Con más de 170 años de historia, Capitolio sigue en la vida nacional

Con más de 170 años de historia, Capitolio sigue en la vida nacional

Este año se conmemoran más de nueve décadas de haberse inaugurado.

Congreso

Esta foto muestra el Capitolio en 1930. Se ven los vehículos de la época y las piletas que estaban en la plaza de Bolívar.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

Por: Juan Francisco Valbuena
04 de febrero 2019 , 11:37 p.m.

Un total de 20.000 pesos anuales se comprometieron en 1846 para la construcción del Capitolio Nacional, sede del Congreso y escenario de varios hechos de la historia de Colombia, desde posesiones presidenciales hasta acaloradas discusiones entre los más connotados líderes de los partidos políticos.

Para este año se prevén actos conmemorativos del nacimiento del Capitolio y su inauguración, que data de 1926, 80 años después de haber comenzado a escribir su historia.

El también llamado ‘palacio de las leyes’ surgió el 17 de marzo de 1846, cuando el presidente Tomás Cipriano de Mosquera ordenó su construcción, mediante la Ley 3 de ese año.

De acuerdo con varios historiadores, la intención original era que este edificio albergara no solo el Congreso, el cual tenía vida desde 1821, sino también otras entidades del Estado como la Presidencia de la República, la Corte Suprema de Justicia, el Tribunal del Distrito de Cundinamarca y cuatro ministerios que existían a mediados del siglo XIX.

El propósito era que los congresistas tuvieran una sede física para debatir y legislar, ya que desde la creación del Congreso, ellos debían moverse por diferentes recintos para realizar su labor. Entre los lugares que acogieron esta corporación antes de la construcción del Capitolio estuvieron las galerías Arrubla, ubicadas donde hoy se encuentra el Palacio Liévano, actual sede de la Alcaldía de Bogotá, y los conventos de los dominicos, en la carrera 8.ª, y el de San Ignacio de Loyola, en el actual Museo Colonial.

Manuel Ancízar, quien se desempeñaba como ministro plenipotenciario ante Venezuela, fue quien contactó y recomendó al joven arquitecto Thomas Reed para que diseñara los planos y se hiciera cargo de la obra.

Aunque según varios historiadores Reed nació en la isla de Tórtola, en las Islas Vírgenes Británicas, en 1817, otros sostienen que era danés o que nació en la isla de Santa Cruz, en las Antillas.

El arquitecto de 29 años fue contratado como ‘director superintendente de obras públicas’, con un sueldo de 150 pesos mensuales. La obra comenzó en forma el 20 de julio de 1847, con la ceremonia de colocación de la primera piedra y bendición, acto presidido por el arzobispo de Bogotá, monseñor Manuel José Mosquera, hermano del presidente Tomás Cipriano.

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El Capitolio también ha sido escenario de eventos como ‘Tejiendo la paz’, en septiembre de 2016.

Foto:

Archivo / EL TIEMPO

Como recuerdo de ese momento especial existe una placa en el patio Mosquera, en la base que sostiene la estatua del expresidente Tomás Cipriano. En esa imagen se ve a monseñor Mosquera bendiciendo la obra con la mano izquierda, cuando lo normal es que lo hubiera hecho con la derecha. Aunque el hecho tiene varias interpretaciones, nadie sabe a ciencia cierta por qué Ferdinand von Miller, quien inmortalizó el momento, puso a monseñor Mosquera dando la bendición con la mano izquierda.

Tan solo cuatro años después del acto de la primera piedra y de comenzar su construcción, el Capitolio sufrió su primer revés: la suspensión de la obra. En 1851, cuando apenas se habían terminado los cimientos del edificio, la obra quedó suspendida, y así estuvo durante 20 años debido a varias guerras civiles que vivió el país. En ese momento, incluso, se propuso parcelar el terreno y vender lotes destinados a construir residencias.

Ya para 1871, cuando se retomó la construcción del Capitolio, el trabajo se encomendó al arquitecto Francisco Olaya porque su colega Reed había abandonado el país. Olaya concluyó algunos cerramientos y, luego de una polémica por algunas modificaciones de los diseños, se contrató al italiano Pietro Cantini, quien arribó al país en 1881.
Sin embargo, el enrarecido ambiente político de las décadas siguientes llevó a que las labores se retomaran en serio apenas en 1904, bajo el gobierno de Rafael Reyes. Esas constantes reanudaciones y parálisis de los trabajos, unas veces por controversias sobre su diseño y otras por diferencias políticas, llevaron a que entre la gente de la época la obra fuera conocida como el ‘enfermo de piedra’.

El Capitolio recibió su empujón final de arquitectos como Gastón Lelarge y Mariano Sanz de Santamaría, y fue terminado en 1926. La edificación que acogería a los congresistas se inauguró ese año con la posesión del expresidente conservador Miguel Abadía Méndez.

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El terreno en el cual se construyó el Capitolio. La cúpula de la iglesia de San Ignacio, a la izquierda.

Foto:

Archivo / EL TIEMPO

En sus casi 93 años de historia, el Capitolio ha visto pasar varias páginas de la historia de Colombia como el asesinato del general Rafael Uribe Uribe, el 15 de octubre de 1914, muy cerca del atrio del edificio, o el magnicidio del también líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948. Ese día, producto de los desórdenes suscitados en la capital del país, algunos vitrales y otros elementos de la edificación sufrieron destrozos.

Además, una noche de noviembre de 1949, dos representantes a la Cámara por Boyacá –uno liberal y el otro conservador– se trenzaron en una dura polémica que terminó en una balacera en la que uno de ellos murió y otros colegas quedaron heridos.

Pero en el Capitolio también han sucedido anécdotas, como cuando el senador Carlos Moreno de Caro, en 2004, llevó animales a la plenaria para comparar a algunos de sus colegas. O, más recientemente, cuando unos ratones fueron lanzados desde las barras del Senado a congresistas uribistas, causando desconcierto.

Con todas sus historias, incluidas las de los espantos que merodean por el edificio, el Capitolio llega este año a sus 93 años de inaugurado, los cuales se conmemorarán con charlas académicas y homenajes en sus lugares más emblemáticos.

Hasta historias de fantasmas han surgido en sus oficinas y pasillos

Además de acoger a los congresistas, se dice que el Capitolio también alberga en sus instalaciones más de un fantasma. Mucha gente dice que se trata del fantasma de un niño, el cual se manifiesta de diferentes maneras.

Pero otros aseguran que hace muchos años, antes de que se construyera el Capitolio, en el lugar funcionó una prisión en donde varios reclusos fueron torturados.
Lo cierto es que hace algunos años, un expresidente del Congreso le contó a EL TIEMPO que una noche, hacia las 10:30 p. m., se encontraba en su oficina trabajando y, de un momento a otro, las puertas comenzaron a abrirse y cerrarse, sin que nadie más que él se encontrara en el despacho.

Inmediatamente buscó a sus escoltas, y ninguno de ellos estaba cerca. El susto fue mayor cuando tampoco le contestaron el teléfono. Y así pasaron varios minutos.
Desde esa ocasión, el expresidente del Congreso limitó las horas de trabajo en su despacho hasta las 6 de la tarde. En el ala sur del edificio, en donde se encuentran algunas oficinas de congresistas, también se dice que asustan constantemente.

El hecho llegó al punto de que un senador, de manera voluntaria y sin que nadie se lo estuviera pidiendo, le cedió su oficina a otro con tal de deshacerse del problema de los espantos.

Hace varios años, algunos funcionarios que trabajan en el edificio le pidieron a un sacerdote que procediera a bendecir el lugar para ahuyentar el fantasma. Por si acaso, varias personas prefieren andar acompañadas cuando tienen que trabajar hasta altas horas de la noche, como sucede cuando se extienden las sesiones plenarias de Senado y Cámara.

JUAN FRANCISCO VALBUENA
​Redacción Política

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