¿Para dónde va el mundo?

¿Para dónde va el mundo?

Mauricio Rodríguez escribe sobre los riesgos y oportunidades del mundo en las próximas décadas.

Ancianos

El acelerado envejecimiento de la población le restará, en las décadas venideras, un punto porcentual por año al crecimiento de la economía mundial.

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Jhon Jairo Bonilla / EL TIEMPO

Por: Mauricio Rodríguez Múnera
14 de noviembre 2019 , 11:23 p.m.

Hace un par de semanas participé en un interesante seminario organizado por la Universidad de Oxford (Inglaterra) y la firma global de consultoría AT Kearney (de la cual soy asesor en Colombia) sobre planeación por escenarios, con un grupo de 30 académicos, consultores y empresarios. Profesores expertos en los temas claves del futuro –Trudi Lang, Rafael Ramírez, Sonia Antoranz y Frazana Dudwhala– junto con Erik Peterson (director del Global Business Policy de AT Kearney) nos presentaron sus muy interesantes ideas sobre los riesgos y oportunidades del mundo en las próximas décadas.

A continuación resumo y comento algunas de esas tendencias (no están en orden de importancia), con el objetivo de enriquecer la visión estratégica de los líderes de nuestro país.

* En contravía de la globalización. Crece en muchas naciones del planeta la ‘islandización’ –tendencia a convertirse en islas proteccionistas mediante barreras de todo tipo al flujo del comercio, de las inversiones e incluso de la gente–.

* Se acelera el envejecimiento de la población. En los próximos 10 años, el número de países cuya población con edad superior a los 65 años es mayor al 20 por ciento del total pasará de 12 a 34. Este fenómeno le restará un punto porcentual anual al crecimiento de la economía mundial en las próximas décadas.

* Aumentan las tensiones geopolíticas que involucran a países claves como Rusia, China, Estados Unidos, Corea del Norte, Libia, Irán, Siria y Venezuela. En el Medio Oriente se complica cada vez más la solución al conflicto entre Israel y Palestina. La sofisticación y proliferación de la tecnología en asuntos militares –misiles, drones, ciberataques, etc.– eleva el riesgo de confrontaciones destructivas.

* Los problemas del medioambiente son muy serios porque su deterioro es grave y acelerado mientras que los remedios han sido insuficientes y lentos. Las buenas noticias son que cada día hay más conciencia de la necesidad de hacer pronto cambios drásticos y se dispone de mejor tecnología para la protección de la naturaleza.

* La inteligencia artificial ha dejado de ser ciencia ficción. Está ya comenzando a transformar muchos aspectos de la vida –la salud, la educación, la economía, la seguridad, etc.– y su impacto positivo crecerá exponencialmente. Es cierto que mal utilizada puede hacer daño, pero bien empleada puede ser una gran herramienta de progreso.

* Se incrementa el número de ‘kakistocracias’ –gobiernos incompetentes–. El populismo –de diversa índole, tanto de izquierda como de derecha– está en alza.

* La gran laxitud en la política monetaria de las naciones más poderosas en materia de economía, cuyo objetivo es impulsar el crecimiento económico, puede tener efectos nocivos puesto que invita a tomar riesgos excesivos, a endeudarse demasiado y a inflar burbujas especulativas de algunos activos.

* Se está ampliando la brecha de la desigualdad en la confianza institucional. Personas con mayor y mejor educación confían más en las instituciones que aquellas con poca o mala educación. Y esa diferencia está aumentando porque los desconfiados son cada vez más críticos. Muchas instituciones no están respondiendo adecuadamente –ni en forma oportuna ni de manera satisfactoria– a las demandas de ciudadanos cada día más exigentes. Son obsoletas, les falta innovar.

* Se está dando una profunda y veloz disrupción tecnológica –la más intensa de la historia– que, en general, es positiva para la sociedad (por ejemplo, en la nanotecnología y en el denominado internet de las cosas). Pero en ciertos casos puede ser problemática porque su aconsejable regulación, dada su complejidad, se demora y a veces no es tan eficaz.

* Por último, citando al destacado analista Moisés Naím, se están produciendo grandes cambios en el poder. Es cada vez más difícil usarlo y más fácil perderlo. Y está pasando de –por ejemplo– grandes ejércitos a grupos insurgentes, de empresas de gran envergadura a sorprendentes start-ups, de los palacios presidenciales a las plazas públicas.

En su conjunto se ve a futuro un mundo convulsionado y volátil, pero también muy creativo y dinámico. Vale la pena prepararse bien para aprovechar los vientos a favor y defenderse de los vientos en contra, creando diversos escenarios posibles y sus respectivos planes de acción. De eso se trata la verdadera planeación estratégica.

MAURICIO RODRÍGUEZ MÚNERA
PROFESOR DE LIDERAZGO
EL TIEMPO

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