#UnLíderEnMiLugar

#UnLíderEnMiLugar

Una iniciativa para que quede claro que matar a un líder social es matar a uno de nosotros.

Por: EDITORIAL 
13 de mayo 2019 , 07:00 p.m.

Colombia despertó ayer frente a una urgente campaña mediática para visibilizar el drama de sus líderes sociales: #UnLíderEnMiLugar. Se trata de una iniciativa del periodista satírico Daniel Samper Ospina, lanzada desde su canal de YouTube, respaldada ampliamente por los medios de comunicación, por los políticos cercanos a las causas de la paz y por la ciudadanía de las redes sociales. Y viene a sumarse a proyectos tan valientes como Voces vivas, de EL TIEMPO, o el contador de la página de internet Pacifista, entre otros, en el empeño de conjurar, de una buena vez, la matanza de defensores de los derechos de los colombianos: según la ONG Dejusticia, más de cuatrocientos han sido asesinados en los últimos tres años.

Se ha intentado de todos los modos detener semejante desangre que está empezando a definirnos: los gobiernos han lanzado campañas para atrapar a los asesinos y defender a los dirigentes amenazados, la sociedad civil ha ideado aplicaciones para los teléfonos inteligentes y se ha tomado las plazas para gritarles a los verdugos “basta ya”, y ha marchado hasta La Haya para que el mundo entero sepa lo que está pasando acá, y los medios –este diario, entre ellos– han publicado completos especiales con la esperanza de que esta vez el país sí entienda a tiempo el tamaño del horror. Pero, según Indepaz, ya son sesenta los líderes sociales acribillados entre el 1.° de enero y el 30 de abril de este año.

Es así mismo una demostración de que las redes sociales pueden servir también para la solidaridad, para la recuperación de la dignidad.

He ahí la relevancia y la importancia de #UnLíderEnMiLugar. Por un lado, no se resigna a esperar los resultados de todo lo que se ha venido haciendo para frenar el holocausto, sino que da aire a esos esfuerzos como pidiéndole a la sociedad que no baje la guardia hasta que no cese este fenómeno sangriento, que no puede volverse otra barbarie con la que convivimos. Por otra parte, les deja en claro a los violentos, que han arreciado sus acciones en medio de la transición luego del fin de la guerra contra las Farc, que al pueblo de Colombia sí le importa lo que está sucediendo, que el pueblo colombiano está mirando y que le repugna la violencia.

Ayer en la mañana, la extraordinaria lideresa Francia Márquez, que acaba de salvarse por poco de un atentado cobarde, ocupó la silla de Julio Sánchez Cristo en la W Radio. Fue una manera contundente de recordarle al país, como parte de la estrategia de #UnLíderEnMiLugar, que no se está oyendo ni se está viendo a los líderes sociales sino hasta el día en que son asesinados: que resulta de vida o muerte verlos como vemos a los demás líderes de la sociedad, que, ya que ponerse en el lugar de ellos no ha bastado, es hora de que ellos estén en lugares a prueba de matones.

Fue también una demostración de que las redes sociales, que últimamente no se parecen a las plazas sino a los paredones, pueden servir también para la solidaridad, para la recuperación de la dignidad, para la creación de comunidades que posterguen sus bajezas en favor de la defensa de las vidas de todos los colombianos. Se trata de que los líderes sociales encuentren refugio. Y de que quede claro, de manera definitiva, que matar un líder es matar a uno de nosotros.

editorial@eltiempo.com

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