Los días de tensión entre el Presidente y la Alcaldesa

Los días de tensión entre el Presidente y la Alcaldesa

Ante la pandemia, los ciudadanos necesitan que Iván Duque y Claudia López trabajen de la mano.

Claudia

El presidente Iván Duque y la alcaldesa Claudia López, con sus equipos en la Casa de Nariño en una imagen de archivo.

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Presidencia

Por: Armando Neira - Editor de Política
26 de abril 2020 , 01:46 a.m.

La caminata entre el Palacio Liévano y la Casa de Nariño es tan corta como histórica. Es un placer ir por la carrera octava, de un lado a otro, y contemplar esa construcción con estilo de Renacimiento francés de la Alcaldía Mayor o la imponente fachada en piedra tallada y labrada de la Casa de Nariño.

Entre las dos edificaciones, además, hay unos cuidados y amplios jardines. “¿Qué les cuesta verse para hablar?”, es la pregunta de muchos ciudadanos cuando se les pide su opinión por el cortocircuito entre el presidente Iván Duque y la alcaldesa Claudia López.

A estas horas, se impone el desconcierto y pocos saben con precisión qué pasos van a dar a partir de mañana en Bogotá, cuando puedan volver al trabajo el sector manufacturero y el de la construcción.

(Le recomendamos: Lo que debe saber sobre la flexibilización que se inicia este 27 de abril)

El cruce de decisiones entre los dos mandatarios ha creado incertidumbre en la capital, que tiene no solo el mayor número de habitantes, casi ocho millones, sino que es la urbe más afectada por el número de contagios. De los 5.142 casos confirmados en el país, en Bogotá hay 2.152.

No es momento para divisiones políticas, ni competencias de ninguna índole

Como en los conflictos de una pareja, en ocasiones han recurrido a ataques hirientes. A principios de la semana que pasó ella dijo: “Sobre mi cuerpo muerto vuelven a reabrir El Dorado el 27 de abril”. Con ironía, él respondió: “Hay que salir de la discusión de echarle la culpa al aeropuerto. La pandemia está sacudiendo al mundo y no veo a nadie en Estados Unidos acusando al aeropuerto John F. Kennedy”.

Luego él, en el espacio institucional ‘Prevención y acción’, que se transmite todos los días por televisión, le recordó su cargo: “No es momento para divisiones políticas, ni competencias de ninguna índole; yo soy el Presidente de la República”.

Entonces ella le envió una detallada carta en la que lo saluda con respeto, le “pide una reactivación gradual, secuencial y segura”, pero al despedirse le dice que “en sus manos” queda “salvar vidas” “responsablemente”. “De lo contrario se expone a Bogotá y a trabajadores y familias humildes a un riesgo mortal”, le dijo.

Así están hoy las cosas en una relación que se inició con buena química, a principios de año, cuando ella se posesionó. Como casi todo en el planeta, llegó la pandemia del coronavirus y la cambió.

Primeras decisiones

Ella se adelantó e impuso la primera cuarentena durante el puente festivo del 21 de marzo. Aunque fue de obligatorio cumplimiento, e incluía sanciones, el llamado ‘simulacro vital’ fue concebido por la alcaldesa como un ejercicio pedagógico y de autorregulación de la ciudadanía.

Con acuerdos o desacuerdos, los ciudadanos vieron en ella un valor de peso en cualquier mandatario: la toma de decisiones. Duque impuso luego la cuarentena nacional que en un principio fue aplaudida por ella. Hasta ese momento parecía que había más afinidades entre ambos que diferencias.

De hecho, en una entrevista con EL TIEMPO la alcaldesa destacó su “muy buena relación con el Presidente”.

Aunque precisó: “Claro, tengo desacuerdos, hay que entender que uno no tiene que estar de acuerdo en todo para coordinar. Al principio fue difícil, para nadie es un secreto que Bogotá decidió hacer cuarentena antes que el Gobierno Nacional. Nosotros teníamos que ir a una velocidad y ellos se demoraron un poquito en empatar, yo creo que eso se ha venido reduciendo”. A medida que aumentó el número de casos confirmados, con las cifras de muertos en ascenso y con el deterioro de la economía, la cuerda se volvió a tensar.

La incertidumbre por la duración de crisis también ha abierto heridas. Ella, por ejemplo, ha dado a entender que Bogotá estará en cuarentena hasta que se descubra la vacuna.

“Esto es imposible”, dice Luis Felipe Henao, exministro de Vivienda durante la administración Santos. “Economía y salud deben ir de la mano, eso se llama progreso, logrando equidad y no mayor pobreza. Como dice Alejandro Gaviria, rector de Los Andes, una cuarentena de 18 meses es insostenible”, sostiene.

El liderazgo implica tener la capacidad de ponerse de acuerdo, cuando pelean públicamente confunden a la gente y generan sensación de competencia política

Visiones distintas

“Hay un pulso político entre la Alcaldesa de Bogotá y el Presidente de la República en el manejo de la pandemia porque hay dos miradas en el cómo debe ser asumida la prevención en el contagio desde el aislamiento y la reactivación de la economía”, dice Carlos Arias, consultor en Comunicación Política y Persuasión del Externado.

Una situación de choque que para la democracia colombiana no necesariamente es malo, como dice Yann Basset, doctor en Ciencia Política. “Hasta cierto punto, las tensiones entre el Presidente y la Alcaldesa pueden resultar positivas”, explica.

“En el contexto de estado de emergencia en la que se suspende provisionalmente el juego normal de pesos y contrapesos, con el Congreso que todavía no logra del todo normalizar sus actividades, las tensiones entre el Gobierno Nacional y los locales intervienen como un sustituto”.

Él dice que eso explica que curiosamente, a pesar de las peleas, a ambos les ha ido bien en las encuestas que han medido el manejo dado por los líderes políticos a la pandemia.

En efecto, Claudia López es la mandataria local más valorada por sus ciudadanos. Un 78,1 por ciento tiene una imagen favorable y con solo un 17,6 por ciento de desfavorable. En el ámbito nacional, la gestión del presidente Duque tiene una aprobación del 63,2 por ciento mientras que un 29,4 por ciento la desaprueba.

Son cifras de la encuesta Percepción País de las firmas Guarumo y EcoAnalítica y en la que se consultó a 2.044 colombianos, entre el 12 y el 16 de abril.

Para Juan Pablo Milanese, del departamento de Estudios Políticos de la Universidad Icesi, no es raro que existan este tipo de choques en escenarios tan críticos como el que experimenta la humanidad. Y más si existe un poder local tan poderoso como el que tiene la persona que rige los destinos de la capital. “Eso sí, recuerda que la última instancia debe ser tomada por el Presidente, quien es jerárquicamente superior”.

¿Tendrá en su actuación Claudia un interés por sembrar ahora para cosechar después en un competencia en el ámbito nacional? Estas tensiones, reporta Milanese, se dan de manera natural “en escenarios donde los gobernantes aspiran a acumular recursos políticos para capitalizar después”.

Al margen de cualquier opinión, lo cierto es que a menos de 24 horas para que se reactiven el sector de la construcción y el manufacturero, que, según cita la Alcaldesa de estimativos hechos con los ministros de Vivienda y de Ministro de Industria, Comercio y Turismo, implica mínimo la vuelta a la calle de 460.000 trabajadores, nadie sabe qué va a pasar.

El problema de la irregular comunicación entre Presidente y Alcaldesa provocó que no haya llegado ningún mensaje claro y preciso para los bogotanos.

“El liderazgo implica tener la capacidad de ponerse de acuerdo, cuando pelean públicamente confunden a la gente y generan sensación de competencia política. Pónganse de acuerdo y empujemos todos para el mismo lado”, exige el presidente del Concejo de la capital, Carlos Fernando Galán.

Máxime que si se tiene en cuenta que al ver el panorama regional, la situación hasta ahora en Colombia ha sido más o menos bien manejada.

“En América, los tres países con la mayor fortaleza institucional –EE. UU., Brasil y México– son los que encabezan las estadísticas de afectaciones en esta pandemia”, dice Fabio Zambrano, del Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional.
Sin embargo, anota el docente, los tres casos tienen mandatarios díscolos y fuertes peleas con los mandatarios regionales.

“En ese espejo no nos podemos mirar; hoy necesitamos políticos sensatos para superar esta prueba que nos puso la naturaleza”, sentencia él. “Por eso, hay que hablar y conciliar por el bien de todos”.


ARMANDO NEIRA
Editor de Política de EL TIEMPO
@armandoneira​

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