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Hacerse el marica

Hacerse el marica

Tal acusación, más que un insulto, es un elogio. Se trata de una palabra que no debe ser censurada.

23 de julio 2021 , 09:01 p. m.

A mediados de los años 80, el exquisito trío mexicano Pandora se posicionaba como un ícono del pop en español, cantando: “¿Cómo te va, mi amor? ¿Cómo te va?”. Casi cuarenta años más tarde, desde una calle del Eje Cafetero colombiano, se oía el canto de un grupo de manifestantes cuyo coro, al ritmo de Pandora, decía: “¿Cómo te va, Duque? ¿Cómo te va?”. Al final, el coro remataba reclamándole al actual mandatario colombiano: “Y deja de hacerte el marica en la TV”. Por Facebook, luego circuló un video retratando la escena, el cual fue visto cerca de 20.000 veces. Días más tarde, la red social tomó la decisión de retirar el video de sus plataformas por el uso de la palabra marica, alegando que esta no ponía en duda la heterosexualidad del Presidente, sino que se refería a los homosexuales con “palabras ofensivas e insultos”. Facebook agregó que marica, por la misma razón, está incluida en su lista de palabras prohibidas.

El uso de la palabra marica como insulto data del siglo XVI. Antes se utilizaba como diminutivo del nombre María, del mismo modo que Martica se usa como diminutivo de Marta o Catica de Catalina. María, claro está, es el nombre insignia de la feminidad en la tradición cristiana. Por eso no es de extrañarse que su diminutivo haya sido empleado para burlarse de hombres cuyos antojos libidinales eran solo permitidos a las mujeres. Esto quiere decir que lo que se dice entre dientes al acusar a alguien de marica, lo que susurran los subtítulos del insulto, es: ‘usted ha fallado en parecerse a los estereotipos de masculinidad que prevalecen en nuestro orden social’.

Por eso, tal acusación, más que un insulto, es un elogio: porque los que han sido llamados maricas son un grupo de valientes que han rechazado estereotipos sociales que eran ajenos a los deseos de su cuerpo; porque la historia que cuenta la palabra marica es la de la lucha de quienes se han negado a comerse el cuento de que la masculinidad es un ideal. Por eso, nada más alejado de la realidad que el paralelo que prevalece entre la homosexualidad y la cobardía. Porque si hemos de hacer justicia, al tiempo que aceptamos a regañadientes el más que cuestionable vínculo entre la masculinidad y la valentía, resulta necesario aceptar que existen pocas cosas que exhiben más gallardía que la de satisfacer los deseos eróticos que nadan a contracorriente. Ser marica, en otras palabras, es cosa de varones. Por eso se trata de una palabra que no debe ser censurada, sino inscrita en panfletos repartidos por toda Hispanoamérica.

Y, como si esto no fuera argumento suficiente, vale la pena también recordar que el acto de censurar una palabra por ser ofensiva la convierte en tabú y la pone justamente al servicio de quien la quiera usar como insulto. Pero si, al contrario, desde las calles hispanoamericanas, los acusados responden con orgullo y en coro, diciendo ‘soy marica’, el carácter ofensivo de la palabra queda obsoleto, y su condición de insulto, erradicada.

Más encima, a diferencia de otras palabras aceptadas por la corrección política, como gay o queer, marica nació en nuestra propia lengua y, por eso, está exenta de tanto esnobismo sanfranciscano. Al contrario, se trata de una palabra encaminada hacia una construcción de identidad homosexual que tenga en cuenta las particularidades culturales de nuestras exóticas tierras tropicales.

En definitiva, si lo que se pretende es respaldar la emancipación de un grupo históricamente oprimido por ser sincero a sus deseos, a los secuaces criollos de Zuckerberg les conviene sacar la palabra marica de su lista negra, y a los manifestantes, no poner en peligro la majestuosidad de la palabra, al referirse con ella al actual mandatario.

Santiago Vargas Acebedo
Twitter: @vargas_acebedo

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