¿Por qué les fue tan mal a las reformas política y de la justicia?

¿Por qué les fue tan mal a las reformas política y de la justicia?

Ambos proyectos de enmienda constitucional están por hundirse definitivamente en el Capitolio.

Debate delitos conexos

Gloria María Borrero, ministra de Justicia; Ernesto Macías, presidente del Senado, y Nancy Patricia Gutiérrez, ministra del Interior, han sido protagonistas en el Congreso.

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Ministerio de Justicia

Por: Política
09 de mayo 2019 , 10:26 a.m.

Dentro de un mes y medio concluirá el primer año del actual congreso y dos de las reformas claves para el Gobierno, la de la política y la de la justicia, están prácticamente en la lona y sin posibilidades reales de sobrevivir en el Capitolio, al menos este semestre.

El fracaso de las normas podría tener varias explicaciones: la falta de apoyo de algunos partidos políticos, la inexistencia de una coalición de gobierno sólida que saque adelante las iniciativas del Ejecutivo o el trámite de otros temas perentorios, como las objeciones a la justicia para la paz o el Plan de Desarrollo.

Sin embargo, lo cierto es que el país vivió una nueva frustración en el intento de cambiar las costumbres políticas y darle una cara más ágil a la administración de justicia.

Las reformas política y de la justicia fueron dos de las más grandes apuestas de la agenda legislativa del Gobierno Nacional.

La política, por ejemplo, fue fruto del acuerdo entre delegados de varios partidos políticos que se reunieron a instancias del Ejecutivo para elaborar un grupo de proyectos de ley y reformas constitucionales que atacaran la corrupción, siguiendo la abultada votación de la consulta contra este flagelo, en agosto del año pasado.

Para ello, uno de sus principales propósitos era implementar las listas abiertas a corporaciones públicas como el Congreso, los concejos y las asambleas departamentales, lo que abarataría las campañas políticas y les cerraría el paso a posibles actos de corrupción en ellas, como el ingreso de dineros ilícitos que permitan financiar estas empresas electorales.

Aunque senadores como Roy Barreras, por 'la U', pidieron "salvar" la reforma política, su llamado no parece haber tenido demasiado eco dentro de algunos de sus colegas.

En cuanto a la reforma de la justicia, fue un nuevo intento del Ejecutivo para modificar la estructura del Consejo Superior de la Judicatura, cuestionado por algunos sectores, mejorar los requisitos para la elección de magistrados de las altas cortes y tratar de acercar la justicia al ciudadano del común, entre otros puntos.

Aunque estos elementos no son del todo novedosos, varios expertos han coincidido en que son parte medular de un revolcón a la rama judicial, como el que se ha intentado desde hace varios años.

Un primer proyecto se presentó el año pasado por parte de la ministra de Justicia, Gloria María Borrero, el cual terminó hundido en la Cámara de Representantes en medio de varios choques de la funcionaria con partidos como el conservador –declarado de gobierno- y, especialmente, con el presidente de la Cámara, Alejandro Chacón.

Este año, Cambio Radical presentó un proyecto de acto legislativo que recogió varios de los elementos que tenía esa primera iniciativa y la ministra Borrero anunció su apoyo a “algunos” de sus puntos, los cuales fueron aprobados en primero de ocho debates por la Comisión Primera del Senado, esta semana.

De hecho, la propia funcionaria acompañó ese trámite y estuvo atenta a todos los puntos que se debatieron en esta nueva reforma de la justicia, impulsada por los partidos políticos.

Pese a estas buenas intenciones, las reformas política y de la justicia se encuentran prácticamente hundidas en el Congreso y pusieron al Gobierno a dar explicaciones sobre el precario apoyo de los partidos políticos a estas dos normas, claves para el funcionamiento de la democracia y del Estado.

Falta de coalición

Un primer hecho que evidencia el fracaso de estas dos reformas es la inexistencia de una coalición de gobierno fuerte que lo apoye en el Congreso.

Pese a que partidos como el Centro Democrático, el Conservador, ‘la U’ y los movimientos cristianos se declararon de gobierno, sus votaciones no alcanzan unas mayorías holgadas que le permitan al Ejecutivo tener control del Congreso y avanzar en el cumplimiento de sus promesas de campaña, al menos desde el punto de vista normativo.

La propia ministra del Interior, Nancy Patricia Gutiérrez, encargada de los asuntos políticos, admitió esta realidad. “El Ejecutivo tiene unos partidos de gobierno, el Centro Democrático, el Conservador, parte de ‘la U’, pero finalmente no hay la mayoría absoluta para sacar adelante las reformas y siempre hay que estar concertando los proyectos con Cambio Radical y el Partido Liberal”, le dijo a W Radio la funcionaria.

Estos dos partidos, Cambio Radical y el Liberal, se declararon independientes del Gobierno y en más de una ocasión han logrado sumar mayorías para ponerle palos en la rueda a las iniciativas de la Casa de Nariño.

Sin ir más lejos, el rechazo de estas dos colectividades a los reparos presidenciales a la ley estatutaria de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) fue clave para que los defensores de la integridad del acuerdo con las Farc bloquearan su paso en el Capitolio.

Partidos, más libres

Esta realidad ha hecho que los partidos políticos actúen de manera más libre en el Congreso y, como lo ha promovido el propio presidente Iván Duque, deliberen y tomen la decisión que consideren, que en estos dos casos no ha favorecido al Gobierno y, según varios observadores, tampoco a la política ni a la justicia.

Uno de los argumentos más recurrentes que se han escuchado en el Capitolio en contra de la reforma política es el poco tiempo para implementar los mecanismos que permitan armar las listas cerradas para las elecciones de octubre sin acudir al llamado ‘bolígrafo’.

Y por los lados de la reforma de la justicia, entre los argumentos para el escaso ambiente es que se trata de una repetición de los mismos artículos y que este tipo de enmiendas deben ser presentadas e impulsadas por el Gobierno luego de una amplia concertación con las altas cortes, donde varios de estos intentos han muerto.

Aunque técnicamente las dos reformas están vivas en el Congreso, su aprobación depende de la voluntad política de los partidos, los cuales tendrían que sesionar lunes, jueves, viernes, sábados y hasta domingos si quieren que estos dos proyectos salgan adelante y esto, por lo visto, no está dentro de las intenciones de las colectividades.

Así las cosas, al Gobierno no le esperan unos meses fáciles en el segundo semestre de este año en el Congreso, cuando tendrá que lidiar, adicionalmente, con las presidencias de Senado y Cámara en manos de los partidos independientes, es decir el Liberal y Cambio Radical.

POLÍTICA

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