HABLA LA ALCALDESA ELECTA

HABLA LA ALCALDESA ELECTA

Claudia López dice que, con Angélica Lozano, quieren ser mamás: "El acuerdo es que habrá bebé". 

CLAUDIA LOPEZ

Claudia López es la hija de Rey Elías López, boyacense llegado a Bogotá, y de María del Carmen Hernández, maestra.

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Natalia Hoyos

Por: Por: Gustavo Gómez
22 de noviembre 2019 , 06:25 p.m.

INTELIGENTE, FRANCA, CONFIADA, DE ESPÍRITU LIBRE Y DESCOMPLICADA. SE HIZO CONOCER CON EL MOVIMIENTO DE LA SÉPTIMA PAPELETA Y SU APOYO A LA ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE. ES POLITÓLOGA E INVESTIGADORA. FUE DENUNCIANTE DE LA PARAPOLÍTICA, COLUMNISTA, SENADORA, LÍDER DE LA CONSULTA ANTICORRUPCIÓN Y CANDIDATA A LA VICEPRESIDENCIA. ES DOCTORA EN CIENCIA POLÍTICA DE LA UNIVERSIDAD NORTHWESTERN. ES CLAUDIA LÓPEZ, LA PRIMERA ALCALDESA POR VOTO POPULAR QUE TENDRÁ BOGOTÁ, QUE AQUÍ HABLÓ DEL MIEDO A LA MUERTE, DEL FATAL ACCIDENTE DE SU HERMANA, DE QUE NI ES FEMINISTA NI ACTIVISTA GAY, DE CUANDO “SALIÓ DEL CLÓSET”, DE PETRO, FAJARDO Y ANGÉLICA –SU AMOR – Y DE SU DESEO POR SER MAMÁ.

Es la alcaldesa electa de Bogotá. La primera por voto popular. Todo el mundo la conoce. O cree conocerla. Si no la conocen, por lo menos la tienen etiquetada, porque en Colombia nos privan las etiquetas. Y ponérselas a la gente como si fueran cosas. Claudia la peleadora. Claudia la malgeniada. Claudia la intolerante. Elija usted el mote que más se acomode a sus prejuicios, que a ella ya la eligió la gente en las urnas.

A la escena pública saltó con el movimiento de la Séptima Papeleta y su apoyo a la Asamblea Nacional Constituyente. Politóloga, investigadora, denunciante de la parapolítica, senadora, líder de la consulta anticorrupción, columnista, candidata a la Vicepresidencia.

Cada quien la recuerda como quiere, pero siempre con una franqueza que no pocas veces le ha costado álgidos enfrentamientos y tutelas. “No me le arrodillo a ningún poder: ni político, ni económico, ni mediático”. La hija de Rey Elías López, boyacense llegado a Bogotá a ganarse la vida trabajando, y María del Carmen Hernández, maestra, se ha hecho a un espacio propio en la vida política. Pero no se acomodó como un mueble en la decoración: con carácter y lengua de hierro ha dicho siempre lo que ha pensado del establecimiento.

Quien la quiera conocer, además de esta entrevista, deberá leer La fuerza serena, de Sifu Rama, que ella ha leído y releído varias veces. Dígale usted luchadora o gladiadora, porque le encanta la película de Ridley Scott. Sus otras pasiones: trepar montañas, comerse ríos con los ojos, hacer deporte, cocinar, cantar bonito (sobre todo El triste, al estilo de José José) y enamorarse de todos los potreros que se le cruzan por delante.

Solo se sabe un chiste. Aborrece la incompetencia y la pérdida de tiempo. Devota del tomate, el pesto y la miel, merca en Paloquemao y es buena cabrilla: tiene un Ford Fiesta blanco al que llama Palomo. De espíritu libre y descomplicado, vive en un edificio nada ostentoso, donde comparte apartamento con su pareja, Angélica Lozano. Terminó de pagarlo con su último sueldo de senadora. El apartamento queda cerca de la sesenta con séptima, sobre el parque de los hippies (o Julio Flórez), desde cuya ventana se ven unas letras enormes, coloridas, que forman la palabra que ahora la reta: Bogotá.
Cientos de miles de bogotanos creyeron en ella. Falta ver en qué cree ella.

LA ALCALDÍA ES UN CARGO DESAFIANTE, PERO EL ACUERDO ES QUE HABRÁ BEBÉ. TIENE QUE HABER BEBÉ.

¿En qué cree?
En el mérito. Y en la buena fe. Soy una persona muy confiada y siempre parto de la buena fe de los demás.

¿Y en sentido religioso?
Cada quien interpreta a Dios a su manera. Me educaron en colegios católicos y sigo creyendo que en el cristianismo hay una filosofía muy bonita, pero con el tiempo he ido acercándome a una espiritualidad laica. Hago meditación, practico chi kung y creo en esa combinación de fe y paz interior.

Su gran miedo es…
A la muerte.

¿A dónde irá cuando muera?
En eso sí confío en la ciencia: la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma.

¿Cuándo la ha enfrentado?
Me han amenazado muchas veces por mis investigaciones sobre paramilitarismo y corrupción. Los políticos corruptos en eso son peores que los paramilitares. Agosto de 2013 fue cuando más cerca estuvieron de asesinarme en un atentado. Las autoridades lo confirmaron todo, habían incluso establecido la contratación del sicario y me dijeron que debía irme de inmediato. Fue la misma semana en que me enteré de que tenía cáncer en el seno izquierdo. Al final, ni lo uno ni lo otro fue tan grave, pero fue un año en que le vi muy cerca la cara a la muerte. Ahí descubrí que le tengo miedo, porque se me atraviesa en el sueño de muchas cosas que aún quiero hacer.

¿Sabe sinceramente perdonar cuando la atacan?
Soy aguerrida y dura en el debate público, así que tengo “cuero”. Pero con el paso de los años he aprendido a no tomarme las cosas personalmente, a entender la intensidad y crudeza del debate. Paso la página muy fácilmente. No porque sea una persona tetrabondadosa o porque pose de Gandhi: es que finalmente el envenenado es uno.

CLAUDIA LOPEZ

"Soy aguerrida y dura en el debate público, así que tengo 'cuero'”.

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Natalia Hoyos

¿Eso incluye a Gustavo Petro?
Nadie en esta campaña me atacó más, de la manera más injusta, con más mentiras y exageraciones que Gustavo. Hay gente de la que uno no espera nada, o espera un ataque miserable y ya. De él no esperaba que me apoyara, como yo en su momento, ¡pero tampoco que fuera el jefe de la oposición!

¿Por qué cree que fue tan duro con usted?
La respuesta puede estar en un trino donde lo citan y reconoce que es muy terco y muy orgulloso. No soportó que le dijera que no aceptaba las condiciones que él ponía, que me parecían un chantaje. Así él tuviera buenas razones, no iba a dejar a Bogotá sin metro, simplemente porque eso le parecía correcto a Gustavo Petro. El mensaje fue claro: voy a ganar sin ti; y, si pierdo, no me importa.

Como alcaldesa, ¿está preparada para una batalla con él?
Gané las elecciones y lo primero que hice fue llamar a mis tres competidores y con toda tranquilidad nos reunimos. A Hollman Morris le dije que Petro había sido excesivamente duro, pero que no estaba ni adolorida ni me consideraba en guerra con él, y le expresé mi interés de conversar. A Gustavo lo aprecio. Reconozco que es un líder político muy importante y, además, fue alcalde de Bogotá y su consejo me interesa.

¿Se reunieron?
Sí, estuvo sentado en esa silla de allá. Para empezar, nadie sugirió nada parecido a una excusa. Ni yo la estaba pidiendo, ni él venía a ofrecerla. Vino a decirme las cinco cosas que cree que debo hacer el primer año. Iniciativas de la Colombia Humana que habían quedado un poco en el aire, porque Peñalosa las había suspendido. Lo siguiente fue dejarme en claro que, a nombre de Colombia Humana, nadie podía estar en mi gabinete.

¿Usted había contemplado esa posibilidad?
No había pensado en ofrecerles, pero le dije que me quedaba claro que para él era importante que eso no sucediera, que le parecía una especie de desafío. Y ya. Se paró y se fue.

De todo lo que pasó en campaña, además de los ataques de Petro, ¿qué la desconcertó?
Que a veces atendemos más la forma del malestar que el fondo. Se lo explico así: en los debates nunca nos preguntaron cómo íbamos a enfrentar el malestar social que hay en Colombia. No. Siempre la duda era sobre cómo íbamos a manejar al Esmad y la protesta. Estamos demasiado preocupados por el efecto, cuando lo que hay que resolver son las causas. El ciudadano no pide nada del otro mundo, solo ungobierno que no lo robe, que no lo humille, que no lo excluya y que lo incluya. Lo inaudito es que no seamos capaces ni siquiera de ofrecer eso.

A la escritora Carolina Sanín la inquieta el sentido de su pañoleta, a la que llama “perpetua corbata”. ¿Qué piensa de que ella la considere un símbolo fálico y asfixiante en la garganta, donde se forma la voz, como garantía de que se sigue al varón?
Para nada. De hecho, no se la he visto puesta a ningún hombre, y ninguno se sentiría orgulloso de tener mi linda pañoletica de colores.

¿Se siente feminista?
La gente presume que en mi vida he sido dos cosas que no soy: feminista y activista LGBT. El feminismo es toda una filosofía, una ciencia del conocimiento, un activismo en la vida. Me merece el mayor respeto, pero no he tenido ni esa trayectoria ni esa formación académica. Tampoco soy activista LGBT. Ser gay no me hace experta en el asunto. La gente espera, y eso sí me parece razonable, que uno entienda de esos temas. Es importante que uno sepa qué es el feminismo y por qué es clave promover una política feminista. Y a lo largo de los últimos años me he preocupado por entender lo que significa en términos de política pública el activismo LGBT y feminista, y honrar esa agenda.

CLAUDIA LOPEZ

"Comencé a entender bien lo que sentía cuando tenía quince años. Y entre los quince y los veinte no sabía muy bien cómo lidiar con esto".

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Natalia Hoyos

¿Se voló de la casa alguna vez?
Sí. Creo que terminé en la casa de mis abuelos, y me devolvieron de una oreja.

¿Buena o mala estudiante?
Buena, pero de los once a los trece fui una ladilla infinita, sobre todo porque mis papás, separados, rehicieron su vida con otras personas, y me dio duro. Y lo hicieron al tiempo y quedaron embarazados al tiempo. Mi hermana Gina Marcela, del lado de mi papá, nació el 5 de julio de 1980, y mi hermana Carolina, del lado de mi mamá, nació el 19 de julio. Se me destruyó la ilusión de que iban a volver a vivir juntos y se me acabó el reinado, porque llegaron dos niñas a la familia. Fue duro, sobre todo con el compañero de mi mamá, porque entré en competencia por el amor de ella. Mi papá terminó pagando los platos rotos también, pues sentía que por haberse ido estaban pasándome estas cosas, y fue infernal.

¿Cómo lograron sacarla del infierno?
Metiéndome a un internado de monjas, en Funza, Cundinamarca. Era eso o la correccional. Fue un castigo, pero terminó siendo época feliz. El sueño de todo adolescente: vivir independiente y rodeado de amigos. Al año, mi actitud era otra y mi mamá me dijo que, si quería, me cambiaban de colegio. Contesté que no. ¡Estaba dichosa!

¿Qué le dijo su mamá cuando “salió del clóset”?
Ya estaba muy grande, de veintitantos años. Por su edad, por su formación y por su religión, a ella le costaba aceptarlo. Lo difícil para mí era eso, porque desde chiquita sabía que tenía que estar orgullosa de lo que era, y tenía claro el sentido de reafirmación y de identidad. Y estaba dispuesta a ser lo que era, más allá de que el mundo me quisiera o no. Eso es muy fácil de decirlo con cualquiera, pero no con mi mamá. Estaba dispuesta a arriesgar el amor de cualquiera, pero no el de mamá, así que esa conversación me atemorizaba.

¿Por eso le dio largas?
Sí, pero tampoco es que fuera un tema que uno de pequeña tuviera del todo claro. De hecho, comencé a entender bien lo que sentía cuando tenía quince años. Y entre los quince y los veinte no sabía muy bien cómo lidiar con esto.

¿Y en qué terminó el asunto?
Mamá tuvo un gesto muy lindo. Para ella, yo era divina, perfecta, lo máximo del mundo mundial. Me escuchó muy tranquila y dijo: “Tú no te preocupes, la que tiene un problema soy yo, y te voy a amar toda la vida, igual o más. La del problema soy yo, la que tiene que entender soy yo”. Eso es amor puro, verdadero e infinito.

¿Su mamá era muy “cuchilla” en la casa?
Mi mamá es el amor y la bondad personificados. Dulce y generosa, vive en función de los demás, pero no le ha tocado fácil. Fue madre muy pronto, se separó siendo joven, y eso fue doloroso. A eso se sumó la muerte de mi hermanita.

LA GENTE PRESUME QUE EN MI VIDA HE SIDO DOS COSAS QUE NO SOY: FEMINISTA Y ACTIVISTA LGBT. EL FEMINISMO ES TODA UNA FILOSOFÍA, UNA CIENCIA DEL CONOCIMIENTO, UN ACTIVISMO EN LA VIDA. ME MERECE EL MAYOR RESPETO, PERO NO HE TENIDO NI ESA TRAYECTORIA NI ESA FORMACIÓN ACADÉMICA. TAMPOCO SOY ACTIVISTA LGBT. SER GAY NO ME HACE EXPERTA EN EL ASUNTO

¿Por qué su muerte fue especialmente dura para usted? ¿Qué edad tenían?
Marta tenía tres y medio, y yo, cuatro y medio.

Siendo tan niña, ¿recuerda bien qué pasó?
Me acuerdo de ese momento como si fuera hoy. Cada detalle de ese día lo retengo claramente. Vivíamos como en una especie de inquilinato en Prado Veraniego, en Suba, en una de esas casas que se van haciendo por planchas, cuarticos aquí y allá, y se arriendan a familias. Estaba en construcción, y en la azotea había quedado una claraboya abierta, apenas tapada con una débil teja plástica. Era fin de semana, y mi papá, que ya estaba separado de mi mamá, había quedado de pasar a recogernos para ir al parque. Mientras llegaba, pedimos permiso para jugar, y como vimos que había barro afuera, nos subimos a la azotea para no ir a ensuciarnos. Mi pobre mamá no se dio cuenta. Nos pusimos a saltar de un lado al otro, y ella no alcanzó a calcular, pisó la teja y la caída fue de cuatro pisos.

¿Murió instantáneamente?
No. Y no le vi ni una gota de sangre. La verdad es que ni me di cuenta a qué horas cayó, hasta que oí un grito de dolor de mi mamá, que la vio caer por la ventana del cuarto. Bajamos corriendo y la encontramos. Quedó en un platón lleno de ropa para lavar. Ella no tocó el piso, pero se golpeó la cabeza con el filo del lavadero. Eso la mató. Al principio estaba aparentemente consciente, pero la ambulancia se demoró, y ese recuerdo lo tengo perfecto. Fue tal el dolor que, así como puedo describir con detalle ese día, he olvidado lo que pasó el año siguiente de mi vida. De ese año no sé mucho, solo que me la pasaba enferma, de médico en médico y de sicólogo en sicólogo. Somaticé todo. Tampoco volví a hablar mucho. Me ensimismé.

¿Cómo se reconectó con el mundo?
Por otro grito. Estábamos en una de esas citas médicas, y el doctor le dijo a mi mamá que tal vez tenía leucemia. Mi mamá reaccionó desesperada, gritó, como en una especie de “¡no me diga eso, ni se le ocurra!”. Fue exactamente el mismo tono del día en que se murió mi hermanita, y eso me hizo reaccionar. La vi igual de angustiada que el día de la tragedia.

Muchos se preguntan por su papá, a quien usted menciona por este episodio. ¿Es buena la relación con él?
Lo adoro. Y está muy orgulloso de mí. Lo que pasa es que nuestra relación es distinta porque pasé la vida junto a mi mamá. Nos queremos mucho. Hijo de una familia numerosa de Cucaita, Boyacá, ha sido un “camellador” incansable, hecho a pulso, un berraco. Comenzó de mensajero y es autodidacta, muy bueno para la contaduría y la administración.

¿También entendió que usted era gay?
Cuando le dije, me contestó que él sabía perfectamente, pero que no había querido hablar del tema hasta que yo se lo planteara. Sé feliz, me aconsejó.

El episodio del beso con Angélica Lozano fue muy sonoro y produjo todo tipo de reacciones, pero le quiero preguntar por otro beso, el que se dio con Daniel Samper Ospina en redes. ¿Qué tal besa Daniel?
¡Él es divino, pero no me acuerdo cómo besa! Me acuerdo es de la carcajada de los dos después del beso

¿Colombia es homófoba?
Sí. Este es un país con cuatro males culturales profundos: machismo, clasismo, racismo y homofobia.

Triste radiografía del país que usted podría gobernar…
Por lo pronto, soy alcaldesa de su capital. Aquí están presentes esos fenómenos, pero Bogotá tiene una transformación cultural más avanzada que otras zonas. Hemos progresado, pero aún tenemos un mal socioeconómico profundo: este es un país tremendamente desigual e inequitativo, lo que genera altos niveles de injusticia, resentimiento y tensión social. Y eso no se va a arreglar regulando las protestas sociales. La combinación de estos problemases la que ha construido un sistema político clientelista, elitista, excluyente y violento. Y, de corolario, sesenta años de conflicto armado. Como dice Jorge Enrique Robledo: usted no puede elegir mal, o no elegir el domingo, y esperar que lo gobiernen divinamente el lunes. Eso me ha motivado en la vida pública, pero más en la académica: entender por qué pasan estas cosas.

CLAUDIA LOPEZ

“No me le arrodillo a ningún poder: ni político, ni económico, ni mediático”.

Foto:

Natalia Hoyos

¿Ha ido entendiéndolo y encontrando soluciones?
Con eso en la cabeza me fui a hacer el doctorado: comprender cómo otras sociedades que han pasado por esto lograron salir adelante. Lo han hecho con más transformación cultural, con unas economías de mercado y propiedad privada incluyentes, con sostenibilidad ambiental y con democracias liberales, no de partido, sino de instituciones que representan a la ciudadanía sin clientelismo y sin corrupción. Llegados al siglo XXI no podemos seguir siendo los únicos trogloditas del planeta.

¿Le parece un paso significativo que la Alcaldía de Bogotá recaiga en una mujer gay?
No, eso es simbólico. Realmente lo más significativo que está pasando de fondo, en Bogotá y en Colombia, es que éramos el único país de América Latina en el que las mismas élites políticas del siglo XX seguían gobernando en el XXI. Hasta hace dos años, el presidente de la República era el sobrino-nieto de un expresidente, y el vicepresidente era el nieto de otro expresidente del siglo pasado. Para bien o para mal, en otros países de la región no quedó ni la sombra de los que habían gobernado en el siglo XX.

¿Sintió ese peso en campaña?
Fíjese que estaba compitiendo con el hijo de un prócer político asesinado y con el nieto de un expresidente. Lo más importante de estas elecciones locales es que ese estado de las cosas se comenzó a romper, no por la Presidencia, sino desde abajo. Ganamos las elecciones personas que no tenemos ni cuna política ni poder económico. Todo nos llega tarde, hasta la muerte, y esa es la triste historia de la evolución política colombiana.

¿Ve en un gobierno como el de Iván Duque un obstáculo para sortear esta situación?
Al contrario: está catalizándola. Ojo: el único señor que no provenía de cuna política, ni de rancias élites, y las derrotó, fue Álvaro Uribe. Pero venía de los terratenientes y es terrateniente, además con buena parte de su base política conformada por terratenientes organizados de manera violenta, asociados con paras, asociados con narcos. Pero es quien los derrota a todos. Pasa que la élite bogotana al principio lo usó y lo vio con buenos ojos, porque mal que bien llegó a resolverles el problema de las Farc. Pero, ¿usted cree que Santos se imaginó algún día que iba a ser empleado de un caballista? ¿O Germán Vargas Lleras? ¡Cuántas veces habrán estado en su casa preguntándose a qué horas terminaron de dependientes de un terrateniente y caballista!

ESTE ES UN PAÍS CON CUATRO MALES CULTURALES PROFUNDOS: MACHISMO, CLASISMO, RACISMO Y HOMOFOBIA

¿Punto para Uribe?
Él hace eso a principios del siglo XXI. Los derrota. Pero la renovación la hizo de para atrás. Tenía la visión y formación para hacerla hacia adelante, porque nadie negaría su inteligencia y habilidad, pero lo impidió su ambición y su rabo de paja. ¿Por qué digo que el gobierno de Duque está catalizando? Porque el héroe del 2002 es un tipo que no se puede parar en la calle sin que lo chiflen. El menor de sus problemas es que lo maten: lo chiflan, no tiene ninguna legitimidad política. Uribe no tuvo otro terrateniente para heredarle el poder. Debió volver a contar con los derrotados y no tuvo otro camino que confiar en Santos. Pero ese matrimonio era imposible, porque las agendas son distintas.

¿Vivimos una época de reacomodo político?
Sí. Hoy en día, ni los Santos ni los Vargas tienen el menor chance de volver a ganar la Presidencia. Me puse a revisar la situación de otros países.
Seleccioné 35 casos con fenómenos similares y descubrí nueve muy parecidos. Me vine del doctorado con una idea: si mis maestros tienen razón, Vargas Lleras, por más que figure bien en encuestas y tenga toda la maquinaria del gobierno, va enfrentarse a la posibilidad de que le abran un campo en la agenda y le arrebaten un espacio del centro al clientelismo.

¿El clientelismo como centro?
¿Quiénes han sido los más moderados en la historia política colombiana? ¡Los clientelistas! Entre la extrema izquierda armada y la extrema derecha armada, los clientelistas se ubicaban en el centro. Y mandaban el mensaje de, sí, claro, somos corruptos y manzanillos, pero, con este panorama de guerrilla y paramilitares, somos los moderados. Esta manzanilla era la que obstruía el espacio del centro, así que lo que le propuse al Partido Verde fue precisamente quitarles terreno en el centro a los clientelistas. En eso llevamos cuatro años. A la gente de izquierda de la colectividad le advertí: el Verde puede ser el quinto partidito de izquierda o el gran partido de centro. Y para eso hay que atraer gente de centro moderna, y aquí tenían dos y los dejaron ir: Antanas Mockus y Sergio Fajardo.

¿Mete las manos al fuego por Sergio Fajardo?
Me parece, sin duda, que es una persona honesta.

¿Sería buen presidente?
Cada momento del país necesita un perfil. Tan franca soy en público como en privado y a él le dije: no te confíes en que el Fajardo 2014 es el que el país elegirá en el 2018. No partas de ese supuesto. Él no puede olvidar que perdimos las elecciones siendo el candidato de más alta imagen de los que estaban en competencia. Él quedó con el premio al señor más querido, buena persona y con menos resistencias, pero no lo eligieron presidente. La imagen favorable más alta de la más reciente Gallup, de los que competimos en elecciones por Bogotá, es de Carlos Fernando Galán. Y no ganó. Caer bien y tener imagen no correlaciona con ganar.

¿Siempre lo ha tenido claro o los golpes de la vida se lo han enseñado?
Si uno quiere ser elegido, tiene que saber interpretar todos los días a la sociedad. La lección la aprendí cuando perdimos el plebiscito por la paz. Ese día lloré mis ojos. Estábamos cinco mil personas reunidas para celebrar y, de todas, era la que, como senadora, claramente tenía una representación política y sentí como nunca el peso de una responsabilidad pública. Parecía imposible, habíamos perdido y toda esa gente me miraba como diciéndome, bueno, ¿y ahora qué hacemos? De todo se aprende.

De la vida pública déjeme volver a la privada. ¿Quiere ser mamá, quiere tener hijos?
Me propuse tres metas para el 2019: terminar el doctorado, ser mamá y luego seguir en política.

LAS AUTORIDADES LO CONFIRMARON TODO, HABÍAN INCLUSO ESTABLECIDO LA CONTRATACIÓN DEL SICARIO Y ME DIJERON QUE DEBÍA IRME DE INMEDIATO. FUE LA MISMA SEMANA EN QUE ME ENTERÉ DE QUE TENÍA CÁNCER EN EL SENO

¿Siempre lo ha tenido claro o los golpes de la vida se lo han enseñado?
Si uno quiere ser elegido, tiene que saber interpretar todos los días a la sociedad. La lección la aprendí cuando perdimos el plebiscito por la paz. Ese día lloré mis ojos. Estábamos cinco mil personas reunidas para celebrar y, de todas, era la que, como senadora, claramente tenía una representación política y sentí como nunca el peso de una responsabilidad pública. Parecía imposible, habíamos perdido y toda esa gente me miraba como diciéndome, bueno, ¿y ahora qué hacemos? De todo se aprende.

De la vida pública déjeme volver a la privada. ¿Quiere ser mamá, quiere tener hijos?
Me propuse tres metas para el 2019: terminar el doctorado, ser mamá y luego seguir en política.

Pero la realidad le cambió las metas.
No, la realidad, no: Angélica decidió que ese no podía ser el orden. Ella dijo: “¡Bien, termina el doctorado, pero debes volver ya a la política! Te tienes que lanzar a la Alcaldía de Bogotá”. No entendía: estaba feliz y con un año y medio de beca por delante, que cuesta muchísimo dinero. Angélica era senadora y yo podía encargarme de cuidar esos “chinches”, de ser mamá dos años, mientras ella trabajaba.

¿Iban a adoptar?
Hemos contemplado varias opciones, y hay muchos métodos de inseminación.

¿Usted insistió en su plan de vida?
Sí, le dije: me dedico a mis estudios con calma, encargamos bebé y luego vuelvo a la política. Y ella dijo: no, el momento es el de la Alcaldía. A ti no te van a dar algo que no te hayas ganado, toda la vida te han medido con una vara más alta que a los demás y tienes que asumir esta responsabilidad. No habrá otra oportunidad como esta. La Alcaldía es un cargo desafiante, pero el acuerdo es que habrá bebé. Tiene que haber bebé.

Le reconozco que, en cosas como esta, soy presa de los prejuicios o la desinformación, al menos. Pensé que la que tomaba ese tipo de decisiones en casa era usted…
No, es Angélica.

Entonces, creo que me equivoqué de entrevistada. Dejemos hasta aquí, porque tal vez la entrevista era con ella.
Obvio, dejemos así y váyase ya buscar a Angélica

POR GUSTAVO GÓMEZ
FOTOGRAFÍA NATALIA HOYOS
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 91. NOVIEMBRE - DICIEMBRE DEL 2019

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