Volver a la solidaridad

Volver a la solidaridad

Varias reflexiones de esta semana que termina se proyectan a la actual crisis.

Por: Editorial
11 de abril 2020 , 09:39 p.m.

Para los cristianos, la muerte de Jesús en la cruz representa la total entrega del hijo de Dios por la especie humana, movido por el amor. Es por esto que en la semana mayor en sociedades como la nuestra, de fuerte raigambre católica, es habitual la reflexión –más allá de la filiación religiosa o, incluso, si no se tiene una– sobre valores que se desprenden del amor: la empatía, la amistad, el respeto y la solidaridad.

Y en tiempos de profunda crisis generada por la pandemia de covid-19, tales reflexiones se tornan urgentes. Una situación como la que ahora atraviesa la humanidad obliga a apelar a estos valores, sobre todo a la solidaridad en diferentes escenarios y dimensiones. Y es que si algo viene dejando claro esta experiencia es que el camino para superarla pasa necesariamente por entender que no estamos solos y, en esa medida, que los esfuerzos deben ser de carácter colectivo. En todos los ámbitos.

Se ha visto ya lo perjudicial que puede ser la falta de solidaridad de quienes obran de manera inadecuada acaparando alimentos, bienes de primera necesidad y medicamentos, igual que quienes, haciendo caso omiso a la necesidad de ser estrictos con el aislamiento social, salen de sus domicilios sin razón válida, en actitud que pone en serio riesgo a su comunidad.

Entre mayor disposición tengan los integrantes de un colectivo a renunciar a rutinas, a algunos bienes y a fuentes de bienestar, pensando en el beneficio de otros y, en últimas, del bienestar general, mayor es su fortaleza de cara a una amenaza como la actual pandemia. Aquí de nuevo se puede voltear la mirada a lo que expresa Jesús crucificado.

En términos de la política, está suficientemente claro que una crisis de este calado también exige de todos los actores señales de humanidad y voluntad para remar para el mismo lado. Algo que –con matices– por fortuna se ha observado en Colombia. Otros países, como Estados Unidos, han visto, en cambio, cómo en las fases iniciales de la pandemia la manera de enfrentarla terminó triste y gravemente rehén de la polarización entre demócratas y republicanos en un año de elecciones. Ni hablar de la lamentable carencia de empatía de ciertos líderes populistas para con sus pueblos. Esos para quienes su orgullo y el afán por cuidar sus posiciones de poder han seguido siendo prioridad, incluso frente a la salud y el bienestar de sus conciudadanos: Jair Bolsonaro en Brasil y Andrés Manuel López Obrador en México son buenos y tristes ejemplos de lo anterior.

La importancia de la coordinación en los esfuerzos también ha sido evidente en el plano de las relaciones entre Estados. Aquí el balance es más agridulce. Si bien se han visto gestos y casos puntuales, dignos de aplaudir, en los países que se han puesto de acuerdo para conseguir equipamientos y recursos –el apoyo de Corea del Sur a Colombia es un claro ejemplo–, no han faltado las posturas de ‘primero yo’ o ‘sálvese quien pueda’. El caso de la Unión Europea es llamativo: las reacciones iniciales de los países fueron, en dicha clave, egoísta, generando, entre otros aspectos, aglomeraciones riesgosas en las fronteras. Posteriormente, y por suerte, sus países miembros parecen haber entrado en razón y se abren paso iniciativas de salida de la crisis elaboradas de manera conjunta en el entendido que solo así serán efectivas.

Lo fundamental aquí es separar el propósito de salvar vidas no solo de los intereses de cada Estado, sino, incluso, de los de sus líderes. Por eso es más que pertinente el llamado del director de la Organización Mundial de la Salud, Adhanom Ghebreyesus, a Donald Trump para que, por medio de una tregua, “despolitice” el vínculo de su país con la organización que él dirige.

Si bien se han visto gestos y casos puntuales dignos de aplaudir, en los que países se han puesto de acuerdo para conseguir equipamientos y recursos, no han faltado las posturas de ‘primero yo’

Es urgente, así mismo y de cara al futuro, una reflexión sobre hasta qué punto la solidaridad y el sentido de lo colectivo son valores fundacionales de los sistemas de salud. Una lección que comienza a dejar esta crisis es que se han visto en mejor posición para enfrentarla los países con sistemas que privilegian la salud pública. Esto es, que promocionan, previenen y atacan factores de riesgo que permiten, entre otros, que sus adultos mayores sean más sanos y, por lo tanto, más resistentes a males como estos. Es hora de un debate franco sobre hasta qué punto le conviene a la sociedad que los esfuerzos en el campo de la medicina se encuentren enfocados en la salud individual, en los remedios para las patologías “crónicas no transmisibles” generadas en su mayoría, justamente, por la carencia de esa salud pública.

En suma, el segundo reto que tendrá la humanidad una vez –como todo lo esperamos– logre pasar la página de la pandemia será el asumir las enseñanzas que este durísimo episodio dejará. Darle un nuevo y más alto lugar a la solidaridad en la lista de valores que cohesionan nuestras sociedades ocupará un lugar preponderante.

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