Elegir y ser elegidos en Colombia no era para todos

Elegir y ser elegidos en Colombia no era para todos

En octubre de 1818 se realizaron las elecciones para Congreso de Angostura, las cuales son un hito.

Elecciones en octubre proximo

Las elecciones, como hoy se conocen, son muy distintas a las de la época.

Foto:

Jaime Moreno/EL TIEMPO

Por: EL TIEMPO
29 de abril 2019 , 09:53 p.m.

Estas elecciones fueron directas –las únicas hasta 1853– y el criterio para determinar la elegibilidad fue relativamente amplio. La convocatoria constituyó un momento de apertura democrática. Sin embargo, la constitución aprobada en agosto de 1819 restringió la participación política al instaurar la elección indirecta y clasificar a la población libre entre ciudadanos pasivos y activos.

El ciudadano pasivo estaba protegido por la ley, pero no influía en la formación de esta ni ejercía su soberanía a través del voto. En cambio, el ciudadano activo podía elegir y ser elegido.

Esta división fue suprimida en constituciones posteriores, aunque subsistió de manera informal. Esto explica las nociones de virtud, ilustración, utilidad y notabilidad que constituyen el ideal de ciudadanía a lo largo de nuestra historia.

Para ostentar el título de ciudadano activo se requería, como mínimo, haber nacido en el territorio de la República y tener domicilio o vecindario en cualquier parroquia; ser casado o mayor de 21 años; poseer propiedad raíz de 500 pesos o tener un empleo con renta de 300 pesos al año; haber cursado estudios y ser reputado por honesto y “gente decente”, eufemismo para designar a quienes se tenían por las primeras familias del reino.

En los territorios dominados por los republicanos en 1818 y 1819, las votaciones ocurrieron en parroquias y cantones militares. Los oficiales militares –incluidos sargentos y cabos– fueron considerados ciudadanos activos. Esto amplió el sistema representativo y consagró la soberanía popular. La figura de ciudadano soldado apareció desde las primeras constituciones provinciales –Cundinamarca y Antioquia– instaurando la idea de que el ciudadano defiende la libertad con su vida. El Ejército se convirtió en un medio de ascenso social y un formador masivo de ciudadanos.

La ciudadanía que se instaló en Angostura y Cúcuta fue censitaria, es decir, limitada, y no universal. No obstante, tuvo una dimensión emancipatoria, pues la figura del ciudadano dejó sin vigencia las distinciones legales e igualó a todos los habitantes libres ante la ley. Se introdujo una nueva lógica, la mayoría de hombres podían conquistar la ciudadanía a través de sus reivindicaciones sociales. Las mujeres quedaron al margen de esta promesa.

Como ocurrió con pardos, artesanos, mujeres e indígenas, todos aquellos que han visto comprometida su ciudadanía han entendido que deben luchar por ella.

EL TIEMPO

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