Víctimas inaceptables

Víctimas inaceptables

Las cifras de muertes en las vías indican que hay laxitud a la hora de hacer respetar la normas.

Por: EDITORIAL 
03 de julio 2019 , 08:26 p.m.

Es inconcebible que en dos fines de semana consecutivos, en las carreteras del país pierdan la vida más de 100 personas y 620 resulten heridas en accidentes de tránsito, a la par que las autoridades anuncien que refuerzan las medidas de control.

Aquí hay que ser enfáticos al decir que la mayoría de estas víctimas, sino todas, hubieran podido evitarse si el sentido común –en términos de autoprotección– se hiciera presente entre los conductores al emprender un viaje y los encargados de vigilar no fueran laxos a la hora de hacer respetar las normas.

Porque, frente a estas cifras, no es exagerado inferir ligereza en las revisiones mecánicas de rigor, acatamiento de las reglas de tránsito y, de manera consecuente, en las sanciones y restricciones que merecen quienes infringen estos preceptos, lo que ha erigido los accidentes viales como una de las principales causas de muerte, discapacidad y gastos irrecuperables.

Aunque parece difícil, se debería empezar por bajar estas cifras de vergüenza el próximo puente festivo. Se trata de salvar vidas irremplazables

Basta ver, por ejemplo, que, según el informe ‘Forensis’ –emitido anualmente por Medicina Legal–, las 6.879 víctimas fatales y los 39.537 heridos que dejaron estos siniestros el año pasado aumentaron este 2019 con respecto al periodo anterior, en un franco retroceso del país en los compromisos adquiridos en el marco de la década mundial de la seguridad vial 2011-2020.

De hecho, el aumento de la mortalidad en lo corrido de este año ha sido del 19 por ciento, tanto que el informe ‘Global status report on road safety’ (2018), de la organización que reúne los institutos de ciencias forenses del mundo, ubicó a Colombia en el listado de las naciones de ingresos medios que no han logrado avanzar en seguridad vial en la década.

Estamos, pues, ante una tarea que no se ha hecho, y esta omisión tiene un costo enorme para la sociedad, con el agravante de que existe un catálogo extenso de normas que, a juzgar por los resultados, no han pasan del papel. El incumplimiento del uso del cinturón de seguridad y del casco (en el caso de los motociclistas), el desborde de los límites de velocidad, la persistencia en la conducción bajo los efectos del alcohol, la debilidad en el mantenimiento mecánico de los vehículos y la carencia de una cultura de respeto por los peatones son muestras de que este sigue siendo un tema secundario.

Lo anterior sin dejar de lado el mal mantenimiento de las carreteras ni los vacíos en la señalización de estas, sumados a la falta de legitimidad de muchos agentes de tránsito que, además de irrespetados, en algunos casos son proclives a sobornos.

La seguridad vial debe ser una política de Estado con metas claras, cronogramas fijos y en manos técnicas que superen el favor político. Solo así se podrá recuperar lo perdido en la búsqueda de la reducción de la mitad de las muertes en carreteras fijada para el 2020 en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y que esperan para el 2030 proporcionar acceso a sistemas de transporte seguros, asequibles para toda la población.

Aunque parece difícil, se debería empezar por bajar estas cifras de vergüenza el próximo puente festivo. Se trata de salvar vidas irremplazables.

editorial@eltiempo.com

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