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El gran experimento

El gran experimento

En Inglaterra, en muchos aspectos, la vida cotidiana parece seguir su ritmo sin mayores cambios.

22 de julio 2021 , 08:30 p. m.

“Experimento peligroso y poco ético”, lo han llamado un centenar de científicos en la famosa revista médica The Lancet. Mientras tanto, los amigos de la medida celebraban el ‘Día de la libertad’, lunes 19 de julio, cuando el gobierno de Johnson levantó las restricciones que prevalecían en Inglaterra para combatir la última ola de covid-19.

En muchos aspectos, la vida cotidiana parece seguir su ritmo sin mayores cambios.
Ayer, mi visita al supermercado fue tan ‘normal’ como lo ha sido desde que impusieron las restricciones: llevaba en el bolsillo mi máscara facial, que me puse a la entrada. Adentro, todos los otros clientes también la llevaban. La costumbre de llevar máscaras en zonas peatonales, sobre todo en áreas congestionadas, se ha generalizado.
En la noche, en una cena con amigos, los abrazos fueron simbólicos –no hubo saludos de mano–. Todos nos sentamos bien distantes unos de otros. En esta ocasión mi máscara permaneció en el bolsillo. Pero el llamado ‘distanciamiento social’ también se ha generalizado. Es parte de la nueva normalidad.

Los cambios serán más visibles en el mundo de las sociabilidades más amplias, que congregan mayores volúmenes de gente, como en los conciertos de música y las grandes festividades.

En Inglaterra serán, hasta cierto punto, cambios graduales. Los restaurantes han estado abiertos por un buen tiempo. Antes del ‘Día de la libertad’ era posible tener fiestas al aire libre con un máximo de 30 personas. El espectáculo de 60.000 aficionados de fútbol en el estadio de Wembley hace un par de semanas, contradictorio con las restricciones que aún se imponían a otras congregaciones públicas, fue representativo de una política de liberación gradual.

Es, no obstante, una ‘liberación’ incierta, sujeta no solo a los golpes de nuevas olas de infección, sino también a posibles nuevas fórmulas restrictivas.

En Francia ya es obligatorio mostrar un ‘pase de salud’ a la entrada de museos y galerías de arte, y pronto lo será para ir al cine o a los cafés. Si es un requisito conducir con cinturones de seguridad (va el argumento), ¿por qué se considera un atentado contra la libertad el tener que mostrar ‘pasaportes anticovid’?

La pandemia ha reabierto un nuevo capítulo del eterno debate sobre el
papel del Estado
en la regulación
de nuestras vidas, con esperados
pero sorprendentes niveles de politización

Se trata, de cualquier manera, de una ‘liberación’ interna, pues las restricciones para viajar al exterior, o para ingresar al país, se mantienen –con variaciones frecuentes, dependiendo de la volatilidad del virus en otras partes–.
La pandemia ha reabierto un nuevo capítulo del eterno debate sobre el papel del Estado en la regulación de nuestras vidas, con esperados pero también sorprendentes niveles de politización. Un gran porcentaje de las críticas al fin de las restricciones provienen de la oposición laborista.

Pero sectores afines al partido de Johnson, como la revista The Spectator (que Johnson editó por varios años), observan la forma como el Gobierno se ha inclinado de manera creciente hacia un mayor intervencionismo estatal: “El futuro –señala– puede ser uno en el que el Gobierno conoce las temperaturas de los ciudadanos dondequiera que vayan, y los pasaportes de vacuna serán bienvenidos como alternativa a los confinamientos”. Es decir que el proclamado ‘Día de la libertad’ vendría acompañado de nuevas condiciones. Así lo ha sido históricamente –ello no niega sino que, por el contrario, hace más urgente la discusión– (‘Big Boris is watching’, 17/7/2021).

‘El largo adiós’ fue el título de un editorial reciente de The Economist en el cual advierte que “la última fase de la pandemia será prolongada y dolorosa” y que “el covid-19 dejará tras de sí un mundo diferente”. Somos parte de un gran experimento social que nos urge entender mejor.

EDUARDO POSADA CARBÓ

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