Valioso primer paso

Valioso primer paso

La reunión del miércoles en la Casa de Nariño debe marcar el inicio de una senda virtuosa.

Por: Editorial
01 de septiembre 2018 , 11:32 p.m.

Hace muchos años no se registraba una imagen como la del miércoles pasado por la noche en la Casa de Nariño. Esta da cuenta de una reunión en términos cordiales de los líderes de todas las fuerzas políticas del país con el presidente Iván Duque.

Es un suceso de gran relevancia: en un ambiente político tan marcado por posturas antagónicas y en ocasiones irreconciliables –en el que en los últimos tiempos el debate ha adquirido un tono cada vez más agresivo–, un encuentro como este por supuesto llama positivamente la atención. A lo anterior hay que añadir que entre estas colectividades estuvo el partido político en el que se convirtieron las antiguas Farc, representado por Rodrigo Londoño y Julián Gallo, ‘Carlos Antonio Lozada’.

Pero, asimismo, esta cumbre constituye el cumplimiento de una de las promesas que hizo Duque en campaña: la de tender puentes y fomentar el diálogo entre tradicionales adversarios. Hecho que se da, incluso, en contravía de la voluntad de algunas figuras de su partido, el Centro Democrático.

No sobra anotar que este evento extraordinario fue, a su vez, fruto de otro también extraordinario: los más de 11 millones y medio de colombianos que hoy hace ocho días expresaron en las urnas su rechazo a la corrupción y su deseo de que se pongan en marcha acciones efectivas para combatirla.

El mensaje que allí enviaron los electores fue oportunamente recibido por el Presidente, quien entendió que un mandato tan contundente obligaba a un gesto que dejara claro que su cumplimiento estaba por encima de las tensiones y las confrontaciones entre partidos.

Sin duda, lo ideal sería que de este encuentro surgiera una plataforma común para un paquete de iniciativas contra la corrupción que fueran aprobadas por el Congreso con respaldo de todas las bancadas. Es un deseo que no nace de un anhelo de unanimismo –el cual le hace daño a cualquier democracia–, sino de entender que esta es la respuesta correspondiente a un pronunciamiento tan contundente de los colombianos a través de un mecanismo de participación popular. Pero es evidente que un escenario tal no parece estar a la vuelta de la esquina. Aun así, esta realidad no impide valorar que exista ya por lo menos un acuerdo para conformar una mesa técnica. Ojalá que a partir de esta instancia surjan nuevos puntos de encuentro y se fortalezca un diálogo político entre sectores diversos, objetivo para el cual es fundamental que se construya confianza entre los distintos actores. Todos deben saber apreciar lo ya logrado, así sea solo un primer paso y se trate de consensos que se reducen a lo procedimental, y entender que, dadas la expectativa generada y la fuerza del mandato, sería muy alto el costo de pararse de la mesa.

Y todo esto se plantea en medio de un momento clave en el que se están redefiniendo las relaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo, transformación que, a su vez, está íntimamente ligada a este tema de la lucha contra la corrupción. Y es que, en cumplimiento de otra de sus promesas de campaña, el presidente Duque les ha hecho saber a los congresistas que no está dispuesto a que la asignación de los cupos indicativos para sus regiones esté sujeta al tejemaneje propio de la relación entre la Casa de Nariño y el Capitolio.

En otras palabras, que no habrá repartición de ‘mermelada’ para, a cambio, impulsar sus proyectos de ley. Sobre este particular hay que reconocer y valorar la postura del Presidente y poner de presente la importancia de hacerle un seguimiento a este asunto crucial, de tal forma que si se dan presiones de congresistas, estas queden expuestas. No puede haber duda respecto a que este es uno de los más relevantes orígenes, si no el más trascendental, del problema de la corrupción. En esta coyuntura que hoy vivimos, sería absolutamente inaceptable, y objeto de merecido rechazo, cualquier intento de integrantes del Congreso para ejercer presiones non sanctas.

Dicho lo anterior, es pertinente, por último, recordar el riesgo de creer que solo con buenas leyes se podrá poner coto a este flagelo. Como lo ha expuesto en varias ocasiones el fiscal general, Néstor Humberto Martínez, la legislación por sí sola no puede hacer milagros: se necesita también, entre otros esfuerzos, que exista una sanción social efectiva. Que los corruptos no sigan siendo personas que gocen de aceptación y respeto en sus entornos sociales, tal y como hoy lamentablemente se puede ver en más de un caso. A esto hay que sumarle otro hecho que inquieta: son muy pocas las denuncias de delitos de este tipo con origen ciudadano.

Es claro que hacerle frente a este flagelo no será fácil. Requiere acciones, pero además reflexiones y transformaciones a todo nivel. Y, sobre todo, exige deponer orgullos para ponerse al servicio de un interés superior. Uno del cual depende nada menos que la viabilidad de nuestro Estado de derecho.

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editorial@eltiempo.com

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