Vivo una mentira, fingí ser estéril para conseguir trabajo

Vivo una mentira, fingí ser estéril para conseguir trabajo

Cinco años después no he podido parar esa avalancha que nació al ser discriminada laboralmente.  

Licencia de maternidad y licencia parental

No sé hasta qué punto mi ‘esterilidad’ contribuyó, pero la estrategia funcionó.

Foto:

Archivo

Por: SOFÍA*
07 de agosto 2019 , 02:27 p.m.

¿Alguna vez ha sentido esa angustia punzante que se aloja justo en la boca del estómago? Ahora imagine tenerla de manera permanente durante cinco años seguidos. Las mentiras suelen olvidarse pronto y uno debe hacer un esfuerzo por recordarlas, porque una vez se crea la avalancha no queda más remedio que correr junto a ella.

En noviembre de 2014 solté la primera piedra que desató la avalancha: fingí ser estéril para conseguir trabajo.

Gracias por participar

Tenía 24 años. Era la quinta entrevista laboral a la que me presentaba, después de haber trabajado de manera temporal por siete meses y llevar otros tres meses desempleada.

La conversación con la mujer que me entrevistó fue completamente fluida, de repente nos dimos cuenta de que conocíamos gente en común y casi que parecía una conversación entre amigas.

Pero cuando me estaba yendo, con la confianza por lo alto, ella se sinceró conmigo: “Mira, estamos buscando hombres, porque las últimas tres chicas se nos embarazaron”.

Me quedé helada. Sentí el peso de ser mujer sobre mis hombros. La palabra maternidad se volvió una película de terror en las empresas.

Estaba inscrita en todas las páginas web de empleo que existen, públicas y privadas, pero yo tenía la fórmula perfecta para ser desempleada: estar recién egresada de arquitecta y ser mujer en edad reproductiva.

Nunca me había planteado inquietudes sobre la maternidad, lo veía como un asunto en el que tendría que pensar cuando estuviera mayor. Sin embargo, tomé una decisión: renunciar a ser madre. No fue una reflexión profunda, fue simplemente desesperación.

Licencia de maternidad y licencia parental

Histerosalpingografía es un examen para analizar el estado de la cavidad del útero

Foto:

Cortesía Sofía*

Me fui a mi EPS a preguntar. La primera persona con la que hablé —una chica que no tendría más de 30 años— me explicó lo que tenía que hacer, con la empatía de alguien que odia su trabajo.

Me explicó que, primero, debía pasar por un médico general para que él me remitiera a Profamilia, y allí me realizaran la operación. Le pregunté cuánto costaba, me respondió que no sabía, pero que seguro no eran más de cien mil pesos.

Cuando fui a la cita de medicina general – decidí ir a una médica particular - y dije que quería hacerme la ligadura de trompas, la doctora  abrió los ojos, volvió a preguntarme mi edad, me preguntó cuántos hijos tenía —no tengo ninguno—, me dijo que no estaba segura si eso podía hacerse a mi edad, me dijo que tal vez no permitirían que me lo hiciera.

Fue entonces cuando comprendí que el asunto no era ser estéril, sino que los demás creyeran que lo era

Pasaron cinco minutos de charla técnica, me remitió al ginecólogo, segura de que no iban a aprobar nada. El ginecólogo me remitió a Profamilia diciéndome lo mismo, que no iban a aprobarlo.

En este trámite pasó un mes, continuaba desempleada y, lo peor, seguía con el ‘riesgo’ de quedar embarazada. Fue entonces cuando comprendí que el asunto no era ser estéril, sino que los demás creyeran que lo era. Allí arrancó la segunda parte del plan.

Soy estéril

Ya tenía el discurso aprendido. Llevo más de un año tratando de tener un hijo con mi pareja – para ese momento no tenía pareja – en las últimas semanas he tenido fuerte dolor pélvico y periodos de menstruación muy irregulares desde hace varios meses.

El especialista, esta vez de la EPS, con bastante extrañeza, pero con diligencia me mandó los exámenes de rigor: muestra de sangre con medición hormonal, una histerosalpingografía – un examen para analizar el estado de la cavidad del útero - y recomendó medir con detalle el ciclo menstrual.

Me dijo que podría tratarse de una insuficiencia ovárica prematura, pero había que descartar cualquier otra causa. Eso era justo lo que necesitaba. Tenía un ‘prediagnóstico’ de esterilidad. Por descarte me practiqué los exámenes, pero ya tenía lo que estaba buscando.

Licencia de maternidad y licencia parental

Primer diagnósitco médico EPS.

Foto:

Cortesía Sofía*

En adelante, a las entrevistas de trabajo llevé mi hoja de vida y mi ‘prediagnóstico’. Ni siquiera esperé a que me preguntaran sobre si quería tener hijos o no. Desde el principio busqué la excusa para poner el tema sobre la mesa.

Dentro de 10 años me veo enfocada en la dignificación de las viviendas de interés prioritario …. Debido a que padezco de una condición médica que me lo impide, no planeo tener hijos, dije en cuanta entrevista me presenté. También tenía mi discurso aprendido.No sé hasta qué punto mi ‘esterilidad’ contribuyó, pero la estrategia funcionó. En noviembre de 2014 conseguí empleo en una empresa de ingeniería civil, que ha licitado varias obras con el Estado.

Al final del día un hijo, un hogar, es lo que nos queda

En un principio creí que ser ‘estéril’ había sido la mejor decisión. En los cinco años que llevo en la organización me he dado cuenta de que las empresas castigan la posibilidad de ser madres. La ingeniera de la empresa que más alto cargo tiene es soltera y no tiene hijos, por eso ha podido responder con las exigencias.

Pero también he comprendido que, en estos tiempos, tener un hijo se vuelve una especie de resistencia contra el sistema de producción: ese que nos pone ocho, diez, doce horas a producir algo que nunca es para uno. Al final del día un hijo, un hogar, es lo que nos queda.

¿Sabe qué es lo peor? Sí, ahora quiero tener un hijo.

SOFÍA
*El nombre de la protagonista de esta historia fue suprimido por solicitud de la fuente.

Una propuesta

Para contribuir a revertir esta situación de discriminación hacia la mujer por estar en edad reproductiva, el Congreso discutirá un proyecto que crea la licencia parental compartida.

La propuesta, de los congresistas Juanita Goebertus y José Daniel López, busca que el periodo de licencia para cuidar al bebé se pueda dividir entre el padre y la madre del menor, con el fin de que los hombres respondan por la crianza de sus hijos, pero también para eliminar que en los procesos de selección de personal se tenga como criterio si la mujer está en edad reproductiva o no.¿Qué opina de esta propuesta? Opine en nuestras redes sociales con el #LicenciaCompartida

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