un almuerzo en la Casa de Nariño. Los invitados, varios directores de medios de comunicación, estaban en la mesa cuando entró el presidente Iván Duque. Los presentes se levantaron para saludarlo de mano, pero él amablemente las esquivó y les dio un toquecito con el codo.

Hubo risas en el salón. El jefe de Estado argumentó: “Es la nueva realidad”.

En efecto, en menos de dos meses, el coronavirus echó por tierra uno de los símbolos de cortesía de la humanidad, el cual varios estudiosos consideran que se remonta a 5.000 años. Hay jeroglíficos egipcios que representan pactos y arreglos entre hombres y deidades, quienes -solemnemente- aprietan sus manos en señal de acuerdo y también de confianza.

En este sentido, el saludo de manos es más cercano. “Tiene un origen medieval”, explica Fabio Zambrano, profesor titular de Historia de la Universidad Nacional de Colombia. “Surgió como una muestra de que no se llevaba un puñal, un cuchillo en la mano. Sino que se ofrecía la mano limpia”.

“Ortega y Gasset -en alguna parte de 'El hombre y la gente', creo- cuenta que el hábito de saludarse estirando la mano para dársela al otro es uno de los más antiguos de la especie humana”, argumenta el escritor payanés Juan Esteban Constaín.

El autor de 'El hombre que no fue jueves' anota: “Ese gesto, dice Ortega, entrañaba un signo de paz: la muestra inequívoca de que uno no iba armado. Ahora, con el coronavirus, será al revés, no dar la mano parecerá un gesto de consideración por el prójimo y de buena educación”.

En efecto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que a través de un apretón de manos una persona puede contraer el covid-19 por contacto con otra que esté infectada.

La persona con el virus puede exhalar gotículas procedentes de la nariz o la boca, las cuales salen despedidas cuando tose y que él mismo transmite al pasarse la mano por el rostro. Por eso es importante mantenerse a más de un metro de distancia de una persona que se encuentre enferma.

Pero, ¿qué pasa si el afectado no lo sabe y saluda a alguien sano con el clásico estrechón de manos? Ahí, muy posiblemente, se fue el virus. Para evitarlo, la OMS aconseja lavarse muy bien las manos con agua y jabón, y la precaución de dejar de saludar como tradicionalmente se ha hecho en los últimos siglos en el mundo occidental.

Eso fue lo que hizo hace unos días el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, al bajar de un avión y mostrarse cordial con sus anfitriones tocándolos con el codo, una imagen que se hizo viral en las redes sociales. Por su cargo, él debe dar ejemplo.

(Lea también: Se declara el estado de emergencia en EE. UU. por coronavirus)

Trump lo designó responsable de las operaciones de respuesta de ese país ante el covid-19.

También, en Washington, la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, y el presidente del Grupo del Banco Mundial, David Malpass, se golpearon los codos en señal de saludo durante la conferencia de prensa conjunta sobre los efectos económicos de la pandemia en el planeta.

En París, en vez de darle la mano, el presidente francés, Emmanuel Macron, se inclinó de manera reverencial ante el rey Felipe VI de España para evitar el contacto directo. La escena tuvo un toque de simpatía porque el jefe de Estado galo en principio no sabía cómo abordar a su interlocutor.

Como le pasó a Diego Pablo Simeone, director técnico del Atlético de Madrid, quien se quedó con la mano extendida cuando se encontró con Jürgen Klopp, entrenador del Liverpool, en los momentos previos a su partido y olvidó por un instante los protocolos exigidos ahora por la Fifa para entrar en contacto físico. El alemán sorprendió y le puso el codo. Ambos sonrieron en la última imagen global, por ahora, de un partido de la Champions, dado que la competencia también fue suspendida.

Es una paradoja. Dejar a un lado este fugaz saludo es un gigantesco cambio cultural. “Darse la mano, tocarlas, rozarlas o chocarlas, lleva con la humanidad al menos la misma historia que el cristianismo”, dice el filósofo y semiólogo Armando Silva Téllez. Se trata, anota, de “un símbolo particular, pues corresponde a dar una parte del cuerpo al otro, de compartir -así sea por unos segundos- una intimidad”.

Silva recuerda, sin embargo, sus otros significados: “Una práctica riesgosa, ya sea por el peligro de un ataque, como los caballeros de la Edad Media que daban la mano con la que empuñaban la espada para indicar que no atacarían; por el engaño, como los armisticios de paz que no se van a cumplir; por su higiene, como ocurre entrada la era industrial, cuando el paradigma de la higiene hizo mirar con recelo esa acción tan cercana”.

“El gesto significa que uno viene desarmado, en son de paz, pero por estos días quiere decir ‘no tengo el virus’ ”, dice el escritor Ricardo Silva Romero.

El autor de 'Cómo perderlo todo espera' que esta incierta situación de temor al otro sea breve porque “el modo como se saluda sirve mucho para definir a una persona”.

En línea con esta afirmación, Silva Téllez (con doctorado y un posdoctorado en Literatura Comparada en la Universidad de California) recuerda que en el siglo XX, el ‘hippismo’ introdujo la paz y el amor entre congéneres y, además de la mano, el beso de saludo entre hermanos, lo que no es distinto al cristianismo, el cual aún en los ritos de la misa de hoy brinda un espacio para dar la paz de Dios estrechando la mano del hermano vecino.

Hoy, en todas las naciones de occidente se suele dar la mano y en muchas se combina con besar la mejilla del amigo e incluso al recién conocido. Varía solo el número de besos: en Francia tres, en Brasil dos y en Colombia uno.

“Así que la mano recorre la historia de nuestra civilización como uno de los ritos más populares, sin quitar que está atravesado por clases sociales, por dignidades aristocráticas o por géneros. En Italia y Argentina se besan los hombres; en Colombia, no. Pero la comunidad LGBTI sí que lo hace como actitud de conquista”, explica Silva Téllez.

¿Qué hacer entonces? Por ahora, ser creativos para exhibir la calidez. En las redes sociales, por ejemplo, abundan nuevas formas de saludo.

La inclinación de los orientales, el militar, mostrar el signo de la paz y hasta el vulcano creado por la serie de ficción Star Trek. “Ojalá la gente vuelva pronto a darse la mano en señal de buena fe”, anhela Silva Romero.

Entre tanto, dice Silva Téllez, “estamos en manos de la ciencia”. Mientras encuentran una respuesta y hallan una vacuna. “No son tiempos de caballeros andantes ni de triunfos deportivos, es el de la ciencia, la cual nos dará respuestas, sin duda, y podremos de nuevo estrechar las manos entre hermanos”, dice.

ARMANDO NEIRA
Editor de Política de EL TIEMPO
​En Twitter: @armandoneira

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