Viejos confinados

Viejos confinados

Luego de los resultados de las medidas, sería sensato ver la manera de reunirlos con sus familias.

Por: Editorial
05 de junio 2020 , 09:25 p.m.

Desde que se hizo evidente el paso de la pandemia con todas sus aristas, y el mundo entero se lanzó a enfrentarla por medio de distanciamientos sociales, cierres, teletrabajos, telecolegios y cuarentenas, el tema de las restricciones a la población mayor de 70 años se ha debatido intensamente.

Se ha deplorado la manera como ciertos políticos los han llamado a hacerse a un lado, incluso a morirse –dicen algunas quejas–, para hacerles más fácil el camino a los demás. Así mismo, se ha retado el trato condescendiente que se les ha querido dar a los mayores de setenta, como si no se tratara de personas productivas, lúcidas y dedicadas a aportarle al país –paradójicamente, se ha requerido de algunas pensiones para sostener los gastos de estos meses–, sino de niños indefensos que tienen que ser defendidos de ellos mismos.

Apenas la semana pasada, mientras las estadísticas del covid-19 seguían echando luces y sombras sobre el manejo de la situación en todos los países del mundo, los medios de comunicación colombianos le abrieron espacio a la discusión bajo el título recurrente de ‘la rebelión de las canas’. Se hizo evidente, en medio de los diálogos al respecto, que nuestra ciudadanía está llena de personas de más de setenta años que siguen siendo fundamentales para el curso de la sociedad: de sus familias, de sus empresas, de sus instituciones.

A la soledad, que empieza a horadar la salud mental de cualquiera, habría que sumar la incertidumbre de sus situaciones económicas.

Cientos de miles de viejos de todos los estamentos y todas las fortunas siguen siendo responsables de sus familias. Y a su soledad, que no ha conseguido conjurarse del todo por medio de las llamadas virtuales y que luego de dos meses empieza a horadar la salud mental de cualquiera, habría que sumarle la incertidumbre de sus situaciones económicas.

Fue notorio en medio del debate, por otra parte, que los efectos de las pandemias han sido un poco menos devastadores que en otras naciones, justamente porque las autoridades nacionales y municipales tomaron a tiempo la decisión de que el confinamiento de los adultos mayores sea más estricto, más riguroso. Es importante reconocer que de no haber insistido en el confinamiento de los viejos como se insistió desde un principio, la propagación del coronavirus habría sido aún más agobiante para ellos, más contundente en todo nuestro territorio, como lo fue en otros países del planeta.

No es fácil ir caso por caso, en busca de una solución precisa para cada cual, en una comunidad de cerca de cincuenta millones de personas, pero, teniendo en cuenta que no es la hora de dejar atrás una estrategia que ha salvado tantas vidas, quizás sea sensato en este punto pensar –apelando a la prudencia y a la responsabilidad de cada colombiano– no solo en modos de reunir a los adultos mayores con sus familias y con sus trabajos, y de reconocerles su concurso en la construcción del país que tenemos, sino en maneras de involucrarlos en la reflexión sobre la Colombia que viene, la recuperación de tantas industrias golpeadas por estos tiempos y la reanimación de una cultura que más que nunca está necesitando la sabiduría y el trabajo de sus mayores.

EDITORIAL
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