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Nina Pizarro, de la guerra a la paz
Nina Pizarro

Nina está recluida hoy por un mal neurodegenerativo que le hizo perder la memoria.

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Felipe Caicedo. EL TIEMPO

Nina Pizarro, de la guerra a la paz

Nina está recluida hoy por un mal neurodegenerativo que le hizo perder la memoria.

La hermana de Carlos Pizarro, fue militante hasta que vio morir a sus amigos, dejó las armas. 

Para Fernando Marmolejo, el operativo del Palacio de Justicia fue el final de la lucha política y militar del M-19. Un error garrafal que, desde Francia, en el apartamento de Nina y Margot, lamentaron con el alma.

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Cuando llegó lo del Palacio de Justicia, nosotros creíamos al principio que iba a ser como lo que pasó en la embajada, que se iban a lograr las demandas y, al principio, lo veíamos con optimismo. Había una angustia muy grande de Nina y de Margot de que de pronto Carlos estuviera ahí. Conocíamos a casi todos los compañeros que habían participado en la toma. Habían estado con nosotros en diferentes lugares, en la cárcel, en Cuba, conocíamos a casi todos. Pero llegó el holocausto y se murieron los compañeros nuestros. Cuando comenzamos a ver el Palacio en llamas, fue muy duro.

Cuando Nina se dio cuenta de que ahí estaba Aldo, fue peor. Le dio muy duro. Lo vivimos con una tristeza y una desesperanza tremenda, como si todo por lo que habíamos peleado se había ido a tierra, porque ya había algo que teníamos. También pensábamos que, si nos hubiéramos quedado en Colombia, a lo mejor habríamos muerto en el Palacio.


Ese era el sentimiento que nosotros teníamos, porque hacíamos parte de un grupo de mucha confianza de los comandantes y de la dirección nacional. Y pensábamos “gracias al cielo que estamos en París”. Creo que eso estaba muy marcado en mí, yo llevaba unos siete meses en París y me había vuelto muy civilista.
Había comenzado a pasar esa página de la lucha armada y de la guerrilla, y había empezado a ver cómo se organizaban estas sociedades europeas, había mucho compañero amigo que había sido montonero, tupamaro y que nos habían contado sus derrotas.

Y luego pasó lo del Ricardo Franco, es decir, lo de la masacre de Tacueyó. Eso fue precisamente entre diciembre del año 1985 y enero de 1986. Eso a Nina la cascó muy duro, porque ahí estaba metido el hermano de ella, Hernando, que hacía parte del Ricardo Franco. Ella misma me decía que estaba convencida de que no era por ahí la lucha armada, y que se había llegado a un punto de deshumanización de la guerra y me hablaba mucho de los ‘Francos’, porque ella también tuvo una relación fuerte con ese grupo, en 1984.

Cuando uno decide irse, no es que uno se vaya derrotado. Uno se va mamado de la guerra y mamado de que esa no sea la solución. Pero no nos podíamos quedar en Colombia, porque si nos quedábamos nos mataban. La misma cosa le sucedió a Nina cuando llegó a París. Llegó queriendo hacer su vida, queriendo poder educar a su hija y poder darle protección a María José, su sobrina. Nina llegó queriendo tener una vida completamente diferente.

El final de la toma de Yumbo fue el comienzo del fin de la guerra para Nina. Estaba impávida. Lloró en silencio. Lloró tanto que mientras tuvo memoria, no lograba recordar lo mucho que había llorado. Pataleó. Insultó. Peleó con Dios, con el dios de la guerra o con el que sea que exista cuando ya no hay nada que hacer. Con el final de la toma de Yumbo, se terminaron las razones de guerra para Nina Pizarro, la hermana del comandante. Y entonces, lo decidió. “Me largo de acá”, recordaba ella que afirmó en voz alta con la firmeza que intentó mantener durante muchos años. “Me voy de acá y punto”.

Jacobo Pizarro, el sobrino adorado de Nina, se convertiría con los años en uno de sus motores de emocionales, en su apoyo, en su confidente. Por eso, cuando vuelve al pasado para recordar lo que su tía le contó de los años en París y en la guerra, se ríe con tristeza. Guarda silencio y luego narra:

Ella quedó devastada, destruida. Cuando pasó eso estaba en choque, Carlos la agarró del brazo y le dijo que se preocupara por los que estaban vivos y la levantó, y siguieron juntos. En la toma de Yumbo ella se dio cuenta de que no podía más con la guerra, que no podía más con eso y se fue a París. Fue muy duro, porque dejé de ver a Alejandra, a mi abuela, a María José y a Nina. Todas se fueron a París.

Alejandra y yo teníamos una relación muy fuerte; cuando éramos niños, éramos muy unidos. Ella era un gran amor para mí, la quería muchísimo. Nina me contaba que yo no dejaba que nadie la cargara. Ella llegaba del monte y yo le decía que Alejandra era mi nena,que no la cargara, que ella era mía.Y cuando se fueron para Francia, recuerdo que me dio muy duro, fue uno de los momentos más tristes de mi vida. Sentía desolación.

Cuando volví a ver a Alejandra fue muy sorpresivo, porque un día apareció como si nada en la puerta de mi casa. Yo estaba bajando con mi hermano y con mi primo, íbamos a ir al parque a alquilar una película y a comprar algo y, de repente, en la puerta apareció una niña hermosísima, y yo la vi y dije: Uy, Dios mío, qué niña tan linda. Me acuerdo porque le iba decir a mi primo, mamándole gallo: “llegó mi novia”, y cuando abrí la puerta del apartamento que quedaba ubicado en la avenida de las Américas, sin portería, por eso ella entró así de normal, ella estaba con una señora, que ya no recuerdo quién es, y me dijo: “Jacobo ¿no va a saludar a su prima?”. Yo le dije: “¿Cuál prima?” Y la señora me respondió: “Alejandra”. Era adolescente en ese momento, ellas llegaron a Colombia, pero estaban en Bogotá y no volvieron a Cali.

A mí la guerra me parece terrible, porque me perjudicó mucho y, sin haberla vivido, me quitó muchas cosas; ahondar en las historias de la guerra no me parecía atractivo, entonces, nunca hablamos de la guerra, pero sí hablamos de sus aventuras en Francia. Ellas llegaron a París sin plata, no tenían dinero, entonces tenían que rebuscársela y les tocaba robar en los supermercados, es decir, chalequearse cosas.

Leían mucho, pero era una vida del rebusque, y pienso que debió haber sido muy dura, porque estaba con una bebé y con María José. A Nina le tocó hacer el papel de la propia sudaca: botando chisme con otra persona mientras arreglaban sábanas y tendían ropa.

Fue una época muy difícil. Además, ella me decía que los apartamentos franceses eran muy pequeñitos, un apartamento aquí en Colombia es un penthouse en Francia, para el que quiere conseguirse un espacio unipersonal, era una situación bien angosta, porque todo era estrecho, pequeño, carente y le tocó rebuscar bastante cuando la guerra se acabó.

La llegada de Nina a París se dio en medio de uno de los momen- tos más violentos que vivía el M-19 con el gobierno de Belisario Betancur. Por esa razón, Fernando Marmolejo se siente orgulloso de haber sido, junto a Nina Pizarro, uno de los primeros desmovilizados del M-19:

Nos desmovilizamos porque quisimos, en esa época no se hablaba de eso. Ese es el sentimiento que uno tiene después de tanto tiempo. Para ese momento, nosotros ya teníamos la categoría de refugiados políticos. Teníamos la carte de séjour, que es el permiso para uno poder residir en Francia, trabajar y estudiar. Esa green card tenía una especificidad y es que al final decía “Nacionalidad colombiana-Refugiado político”.

Yo trabajaba como portero y recepcionista en un pequeño hotel en París, y luego iba a la universidad, porque yo estudié allá. Y en una oportunidad, el dueño del hotel me dijo: “Estamos necesitando una persona que trabaje de cinco de la mañana a nueve de la mañana para que tienda las camas”. Esa persona tenía que retirar las sábanas y las fundas de las almohadas que ya estaban utilizadas y colocarles las otras ya bien bonitas. Entonces, llamé a Nina y ella trabajó como un año conmigo en ese hotel. Trabajábamos de lunes a lunes porque teníamos que pagar la vida.

El final de la toma de Yumbo
fue el comienzo del fin de la guerra para Nina. (...) Lloró tanto que mientras tuvo memoria no lograba recordar lo mucho que había llorado

Otra de las cosas que nosotros hicimos juntos fue reírnos mucho, porque ella era una mujer con mucho sentido del humor. A mí me encantaba sentarme con Nina, porque era la oportunidad de reírme y de continuar riéndome de la vida. Uno con Nina se reía mucho de la vida. Nos acordábamos de cosas de La Picota, del monte, de la guerra y de los amores de París, porque tuvimos muchos amores. Ella me contaba de sus amores y yo le contaba de mis amores.
En otra oportunidad, Ernesto Sendoya, que pintaba casas y apartamentos, llamó a Nina a trabajar con nosotros en actividades de albañilería. Nina y yo lijábamos las paredes, y era una cosa muy divertida. Era trabajo porque teníamos que ganarnos la vida, pero igual nos reíamos mucho. Los fines de semana nos íbamos para el apartamento de Nina, donde estaban la hija de Pizarro, la hija de ella y la señora Margot, y nos invitaban a almorzar, a cenar y pasábamos esos tiempos juntos.

Con Nina, durante unos meses vendíamos el diario Le Monde, a la salida del metro de París entre 5:30 y 7 de la mañana. Incluso, en el año 1986, que hizo un invierno tenaz, hicimos eso. Nina consiguió un contrato para hacer aseo en el Ministerio de Agricultura, en París. Me llamó para ayudarle a hacer aseo, era muy chistoso porque teníamos que llegar a las cuatro de la mañana, y a esa hora no había metro, entonces nos tocaba llegar en bicicleta, hubiera nieve o lo que hubiera, nos tocaba llegar a las cuatro de la mañana. Trabajábamos de cuatro a siete de la mañana. Eso lo hicimos junto a Ángela Navarro, la hermana de Antonio Navarro.

Pero si hay algo que nunca voy a olvidar es que cuando Margot y Nina vivían en París, empezó la fase de negociaciones con el gobierno de Virgilio Barco. Todavía no se habían desmovilizado ni nada. En una oportunidad un periodista estaba entrevistando a Carlos Pizarro, y le preguntó que dónde vivía la hija y Carlos dijo que en París y que estaba con la mamá y la hermana. Algo pasó con Carlos en ese momento, terminó la entrevista y llamó a Margot. Cuando ella contestó, él le dijo: “Mamá, vénganse para Colombia que vamos a firmar la paz”. Apenas colgaron el teléfono Nina dijo: “Quiero devolverme para Colombia”, recuerdo eso.

Nina se animó mucho después de que Carlos les dijo lo que estaba pensando hacer: desmovilizarse, participar de la política por medio de las elecciones, armar un partido político, ella dijo que quería devolverse. Yo me fui a pasar vacaciones a Río de Janeiro, pero cuando volví, eso fue en el año 1988, Nina ya no estaba viviendo más en París, se había venido para Colombia.

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