Una oportunidad

Una oportunidad

Es hora de que la industria del cannabis medicinal supere prejuicios y despegue.

Por: Editorial
21 de septiembre 2019 , 10:58 p.m.

Si se concretan los 99 millones de dólares que este año dejaría la industria del cannabis medicinal en Colombia, y si para el 2025 estos ingresos ascendieran a 791 millones anuales, como lo acaba de proyectar un estudio de Fedesarrollo, no hay duda de que el país habría encontrado en este renglón una fuente de ingresos en una coyuntura económica con un futuro marcado por la incertidumbre.

Sin embargo, aterrizar en tan halagüeño escenario requiere aún afinar muchos de los elementos que conforman un intrincado proceso iniciado hace tres años con la Ley 1787 del 2016, que proporcionó, de manera audaz, el marco regulatorio que permite el uso médico y científico del cannabis. Hay que decir claramente que sobre esta base, muchos se montaron con un optimismo refrendado en unas acciones del Ejecutivo de entonces. Sin embargo, con el pasar del tiempo se han evidenciado frenos, a veces interpretados como preocupantes intenciones de revertir. Aun así, en la actualidad hay 56 hectáreas cultivadas con cannabis medicinal en el país, una generación de empleo casi tan poderosa como la del sector de las flores (16 trabajadores por hectárea) y una consolidación industrial que perceptivamente ubica al país como líder en el mundo. Un dato relevante si se tiene en cuenta que la producción global del cannabis medicinal pasó de una a 406 toneladas entre el 2011 y el 2017.

Es tal el entusiasmo que ha despertado que, según el mismo estudio de Fedesarrollo, dado a conocer en el marco del primer foro de la industria del cannabis en Colombia, se han presentado más de 4.000 solicitudes de licencias para cultivo o fabricación de derivados del cannabis, aunque solo hoy se han aprobado 247 para siembra y algo más de 120 para la obtención de subproductos.

Llegar a este punto ha requerido grandes inversiones, permanentes pruebas de ensayo y error y la puesta en escena de una confianza de muchos actores que no se compensa de modo similar con algunas acciones gubernamentales. Por ejemplo, los retrasos en los análisis y la emisión de licencias, la lentitud en la consolidación de planes para manejo ambiental, la falta de claridad en la asignación de cupos y las barreras financieras impuestas son apenas una muestra de las constantes quejas que tienen quienes hacen parte de esta industria.

Hay que reconocer que el tema del cannabis, así sea para usos medicinales, no es fácil de abordar. Entre otras razones, por la estigmatización que carga el país, los patrones culturales, los componentes morales y un desconocimiento de las potencialidades de estos insumos. Tales factores siguen siendo un lastre que, desde muchas orillas en donde se toman decisiones, se ha convertido en francos temores. De ahí que valga la pena resaltar el impulso dado hace unas semanas por el presidente Iván Duque con un guiño favorable a estos procesos, lo cual ha servido para que diferentes instancias de gobierno relacionadas con esta materia –ministerios de Salud, Justicia y Agricultura, y sus respectivas dependencias– se mostraran propositivas y comprometidas para destrabar y avanzar, tal y como quedó claro en el foro.

Lo cierto es que aquí hay que poner por encima de todo la evidencia científica, el rigor conceptual y la transparencia y legalidad de todos los comprometidos. Está de por medio la imagen del país

Lo cierto es que aquí hay que poner por encima de todo la evidencia científica, el rigor conceptual y la transparencia y legalidad de todos los comprometidos. Sin temor, hay que empezar por decir que aquí no serán todos los que hoy están y que deben ponerse las cartas sobre la mesa desde el comienzo, porque además de sus propios intereses están de por medio la salud de la gente, si se quiere, y la integridad e imagen de un país. Estos elementos deben servir también para promover el desarrollo social de ciertas regiones que históricamente se la han jugado con estas materias primas, amparadas por la tradición y por ser un medio de sustento ilegal, lamentablemente. La audacia en proponer herramientas para un tránsito digno a la legalidad también es un reto. De ninguna manera ellos pueden quedarse al margen de esta ruta.

Y en ese mismo camino, sí deben dejarse por fuera todos aquellos que pretendan refugiarse en las normas para consolidar compañías de garaje y con procesos oscuros. En este sector no puede haber dudas, y menos manchas.

Capítulo especial merece el sector médico, cuyo actuar sigue siendo reactivo, y en ocasiones casi silencioso, cuando debería ser jalonador de procesos de investigación generadores de esa evidencia que tanto se reclama.

Ojalá la ilusión que en muchos produce el cannabis medicinal les alcance para entender que en sus manos está la responsabilidad de proyectar una industria que desde el comienzo se lance con valor integral. En últimas, el país generará un producto que no puede quedar en el mundo como el mero insumo para que otros elaboren los medicamentos que la gente necesita. Es una oportunidad.

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