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Gracias, Reinaldo...

Gracias, Reinaldo...

Gracias por soportar tanta indiferencia, y en silencio hacer rodar el balón de la esperanza.

16 de julio 2021 , 08:30 p. m.

Ahora que las nubes se despejaron y la emoción cesó, algunas reflexiones gambetean en el aire. La prensa deportiva, perversa y desapercibida, eso de tener que hablar horas y horas de lo mismo seca el cerebro. Hubo un programa que rayó en el sensacionalismo: entrevistaron al médico privado de James Rodríguez, nuestro príncipe de cristal, quien dijo: “ya está curado para jugar”. Pero no contrastaron la noticia, haciéndole un caño a la verdad, no llegó a la concentración el día que era. Después de la debacle en las eliminatorias, uno de nuestros capitanes no se lo tomó en serio. Y James, con una actitud muy colombiana, de ‘usted no sabe quién soy yo’, se mimetizó en las sombras a esperar.

Reinaldo Rueda fue contundente, cuando esté 500 por ciento tiene las puertas abiertas para la eliminatoria. De otra parte, entiendo la radicalidad de Matador con la Tricolor, siguiendo la proclama de Camus, que fue un arquero fallido en Argelia, y que afirmó que la selección es la patria; nuestros jugadores, por censura de la FCF o autocensura, guardaron un silencio de magnates con el desmadre social del país; por lo menos, en uno de los partidos llevar una cintilla negra por los caídos en la revuelta, algo, un gesto, la solidaridad de un duelo, pero estamos en Colombia, donde todo sucede y no ocurre nada.

Reinaldo, adusto por fuera, parece un prócer de bronce, en la intimidad es alegre, sensible y sobre todo un gran estratega. En el país de la memoria calcinada, quiero recordar que acaba de comenzar un proceso, casi tres meses nomás, dirigiendo un Titanic que simboliza cualquier selección nacional. Volvió a enderezar el camino a Qatar, y ante Brasil, Uruguay y Argentina en la Copa América, con cambios de esquema y de jugadores, realizó unos partidos de ajedrez casi perfectos, donde un error arbitral y la suerte de los penales frustraron la ilusión de ser campeones.

La selección es un asunto de todos; un individuo podrá ganar un partido, pero no un campeonato. Un individuo puede cercenar un proyecto colectivo; James en frío debe entender la lección. Su calidad no está en duda; su frecuencia, su entrega, sí. Luis Díaz recordó las gambetas y los goles de Garrincha y Víctor Campaz. Cuadrado y Barrios exhibieron una jerarquía de leones. Gracias, Reinaldo, por soportar tanta indiferencia, y en silencio hacer rodar el balón de la esperanza.

ALFONSO CARVAJAL

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