Colombiana cuenta la odisea que tuvo que vivir para regresar de India

Colombiana cuenta la odisea que tuvo que vivir para regresar de India

Martha Gloria García fue una de 366 connacionales que retornaron al país el pasado domingo.

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Martha Gloria García

Archivo particular

Por: Juan Francisco Valbuena G.
20 de mayo 2020 , 09:32 p.m.

Dos meses y medio tuvo que permanecer Martha Gloria García aislada en su escuela de yoga en Rishikesh (India), junto con 21 compañeros de otros países, a quienes la cuarentena por el coronavirus sorprendió en un curso para aprender esta técnica en ese país.

Martha Gloria regresó a Colombia el pasado domingo con 366 connacionales que estaban en India y en otros países cercanos y cuyas familias hicieron hasta lo imposible para pagar lo que las aerolíneas cobraron por el vuelo.

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Dos días después de aterrizar, ella le contó a EL TIEMPO cómo fueron sus días en la India y cómo se organizó el regreso. Igualmente, se quejó porque, para ella, el Gobierno Nacional debería hacer más, especialmente por 87 colombianos que aún permanecen en la zona y que no han logrado reunir el dinero para regresar.

¿Qué estaba haciendo usted en la India?

Yo vengo trabajando desde hace dos años un cambio en mi estilo de vida y dentro de esto estaba todo el tema del yoga. Hice mi primera certificación en Bogotá y quise hacer mi segunda certificación allá en India. Qué mejor que hacerlo en el sitio que es la cuna de este tema. Organicé todo y el 27 de febrero me fui a hacer el curso de profesorado de yoga en Rishikesh (India), que es donde están las escuelas de yoga.

¿Cuánto tiempo tenía previsto estar allá?

La idea era estar un mes, que es el curso de profesorado, 300 horas. Era a partir del 3 de marzo hasta el 3 de abril, un mes completo.

¿Cuándo llegó a la India notó algo que le permitiera pensar que el tema del coronavirus iba a llegar tan lejos?

No. Llegamos normalmente. Cuando esto comenzó se empezó a hablar de sitios muy lejanos y por mi mente ni siquiera pasó que esto sería a nivel mundial. Cuando llegamos al aeropuerto de Nueva Delhi todo estuvo normal y tranquilo y no hubo ninguna dificultad ni exigencia adicional. Después, cuando llegamos a Rishikesh, tampoco. Es una ciudad muy tranquila, con su río Ganges.

¿Cómo se enteró sobre la gravedad del asunto?

Nosotros iniciamos clases normalmente el 3 de marzo. Las dos primeras semanas todo estuvo tranquilo, normal. Ya iniciando la tercera semana nos informaron que empezaba la pandemia y que, aunque todavía India no tenía ningún problema, por seguridad iban a hacer una cuarentena de algunos días. En la escuela nos pidieron que tuviéramos cuidado, que nos resguardáramos y que no saliéramos de allí para que evitáramos cualquier riesgo. En el sitio teníamos todo, alimentación y demás. Nosotros lo asumimos más como un tema de seguridad que otra cosa, pero ya luego comenzaron a ampliar y ampliar la cuarentena hasta que nos dijeron que tocaba estar completamente encerrados allá y ahí sí, literal, pusieron candado en la puerta.

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Luego comenzaron a ampliar y ampliar la cuarentena hasta que nos dijeron que tocaba estar completamente encerrados allá y ahí sí, literal, pusieron candado en la puerta

¿Ustedes aceptaron esta decisión voluntariamente?

Nosotros aceptamos esta forma de estarnos allí, de terminar el curso, porque los profesores se quedaron allí mientras nos dictaban las clases y finalizábamos el curso. Cuando terminamos el curso, porque lo adelantamos al 27 de marzo, nos dijeron que los vuelos y que todo comenzó a  limitarse y nos tuvimos que quedar allí.

¿Por qué cerraron las puertas de la escuela con candado donde usted estaba?

Porque ellos nos pidieron que, por favor, no saliéramos porque hay un riesgo latente y nos decían que sí salíamos había un mayor riesgo de que pudiéramos contagiarnos. Éramos un grupo de 21 personas y cualquiera que saliera y pudiera contagiar a los demás habría sido terrible. Entonces nosotros dijimos ‘ok, nos quedamos en la escuela’. Ellos aseguraron todo el tema de la comida. No era la misma que habíamos manejado siempre, porque la compra de los alimentos comenzó a restringirse, pero ellos tenían reserva de comida porque tenían planeados los cursos para abril y mayo. Con eso nos pudimos mantener muy bien durante la época que estuvimos allí.

¿La decisión de que ustedes se quedaran en la escuela y cerrarla con candado la tomaron las directivas de la escuela o las autoridades indias?

Las autoridades indias lo que estaban pidiendo era que se cerraran las escuelas, pero había una dualidad: la escuela nos ayudó en el sentido de dejarnos quedar, porque ya los hoteles empezaron a cerrar completamente y a no recibir a ningún extranjero, entonces la escuela nos ayudó a tener un sitio donde quedarnos, porque haber salido de allí hubiera sido para nosotros terrible, porque no hubiésemos encontrado fácilmente dónde alojarnos.

¿Cómo fueron esos días de cuarentena total en la escuela?

Ahí es donde uno empieza a hablar de comunidades. Cada uno, en su conocimiento, comenzó a generar una serie de clases: entonces uno dictaba ayurveda (una ciencia del yoga), otros dictábamos yoga; otros, meditación y hasta hubo clases de salsa, al final. Tratábamos de ocupar el tiempo en cosas productivas. Y también manejando un poco la ansiedad, las angustias, los sentimientos de cada uno, porque éramos multiculturales, allí había de todas partes: había de Inglaterra, Canadá, Sudáfrica, Taiwán, Alemania, Rusia, entonces digamos que cada uno, en su cultura, tiene una forma de ser y de comportarse, pero tratamos de ayudarnos todos a estar lo mejor posible.

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Graduación de yoga en India

Este fue el momento de la graduación del curso de yoga en el que Martha Gloria garcía estuvo en India, donde la sorprendió la pandemia.

Foto:

Archivo particular

¿Cómo era la logística para temas como, por ejemplo, la comida?

La escuela permitió que nosotros estuviéramos allí, pero nosotros también colaboramos ayudando en los quehaceres en las zonas comunes, turnándonos para colaborarles a las personas de la cocina. Se quedaron dos personas colaborándonos, porque la alimentación allí es diferente y nosotros no la conocíamos bien, pero sí colaborábamos para mantener la escuela bien.

¿Cómo se enteraban de las noticias en el exterior y de las medidas que se iban tomando?

Teníamos wifi. La mayoría tenían datos, especialmente los que eran de Europa, entonces siempre estábamos informados y la escuela también lo hacía.

¿Cómo tomaron la situación las 21 personas que estaban en esta cuarentena total en la escuela?

Inicialmente hubo una aceptación de la situación, pero a medida que pasaba el tiempo, se iba ampliando la cuarentena y que veíamos que no había una luz para retornar a casa, obviamente hubo todo tipo de sentimientos. A veces de tristeza, de rabia, de angustia, pero pienso que eso es precisamente lo que se trabaja en este tipo de situaciones y siempre hay alguno que está para calmar, ayudar, fortalecer y al final, entre todos, nos dábamos ánimo y fortaleza para mantenernos allí y entender que era una situación que no solamente la estábamos viviendo nosotros, sino el mundo entero, en diferentes circunstancias, pero que la final estábamos sintiendo lo mismo.

¿Cómo fue la comunicación suya con su familia en esos días?

Con mis hijas. Siempre lo hicimos a través de WhatsApp y siempre les contaba cómo estaba, que estaba bien, que todo estaba tranquilo. Ellas estaban un poco preocupadas por el tema de la alimentación, porque cuando comenzaron las restricciones, hubo localidades de India que las aplicaron mucho más fuerte. Y otra de las cosas que es importante entender es que en India no tenemos las mismas condiciones que tenemos en Occidente. Hay temas como el gas, que aquí ya lo tenemos en casa, y allá todavía se utiliza la pipeta de gas. En este caso, a veces para conseguirla fue un poco más difícil, porque el gobierno de allá dio prioridad al gas para hospitales y todas las entidades que lo necesitaran para cubrir y ayudar en esta situación de pandemia y las escuelas, hoteles y demás no eran prioridad en ese momento. La familia se preocupó un poco por eso.

¿En esos días hubo algún tipo de contacto con alguna persona o médico del exterior?

No. Cuando una persona se sentía algo enferma, la escuela inmediatamente llamaba al hospital y ellos llevaban un médico para que la persona no tuviera que salir. En mi caso, yo tengo que tomar una medicina y se me estaba terminando, porque había llevado lo que necesitaba para el tiempo que iba a estar, entonces les informé que la necesitaba y ellos validaron con el hospital, me llevaron allí, el médico la recetó y cuando regresé a la escuela tuve que hacer un protocolo completo y ese día estuve un poco en aislamiento con respeto a todo el grupo para evitar cualquier contagio.

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Martha García

Martha García habla de su experiencia para volver al país desde India

¿Y hubo algún contagio dentro del grupo o síntomas?

No, para nada, estuvimos muy bien porque todos cumplimos con lo exigido.

¿Cómo comenzó el regreso a Colombia?

Los primeros en regresar a su país fueron los alemanes. Ellos recibieron una ayuda permanente de su gobierno, que les dio un vuelo para que ellos pudieran regresar. Nosotros estábamos en Rishikesh y ellos tuvieron que ir a Nueva Delhi. Organizaron, tanto con la policía como con el gobierno local, un bus para que todas las personas que estuvieran en Rishikesh se fueran hasta Nueva Delhi a un hotel, con todas las condiciones. Luego vinieron los canadienses. Creo que con ellos hubo unos costos, pero muy bajos, menos de 500 dólares. Y así sucesivamente. Quedamos 15 personas, incluidas quienes nos ayudaban en la cocina y la parte administrativa de la escuela, y comenzamos el relacionamiento con el consulado de Colombia a ver qué iba a pasar.

¿Qué hizo el consulado de Colombia entonces?

Ellos generaron un listado de todas las personas que estábamos en India. Éramos 150, incluyendo algunos que estaban cerca de India: en Nepal, en Sri Lanka, en Bangladesh. El consulado tuvo esa lista y comenzamos a contarles algunas situaciones muy duras económicamente de algunas personas. En Rishikesh, por ser una ciudad algo universitaria, hay un concepto diferente del extranjero, pero hay otros lugares donde fueron tratados muy fuerte, porque algunos indios consideraron que ellos fueron los que llevaron el virus y hubo un fuerte malestar hacia el extranjero.

¿Cómo se tramitó el regreso de los colombianos en esos lugares al país?

Durante todo el tiempo el consulado estuvo mirando la situación. Ellos nos informaron el primero de mayo que había un posible vuelo de repatriación humanitaria, pero que tenía unos costos de aproximadamente 2.700 dólares por silla. La primera reacción de todos fue de sorpresa porque no teníamos ese dinero. De esos 150 colombianos, creo que muy pocos tenían los recursos para cubrir ese valor. Yo fui la primera que dije ‘no me puedo montar a ese avión porque no tengo el dinero para ello’. Pero cuando ya se lo contamos a las familias, todas comenzaron a decir que como fuera buscarían la manera de que regresáramos.

¿Cómo logró reunir el dinero?

Mis hijas comenzaron a hacer todo un plan en las redes sociales para pedir ayudas. Lo mismo hicieron muchos de los compañeros y realmente fue un resultado muy positivo. Otros comenzaron a vender algunas cosas de sus casas, las joyas u otras cosas que tenían. Para algunos más era muy difícil solicitar ayuda y optaron por la más difícil, que era quedarse con la deuda.

Martha Gloria García en la India

Durante los dos meses y medio que Martha Gloria García y 21 extranjeros más tuvieron que estar en la India se dedicaron a diferentes actividades.

Foto:

Archivo particular

¿Para qué eran los 2.700 dólares que les estaban cobrando?

Eran para el tiquete para viajar. Garuda fue la empresa de Indonesia que ofreció esta posibilidad, junto con los gobiernos que aceptaron la apertura de los aeropuertos. Por eso creo que hablar del tema humanitario no es realmente lo que se puede decir, es una repatriación, pero asumiendo cada uno de nosotros los costos que generaba este vuelo.

¿Y qué pasó cuando estuvieron listos?

Ya organizado todo se le informó al consulado y ellos pudieron, junto con las embajadas de Australia, Indonesia y en Ámsterdam, validar cuántas personas de esos otros lugares iban a ingresar también al vuelo. Con esto se llegó al total de 366 personas que llegamos en el vuelo del domingo.

¿Los 150 colombianos que estaban en India y otros países cercanos pudieron viajar todos?

No, solamente nos subimos al avión 63, quedan 87 allá, muchos de ellos en situaciones bastante complejas, difíciles. Aparte de esto, hay un tema por el subsidio que se supone se entregó para poder atender a todas las personas que están allá. En el caso nuestro, en India, entiendo que eran como 14.000 dólares, los cuales la mayoría de las personas no los han podido usar por las condiciones que están poniendo para recibir el subsidio. El 27 de abril nosotros recibimos una solicitud por parte del consulado en la que nos pedían una declaración juramentada para poder recibir ese auxilio. De ellos, muchos hicieron esta declaración, pero luego llegó una reglamentación de cómo se podían recibir esos auxilios y entre esto pedían facturas membreteadas, con una gran cantidad de condiciones, tanto para el alojamiento como para la alimentación, que debían ser en sitios comerciales que generen factura. Si uno está mal, ahorrando cada rupia (moneda de la India), pues compra en las carretillas que pasan vendiendo las verduras en la calle y no puede ir a comprarlo en un sitio comercial que genere factura. Muchos de estos colombianos, por eso, no han podido recibir este tipo de subsidio.

¿De dónde salió el vuelo que llegó el domingo a Colombia y cómo se juntaron estos 366 colombianos?

El vuelo salió de Indonesia, de donde es la aerolínea Garuda. Luego fueron a Australia, después a India, a Nueva Delhi, y de ahí a Ámsterdam y posteriormente a Colombia. Esa fue la ruta.

¿Hubo algún tipo de procedimiento médico cuando subieron al avión en Indonesia?

Lo único fueron las pruebas de temperatura, que siempre las hacen. Nos hicieron llenar unos formatos por parte de Migración Colombia en los que debíamos constatar que no habíamos tenido contacto con personas que hubieran tenido el virus y que no habíamos tenido ningún síntoma. En el aeropuerto de Nueva Delhi hubo las restricciones normales de distanciamiento social y otras protecciones, como guantes y tapabocas.

¿Y qué medidas de protección había en el avión?

Lo que nos pareció un poco gracioso fue que en el avión estábamos a menos de medio metro con la otra persona, porque las sillas estaban completas. Nosotros creíamos que, por lo menos, iba a haber sillas vacías para tener un distanciamiento, pero el vuelo venía lleno, por tanto siempre estuvimos el uno con el otro, juntos. Siempre con tapabocas, eso sí, pero igual, esa parte de seguridad no hubo.

El vuelo salió de Indonesia, de donde es la aerolínea Garuda. Luego fueron a Australia, después a India, a Nueva Delhi, y de ahí a Ámsterdam y posteriormente a Colombia. Esa fue la ruta

¿Y qué pasó cuando llegaron a Bogotá?

Cuando nos íbamos a bajar del avión nos dijeron que guardáramos el distanciamiento social y lo único que hicimos fue reírnos, porque sabíamos que estuvimos 24 horas juntos. Todo lo que fueron pilotos y auxiliares de vuelo fueron muy amables y estuvieron muy atentos. Luego de que descendimos del avión comenzamos a hacer la fila, entregamos los formatos que nos habían pedido, llenamos otros, todo esto lo entregamos junto con nuestro pasaporte y después íbamos pasando a que nos midieran la temperatura. Hicieron toda la validación de los documentos. Nos hicieron sentar en unas sillas con unos dos metros de distancia hasta que nos devolvieron nuestros pasaportes y nos pidieran que esperáramos los buses que nos iban a llevar a donde íbamos a pasar la cuarentena. Fueron alrededor de cuatro horas.

¿Qué restricciones les indicaron las autoridades colombianas?

Son 14 días completos que debemos mantenernos en casa, sin salir ni a la puerta. De todas formas las personas del Ministerio de Salud nos estarán llamando cada tres o cuatro días para preguntarnos cómo estamos y saber que estamos en casa. También nos dijeron que, a través de nuestra EPS, en el momento en que tuviéramos cualquier síntoma informáramos.

¿Qué balance hace después de vivir esta odisea?

A nivel de balance personal, fue una experiencia maravillosa. Yo siempre he dicho que uno tiene que estar en el momento que es y en el sitio que es y muy seguramente todo esto fue parte de un aprendizaje que tenía que vivir. La parte triste y desoladora para mí es que sí considero que no hemos sido bien tratados por el Gobierno. Hay 87 personas que siguen en una situación difícil allá en India. Sé que en el resto del mundo también las hay, pero veo que el Gobierno no está dando un apoyo como es necesario y esa es de las cosas que más me duelen: sentir que en una situación así de difícil, en el extranjero, uno se siente abandonado.

JUAN FRANCISCO VALBUENA G.
REDACCIÓN POLÍTICA

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